Capitulo 4: El Juramento

El atardecer pintaba el cielo de naranja, mientras un bisonte de seis patas volaba a toda velocidad por encima del océano, con cuatro personas encima.

-¿Falta mucho para llegar? Espero que Zuko nos reciba con algo de comida. Me muero de hambre-Dijo un hambriento Soka.

-¿Es que acaso nunca vas a cambiar?- Le contesto katara

-Soka, este no es un momento como para andar pensando en comida- Lo regaño Suki.

-Hey! No es mi culpa- Se defendió el guerrero frente a las dos mujeres- Solo digo que es fácil salvar el mundo con el estomago lleno. Y hace días que no como una buena comida y….-

Soka se calló en cuanto se dio cuanta lo que dijo y vio la mirada de su esposa.

-heee….quiero decir…una buena comida de…he…de la Nación del Fuego….si por supuesto-

-¿Qué acaso hay algo de malo en como cocino?- la pregunto una molesta Suki.

- ¿Qué? No claro que no-comenzó a balbucear Soka- Solo que la comida del Polo Sur….no es tu….especialidad.

-¡Soy una guerrera de elite! ¡No una cocinera!-

Katara sonrió mientras escuchaba discutir a la joven pareja. Era la tercera vez que Suki se enojaba con su hermano en el viaje. Pero no era la cantidad de veces que peleaban lo que la sorprendía, sino la facilidad con la que después de unos minutos volvían a reconciliarse

Había sido la maestra Agua, quien había convencido a Aang de pasar por Soka y Suki primero. Después de todo, era un asunto que les incumbía a ellos también. Sin embargo en medio de los gritos de la pareja de guerreros comenzaba a arrepentirse de su decisión.

Katara dirigió su mirada hacia Aang, quien se encontraba sobre la cabeza de Appa. Estaba sentado en silencio y con la mirada fija en su camino. Después de haber leído la carta Katara se sorprendió de que Azula haya escapado. Pero que Zuko se haya comunicado con el Avatar, le trajo recuerdos de esa noche hace tres años. La maestra Agua dejo a su memoria volver atrás en el tiempo.

Ella se encontraba con Aang ayudando en una aldea del reino Tierra, cuando escucharon la noticia. El Señor del Fuego Zuko había condenado al su padre, el antiguo Señor del Fuego Ozai, a una ejecución publica. Seria en medio de una plaza en la capital de la Nacion del Fuego, frente a miles de personas. Y el mismísimo Zuko la llevaría a cabo.

Habían partido a toda velocidad rumbo a la Nación del Fuego con intenciones de prevenirla. Pero para cuando llegaron, era tarde. Zuko ya había matado a su propio padre, frente a su pueblo. Incluso escucharon que había dejado salir a Azula de prisión para presenciar la ejecución.



Recordaba que Aang estaba furioso y antes de entrar al salón del trono, para hablar con Zuko, le había pedido que lo dejara entrar solo. Katara había aceptado, sin embargo había logrado escabullirse dentro y escuchar parte de la conversación escondida. Recordaba claramente el enojo en las palabras de Aang y Zuko.

-¿Cómo pudiste Zuko? ¿Cómo pudiste matar al hombre al que le había perdonado la vida?-Pregunto Aang

-No se por qué te enfadas tanto-Contesto Zuko con simpleza.

-¡¿Enfadarme?!- estallo Aang -¡Es mucho mas que un enfado! ¿Acaso no podrías haberlo dejado en su prisión, olvidarlo y seguir con tu vida? ¡No! En vez de eso te conviertes en un verdugo y lo matas. ¡Él no podía hacer nada!-

Zuko parecía perplejo por la ira del monje.

-Bueno, seguía siendo peligroso. El Infierno se esta haciendo mas fuerte y amenazan con acabar con mi gobierno. Si lo dejaba con vida seguiría dándole esperanza a aquellos que me quieren derrocar- Se argumento el maestro fuego.- Sin Ozai en el medio ellos no tendrían un líder por eso pensé que….-

-Pero.… ¿Tenias que matarlo?-Lo interrumpió Aang.

-Lo único que pretendo hacer es proteger a mi Nación-Contestó Zuko molesto.

-¿Por qué entonces utilizas esa escusa para justificar tus actos?-interrogo Aang-Por que no aceptas la verdad.-

-Ozai se merecía la muerte. Era un monstruo. Todo el dolor que le causo a millones de personas con la guerra. ¡Fue justicia!-

-¡Esto no se trata de justicia! ¡Se trata de ti y de tu venganza personal!-

-¿De que estas hablando?-

¡Por eso lo hiciste frente a toda esa gente por eso lo hiciste tu mismo, por venganza-El Avatar respiro profundo y en tono mas calmado agregó – Tienes que aceptar que matarlo no sirvio de nada , eso no le devolverá la vida a tu madre-

El Señor del Fuego miro al Avatar a los ojos. Si levanto de su trono y se paro frente a él. Desde su lugar Katara pensaba que nunca había visto a Zuko tan enojado en toda su vida.

-¿Cómo te atreves?-Le dijo el Señor del Fuego- Vienes a mi Nación y te crees que puedes decirme que esta bien y que esta mal. ¿Pretendes que te haga caso sin que tengas idea? Tu Aang fuiste demasiado débil como para no matarlo pero yo no lo soy. Y nunca lo seré, porque mi Nación me necesita.

Zuko se dio vuelta y comenzó a caminar hacia su trono

-Ahora vete de aquí. No eres bienvenido en mi palacio.-Concluyo Zuko.



Después de eso ella y Aang habían vuelto al Reino Tierra. Katara intento hablar con Aang pero era un tema que el Avatar no quería enfrentar. Pero la maestra Agua no perdió contacto con Zuko, seguían siendo amigos. Se mandaban cartas y a veces Katara lo visitaba .Sin embargo los dos hombres actuaban como si nada hubiera pasado y se dejaron de dirigir la palabra.

-¡Llegaremos en poco tiempo!- la voz de Aang interrumpió sus pensamientos. Estaban en el puerto y se podía ver el palacio a lo lejos.

Si Azula había imaginado que se encontraría bajo un templo abandonado de seguro no era lo que sus ojos veían. Para su sorpresa caminaba a través de construcciones subterráneas. Había pequeños edificios hechos de lo que parecía mármol negro. El lugar estaba iluminado por unas antorchas que desprendían una luz verdosa y hacia donde mirara colgaban estandartes con un extraño símbolo.

-¿Qué es eso?-Pregunto a su acompañante, señalando uno de los símbolos. Que consistía en un círculo perfecto con una estrella dentro. Había ocho puntos distribuidos en la línea del círculo al igual que dentro de la estrella.

-Es el escudo del Círculo de los nueve.-Explico Nero- Los ocho puntos simbolizan los miembros del Círculo y la estrella en el centro es nuestro maestro.

Nero se detuvo frente a una puerta doble de color negra con el símbolo grabado en su superficie.

-Pasa por aquí. El maestro te estará esperando, sola-Le dijo el maestro aire mientras se apoyaba contra la pared junto a la puerta.-Cuidado con lo que dices y…..buena suerte.

Azula asintió con la cabeza frente al comentario de Nero mientras traspasaba la puerta, dispuesta a averiguar quien era el misterioso maestro.

Del otro lado de la puerta encontró un gran cuarto, poco iluminado con un trono de color negro en el fondo. Sentado en él había una figura cubierta con una elegante vestimenta completamente de color blanco. Desde lejos Azula vio que llevaba una mascara blanca en su rostro, que solo dejaba ver sus ojos.

-Azula de la Nacion del Fuego. Por fin nos conocemos.-Dijo el encapuchado.

La voz del maestro era grave y profunda. Él hombre hablaba arrastrando las palabras de forma misteriosa y a la vez bella.

-Por favor, siéntate-Le dijo, señalando un silla frente a él.



Azula obedeció la petición y una vez que se sentó pudo ver de cerca la mascara del encapuchado. Tenía unos ojos azul verdosos, viejos y a la vez sabios. Para Azula poseían un aire malévolo, antiguo y confiado. Ella pensaba que en vez de verla a ella, los ojos miraban en su interior, analizando sus pensamientos, sentimientos y sueños. La princesa retiro esa idea de su mente y se dirigió al extraño.

-¿Por qué me has triado hasta ti?-Interrogo- ¿Qué es lo que quieres?

-Quiero lo que ya escuchaste por boca de Nero. Quiero que me prestes tu servicios, que te conviertas en un miembro del Círculo-Hizo una pausa antes de continuar- Pero antes quiero que me contestes una pregunta…. ¿Que te trajo hasta aquí?-

Azula se quedo pensativa, con la cabeza agachada.

-Fue acaso por curiosidad, miedo, o tal vez deseos de poder….

-Odio- la voz de la princesa interrumpió al extraño - Odio- repitió mas convencida.

El maestro aguardo silencio mientras observaba un par de ojos dorados como el sol.

-Bien, muy bien. Eres completamente para servirme. Hace mucho que no veo un odio y deseo de venganza como el tuyo, pero ahora que tu estas aquí yo voy a ayudarte, Azula. Seré tu protector, cuidare de ti, te daré fuerzas y te concederé la fuente de tu fuego control, otra vez. Te ofreceré tu oportunidad de venganza. Pero yo amo seré y tu mi esclava serás.-

-¿Y como he de servirte?- Pregunto después de pensar en la oferta. Ya no tenia otra opción, si quería vengarse de su hermano necesitaría de su fuego control, que fue arrebatado por el Avatar. Y algo en su interior le decía que él era capaz de devolvérselo.

-Me servirás sirviéndote a ti misma de momento. Mas adelante llegara la ocasión en la que te necesitare para que me sirvas en cosas concretas, pero de momento, pediré poco de ti, solo que jures servirme.-

Azula, la princesa de la Nación del Fuego titubeó.

-Debes hacer el juramento- Insistió el maestro- O de lo contrario no podré ayudarte con tu venganza-

-Juro servirte- Contesto Azula, arrodillándose frente al Maestro, determinada a convertirse en una simple esclava para poder lograr su objetivo.

-Excelente- Exclamo el maestro mientras se ponía de pie y se acercaba a Azula. Se detuvo frente de ella y coloco un pulgar sobre su frente y otro en su pecho- Ahora, déjate llevar-

Una luz de color azul cubrió toda la habitación. Azula se sentía como si fuera a morir en cualquier momento. Un dolor punzante invadía todo su cuerpo y sentía la palma de su mano derecha como si estuviera ardiendo en llamas.



Fuera del cuarto Nero esperaba tranquilo, apoyado contra la negra pared. Estaba algo impaciente, seguro de que Azula entraría al Círculo, pero igual algo nervioso. Esta seria la primera vez, desde que él es miembro, que El Círculo complete sus nueve integrantes. La ultima persona que se unió fue hace unos tres años y medio calculó el samurái.

-¿Genji?- Pregunto el maestro aire al sentir una presencia, que se acercaba a su derecha.-¿Eres tu?-

Nero dirigió su vista al visitante para encontrarse con unos ojos esmeralda que le devolvían la mirada.

-Oh Daima . Perdón te confundí con Genji- se excuso.

La muchacha sonrió mientras se apoyaba en la pared al lado de Nero. Su piel era morena, tenia el pelo algo corto de un color medio rojizo y unos ojos de color verde esmeralda que parecías joyas. Llevaba puesta una túnica de color marrón claro sin mangas y traía un collar y pulseras echas de cuero, piedras y huesos.

-Wow, si no te conociera diría que te decepciona verme-Sugirió la morena- y ¿para que buscas mi hermano?¿ Acaso te aburriste en el viaje y tienes ganas de pelear un poco?

-je je te mentiría si dijera que no.-Afirmó el samurái- ¿Sabes donde esta?-

-Escuche que se fue con chispita en una misión. Creo que tenían que confirmar una información o algo por el estilo- Explico Daima - Estarán de vuelta mañana.-

-Ya veo-dijo Nero algo decepcionado.

-¿Qué piensas acerca de ella?- le pregunto la maestra luego de un breve silencio.

-¿Ella? ¿Te refieres a Azula?-

Daima asintió en silencio. Y Nero miró al vacio mientras pensaba en su repuesta.

-La verdad, no se que pensar. El maestro asegura que será muy útil su ayuda. Pero pareciera que lo único que la mantiene viva es su odio.-Contesto y luego pregunto- ¿Qué pinas tu?-

Daima miro los ojos grises del maestro aire antes de contestar muy seria- No me agrada-

La conversación se vio interrumpida por un grito, proveniente del interior del cuarto. Ambos maestros abandonaron su posición y se pararon frente a la puerta, esperando conocer la respuesta a la pregunta que rondaba por sus mentes.

Acto seguido la puerta negra se abrió y una sorprendida Azula salió del cuarto. La princesa sujetaba con fuerza su mano derecha, con la izquierda, como si sufriera de un gran dolor. Con una rápida mirada Nero pudo aclarar sus dudas. Sobre la palma derecha de la maestra fuego había aparecido una marca negra. Un símbolo de un Círculo con una estrella en su Interior. Lo que solo podía significar una cosa. Azula había aceptado el juramento.