Buenas x3
Dejo aquí el cuarto capítulo de mi fic. Espero les guste, y a quien lo esté leyendo (?) gracias por el tiempo.
4.-Un payaso y un juguete roto.
-Así que van a la cima de la Montaña Silenciosa-dijo el digimon examinando la montaña con la mirada, y luego a los pequeños-No es lugar para dos digimons como ustedes-apuntó con su gran sonrisa pintada de rojo.
Lalamon se sentía extrañamente atraída por ese digimon; no decía nada y solo afirmaba con la cabeza. Hawkmon respondía sin darle mayor importancia.
-Lo sé. Pero un digimon me espera allá arriba, y me ayudará con mi problema.
-¿Qué problema enano?-quiso saber el payaso de largo cabello anaranjado.
Hawkmon se sonrojó, un tanto avergonzado, y como siempre le pasaba cuando le tocaban el tema, se tardó en responder.
-Le cuesta mucho volar, señor-respondió Lalamon por él.
-¡Oh! ¡No me digas!-exclamó Piedmon con su sonrisa ensanchándose-¿Y a qué se debe eso?-se agachó junto a él-¿Le temes a las alturas?
-No, no-negó con su cabeza-Me canso muy rápido… Practico todos los días, pero no progreso.
-Hmm…-el digimon puso su dedo en el mentón mientras pensaba con la mirada en el cielo-Es raro. Las aves casi nacen volando. Solo hay que darles un empujón desde lo alto. ¿Te empujó tu mamá desde un acantilado al nacer?
Lalamon y Hawkmon pusieron cara de espanto al escuchar eso. Piedmon se largó a reír y dejó la bolsa gris que cargaba en la espalda en el suelo. Cuando terminó de reír, recuperó el aire y se quedó viendo a la pareja con la que se había topado en su camino a la gran ciudad. Se trataba de un mercante que continuamente salía de viaje para conseguir raros y valiosos artículos para su gran tienda de curiosidades. Se agachó y abrió su bolsa, sacando una botella de extrañas formas y un líquido verde brillante en su interior.
-¿Eso es jugo de insecto?-preguntó Hawkmon con una expresión de rareza.
Piedo, como así se hacía llamar, volvió a reír sonoramente ante la idea. Lalamon y Hawkmon se dieron cuenta entonces que todo le parecía gracioso a ese digimon.
-No mis pequeños ingenuos. Es un líquido mágico que conseguí en mi viaje. Según la persona que me lo dio, este jugo podría curar todos los males que uno tenga.
-¡¿En serio?!-exclamaron los dos niños a la vez.
-Así es. El problema es que aún no ha sido probado. Solo lo cambié por una piel de Mammothmon enorme.
-Wow…-Hawkmon estaba más que sorprendido.
-¿Cree que eso funcionaría con Hawkmon y su problema para volar?
-No lo sé. Habría que probar-sonrió con un deje de malicia-Aunque… no me responsabilizo por los efectos.
Los dos digimons se miraron. Había muchas probabilidades, y entre una de ellas estaba morir.
-Igual moriremos yendo a esa montaña-dijo ella seriamente.
-Pues…creo que prefiero arriesgarme e intentarlo subiendo la montaña. Al menos viviré más que tomando ese jugo y muriendo instantáneamente.
-¿Seguro?-preguntó Piedo-Podría que también te curaras de una sola vez.
Hawkmon asintió con su cabeza, decidido.
-¡Bueno!-exclamó el payaso regresando la botella a su bolsa-Si así lo quieres, les deseo suerte con su aventura.
-Gracias-dijo el aguilucho, con su mente en alguna otra parte.
-Señor Piedo ¿Qué más trae en esa bolsa?-preguntó Lalamon con mucha curiosidad.
Y mientras ambos digimons se divertían revisando el contenido del saco gris y comentando las curiosidades de algunos objetos, Hawkmon tenía su mirada puesta en la montaña. Estaba completamente seguro de que Garudamon estaría allí arriba, y le ayudaría a aprender a volar como una verdadera águila.
-No quiero interrumpirlos, pero ya me tengo que ir-dijo al par de digimons que veían las cosas en la bolsa.
Lalamon y Piedmon se levantaron aún riendo de lo ridículos que se habían visto probándose unas coronas y capas llenas de joyas. El digimon payaso sacó algo de la bolsa y se lo entregó a Hawkmon. Era una esfera plateada.
-¿Y esto?-preguntó el ave.
-Quédatelo. Es una perla pequeña que encontré por ahí. No tiene gran valor, pero tengo la sospecha de que los ayudará.
-Pues muchas gracias-dijo Hawkmon sonriendo y guardando el objeto en su bolsa.
Piedo hizo la misma reverencia con la que se había presentado, se despidió y se fue con su paso gracioso y su bolsa en la espalda.
Los dos niños le despidieron con sus manos alzadas, y en cuanto estuvo lejos, Lalamon dejó escapar un suspiro. Hawkmon la miró de forma extraña, negó con la cabeza y siguió caminando.
Lentamente, la montaña se iba acercando. Hawkmon caminaba con la cabeza gacha, como evitando la lejanía que había entre sus patas y la cima del lugar. Lalamon flotaba con su mirada en todas partes, canturreando de vez en cuando para alejar el silencio sepulcral del lugar. El sol había cambiado levemente de posición, y ya no calentaba tan intensamente como hacía un rato.
De pronto, una especie de sollozo hizo que ambos digimons se pararan en seco. Se quedaron atentos a ver qué pasaba, pero nada ocurrió. Antes de que pudieran dar otro paso, volvieron a escuchar el mismo sollozo.
Lalamon se aferró del cuello de su amigo, asustada.
-¿Qué crees que sea?-preguntó temblando.
-No sé, alguien llorando tal vez-dijo el ave con sarcasmo y caminando con la digimon agarrada de su cuello.
-¿No será un fantasma?-dijo ella mirando en todas direcciones.
-¿Por qué no vas y lo averiguas?-volvió a decir él irónicamente.
Continuaron avanzando en silencio; Hawkmon siempre pendiente del camino, Lalamon aún mirando hacia los lados por si aparecía algo. Minutos luego, volvieron a escuchar el sollozo, más cerca esta vez. Hawkmon prestó atención mientras su amiga se escondía en su espalda. Miró a su alrededor, pero no vio nada. Miró hacia arriba, y no vio nada. Se giró, y vio como un pequeño digimon de varios colores venía caminando no muy lejos de ellos, con sus cuadradas manos juntas y la cabeza gacha. Algunas lágrimas caían de su colorido rostro de juguete, y se le escuchaban algunos gemidos tristes.
-Ahí tienes a tu fantasma-dijo a su compañera, quien mirando por sobre su hombro, vio al ToyAgumon acercarse lentamente.
-Oh-dijo un poco afectada-Se ve muy triste.
-No se nota.
-¿Por qué no vamos a ver qué le pasa?
-¿Te importa?
-Pues…sí-dijo Lalamon acercándose al ToyAgumon.
Hawkmon suspiró y se acercó junto con Lalamon al digimon juguete. Éste levantó la mirada y trató de controlar su pena. Al estar frente a frente, trató de sonreír y saludó con su mano. ..
-Hola.
-Hola-saludó Lalamon-¿Qué tienes? ¿Por qué lloras?
-¿Por qué nos sigues?-inquirió Hawkmon seriamente.
-Oh no, no quise molestarlos. No los estaba siguiendo-respondió ToyAgumon un tanto preocupado.
-¿Entonces?
-Estoy…buscando a un digimon.
-¿Qué digimon?-preguntaron los amigos a la vez.
-No sé cómo se llama, pero es negro y pequeño. Me atacó hace un par de días mientras iba a ver a unos amigos al otro lado del bosque, y se llevó mis manos.
-¡¿Tus manos?!-exclamaron asustados.
ToyAgumon mostró sus manos, pero no estaban. Solo eran dos piezas de juguete que no terminaban donde debían. Lalamon y Hawkmon se sintieron apenados por la situación del ToyAgumon, pero no supieron qué decir. La niña solo atinó a hacerle un leve cariño en el hombro.
-¿Por qué te hizo eso?-quiso saber ella.
-Por diversión.
-No me parece divertido llevarse las partes de los otros-acotó Hawkmon extrañado.
-Pues a él todo le divierte. Lo estoy buscando para que me las devuelva, pero no sé donde podrá estar.
-¿Dices que era negro y pequeño?-preguntó el ave.
-Sí. Con un ojo rojo y otro verde… y unas manos espeluznantes. Nunca había visto un digimon así. Se lanzó sobre mí diciendo bromas sin sentido. Me desarmó, construyó un barco conmigo…-contaba entre sollozos y lágrimas-y después una silla. Se sentó en mí, y se reía… y después se marchó con mis manos, riendo de forma muy rara y cantando.
-Qué extraño. Tampoco he escuchado de un digimon así-dijo Hawkmon haciendo memoria-¿Qué harás?
-Seguir buscándolo…-respondió el juguete secando sus lágrimas.
-¿No podemos ayudarlo Hawkmon?-quiso saber Lalamon mientras le daba golpecitos amistosos a ToyAgumon en el hombro.
La pequeña águila negó con la cabeza.
-Tengo que llegar a la cima y conocer a ese digimon. Pero puedo prometerte algo.
Lalamon y ToyAgumon se quedaron viendo de pronto a Hawkmon, por el extraño y duro tono decisivo que había tomado su voz de pronto.
-Apenas baje de esa montaña, lo primero que haré será recuperar esas piezas tuyas. Ya verás.
La niña sonrió, orgullosa de las palabras de su amigo. ToyAgumon se quedó un momento en silencio, con los ojos muy abiertos. Le costaba un tanto creer esa repentina decisión por parte de un extraño. No era fácil de creer, pero algo en esa ave le hizo confiar en que así sería.
-Muchas gracias-dijo, ya que no se le ocurría otra cosa para expresar su gratitud.
El digimon sonrió, miró a Lalamon y se volteó para marchar.
-Si ves a ese digimon que te quitó las manos, dile nada más que se espere. Va a lamentar lo que hizo. Volveré muy pronto.
-De acuerdo. Estaré por aquí.
-Bien. Lalamon, vámonos-terminó Hawkmon caminando.
La digimon se despidió cariñosamente del ToyAgumon y siguió a su compañero. El pequeño juguete se despidió, muy feliz de haberse encontrado con aquellos digimons, y deseando que ese malvado que le había quitado las manos, apareciera para aprender una lección de la pequeña águila.
Continuará...
