Hola! aquí estoy de nuevo. Gracias por leer esta historia nos leemos abajo.

Ni Digimon, ni FSN me pertenecen, son de sus respectivos dueños.


Capítulo 4:

Daisuke

Despierto de manera agitada, y al instante puedo sentir un dolor terrible en el estómago, por lo que me tomo esa zona. Intento recordar que sucedió para que me encuentre en este estado, pero nada. Estoy en mi habitación, acostado en mi cama y con el torso solamente cubierto por unas vendas, y con la mente en blanco. Hago esfuerzo para recordar pero solo consigo un puntazo en la cabeza por lo que dejo de esforzarme y me recuesto. Al mirar por las cortinas blancas de mi habitación puedo darme cuenta de que deben ser alrededor de las ocho de la mañana.

Veamos; fui a la escuela con Saber y me encontré con mis amigos. Nada fuera de lo normal más que la presencia de Saber en mi vida. Luego me quede con ella hasta el fin de clases y nos encontramos con Tyrannomons. Después de que los derrotara me topé con esa mujer llamada Caster que casi hace que un Devimon me mate, pero apareció Assassin y me salvó. Luego de rescatar a esas chicas y enviarlas a sus casas nos fuimos y nos encontramos con Valeria, o ella nos encontró a nosotros, no recuerdo bien. Me pidió que formemos una alianza. Luego apareció una niña y el grandulón y ya no recuerdo nada.

— ¡Daisuke, despertaste!

Me giró en dirección a la puerta para ver quien me habla. Es Valeria. Me mira con una sonrisa radiante que pasa a ser una mueca de enojo en cuestión de segundos, no sé por qué.

— ¡Tú, pedazo de idiota!—me apunta con el dedo de manera acusadora. Yo, que aún estoy algo desorientado, espero que siga— ¿Cómo te atreves a interferir en las peleas de los Servants? ¿Quieres que te maten? ¿Crees que, por ser tú, puedes hacer la diferencia?

— ¿Qué?—aún me cuesta asimilar todo, y que me grite no mejora la situación.

— ¡Daisuke!—por la misma puerta por donde acaba de ingresar Valeria, lo hace Saber, aunque esta me ve con alivio— ¿Cómo te encuentras?

—Yo…no recuerdo que sucedió, ¿Podrías decirme que pasó?—intentando ignorar a la pelinegra que me insulta sin parar, me dirijo a mi compañera.

—Nos encontramos con Berserker y su Master. Asassin y yo lo enfrentamos pero él fue más fuerte por lo que derrotó a Asassin con rapidez. Yo luché contra él pero también fui vencida aunq…

—Cuando iba a matarla tú te interpusiste y te hirió a ti en lugar de a ella—la corta Valeria, aun con esa mirada de enojo sobre mí, aunque levemente más calmada. Creo tener leves recuerdos—Tuvimos suerte que Illya decidió dejarnos con vida y se marchó. Aunque no sé con qué motivo hizo tal cosa.

—…

—Bueno, después de que se fuera nos pusimos manos a la obra y te trajimos aquí, te curamos y te vendamos. Créeme que no exagero cuando digo que fue similar a armar un muñeco. De nada—cruzándose de brazos, se da media vuelta—Luego de que te vistas, quiero que bajes para planear una estrategia.

— ¿Qué?

—Por ahora, dejaremos a Berserker tranquilo ya que hemos comprobado que está a otro nivel, iremos a tu escuela a revisar si hay señales de Caster o algún digimon que este por esa zona de parte de ella—y se marcha dando un portazo.

—Daisuke, ¿Puedo preguntarte algo?—Saber se me acerca, sentándose en la silla al lado de mi cama, recién ahora puedo notar las ropas que tiene en sus manos; es mi uniforme escolar. Asiento— ¿Por qué te metiste?

Sinceramente, no recuerdo nada, pero me imagino cual es el motivo por el que lo habré hecho. Ella aún desconoce el hecho de lo mucho que suele molestarme que las personas arriesguen sus vidas. En especial si es por mí.

—Mira, Saber, esto de que seas mi Servant puedo permitirlo pero eso no quiere decir que dejaré que tú arriesgues tu vida por mí, sé que no soy de mucha ayuda ahora, pero no quiero que mueras por culpa mía—le digo.

—…bien, entiendo—aunque parece algo consternada con mi respuesta, creo que no me reprochará nada. Me extiende lo que tiene en sus manos—Toma, es tu uniforme escolar, estaba manchado de sangre y algo roto pero ya la arreglé.

Me levanto con cierta dificultad. Tomo mi ropa y me dirijo al baño. Decido que solamente me cambiare porque ducharme con esta herida sería realmente problemático. Una vez que estoy listo bajo a la sala encontrándome con Saber y Valeria. Antes de poder preguntar dónde se encuentra mi hermana, la chica pelinegra menciona algo de que fue una suerte que ella no se encontrara cuando llegamos, luego me da una nota escrita a mano por Jun.

"Daisuke, lo siento, me quedaré en casa de Momoe, volveré mañana. Diviértete. Posdata, cuidado con lo que hagas con Saber, guiño"—susurro eso ultimo para que no me escuchen.

—¿Nos vamos?—me dice la Kennedy. Ella se mantiene con su habitual uniforme y esa mirada aburrida que parece llevar siempre. O al menos las veces que la veo—No te esfuerces demasiado, ¿Entendido?

—No hay problema, no me molesta mucho de igual forma—respondo con simpleza. Muevo mi brazo de un lado a otro, sintiendo un ligero puntazo en mi vientre, pero nada que no pueda aguantar.

Salimos los tres en dirección a la secundaria de Odaiba, sintiendo el aire frio de la ciudad colarse hasta nuestros huesos. Me maldigo el no traer bufanda. De camino me comentan que no habrá clases debido a los incidentes ocurridos ayer, por lo que aprovecharemos para infiltrarnos e investigar si hay algo que nos dé una señal de donde esta Caster.

—Por cierto, Daisuke-kun…—llama mi atención, usando ese tono de burla al pronunciar mi nombre—Lindo V-mon, que lo tengas quiere decir que eras uno de esos elegidos que salvaron el mundo hace años.

Me rasco la mejilla, algo dudoso al oírla. Tengo la impresión de que siempre se burla de mi cuando me habla.

—Sí, pero hace un tiempo que no sé nada de él—le digo. Ella sonríe y me mira como si fuera idiota. A un lado, Saber, camina en silencio casi inexpresiva.

—Es porque, aunque la puerta al Digimundo está abierta, desde la Torre del Reloj se la ha bloqueado temporalmente para evitar conflictos con digimons durante la Guerra—dice con simpleza. Caminamos por el barrio de los Yagami, por lo que supongo que tomaremos la "ruta b", como suelo decirle—Por eso hay que detener primero a Caster, de alguna manera, logró sacar a algunos y ponerlos a su disposición. Esa es la orden que tengo.

Torre del Reloj. La sede donde los magos de todo el mundo trabajan en busca de mantener el orden, y de donde Valeria viene. No me ha mencionado mucho de ello, pero sé que trabaja para ellos, aunque no está como simple supervisora como Kotomine Kirei.

—Ahora que recuerdo, me dijiste que era eso, pero no me dijiste la razón por la cual te uniste a ellos—al hablar, puedo ver un halo de niebla sale de mi boca. Guardo mis manos en los bolsillos de mi chaqueta para así al menos tenerlas calientes.

—No hay ninguna en específico. Era buena con lo que se refiere a magia y me ofrecieron ser parte de ellos, acepté porque no tenía donde ir—mira al suelo, suspirando con melancolía, como si recordara algo triste—Me enviaron aquí porque decían que estaba en condiciones de vigilar que todo ocurriera con normalidad. Como estaba planeado—me mira con burla, otra vez—Pero no contaban con que un novato apareciera.

—Ya, Valeria, entiendo que no soy un Master como los demás.

—Valeria, Daisuke—la rubia señala nuestro destino. El lugar está casi vacío, salvo algunos estudiantes que probablemente no estaban enterados de la noticia. Aun así no parecen notarnos y se dispersan de vuelta a sus casas.

—Se han puesto vallas en la zona y cintas para obstruir la entrada. Estamos de suerte, vamos—Valeria entra sin miedo a los terrenos de la escuela y se acerca a la entrada del edificio principal rompiendo la cinta. Se gira a mi dirección cuando me ve inmóvil—¡Andando, síganme!

Saber me toma de la muñeca antes de que comience a seguirla.

—¿Estás seguro de que estas bien?—Saber me mira con genuina preocupación, sé que mi estado no es el mejor pero le digo que puedo aguantar—En ese caso, sea cual sea el problema, no intentes arreglarlo tú solo y usa un Hechizo de Comando para llamarme si estoy lejos—ahora si se pone seria. —Y no te metas, Daisuke.

Asiento a sus palabras. Rápidamente nos acercamos a la maga e ingresamos a edificio. No han cerrado y supongo que se debe a que hay soldados de la patrulla vigilando el perímetro, aunque Valeria parece despreocupada por eso y camina por el pasillo con tranquilidad.

—¡Hey, detente! ¿No deberíamos pasar inadvertido?—le pregunto, acercándome a paso acelerado, debo admitir que Valeria camina muy rápido.

—En primer lugar; habla en voz baja, ya de por si es irritante escucharte preguntar tonterías, más lo es que las grites—me responde sin voltearse, ojeando las aulas a sus costados—Segundo, no hay problema con eso. La patrulla es demasiado costosa para pagarle vigilancia, por lo que solo fingen que están aquí pero no hay ningún soldado. Incluso dudo de que hayan investigado algo ayer, seguramente llegaron y pusieron cinta por Dios vaya a saber dónde para después marcharse. Lo de suspender las clases solo fue un formalismo.

No respondo a lo que dice, aunque me pregunto de donde sabe eso. Saber y yo la seguimos sin decir nada, solo observando como abre las puertas de los salones y da una rápida ojeada para luego cerrarlas. En la última de la planta baja, suspira con cansancio.

—Uff, esto es más complicado de lo que pensé, Daisuke—me mira como si hubiese recordado algo—¿Dónde está la sala de computación?

—¿Sabes que podrías habérmelo preguntado?, después de todo, soy un estudiante de aquí.

Aplaude con gracia, burlándose otra vez. Creo que de apoco, me acostumbro a su trato. En parte me recuerda a Miyako pero un poco más seria y mucho más atractiva.

—Bien, guíanos, por favor—hace una reverencia mientras alza los bordes de su falda. Idiota.

No respondo y me encamino rumbo a la segunda planta, donde se encuentra la dichosa sala. Subimos las escaleras con cierta lentitud, escuchando como la vieja madera rechina con cada paso. No lo había notado antes, de seguro porque es la primera vez que estoy aquí y no hay nadie además de nosotros.

—Conque es arriba…vaya, la estructura de este edificio es diferente al del colegio de señoritas—la oigo murmurar. Sigo subiendo hasta encontrarme en el piso indicado y voy por el pasillo rumbo a la penúltima puerta a la izquierda—Bien, entremos.

—Esperen—Saber nos detiene, interponiendo su cuerpo entre nosotros y la puerta. Da una pequeña mirada a la sala, observando a alguien al parecer—Hay gente.

Valeria y yo nos acercamos a ella, asomando nuestras cabezas para comprobar que sus palabras eran ciertas. Pero debo admitir que reconozco a esos estudiantes.

—Mierda—oigo murmurar a la Kennedy. Se nota que no estaba en sus planes que dos desconocidos (al menos para ella), estuvieran aquí.

Taichi se ve un poco más alto que la última vez que nos vimos, cuando le devolví los googles hace tiempo. Aunque Koushiro sigue igual de feo y friki que antes. Decido averiguar que hacen, a pesar de hacerme una leve idea.

—¡Chicos!—les saludo, llamando su atención. A mis espaldas, siento a ambas mujeres salir de su escondite—¿Qué hacen aquí?

—Hola, Daisuke—el hermano de Hikari se acerca y me da un apretón de manos, sonriendo levemente—Bueno, como sabes, ayer hubo un incidente con digimons y decidí venir a investigar. Invité a Koushiro para que me ayude.

Ambos tienen ya unos veinte años y cursan en la universidad, aunque asignaturas diferentes. Eso imposibilita que nos veamos de seguido (aún más si le agrego el hecho de que no suelo ir a las reuniones) y la última vez que nos vimos fue el primero de agosto del año pasado, mientras que con el genio de la computadora fue hace unas semanas cuando le pregunté sobre la puerta al Digimundo. A diferencia de Taichi, su agarre es débil y frágil.

—¿Y tú, que haces?—el Yagami alza las cejas de manera provocativa, mirando al par de mujeres a mis espaldas.

—Lo mismo que ustedes—antes de responder, Valeria interrumpe y se acerca a nosotros. Luego de presentarse ante ellos, sigue—Buscamos al causante de haber traído a esos digimons ayer. Podemos trabajar en equ…

—¿Dónde van?—la arrastro fuera de la sala antes de que pueda seguir. El castaño nos llama pero solo le digo que me dé un segundo, a un lado, Saber nos mira con seriedad.

—¿Qué pretendes?—pregunto lo más bajo posible. Hasta donde yo sé, no debemos involucrar a nadie que no esté relacionado a la Guerra del Santo Grial.

—Nada, Daisuke. Solo creo que lo mejor será que nos ayuden a encontrarla. No importa lo que vean, probablemente la confundirán con un digimon y, mientras no sepan la verdad, no pasa nada. No tendrán que morir ni nada de eso—resta importancia con un movimiento de las manos y, esquivándome, se dirige dentro del salón.

Decido no contradecirla y la sigo. Ella les comenta sobre un posible digimon que interfiere en el mundo humano y tiene la capacidad de manipular a otros digimons, parece conocer sobre con lo referido a ellos y, además, sabe sobre computadoras ya que discute e intenta hacer algo con Koushiro en la computadora. Los dos castaños nos quedamos viéndolos, Saber solo se mantiene en silencio a mi lado, sin siquiera haberse presentado.

—Daisuke, quizá lo mejor será ir a revisar los alrededores para comprobar que no haya ningún ataque sorpresa. Si sabe que lo buscamos, probablemente intentara impedir que averigüemos sobre él—me dice Taichi. Debo admitir que no soy el único que ha cambiado en estos años, él también ha dejado de lado su anterior comportamiento y se le ve mucho más maduro que alguien de su edad. Puedo distinguir los googles colgando en su cuello.

Le doy la razón y nos vamos, advirtiéndoles al par de nerds que avisen en caso de que descubran algo. Mi compañera nos sigue y no la detengo. Sé que debe estar molesta por lo de ayer, pero aún está demasiado borroso como para que sepa la forma en que se desarrolló todo.

—Saber, que estoy bien—le digo cuando siento una puntada en el estómago y ella se me acerca, amagando que va a sostenerme.

—¿Estás seguro?—Taichi nos mira, curioso, con las manos en los bolsillos.

—Sí, ayer me choque con un poste.

—¡Ja! Ya decía yo que esas cosas son peligrosas. En lugar de gastar tanto dinero en la patrulla anti-digimons, el gobierno debería comenzar a quitar postes del camino de los estudiantes—dice con una sonrisa burlona en la cara. No me cree, y agradezco que no quiera saber qué sucedió realmente—Ayer Hikari llegó con un moretón en la frente, dijo lo mismo.

Por alguna razón, imaginármela sobándose la frente con una mueca de dolor en el rostro me hace sonreír como idiota. Sacudo la cabeza para borrar esa imagen, caminamos a las afueras del edificio y damos una vuelta por el patio, sigue haciendo frío, luego vamos a los restos del cuarto del conserje. Esta completamente destruido y han puesto barricadas que movemos sin esfuerzo.

—Ha sido una pelea interesante—dice Taichi, mirando a su alrededor—Por cierto, Daisuke, ¿De dónde conoces a Valeria?—mira a mi compañera—Supongo que ella es la Saber de la que me hablaba Hikari, mucho gusto, por cierto.

Saber asiente, parece reacia a hablar de momento.

—Eh…Valeria…es una amiga. Estudia en el instituto de mujeres al otro lado de la ciudad y aprovechó para investigar lo que ocurrió ayer, prácticamente me arrastró para venir—me felicito mentalmente. Acabo de mentir otra vez.

No dice nada y seguimos inspeccionando la zona, pero no notamos nada fuera de lo normal además del viento helado que empieza a aumentar en intensidad.

—Daisuke, quise preguntarte algo desde hace tiempo—mi antiguo ídolo señala el objeto que cuelga de su cuello—Nunca me aclaraste bien el porqué de devolvérmelos.

Sinceramente, no tengo ánimos para responder. Recuerdo claramente aquel día y no puedo evitar recordarlo…


Primero de Agosto del año pasado…

Nos reunimos en casa de Iori después de bastante tiempo. Entre las giras de Yamato (con quien nunca tuve una relación amistosa a pesar de tener amigos en común), los estudios de los mayores y el que Mimi estuviera del otro lado del mundo no se podían organizar reuniones donde estemos todos. Por mi parte, asistía después de un haber rechazado varias con mis habituales amigos.

Fui de los primeros en llegar y ya estaban, además del dueño de la casa, los Yagami y los Ishida-Takaishi. Takeru y Hikari hablaban animadamente en una esquina junto con Iori, por otro lado Taichi e Ishida parecían murmurase algo. Hace un tiempo venia sintiéndome extraño y creía que ya no podía seguir fingiendo que todo en mi vida eran risas y bromas. Cada vez que miraba mi reflejo en el espejo y notaba esos googles en mi cabeza, sentía que todo lo que había hecho estaba mal.

¡Hey, Daisuke, ven aquí!—me encontraba algo alejado de ellos, mirando con resignación el vaso de agua que sostenía en mis manos. No podía tomar alcohol por el hecho de estar bajo medicamento, aunque tampoco me apetecía hacerlo. Hice caso al antiguo líder y me acerqué—¿Cómo te encuentras?, Hikari me comentó que intentaras reingresar al equipo este año.

Sí, aunque el doc dijo que esperar más tiempo seria lo recomendable.

No te esfuerces, estrella—me dijo, luego golpeó los googles de mi cuello con su mano y le dio un sorbo a su bebida. Yamato nos veía con seriedad. No recuerdo que era lo que tomaban—¿Todo bien?

Supongo que era obvio mi drástico cambio de actitud desde mi accidente.

Sí, Taichi…es solo que…—me quede observando ese regalo por un segundo, tomando una inesperada decisión. Podía sentir la mirada de todos los presentes sobre mí, incluso la de los recién llegados, Joe y Koushiro. Los saqué de mi cuello y se los tendí—Toma, Taichi, te los devuelvo.

Él me vio con intriga unos segundos para luego, de manera dudosa, tomarlos y guardarlos en su bolsillo. Agradecí que no los rechazara.

Bien, si eso quieres no preguntare nada—me dijo con seriedad, aun algo sorprendido por lo que acababa de hacer. Yo solo me di media vuelta y me fui, excusándome de que había algo que debía hacer. Nadie intentó detenerme y salí del departamento de mi amigo incluso antes de que llegaran todos.

Caminé, no demasiado rápido, un par de calles en esa noche oscura hasta que sentí como alguien intentaba alcanzarme. Era Ken. El Ichijouji se acercó rápidamente y me detuve a esperar que se encontrara a mi lado. Supuse que estaba llegando y me había visto salir, por lo que decidió seguirme.

¿Dónde…se supone que vas?—me preguntó, extrañado de que no estuviera en la fiesta como los demás. Se le notaba agitado por el trayecto, y halos de niebla salían de su boca cada vez que intentaba tomar una bocanada de aire.

Me voy a casa, no estoy de humor—suspire con cansancio. No tenía fuerzas para aguantar más.

¿Aun sigues con lo del accidente?, debes olvidarlo, Daisuke—me dijo. Ambos comenzamos a caminar en dirección contraria de la casa de Iori—Ya pasó. No hay razón para que te pongas así.

No es solo por eso, Ken—resoplé, preparado para discutir—, solo digo que estoy cansado.

¿De qué, exactamente?—preguntó con seriedad. No tuvo mala intención al preguntar, pero reaccioné mal.

Creo que en ese momento estallé.

¡¿De qué, preguntas?! ¡De todo, Ken! ¡Estoy harto de tener que ser el líder del equipo! ¡De ser el único que no puede hundirse!—grité con enojo, dejando salir toda mi furia acumulada—¡Yo también tengo días difíciles! ¡No soporto que ahora todos digan estar tristes por mí! ¡Solo quieren que vuelva a ser el de antes para así seguir felices! ¡Yo no puedo derrumbarme, Ken! ¡Se supone que soy el líder y no puedo ser el que baje los brazos! ¡Porque si alguien se pone triste lo animamos y ya está! ¡Pero si ese alguien soy yo, nadie sabe qué hacer!

Daisuke, nosotros…

¡Por eso renuncie! ¡Le devolví esos malditos googles a Taichi! ¡No quiero seguir fingiendo!—intento calmarme, inhalando y exhalando detenidamente. Ya más calmado, sigo—No quiero esta responsabilidad. Ya no voy a mentirme más, Ken. Desde ahora seré honesto, con ustedes y conmigo mismo.

A pesar de ese juramento que hice, no cumplí mis palabras, en lugar de eso me encerré en una esfera de soledad. Nos mantuvimos en silencio unos minutos. No fue hasta que nos adentramos en el barrio donde vivía que lo escuché resoplar.

Lo siento, Daisuke…no sabía que guardabas todo eso.

No importa, así está bien—le digo casi sin voz—creo que solo necesitaba desahogarme con alguien.

Luego de eso obligué al Ichijouji a volver a la fiesta, asegurándole que estaría bien. Ambos supimos que no era cierto y semanas después de eso intenté entrar al equipo otra vez. Ya sabes el resto de la historia.


Presente…

Fui un mal líder. No fui sincero con ellos. Quería que no se hundieran y, si lo hacían, que pudieran levantarse gracias a mí, pero terminé autodestruyéndome y los abandoné. Creo que acabo de notar el error que cometí.

—Fui un mal líder, Taichi. Cometí muchos errores y creí que si fingía que siempre estaba feliz todo estaría bien.

Él se mantiene en silencio unos segundos, probablemente procesando lo que acabo de contarle. Sus ojos no están centrados en ningún punto específico y se mantiene con las manos en los bolsillos. Suspira antes de decidirse a decir algo.

—No lo fuiste, Daisuke…pero si muy débil y tonto—me observa seriamente, como nunca lo había visto antes—Debes entender que de los errores se aprende y que no puedes pretender que todos sean felices a costa tuya. Mira; siempre estuve al tanto de tus intensiones para con mi hermana, al menos hasta hace un tiempo, y nunca me gustó que fingieras que todo estaba bien a pesar de sus continuos rechazos. Yo sufrí algo parecido con una amiga y sé muy bien que, hacer como si nada ocurriera, no es la solución. Creeme.

—Taichi, yo…

—Déjame terminar—me corta, luego vuelve a hablar—No te culpo por estar frustrado con lo de tu lesión, sé lo importante que era para ti eso. Pero nada de lo que siguió hubiera ocurrido si actuabas con sinceridad y contabas que te ocurría. Todos se extrañaron por tu comportamiento porque estaban acostumbrados a un Daisuke que sonreía por más dura que pareciera la cosa, por más oscura que estuviera la situación tú siempre animabas a todos y a ese chico amargado les resultaba difícil de relacionar con el falso que conocían.

Solo escucho lo que dice en silencio, apretando los puños tan fuerte que me duelen. Tiene razón. Fui un mentiroso y, en lugar de lamentarme por todo, debería intentar arreglar las cosas. Pero no puedo. Irónico, ¿No?, el portador de los emblemas del Valor y la Amistad tiene miedo de enfrentar a sus amigos.

—No quiero que te lamentes por eso—suspira con cierta tristeza, como si recordara algo que no tiene que ver conmigo—Solo ten en mente que no puedes hacer feliz a todo el mundo…y que, de vez en cuando, no está mal que te enojes, grites o llores.

—Gracias, Taichi, por todo—le digo, aunque no sé en que momento he comenzado a llorar. Saber mantiene una mano sobre mi hombro, su habitual inexpresividad cambió a una de preocupación.

—No me agradezcas, solo recuerda esta conversación para el futuro—sonríe mientras parece dar por terminada la charla. Se da media vuelta y comienza a inspeccionar la zona—¡Bueno, sigamos! Hay un digimon que encontrar.

—Daisuke, puedes contar conmigo si necesitas algo—me dice la rubia, que ha escuchado todo—A pesar de que no nos conocemos mucho y solo estamos juntos por un objetivo en común, quiero ayudarte si lo necesitas.

Sostengo la mano que tiene sobre mí, inconscientemente quedan entrelazadas pero a Saber parece no incomodarle. Agradezco su apoyo y nos separamos, ayudando a Taichi en su búsqueda. Me abrazo a mí mismo al sentir el viento gélido que penetra mi cuerpo, así como a mis dos acompañantes.

—¡Uff, que frío!—el Yagami me imita mientras un halo de niebla sale de su boca—¿Alguien puede prender la calefacción?

—Tranquilos, no durara mucho más que unos minutos—una voz fría como el clima y oscura como la noche me causa un escalofrió—Solo me tomará un momento convertirlos en paletas de hielo.

Nos volteamos en dirección donde proviene la voz, viendo a otro títere de Caster. Esta vez es un IceDevimon que nos doblega en altura. Así que el aire congelado no era por el clima. Siento mi cuerpo entumecido.

—¡Mierda!—masculla Taichi, forcejeando para salir de la prisión de hielo donde se encuentran sus piernas.

Miro a Saber, advirtiéndole que no revele su identidad. Ya veré que hacer, pero no tengo muchas opciones y el tiempo comienza a agotarse, tanto Taichi como yo estamos congelados por ese ángel caído de la cintura para bajo. La guerrera parece estar en mejor condición y solo sus botas están congeladas, ella lo mira con seriedad a la espera de que yo le diga algo. Darme cuenta de eso me hace recordar a V-mon, pero por alguna razón es diferente a esa conexión que tenía con él.

—¡Daisuke!—Saber nos mira, dudosa de que hacer al estar presente el hermano de Hikari. Ambos estamos congelados de los hombros para bajo y vamos a terminar como paletas en cuestión de segundos. Lo único que se puede oír de fondo es la risa macabra de IceDevimon. Levanto la cabeza un poco, sintiendo el frío llegar hasta mi cara y miro a mi compañera—¡Dilo!

—¡Saber acaba con él!—grito lo más fuerte que puedo, notando que Taichi ya está inmovilizado por completo. Aunque es lo único que puedo decir antes de perder mis sentidos y la noción del tiempo. Estoy congelado.

.

.

.

.

.


Narrador.

Un día antes…

Hikari Yagami caminaba lentamente por las calles de Odaiba, con la mente perdida en sus pensamientos. Hoy había tenido un día bastante difícil en la escuela y realmente estaba confundida con sus sentimientos; quería a Takeru, demasiado, era su mejor amigo, novio y confidente, siempre que lo necesitó estuvo ahí para ella sin pedirle nada a cambio más que su amistad, y ella se sentía realmente mal por ello.

Hace unos días, Takeru le había dicho que la amaba de manera sorpresiva y ella solo pudo agradecérselo con una enorme sonrisa, aunque esta no llegó a sus ojos, agradeció que el chico no se percatara de ello. El problema no fue que se lo dijera, sino que ella no tenía idea de qué sentía realmente por él, ¿podía decirle que lo amaba con la misma intensidad? ¿Era mutuo el sentimiento de no tener a nadie más que al otro en su corazón?, la respuesta a ambas preguntas le llegó rápido.

No.

Takeru la amaba mucho más, y el rubio solo tenía ojos para ella, en cambio su corazón estaba dividido en dos.

—Daisuke…—no pudo evitarlo, el nombre del castaño escapó casi inconscientemente de su boca, obligándose a sí misma a callarse se lo reprochó.

Muy diferente era el caso con él. Estaba segura que lo que sentía por su antiguo líder era verdadero y sincero, eso hace mucho lo había asumido por más que le hubiese costado asimilarlo, y lo que más le dolía era el no haber podido hacer nada para evitar que se hundiera en ese pozo de soledad en el que está sumido ahora. Si realmente lo quería ¿por qué no lo ayudo? ¿Por qué solo lloró por él, en lugar de ayudarle a levantarse?, la respuesta también le llegó rápido.

Ella no era Daisuke Motomiya.

No tenía la fuerza de voluntad que él poseía, no tenía el carisma ni la poca delicadeza en temas tan sensibles como él. Estaba segura que si Ken hubiese sido el afectado por el golpe, el castaño estaría haciendo lo imposible para evitar que se deprima o se apartara como él, así como lo hizo cuando este fue el Kaiser. Lo mismo si hubiese sido Takeru, no se llevaban del todo bien pero aun así el Motomiya daría la vida por su actual novio.

Tan distraída se encontraba, que no se percató del enorme poste de luz al que se acercaba de frente. Claro que para cuando lo notó, su frente, estaba levemente hinchada a causa del impacto.

—¡Daisuke!—gruñó entre dientes, echándole la culpa a él. Se frotó la zona adolorida con una mueca de dolor mientras volvía a ponerse de pie, ya que al chocarse se había caído de bruces al suelo.

Rápidamente llegó a su casa luego del pequeño accidente y se encontró en el sofá de la sala con su hermano mayor mirando un partido entre algún equipo japonés contra otro australiano, parecía muy concentrado, hasta notar su presencia.

—¡Hikari!—la saludó con una sonrisa desde su posición, luego pareció notar algo—¿Qué te paso en la frente?

Sonrojándose de la vergüenza, intentó no tartamudear al responder.

—M-me choque…con un poste…—sonrió nerviosamente, evitando la mirada de su hermano.

—Bueno… en ese cas- ¡Gol, maldición, gol!—antes de decirle lo que sea que haya querido decirle el equipo japonés anotó y él pareció olvidarse del tema—¡Gol! ¡Hikari, tienes hielo en la cocina!

Suspirando con resignación, decidió hacerle caso y ponerle algo de hielo al golpe antes de que empeore. Luego de calmar la hinchazón y darse un relajante baño, decidió escribirle una disculpa a su novio; no había tenido la culpa de su enojo, por más que estuviera con Saber en el almuerzo sabía que no significaba nada. Lo que le molestó fue el hecho de que insinuara que estaba celosa de Saber por Daisuke, aunque fuera cierto.

Saber realmente no le caía mal, ni siquiera la conocía bien para tener una idea de cómo era, pero la cercanía que tenía con Daisuke hacia que le agarren celos injustificados. Y si a eso le sumaba lo que había escuchado decir al chico de sus propios labios sobre una posible relación con Saber en el futuro. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para fingir que le agradaba la idea frente al susodicho y al Ichijouji.

Luego de disculparse con el Takaishi y recibir una invitación a una cita el día de mañana, por fin se dispuso a dormir. Se recostó sobre el colchón y cuando se preparaba para rendirse en los brazos de Morfeo, la puerta de su habitación se abrió súbitamente.

Antes de que siquiera pregunte qué ocurría, la voz monótona de su hermano la alarmó.

—Hubo un ataque de digimons en tu escuela, Hikari, han dicho que no habrá clases mañana.

—Pero…

—No te preocupes, hermanita, dicen que no había estudiantes durante su aparición. Antes de que digas algo, ya le llamé a Koushiro e iremos mañana a investigar—Hikari se preparó para anotarse en ir—Déjalo, yo me encargo, mañana te digo si encontramos algo importante. Que descanses.

.

.

.

.

.


Salamander: De momento, no hay nada planeado con respecto a eso. Ya se verá más adelante ;)

Silver D´arc: Gracias por el apoyo! Aquí ya ves un cambio al anterior.

Espero les haya gustado y dejen reviews!

Saludos!

ShadowTails98...FUERA