Edward corrió una gran puerta de metal, revelando una habitación llena de computadoras y equipos electrónicos.
-Y aquí está la base de operaciones, desde donde controlamos absolutamente todo.-Bella contempló las grandes pantallas llenas de números y coordenadas, sin entender absolutamente nada.
-¡Edward!-Una voz cálida y jovial la hizo girarse, al tiempo en que un muchacho rubio, alto y desgarbado saludaba a Edward con una sonrisa.
-Jasper, ¿Todo en orden?-Edward estrechó la mano del chico, que respondió con un seguro 'Si, por supuesto' y rápidamente dirigió su vista hacia Bella, que se mantenía medio oculta detrás de Edward.-Ah, Jasper, te presento a Bella, Bella, él es Jasper.-El cobrizo hizo las presentaciones, y sonrió al notar lo nerviosa que se encontraba la castaña.
-Bella, es un placer.-Jasper estrechó la mano de Bella con firmeza, y la castaña contuvo un bufido. Es un placer conocer a los amigos de mi secuestrador.- Espero que estés recibiendo el trato adecuado en nuestro barco, no me gustaría causar una mala impresión. Pero si alguno de estos brutos te hace algo indebido, ya sabes con quién hablar.-Jazz le dedico un pequeño guiño que dejó a Bella encantada. Ese chico parecía mucho más tratable que el gigante cobrizo junto a ella.
La muchacha le sonrió ampliamente, y Edward soltó un bufido.
-Basta de idioteces, Jasper. ¿Sabes donde están Rose y Alice?
-Creo que están por allí, junto a Allegra y Jess.- Jasper sacudió la cabeza hacia la derecha, con una sonrisa ante el comentario de Edward.
Edward le dirigió un escueto 'gracias' y arrastró a Bella junto con un grupo de chicas que hablaban efusivamente.
-Al, Rose, ¿Me prestan un segundo de su atención?-Bella tragó saliva cuando las dos chicas se giraron en su dirección.
Una de ellas era la pequeña pelinegra con la que había estado el otro día, Alice.
Y la otra…Bella nunca había visto a ninguna mujer tan perfecta como aquella.
La escultural rubia le dirigió una cálida sonrisa, y la saludo con un amable beso en la mejilla.
Bella se sintió instantáneamente alguna especie de insecto en comparación con tanta belleza, y guardo silencio durante las presentaciones.
-Chicas, necesito que me hagan un favor.
-¿Otro más? Edward, ya sabes que la lista sigue aumentando.-La rubia sonrió con picardía, y Edward le sonrió sin mucho humor.
-Como quieras, Rose. Pero necesito que le presten algo de ropa a Bella.-Edward le hecho un rápido vistazo a la camisa de la castaña, y ella se encogió avergonzada.
-No necesito nada, gracias.-Murmuro mordazmente, pero sólo Edward la oyó.
Edward bajó la cabeza, y clavó sus ojos de esmeraldas en Isabella.
-Si la necesitas, no puedes seguir usando eso.
-No quiero nada tuyo.-Masculló, enfadada.-Tú fuiste el que me puso esto, devuélveme mi vestido y se acabó.
Alice y Rose abrieron los ojos sorprendidas.
Nunca, en sus 6 años arriba de ese barco, habían escuchado a alguien desafiar a Edward tan abiertamente.
El cobrizo respiro hondo y tomó a Bella por el brazo.
-Volvemos en un segundo.-Murmuró, con su voz convertida en acero, y arrastró a Bella hasta un sector vació del cuarto.
La giró con brusquedad hacia él, y Bella soltó su brazo con fuerza, cruzando los brazos sobre su pecho.
-¿Es que no podemos estar bien por más de 15 minutos sin que sueltes uno de tus comentarios estúpidos?
-Sólo te dije que me devuelvas mi maldito vestido.-Farfulló Isabella, y Edward se tomó el puente de la nariz.
-Tu vestido está arruinado, y de todas formas, no dejaré que sigas caminando por allí tapada con ese insignificante trapo blanco.
-¡No es un trapo!-Exclamó la castaña, ofendida.-Si te molesta cómo me visto, devuélveme y acaba con esta mierda.
-Estás diciendo idioteces.
-No, ¡Tú lo haces!
-Ese maldito vestido no deja absolutamente nada a la imaginación, y detesto ver cómo cualquier imbécil te mira como si fueras algo comestible. No voy a dejar que sigas caminando por allí con eso puesto como si nada. Ahora, cuando se pase tu maldito enfurruñamiento, búscame por allí.
Y sin más, Edward dejó a Bella sola, y fue a reunirse con Alice, Rose y Jasper, que lo miraban extrañado.
Bella cerró los ojos un instante, y soltó un suspiro.
Mierda. Odiaba a Edward Cullen, era insoportable y extrañamente posesivo con respecto a ella, pero por alguna maldita razón que no deseaba siquiera considerar, la atraía como nadie nunca lo había echo en toda su vida.
Sacudió la cabeza, tomó coraje, y caminó lentamente hasta el cobrizo.
Contempló la espalda de Edward durante un segundo, y notó que le llevaba aunque sea dos cabezas.
Estiró la mano temblorosa, y le dio un pequeño golpecito entre medio de los omóplatos.
El pequeño toque descargo chispas en la mano Bella, que deseo dejarla pegada en la espalda del cobrizo y no tener que alejarse nunca. Su cuerpo era tan grande y cálido, y a pesar de saber que debería sentir muchísimo miedo, no lo hacía. Sólo deseaba pegarse a él y dejar que la protegiera entre sus grandes brazos.
Mierda, Isabella, estás acabada.
Edward se giró hacia ella, y la miró con una ceja alzada, aunque una adorable sonrisita bailaba en su rostro.
Bella contuvo las ganas de borrarle esa expresión sobradora de la cara, y soltó un pequeñísimo suspiro.
-Lo siento. Estoy comportándome como una niña malcriada. ¿Podemos empezar de nuevo?-Bella mantenía la vista clavada en sus pies, y a Edward se le derritió el corazón ante aquella declaración de paz. Isabella era una pequeña guerrera, y le encantaba plantarle cara, pero evidentemente, ya estaba agotada.
-Por supuesto que sí, pequeña. Ven aquí.-Susurró, sin poder evitarlo, y para la sorpresa de todos los presentes, Edward estrechó a Bella en sus brazos con fuerza, pero siempre manteniendo la delicadeza, tratándola como si fuera una muñeca de porcelana.
Bella aspiró el atrayente aroma del cobrizo, rígida al principio, pero relajándose contra él finalmente, y una sonrisa se escapó de sus labios.
No sabía por qué, ni cómo, pero a pesar de no haber llegado allí por 'voluntad propia', no desearía estar en ningún otro lugar, lo que la aterrorizaba.
Porque aquello estaba mal. Muy mal.
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-¡Bien! Creo que esto te quedará perfecto.-Alice le tendió a Bella un par de prendas más, y al ver que la castaña no podía sostener nada más entre sus brazos, la instó a entrar en el baño.
-Sal cuando hayas terminado.-Le indico Rosalie, y ella junto con Alice se sentaron en la gran cama rosada a esperarla.
-Bien. Definitivamente esto, no.-Declaró Bella mientras salía del baño lentamente.
El mini-vestido blanco se pegaba a sus curvas como una lapa, y Bella se sentía más incomoda que nunca.
-¡Pero si te queda hermoso!-Exclamaron la rubia y la morena a la vez, con entusiasmo.
-Bueno, hay dos cosas que deberían saber. Número uno, Edward quería que me vistieran porque odiaba mi vestidito 'revelador', y esto no es mucho mejor. Y dos, no me gusta esta ropa. Denme algo grande y cómodo y les juro que seré feliz.
Alice y Rose la miraron fijamente, horrorizadas.
-Definitivamente, no te voy a permitir que andes por ahí con un sweater cuatro tallas más grandes, pero quizás…Podamos adaptarnos un poco más a tu estilo.-Señaló Rosalie resignada, y Alice asintió con pesar.
Bella les sonrió ampliamente, agradecida, y luego de medio minuto ya tenía otra pila de ropa para probarse.
Luego de veinte minutos, Bella salió del camarote de Rose bañada, cambiada y peinada como si le acabaran de hacer una reconstrucción completa.
Llevaba puesto un pequeño mini short blanco, con una remera color melocotón de lo más cómoda, y sus bucles recogidos en una coleta alta.
-¿Quieres que te lleve a donde Edward?-Le preguntó Rose con una sonrisa mientras cerraba la puerta del camarote con una llave que luego escondió en su escote.
-Eh, sí, creo…
Alice había tomado otra dirección, dejando a Rose y Bella solas.
-Así que… Te gusta Edward, ¿Verdad?-Preguntó Rose con una sonrisa pícara.
-¡Oh, no! Claro que no.-Se apresuró a decir Bella, sintiendo cómo el sonrojo subía a sus mejillas.
-¡Oh, vamos, Bella! No puedes negar que entre Edward y tú pasa algo. Evidentemente siente... Algo por ti, a su manera, y tú, evidentemente sientes ese 'algo' por él.-Bella bajó la vista a sus pies, incapaz de desmentir aquello, sin saber porqué.-Además, debemos admitir que Edward es un muy buen partido. Ya sabes, el hombre más codiciado de este barco, creo que no hay una sola muchacha en la tripulación que no sueñe con él. Descontándonos a mí y a Alice, por supuesto.-Rose soltó una carcajada, y Bella le sonrió.
-¿Porqué no tú y Alice?
-Digamos que nosotras lo vemos algo así como…Un hermano. Yo tengo a mi osito y no necesito nada más.
-¿Tu…osito?
-Emmett.-Respondió Rose con una amplia sonrisa.-Salimos desde hace un año y medio, él es todo para mí.
Bella sonrió al ver la expresión soñadora en la cara de Rose, y sintió cierto alivio al saber que la rubia escultural tenía novio, y no estaba para nada interesada en Edward.
¡No, no te alivies, maldita sea!
Demasiado tarde.
-¡Josh! ¡Josh, espera!
Un muchacho joven, algo bajito y de cara amigable se giró ante la llamada de Rosalie.
-¡Rose! ¿Necesitas algo?-El chico dirigió su vista a Bella y le dedicó una amplia sonrisa.
-¿Sabes dónde está Edward?-Preguntó Rose rápidamente.-Pasamos por la cubierta y no lo vi.
-Creo que estaba en el gimnasio practicando lucha con Martin.
-¡Muchas gracias!-Rose tomó a Bella del brazo y se la llevo rápidamente de allí, mientras el muchacho le seguía sonriendo como embobado.
La guió por una serie de pasillos y salones que Bella no tuvo tiempo a contemplar, hasta que salieron a un salón gigante, repleto de gente y aparatos para ejercitarse. Un gimnasio de lo más completo.
Ese lugar cada vez sorprendía más a la castaña.
La rubia la condujo atreves de los múltiples aparatos y máquinas, mientras rodaba los ojos ante los comentarios que hicieron un par de chicos al mirar a Bella.
-Cuando Edward les dé un buen escarmiento dejarán de ser tan idiotas.-Murmuraba por lo bajo, y antes de que Bella pudiera comentar nada, ya habían llegado a otra gran sala, pero esta vez repleta de gente luchando cuerpo a cuerpo.
-¡Allí lo tienes, tu hermoso pirata!
Bella dirigió su vista hacia dónde Rose le había señalado, y la respiración se le atoró en la garganta al contemplar aquello.
Edward…No era el mismo Edward suave y pícaro en el que se convertía cuando estaba con ella.
No era ese Edward de tacto firme, pero gentil, no era el Edward que bromeaba.
Este Edward… Era un Edward demasiado diferente. Era un Edward violento, feroz, despiadado.
Se encontraba luchando cuerpo a cuerpo con un chico un poco más bajo que él, pero mucho más fornido.
El cobrizo iba ganando por goleada.
Esquivaba los golpes de su contrincante con rapidez y perfección, soltando carcajadas secas y burlonas ante cada traspié del enemigo. Asestaba golpes certeros, duros y fuertes, en los lugares exactos.
Y que decir sobre su aspecto…
Sus cabellos broncíneos estaban más revueltos de lo normal, y sólo llevaba puestos unos pantalones para ejercitarse azules. Su torso perfecto la hizo suspirar. Era malditamente increíble.
Isabella se quedó sin aliento, contemplándolo, hasta que su contrincante se rindió, y Edward le tendió una mano, ayudándolo a levantarse con una sonrisa franca.
Hasta hace medio minuto parecía que iban a matarse, y de un segundo al otro parecían amigos de toda la vida.
Bella expiró con fuerza cuando los fieros ojos de Edward se posaron sobre ella, y su expresión delató tanto enojo que la obligó a dar un paso hacia atrás.
El cobrizo se acercó rápidamente hasta la castaña, y la miró duramente.
-¿Qué haces aquí?-Le cuestionó sin dejar de mirarla fijamente.
Bella cerró los ojos, frunciendo el ceño y forzando una media sonrisa.
Así iban las cosas...
-Yo…Realmente, no lo sé. Pensé que te alegraría ver que sobreviví al súper-tratamiento de Alice y Rosalie, pero…-Bella sacudió la cabeza frustrada-Déjalo.-Susurró antes de girarse y salir lo más rápido posible de allí.
-Isabella.-La voz de Edward resonó a sus espaldas, y al llegar fuera del gimnasio, la joven se giró lentamente.
-¿Qué?-Masculló, sin mirarlo a la cara.
-Oye…No te enojes. No es que no me haya agradado verte, cariño.-Edward enmarcó el delicado rostro de la castaña entre sus manos, con toda la suavidad del mundo, y Bella recordó como esas mismas manos habían asestado golpes terribles hace sólo unos instantes.-Estas hermosa.-Susurró Edward con una ternura genuina reflejándose en sus ojos.-Pero simplemente, no me parece adecuado el que te hayan llevado allí. Ya sabes, lo que acabas de ver...-El cobrizo se corrigió.-Cómo acabas de verme es…Solamente no creo que sea lo mejor para ti. No creo que estés lista para eso.
-No soy tan delicada como crees.-La voz de Bella salió en un murmullo demasiado bajo, tanto que Edward se agachó para oírla mejor, empujándola levemente hacia atrás y obligándola a apoyarse contra la pared que tenían detrás. Su cuerpo era tan ancho y grande que Bella estaba prácticamente escondida a la vista de todos los demás.
Sus bocas se encontraban repentinamente muy cerca, y el aliento a menta de él impactaba contra los labios entreabiertos de ella.
-Sí. Sí lo eres, pequeña.
Fue lo único que dijo el cobrizo, antes de ceder a la tentación y apretar sus labios contra los de la castaña, que soltó un jadeo, intentando luchar contra sus deseos y alejarse de él.
No, no voy a poder ganar esta batalla. Pensó Bella, mientras levantaba sus manos y las apoyaba contra el estómago de Edward.
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¿Les gustó? ¡Muchas gracias por leerme! Son geniales, no las puedo querer tanto, en serio, me hace muy feliz ver cómo acepan con los brazos abiertos mis delirios. Un beso enorme.
Emma.
