Un capítulo más sigue...
Capítulo Cuatro: El Triángulo Ancestral
"La desgracia termina por amainar. Los vientos no siempre soplan del mismo cuadrante ni con igual fuerza". Eurípides- Poeta trágico griego (485 AC-406 AC)
Cuando Pepa se despertó por tercera vez se dio cuenta que estaba sola. Se había perdido la hora de almuerzo y ya era tiempo para la cena. Cuando vio la bandeja con comida en su mesa auxiliar, la rubia encontró con que Lola le había dejado una nota.
"Pepita;
Como te has perdido el almuerzo decidí dejarte la comida como la cena. Lleva quince minutos y todavía está caliente así que te la sirves en cuanto despiertes. Iba a quedarme para acompañarte un poco más esta noche pero surgió un imprevisto en la corrala, tú no te preocupes que no creo que sea nada grave. Cómo ya os imaginarás, he decidido volver de una vez por todas a Madrid, porque veo que acá aún me necesitan.
Mientras dormías hablé con mi hermana."
Pepa se tensó al leer el último párrafo y se acomodó mejor en la cama para seguir leyendo. Se ponía muy nerviosa cada vez que alguien le mencionaba a su princesa.
"Imagino como debes de estar al mencionarla, pero no te apures que ella está bien."
La rubia no pudo evitar exhalar un suspiro de alivio al leer las últimas palabras. Ahora estaba mucho más tranquila.
"Supongo que ella te contará más cuando te llame, pero Silvia ya no está viviendo en un hotel. La pelirroja se ha ido a uno de los departamentos de la corrala y yo me iré a vivir con ella, ya lo he decidido".
En esto último Pepa estaba en parte sorprendida y preocupada. Sorprendida porque el regreso de Lola a la corrala iba a significar un gran lío con su hermano Paco y su cuñada Marina. La rubia sabía que por lo mucho que su hermano quisiera a la Agente del CNI, Lola Castro siempre sería único amor. Aquella era maldición que las hermanas Castro les habían echado encima a los hermanos Miranda, que una vez juntos estarían juntos hasta la muerte y nunca las podrían olvidar. Ella sabía que Paco nunca lo había hecho porque Sarita se la recordaba siempre. Pepa hizo una nota mental para llamar a su hermano lo antes posible. Sin embargo, no pudo evitar sentirse preocupada al saber que Lola se había ido a causa de un imprevisto surgido en la corrala. Ella esperaba que no se tratara ni de Silvia ni de su hermano, pero sabía que no se iba a quedar tranquila hasta no enterarse de la verdad.
Terminó el último párrafo donde Lola le pedía que se cuidara y se despedía de ella diciéndole que regresaría al día siguiente y dejó la nota en la mesita de noche dónde aprovechó para tomar su móvil para llamar a la única persona que le diría la verdad sobre lo que estaba ocurriendo en la corrala, su suegro Don Lorenzo.
- ¡Es que no puedes estar hablando en serio Marina, leches! ¡No me puedes pedir que autorice una intervención de ese tipo y poner en riesgo la vida de Silvia, porque sabes que cuando Pepa se entere aún en su silla de ruedas es capaz de matarme, coño! - el exabrupto de Paco se escuchó por todo el departamento a esa hora en la corrala. La Comisaría de San Antonio junto al CNI estaba trabajando en un caso bastante complicado al cuál no le veían caminos posibles de solución.
La Comisaría había sido llamada a un caso sobre sectas religiosas. Y buscaban de manera infructuosa al cabecilla de aquella congregación cuando se descubrió una docena de cuerpos en medio de un terreno campesino al sur de San Antonio. Hombres y mujeres de entre veinticinco y treinta años se habían quitado la vida en un macabro suicidio colectivo, excepto el cabecilla de la organización al que llamaban Pastor Buenaventura.
El llamado Mesías de la Congregación El Triángulo Ancestral, creía fervientemente que seres del otro mundo se acercaban a la Tierra y tenían el poder de "arrasar" con toda la maldad del corazón humano. También creía que éstos llamados seres celestiales vendrían en este nuevo siglo a llevarse a los "elegidos" para colonizar el nuevo mundo. Uno donde no existían guerras ni enfermedades y dónde todos eran libres de hacer una vida sana, lejos de todo lo malo que ahora vivían.
Pero por supuesto, ninguna secta que se precie como tal deja de lado los "sacrificios" a los que son sometidos sus adherentes, entre los que se contaba, que los obligaban a vender sus bienes materiales porque según el Pastor, no necesitarían nada material en el nuevo mundo, tampoco necesitarían trabajar porque el dinero no era más que un papel sucio que el nuevo mundo era inservible, por lo tanto también eran obligados a dejar sus trabajos y a sus familias.
El lavado de cerebro también era parte de lo que el Pastor les hacía a sus seguidores. Convenciéndoles de que eran personas especiales que tenían la libertad de hacer lo que quisieran sin tener que pagar un precio por ello. Eso equivalía mentir y hasta robar en nombre de la organización para seguir con el plan trazado que les haría comenzar a dar los primeros pasos hasta llegar al tan ansiado viaje al nuevo mundo.
Tanto el CNI como la Comisaría de San Antonio estaban a cargo del caso de aquella secta. Marina tenía las órdenes de infiltrar a un par de Agentes de la comisaría una de las tantas células de la secta y para eso, ella había elegido a Lucas Fernández y a Silvia Castro ya que ambos daban el perfil perfecto de una pareja en busca de nuevas "emociones".
Lucas había aceptado de inmediato la misión muy para la angustia eterna de Sara que estaba de permiso por su embarazo. Ella intentó por todos los medios pedirle a su padre que desistiera de mandarlo pero Paco no vio más alternativa que hacer lo que Marina pedía porque el hombre era el mejor calificado para el trabajo que el resto de los demás agentes.
El único problema en esto era la decisión de mandar a Silvia con Lucas a la misión. Don Lorenzo fue el primero en negarse en rotundo a que su hija fuera a un operativo tan peligroso, e intentó convencerla de pensar antes en Pepa que la necesitaba más que nunca. Paco pensando también en su hermana, también se había negado a aquella elección y la discusión sobre el tema había seguido desde la Comisaría hasta la corrala dónde estaban reunidos, Paco, Marina, Silvia, Don Lorenzo, Sara, Lucas y Lola que había llegado como apoyo a Don Lorenzo luego que éste la llamara a casa de Pepa.
La tensión en el departamento que Paco compartía con Marina podía cortarse con tijeras desde que los antiguos esposos se habían vuelto a ver. Paco no se creía del todo que la madre de única hija estuviese de vuelta en San Antonio y desde que la vio de nuevo no pudo evitar que los viejos sentimientos que aún guardaba por ella volviesen a salir a la luz al tenerla al frente.
Lola por su parte también sentía lo mismo cuando vio a Paco por primera vez luego de tanto tiempo. Tampoco podía evitar sentir cosas por el hombre que le había regalado a una hija como Sara y verlo estando con otra mujer, era muy difícil para ella.
Sin embargo, la más feliz de ver a Lola y a Paco juntos era su hija Sara, quién aprovechaba toda aquella tensión para estar de parte obvia de sus padres y haría hasta lo imposible para volver a verlos felices. Ella sabía que su padre quería a Marina pero su verdadero amor siempre fue su madre, por lo que no podía evitar intentar volver a juntarlos. Ahora que iba a ser mamá quería tener a toda su familia junta y sus padres eran los primeros que ella quería volver a ver juntos.
Se dedicó a observar todo lo que se hablaba en casa sin opinar nada porque sabía que la última palabra la tendría su propia tía que a esa hora estaba echando dagas a Marina y al mismo tiempo mirando con absoluta preocupación a su abuelo y a su madre.
- ¡Sé que te preocupa Pepa Paco, pero ella ya no tiene nada que ver en este caso! - exclamó Marina con total falta de tacto tratando de convencer a su marido de aceptar sus órdenes. Cuando Silvia escuchó hablar así a la mujer estuvo a punto de cantarle sus buenas verdades llevada por la rabia, pero detenida a tiempo por Don Lorenzo y Lola que le pedían calma pero también echaban dagas en dirección a la Agente del CNI.
- ¡No te metas con mi hermana Marina, te lo prohíbo! - Paco advirtió con una seriedad temible en él - ¡Sé que ella ya no forma parte de la Comisaría porque se le ha dado una baja honorable pero ella todavía es la esposa de Silvia! Paco miró a la susodicha al decir las últimas palabras y la pelirroja asintió con una leve sonrisa dándole las gracias por su apoyo. - ¿Acaso te imaginas el jamacuco que le dará a la pobre cuando se entere lo que planeas hacer? ¡Ella será tu peor traba para seguir con esos planes mujer!
La discusión siguió y parecía no tener fin, pero en medio de aquella crisis el móvil de Don Lorenzo comenzó a sonar. Disculpándose con los presentes, se alejó un poco del caos para responder a la llamada sin tanta interrupción y se puso nervioso cuando vio que la persona que lo llamaba era la misma de la que estaban discutiendo en la sala. Pepa.
- Casi parece que tuviese un sexto sentido la condenada - pensó el hombre para sus adentros no sin humor antes de disponerse a contestar a su nuera.
Luego del saludo de rigor que conllevaban las puyas habituales de Don Lorenzo hacia su nuera, trató de explicarle lo mejor posible lo que estaba ocurriendo en la corrala.
- Tienen un caso complicado Pepa - le dijo él con seriedad - Han sido varios los muertos y ahora el CNI también está involucrado en él.
Al otro lado de la línea Pepa suspiró con fastidio. Sabía que cuando el CNI formaba parte de algún caso en conjunto con la Comisaría, nunca salía nada bueno de aquella asociación.
- Imagino que están planeando mandar infiltrados, ¿No es así Don Lorenzo? - preguntó a sabiendas la chica y Don Lorenzo asintió con la cabeza hasta que recordó que ella no podía verla - ¿De qué se trata la operación? ¿A quiénes han propuesto?
Don Lorenzo suspiró con nerviosismo al oír la batahola de preguntas de su nuera y tuvo que salir de su lugar en la esquina de la cocina cuando la discusión que mantenía el resto de los ocupantes de la casa se volvía más frenética. Él sabía que no podía mentirle a Pepa, pero al mismo tiempo estaba consciente de que por primera vez tendría que hacerlo para protegerla. Conocía a la joven lo suficiente para saber que si llegaba a enterarse podría darle un jamacuco como había dicho Paco o era capaz de cometer cualquier locura para impedir que Silvia acabara por aceptar infiltrarse en el operativo.
- Yo... mira Pepa es mejor que Silvia te cuente de que va, ¿Bueno? - se excusó el hombre con nerviosismo deseando poder acabar con aquella llamada - Acá estamos ya bastante los liados como para poder...
- No me mienta Don Lorenzo por favor... - la voz de Pepa sonaba en parte angustiada y en parte molesta por la negativa de su suegro de decirle la verdad. Ella sabía que se trataba de un caso difícil e intuía que el problema surgido en la corrala tenía a su esposa como protagonista y estaba furiosa por no saber de qué se trataba. Por eso fue que Pepa apeló a la sensibilidad con su suegro. Sabía que si le rogaba no dejarla en la oscuridad con lo que estaba ocurriendo el hombre acabaría soltando la sopa.
Don Lorenzo maldijo su viejo corazón emocionado cuando escuchó a Pepa rogarle. Era todo un debilucho a las miradas de cordero degollado de su nuera. Con su esposa, sus hijas y su nieta siempre fue lo mismo y con su nuera, en el estado en el que se encontraba era peor.
- Marina a pedido a dos agentes de la comisaría infiltrarse en una secta religiosa - él acabó por contar en tono serio - El primer infiltrado será Lucas que ya aceptó unirse a la misión aunque tú sabes, Sara quiso impedírselo hasta que se dio cuenta quién sería la que lo acompañaría...
Cuando lo escuchó a Pepa se le vino el mundo encima. No tenía que preguntar quién iba a ser la segunda infiltrada ya que sabía de qué se trataba el caso y conocía el perfil de los adherentes a esa dichosa secta. Por eso sabía que Lucas daba con el perfil a la perfección y la única que también daba con el perfil de aquellos locos era también la única agente femenina que tenía la comisaría para infiltrarse, su esposa Silvia.
- No - Pepa no iba a aceptar esa demanda bajo ningún concepto - ¡No Don Lorenzo, no! ¡Dígame que mi pelirroja no ha aceptado unirse a esa misión suicida, suegrito por favor se lo ruego! ¡Ella no puede hacerlo Don Lorenzo, es muy peligroso y yo no lo acepto!
Pepa no soportaba la angustia de no saber de qué iba todo. Lo único que quería era poder correr a la corrala, llevarse a Silvia de ese lugar y sacarla del caso horrible que estaban llevando a cabo. La pobre había estallado en lágrimas al imaginar cada maldito escenario con su princesa de protagonista dónde siempre terminaba de la misma manera, muerta sin que ella pudiese ser capaz de protegerla.
A Don Lorenzo le partió el alma oír llorar a Pepa. Él sabía que la chica no iba a tomar bien la noticia y no le sorprendió que ahora ella estuviese teniendo aquella crisis, como tampoco le sorprendía su siguiente petición.
- Páseme a su hija Don Lorenzo tengo que hablar con ella - la angustia de Pepa dio paso al enojo y eso lo demostró el tono de voz con el que la joven hizo su demanda, era sombrío y estaba provisto de una clara advertencia, "O hace lo que le pido o aquí se forma una casa de putas". Pero Don Lorenzo intentó apaciguar a la fiera que todavía era su nuera. Trató de convencerla que todo saldría bien y que no se preocupara, pero la rubia no iba a tener nada de eso.
- Páseme a Silvia Don Lorenzo, usted sabe que tengo todo el derecho a dar mi opinión sobre esto porque yo sigo siendo su esposa - fue la respuesta tajante que hizo suspirar en acuerdo al hombre de más edad - O me la pasa o me viene a buscar para llevarme a la corrala para cantarle sus cuantas a la hija de puta de Marina. Y si no lo hace usted ya veré cómo lo hago yo, pero de esta no se salvará nadie suegrito y usted sabe que voy en serio.
- Sé muy bien de qué eres capaz tú, descerebrada - el genio Castro también hizo acto de presencia ante las palabras tajantes de la chica - Sé que tienes tantos cojones como yo los tengo nuera así que no te preocupes que yo le digo a mi hija que regrese a casa. Es tiempo de acabar con este maldito circo de una puta vez.
Pepa le dio las gracias a su suegro esperando poder hablar a solas con su esposa y terminó la llamada. Don Lorenzo suspiró con
pesadumbre antes de enfrentarse a la segunda fiera que era su hija y al resto que también se le echaría encima cuando se enteren
que Pepa ya estaba al tanto de toda la verdad.
La primera parte del plan ya estaba en marcha. El hombre sabía que disponía del tiempo suficiente para armar las siguientes partes, pero no por eso se distrajo con lo que tenía que hacer en realidad.
El viejo Abad le había dejado órdenes expresas de seguir un itinerario para realizar su misión con éxito. Este itinerario consistía en viajar a las diferentes ciudades donde pequeños grupos de la Congregación estaban activos para hacer correr la voz. El hombre al final sería el vocero de aquella misión y eso era algo que en parte le incomodaba porque se arriesgaba a ser reconocido si estaba rodeado de demasiada gente, sobre todo en España dónde estaba al tanto que también estaba siendo buscado por la policía española.
Sin embargo, el hombre fue lo bastante astuto como para evitar que aquello sucediera así que su incomodidad era pasajera. De llegar a mirarse en un espejo, ni siquiera él se reconocería.
Concentrándose en su siguiente destino, el hombre caminó hasta un pequeño claro en medio de un bosque para descansar. Repasó mentalmente todo lo que tenía que decirle al Maestro de la Congregación Rosánica del Este, un hombre llamado Josep Mantegna y sacó de los bolsillos de su túnica un pequeño block de notas para ir tachando los lugares donde ya había cumplido las órdenes del Abad.
Luego de descansar, siguió su camino hasta salir del bosque y llegó hasta las vías de un tren que lo llevaría hasta la próxima Congregación Rosánica. No tardó mucho en oír el ruido característico de un viejo tren a vapor y logró colarse dentro de uno de los últimos vagones para evitar ser descubierto. Una vez instalado dejó su mente vagar en la estrategia que tenía guardada para sus propios planes imaginando el rostro de la mujer que llevaba tanto tiempo buscando.
