Capítulo 4: Abierto
Beyond miró a su alrededor, curioso.
Hacía rato que habían llegado a casa de Red, y ahora estaban en la habitación de ésta, ella sentada a lo apache sobre su cama, él aún de pie en el marco de la puerta. Había dejado su mochila en un rincón; al parecer aquella era la única habitación de la casa y ella había insistido en que durmiese allí, aunque eso significase que ella tendría que dormir en el sofá.
No había demasiado que inspeccionar en su habitación; parecía el dormitorio de cualquier persona normal y corriente. Una cama, un escritorio y una silla, estanterías y una cómoda. No sabía de qué se sorprendía; ¿qué esperaba encontrar? ¿Una pared repleta de fotos de su siguiente víctima? ¿Cuchillos ensangrentados por el suelo?
-Puedes pasar y sentarte, ¿sabes? No está prohibido.
Él la miró extrañado, pero entró y se sentó en la silla del escritorio sin decir nada. Por alguna razón, se sentía increíblemente incómodo. No estaba acostumbrado a que se le tratase con tantas confianzas, y aún no sabía si le agradaba o no. Pero de momento, no le había ido tan mal; se había ahorrado el motel.
-Oh cierto, se me olvidaba; ¿Quieres un café o algo? –preguntó ella-. Es algo tarde, más nos vale permanecer despiertos.
-No creo que sea necesario –contestó él-, pero de acuerdo, creo que me tomaré uno.
Realmente no sentía nada de sueño, pero un café no le sentaría mal después de un día tan largo y lleno de emociones e información que asimilar. La acompañó hasta la concina y se sentó en una de las sillas cerca de la encimera. Mientras ella empezaba a sacar las tazas y el café, él la observaba preguntándose un millón de cosas. Aún le costaba creer que fuese ella la que había hecho todo lo que había estado aterrorizando a la gente de Las Vegas, pero por alguna razón el hecho de que tuviese los ojos de shinigami hacía que no le pareciese tan extraño.
-¿Cómo te gusta el café, Beyond? Por cierto, bonito nombre. No lo había oído nunca.
Beyond dejó sus pensamientos a un lado para centrarse en conversar con ella.
-Eh, solo. Y gracias. No es un nombre muy común, la verdad. Yo tampoco había conocido a nadie llamada Red. Aunque ese no sea tu nombre.
Ella se giró de repente y le miró con los ojos a punto de salírsele de las órbitas. Beyond puso una mueca de extrañeza al verla así. ¿Qué había dicho?
-¿Te encuentras bien?
-¿Puedes… puedes ver mi nombre real?
-Claro. Lo mismo que tú puedes ver el mío. ¿De qué te sorprendes?
Ella bajó la mirada y tardó un momento en contestar en un susurro.
-Nunca supe cuál era mi auténtico nombre.
No sabía qué decir. ¿Se lo decía? ¿Le preguntaba por qué?
-Oh. Lo siento.
-No, no pasa nada. No es culpa tuya.
-¿Quieres… que te lo diga?
-¿El qué?
-Tu verdadero nombre.
Ella alzó la mirada, pensando. No estaba segura de querer saberlo. Toda la vida había sido Red; se había presentado como tal en todas partes, figuraba en todas sus tarjetas, incluso la policía la llamaba así ahora, aunque fuese por otro motivo. Una casualidad muy fortuita, la verdad. Sentía ese nombre en su esencia, y no se imaginaba con ningún otro. Así había sido siempre. Y así sería siempre.
-No, prefiero no saberlo –contestó, sin dar ninguna otra explicación.
-Está bien –asintió Beyond.
Elle le sirvió el café y se sentó a su lado con el suyo en la mano. Le dio un sorbo antes de empezar a hablar de nuevo. Tenía muchas preguntas que hacerle, pero antes de eso quería aclarar todo lo relacionado con ella. Al fin y al cabo, a la que seguía la policía era a ella, y no a él.
-Uhm, veamos. Si antes he dicho que no era lo que parecía, es porque creo que ya tienes una teoría sobre mí. ¿Cierto? –Beyond asintió mientras le daba un sorbo a su café-. Entiendo. Y ¿cuál es esa teoría?
-No es una teoría muy elaborada, ya que no sé mucho sobre ti –respondió él, dejando la taza en la encimera-. Pero vine aquí con la idea de conocer a la persona que había cometido todos esos asesinatos, y, bueno… supongo que la tengo delante.
-Craso error –dijo ella, viendo la expresión de Beyond que pedía explicaciones inmediatas-. No he matado a una persona en mi vida. Pero sí soy la persona de la que hablan en los telediarios. Bueno, en parte.
-Espera… ¿qué?
-Es mucho más fácil de entender de lo que parece –dijo ella apresuradamente-. Y ya que a ti no tengo que explicarte lo de los ojos, aún más. Verás: cuando voy por la calle, puedo ver los nombres y la esperanza de vida de la gente. Estamos en Las Vegas, donde el índice de asesinatos es altísimo; precisamente por eso elegí este lugar. No es difícil saber que van a asesinar a alguien cuando ves que le quedan unas pocas horas de vida y, sin embargo, está perfectamente sano dando un paseo por la calle. Cuando veo a alguien así, le sigo hasta el momento del asesinato, y una vez me he asegurado de que no hay nadie, limpio todas las pistas que haya podido dejar el auténtico asesino y dejo las fotos de las que ya habrás oído hablar. Así la gente piensa que son obra de la misma persona, aunque en realidad cada caso sea por un asesino diferente. ¡Tachán! –terminó ella con una leve sonrisa.
Beyond estaba enfrascado en sus pensamientos de nuevo. Realmente era sencillo. Demasiado sencillo. Se sentía terriblemente estúpido. ¿Cómo no se le había ocurrido a él nunca? Habría podido estar jugando contra L mucho tiempo, pero aquella muchacha le había adelantado. Diablos.
-Fascinante…
-Oh, no es para tanto –dijo Red, quitándole importancia.
-¿Puedo hacerte una pregunta? –ella hizo un movimiento de cabeza que quería decir "adelante"-. ¿Por qué haces todo esto?
Ella levantó la mirada al techo, dejando ver su amplia sonrisa. Cerró los ojos mientras bajaba la cabeza de nuevo, y cuando los abrió volvieron a encontrarse con los de Beyond.
-Porque… es divertido.
