Disclaimer: La historia original pertenece a WickedlyAwesomeMe y como ya saben, Harry Potter a JK Rowling.
Capitulo 4: Eres bonita.
26 de mayo de 1990.
Hermione estaba peinando su cabello después de haber tomado un largo y relajante baño. Ahora estaba usando una simple blusa blanca, con una falda azul que terminaba unos cuantos centímetros sobre su rodilla y sandalias blancas. Ahora se estaba poniendo una diadema blanca en el cabello.
La castaña sonrió una vez que terminó de vestirse. Hoy, vería a su nuevo amigo, el Draco Malfoy de nueve años (junto con el Sr. Botones, por supuesto). Riendo para sí misma, Hermione se puso de pie y abrió la puerta de su habitación, sólo para ser sorprendida por Merlín quien estaba a punto de tocar en su puerta. Hermione dejó salir un pequeño grito, tocando su acelerado corazón.
-¡Por Dios, Merlín, me asustó! –exclamó Hermione. -¡No vuelva a hacer eso de nuevo!
Merlín miró a Hermione con diversión. 'Se ve muy bonita hoy', pensó.
-Me disculpo, señorita Granger. Sólo quería preguntarle si necesita de mi ayuda hoy.
Hermione sacudió la cabeza y sonrió.
-No, creo que podré ingeniármelas para sobrevivir sin su ayuda, Merlín.
-Ah, ya veo. –dijo asintiendo. –Ahora, es mejor que se vaya. El joven Malfoy ya está esperando por usted.
La castaña gimió.
-¿Por qué siempre llega antes que yo?
El viejo mago sonrió.
-Creo que el joven Malfoy llegó exactamente a las 12:10, señorita Granger.
La quijada de Hermione cayó.
-¡Pero habíamos acordado que nos veríamos a la 1 pm! ¿Por qué llegó a nuestro punto de reunión más temprano?
-Bueno, creo que el joven Malfoy está algo emocionado por su reunión, señorita Granger –dijo Merlín pensativo.
Hermione frunció el ceño, confundida.
-No lo entiendo.
Merlín suspiró.
-Creo que lo mejor será que ya se vaya.
La castaña asintió.
-Sí, tiene razón. –dijo. –Nos vemos, Merlín. Lo llamaré si necesito ayuda.
-Adiós. –dijo y vio como Hermione salía de la habitación. Una vez que Merlín escuchó a la puerta principal cerrarse, sonrió ligeramente. –No puedo evitar ver lo que pasará entre estos dos. –y con un suave pop, desapareció.
Draco miró su reloj por décima vez. Aún eran las 12:50 de la tarde así que eso quería decir que Hermione no iba tarde. El rubio se mordió el labio inferior. Estaba esperándola desde las 12:10 de la tarde. Bueno, de hecho había planeado ir a su lugar hasta las 12:50 pero, sorprendentemente, sus pies lo arrastraron al lugar 40 minutos antes de lo planeado.
El rubio suspiró mientras miraba al oso en sus piernas. Sus padres no tenían idea de que su hijo tenía un oso de felpa y Draco sabía que lo mejor era que ellos no se enteraran. Afortunadamente, no estarían en casa por tres días así que aún no sabían que tenía uno. Draco frunció el ceño. Si sus padres se enteraran que tenía un oso de felpa, tal vez confiscaran al Sr. Botones y lo alejarían de él. Draco abrazó a su osito aún más fuerte. No había manera de que sus padres supieran del Sr. Botones. No dejaría que eso pasara.
-Hermione aún no llega, Sr. Botones –dijo Draco, hablándole a su osito. Suspiró mientras abría una rana de chocolate. Había traído muchas para compartir con Hermione y ahora, él ya se había comido diez. Fue una buena idea el haberse traído muchas.
-¡Draco! –dijo una voz familiar.
El rubio levantó la cabeza rápidamente hacia su dirección y reprimió una sonrisa. Ella estaba usando una blusa y una falda simples. Y notó que hoy no estaba llevando su bolsa. Incapaz de retener aún más la sonrisa, Draco sonrió ampliamente. Hermione se veía adorable el día de hoy.
Hermione brilló aún más cuando vio que él le estaba regresando la sonrisa. Draco estaba usando una playera blanca y pantalones color caqui. El Sr. Botones estaba sentado en sus piernas. Una pila de ranas de chocolate también estaba a un lado.
Entonces la castaña se sentó a su lado, moviendo un poco la pila de ranas de chocolate hacia el medio para poder sentarse.
-¿Quieres algunas ranas de chocolate? –le ofreció Draco, abriendo otro chocolate. –Traje muchos, sabes.
Hermione sonrió y tomó una de las ranas de chocolate y la abrió. Y entonces, rompiendo el silencio, preguntó casualmente;
-¿Así que me estás esperando desde las 12:10? –desde la esquina de sus ojos, notó como Draco se ponía rígido y un sonrojo ligero aparecía en sus pálidas mejillas.
-No sabía que hacer en casa, así que decidí venir temprano. –respondió Draco. Frunció el ceño. –Espera, -dijo y después miró a Hermione. – ¿Cómo sabes que llegué aquí exactamente a las 12:10?
Maldición.
-Oh, umm, ha ha ha –dijo Hermione, riendo nerviosamente. -¡Caíste! Sólo estaba bromeando, sabes.
El rubio pareció creerse lo que Hermione le respondió porque se sonrojó aún más.
La castaña sonrió de lado.
-Así que, ¿realmente llegaste temprano, huh? –preguntó con voz fastidiosa.
Draco frunció el ceño.
-Te dije que…
-Está bien, está bien, -dijo Hermione riendo. –Bueno, dado que ya estamos aquí, ¿ahora que haremos?
El rubio se encogió de hombros.
-No lo sé.
Hermione sonrió.
-Yo tampoco sé.
Draco rio.
-Ya sé que hacer. –dijo dándole una palmadita al Sr. Botones en la cabeza.
-¿Y qué es? –preguntó la castaña.
-¿Puedo preguntarte algunas cosas sobre tu vida? –preguntó Draco.
-Okay. –dijo Hermione lentamente. –Pero nada personal, ¿de acuerdo?
El rubio asintió.
-Okay, -respondió. Entonces puso una mirada pensativa en su rostro. –Hmm… ¿por dónde comienzo? Oh, Okay. –entonces miró a Hermione. -¿Cuál es tu nombre completo?
Hermione se mordió el labio inferior. ¿Debería decirle o no? Si lo hacía, Draco sospecharía si veía una chica exactamente idéntica a ella y con exactamente el mismo nombre.
-Hmm… Draco, creo que sería mejor si no supieras mi verdadero nombre.
Draco hizo un puchero.
-¿Por qué no? No es nada personal, ¿o sí? –preguntó inocentemente, mordiendo la cabeza de una rana de chocolate.
La castaña suspiró y cerró los ojos.
-Sólo… confía en mí, Draco. En serio no puedo decirte. –susurró mientras abría los ojos y miraba al confundido niño.
Él asintió, aunque aún confundido.
-Okay, no lo preguntaré de nuevo. –prometió. –Bueno, volvamos al interrogatorio. ¿Cuántos años tienes?
-Diecisiete. ¿Y tú?
-Nueve. Pronto tendré diez. –respondió. Y entonces frunció el ceño. -¿Diecisiete? ¿No deberías de estar en Hogwarts? Aún es temprano para las vacaciones de verano, sabes.
Demonios.
Hermione tragó. No había pensado en eso.
-Bu… bueno, Draco, la profesora Mc… dijo, el profesor Dumbledore -(inmediatamente recordó que el profesor Dumbledore aún estaba vivo en ese año)- me envió a… una tarea secreta por tres semanas. Después de eso, volveré a Hogwarts. –dijo, tartamudeando las palabras.
-Oh, -dijo Draco, asintiendo. -¿Por qué te envió entonces el profesor Dumbledore? Hay muchos estudiantes en Hogwarts, sabes. ¿Por qué tú?
Hermione sabía que podría responder eso.
-Bueno, porque soy Premio Anual.
El rubio la miró sorprendido.
-Genial, ¿eres premio anual? –preguntó mientras Hermione asentía. –Yo también quiero ser Premio Anual, cuando crezca.
La castaña sonrió. Una sonrisa que significaba que ella sabía algo que él no.
-No te preocupes Draco, estoy segura de que serás uno.
Draco sonrió.
-Así que, eso quiere decir que eres inteligente. –dijo, mirándola sorprendido de nuevo. –Wow, no hubiera sabido que eres inteligente.
-De hecho, soy la bruja más inteligente de mi año. –dijo orgullosamente, con una gran sonrisa en su rostro.
Draco le sonrió de nuevo.
-Presumida.
Hermione frunció el ceño.
-¡No, no lo soy! –exclamó en protesta. –Mis compañeros y maestros me lo han dicho.
La sonrisa de Draco creció.
-Sí, te creo pero aun así… presumida.
-Presumida –lo imitó Hermione, haciendo reír a Draco. –Mira quien habla. –murmuró audiblemente.
-¿Perdón? –dijo Draco.
-Dije que cual es tu siguiente pregunta.
-Bueno, prometo que esta no es muy personal, –dijo Draco, mostrando toda la inocencia que pudo en su hermoso y pálido rostro. –pero, ¿tienes novio?
Hermione se quedó con la boca abierta.
-¡Pero esa es una pregunta personal! –exclamó. –Me lo prometiste, niño malcriado. No rompas tus promesas.
Draco rio.
-No hay necesidad de que te enojes, Hermione. No hablo en serio. –explicó. –No necesitas responder mi pregunta. –Bueno, esa si era una mentira. Draco en verdad quería saber si la hermosa joven junto a él ya tenía novio. Y… sería sorprendente si no tuviera uno.
-Siguiente pregunta, por favor. –dijo Hermione, sintiéndose ligeramente molesta.
-Está bien. –dijo Draco. Pensó por algunos minutos hasta que su rostro se iluminó con emoción.
-Tienes diecisiete, ¿no es así?
-Sí.
-Entonces, ¡podrías usar magia sin ser monitoreada por el Ministerio! –exclamó. -¿Podrías enseñarme algo de magia con tu varita? ¿Podrías enseñarme tu patronus? Bueno, si puedes hacerlo. Quiero saber cual es la forma de tu patronus. El de mi padre es un murciélago, sabes.
Demonios.
'Oh Dios, ¿ahora que hago?' se preguntó Hermione frenéticamente a sí misma. 'No tengo mi varita, por el amor de Dios'
-¿Hmm… Hermione? ¿Estás bien? –preguntó el rubio, confundido de porque Hermione se había puesto pálida repentinamente.
-Estoy bien, Draco. –mintió, moviendo nerviosamente su muñeca derecha. –Hmm… Draco, no puedo mostrarte magia.
La sorpresa cruzó por el rostro de Draco.
-¿No eres… no eres una bruja? –preguntó nerviosamente. Si Hermione no era una bruja entonces… ¡estaba siendo amigo de un muggle! Y peor, ¡le gustaba esta muggle! ¡Que horror! Lo que su padre le haría a él… a Hermione si descubría que su único y sangre pura hijo tenía una estúpida (quien realmente era inteligente), mugrosa (quien realmente lucía limpia), apestosa (quien olía maravilloso hoy) y fea (bleh, ella era hermosa, Okay) amiga muggle?
-¡No! –exclamó Hermione abruptamente. –Soy una bruja, y estoy orgullosa de serlo. Sé muchos hechizos pero… pero traigo mi varita ahora. –confesó. –No puedo mostrarte magia hoy, lo siento.
Draco dejó salir un suspiro de alivio.
-Por un minuto pensé que eras una muggle, sabes. –dijo el rubio, comiendo otra rana de chocolate. –Mi padre estaría furioso si descubriera que tengo una amiga muggle… o una hija de muggles.
La castaña tragó nerviosamente.
-Así que, ¿por qué no tienes tu varita? –preguntó Draco.
Hermione suspiró.
'Tal vez le diga la verdad a medias' pensó.
-Bueno, mi archienemigo ('y la persona que me gusta') la quebró. –dijo.
El rubio gimió horrorizado.
-No es cierto, ¿o si?
-Sí, sí lo hizo. –dijo la castaña asintiendo.
-Eso es horrible. –dijo Draco haciendo una mueca. –La persona que rompió tu varita es muy, muy mala.
Hermione no pudo evitar sonreír. 'Si tan sólo supieras a quien estás describiendo, Draco' pensó mientras tomaba otra rana de chocolate de la ya pequeña pila y abrió la envoltura.
-Entonces no me puedes mostrar tu magia –gruñó Draco, frunciendo el ceño. Entonces miró a Hermione -¿Me prometes que me enseñarás magia algún día cuando tengas tu varita de nuevo?
Maldición.
-Hmm… no puedo prometer eso. –dijo Hermione lentamente mientras veía como el ceño del rubio se profundizaba. –Lo siento.
-¿Por qué? ¿Te irás a otro lado? –preguntó, haciendo que Hermione tragara nerviosamente. Tal vez esta interrogación no era una muy buena idea después de todo.
-No… no lo sé. –susurró Hermione, mirando a la nada.
-Oh. –dijo él, decepcionado.
-Draco. –preguntó Hermione, sin mirar a su amigo al lado de ella. -¿Llorarías si me voy?
-No, claro que no. –dijo el rubio abruptamente, acariciando la cabeza del Sr. Botones. –Los Malfoy no lloran.
-Claro. –dijo Hermione.
Un incómodo silencio se escuchó entre los dos. Draco estaba ocupado acariciando la cabeza del Sr. Botones mientras Hermione comía una rana de chocolate.
-Wow, -dijo Draco repentinamente, rompiendo el silencio. –esto es incómodo.
Hermione rio nerviosamente.
-Sí.
-Joder. –murmuró Draco. Hermione gimió y miró a Draco con ojos sorprendidos. El rubio le regresó la mirada, confundido de porque la castaña lo miraba así. -¿Qué?
-Draco Malfoy, retráctate. –ordenó la castaña, su voz sonando repentinamente severa y firme. Sus ojos se veían sorprendidos y sonó como una madre para él. –Sabes lo que dijiste. Ahora retráctate.
-¿Qué? ¿Joder? –preguntó y miró a Hermione divertido cuando ella se puso rígida. -¿Joder?
-¡Detente, niño malcriado! –lo regañó Hermione. –Esa es una mala palabra. ¡Tienes nueve años, por el amor de Dios! ¡Un niño no debería decir… no debería decir esas palabras!
-¿Joder? –preguntó Draco de nuevo, ahora molestándola.
-Una más Sr. Malfoy y juro por Merlín que te cortaré la lengua. –lo amenazó la castaña, con su voz peligrosamente baja. Draco tenía que admitirlo, Hermione daba bastante miedo cuando estaba enojada pero al mismo tiempo, también se veía muy, muy bonita.
-No lo entiendo, -dijo, con una sonrisa torcida en su rostro. -¿Hablas sobre 'joder'?
-Eso es todo, Draco Malfoy, ahora muéstrame tu lengua. –dijo Hermione, irritada. ¡Aún es un niño! Él no debería decir malas palabras… los niños no deberían decir malas palabras. Era muy, muy malo.
-¿Qué tal si no quiero? –dijo Draco, siendo testarudo. –Mi padre me grita eso casi todos los días, sabes, así que pensé que no era mala.
Hermione frunció el ceño. Lucius Malfoy maldecía frente a su hijo de nueve años. Sacudió la cabeza. Eso no es algo que un buen padre haría. Oh sí, lo olvidó. Lucius Malfoy no era un buen padre.
-Pero no deberías decir esas palabras, Draco. Eso no es bueno. Ahora, muéstrame tu lengua para poder darte una buena lección. –dijo Hermione, buscando dentro de su bolsillo derecho. La castaña suspiró. Claro, no tenía su varita.
Draco sonrió de lado.
-Que mal que no tienes tu varita, Hermione. –dijo. –Ahora puedo conservar mi lengua.
-Ha ha ha, afortunado. –dijo Hermione sarcásticamente mientras rodaba los ojos.
-Joder. –dijo Draco de nuevo y sonrió mientras Hermione le lanzaba una mirada asesina. Rio.
-Draco Malfoy…
-Sabes, te ves más bonita cuando estás enojada, Hermione. –dijo Draco, aun riendo. Hermione lo miró, sorprendida mientras un ligero sonrojo aparecía en sus mejillas. Sí, ser halagada por un niño de nueve años no haría que Hermione se sonrojara pero estamos hablando de la versión de nueve años de la persona que le gusta.
Draco dejó de reír cuando se dio cuenta de lo que había dicho. Se sonrojó también y miró al Sr. Botones, negándose a ver a la joven junto a él.
-Er… gracias, Draco. –dijo Hermione mientras veía con diversión al rígido niño. Vio su sonrojo en ambas mejillas. La castaña sonrió. Él también estaba avergonzado.
El rubio asintió, aun con vergüenza.
-¿En… en verdad lo crees? –susurró Hermione.
-¿Qué? –preguntó Draco, dibujando círculos en la cabeza del Sr. Botones, negándose a ver a Hermione a los ojos.
-¿En verdad crees que me veo más bonita cuando estoy enojada? –preguntó. Aún no podía creer que Draco Idiota Malfoy pensara que se veía bonita cuando estaba enojada.
-Hmm… sí. –dijo, mirando lentamente a Hermione. Aún tenía pequeñas partes rojas en sus mejillas mientras admitía lo que pensaba desde el primer día en que la vio. –Eres bonita, sabes. Pero eres más bonita cuando te enojas.
Hermione sonrió.
-Gracias, Draco. –dijo y vio como él se sonrojaba más. -¿Draco, esto es vergonzoso para ti, verdad?
Draco asintió en silencio y Hermione rio suavemente. Le dio un golpecito en la cabeza y dijo;
-Eres tan tierno.
-¿Podemos hablar de otra cosa? –rogó Draco, más avergonzado que cuando Hermione le dijo que era tierno.
Hermione rio de nuevo.
-Haz lo que quieras, Draco. Está bien. –dijo la castaña.
Así que, los dos hablaron de esto y aquello. Draco se recuperó de su vergüenza y platicó con Hermione sobre cosas que le gustaban, que no le gustaban, y otras cosas. Hermione entonces descubrió que Draco Malfoy en realidad era un niño dulce antes de entrar a Hogwarts. Supuso que fue la culpa del Rey de los Idiotas (Lucius Malfoy. Draco era el príncipe) del porque Draco era… bueno… así en la escuela.
-¿Así que quieres decir que has tenido amigos muggles antes? –preguntó Hermione, tomando una rana de chocolate. La pila estaba obviamente disminuyendo porque ambos continuaron comiéndolos.
Draco asintió.
-Si, pero… -frunció el ceño. –No sé porque desaparecen repentinamente. Siempre he sospechado que mi padre está detrás de todo eso. –suspiró. –Esa es la razón por la que no tengo amigos. Mi padre es quien escoge con quien debo estar. No muggles. No hijos de muggles.
-¿Por qué?
Draco se encogió de hombros.
-Mi padre siempre dice que todos son asquerosos. Dice que no deberían existir en este mundo. Dice que son una vergüenza para todos los sangre-pura del Mundo Mágico. –Draco respondió. –Mi padre siempre me dice que ellos no son buenos.
-Eso no es verdad. –explotó Hermione. Draco la miró sorprendido.
-¿En serio? –preguntó. –Bueno, mi padre siempre dice la verdad.
-Estúpido Lucius Malfoy –murmuró Hermione inaudiblemente. Entonces miró a Draco directamente a los ojos. -¿En verdad crees que todos los muggles e hijos de muggles son malos?
Draco frunció el ceño y pensó por un momento. Y entonces, respondió lentamente.
-No, no lo creo. Como te dije hace un momento, tuve un amigos muggles antes y… parecían bastante agradables. Uno incluso descubrió que era un mago y estaba fascinado y todo eso. –hizo una mueca y miró al Sr. Botones. –Es bastante… triste que ya no pueda verlo. Lo consideraba mi mejor amigo, sabes. Pero mi padre se puso furioso cuando se dio cuenta de que me estaba juntando con muggles así que… No sé que fue lo que hizo. –Draco hizo otra mueca. –Y tampoco quiero saberlo. Un día solo escuché de su madre que él estaba en el hospital por unas heridas bastante graves y un gran golpe en la cabeza. También escuché que había perdido mucha sangre. –suspiró. –Desde ese día, él no volvió así que perdí a mi único mejor amigo.
-Desde que eso pasó, trato de evitar a los muggles lo mejor que pueda. –dijo Draco. –No quiero que los lastimen también, porque son buenos conmigo. –Entonces miró a Hermione con una sonrisa en su apuesto rostro. –Por eso es que estoy contento de que no seas muggle o hija de muggles, Hermione. Mi padre no tendrá ningún motivo para lastimarte porque eres mi amiga.
Hermione tragó. '¡Maldito Lucius Malfoy, maldito!' pensó. No sabía como reaccionaría Draco si le dijera que no se podía quedar porque… ella no pertenecía aquí. Ella era del futuro. Hermione suspiró. Casi había olvidado que había un motivo por el que había vuelto en el tiempo. Hermione tomó una gran bocanada de aire y miró de reojo al pequeño niño.
-Hmm… Draco, prométeme que no te enojarás por lo que te voy a preguntar.
Draco frunció el ceño y se encogió de hombros.
-Depende.
Hermione suspiró.
-Sólo promételo, Draco. –dijo. -¿Por favor?
El rubio asintió lentamente, mirando a Hermione con curiosidad.
-Está bien, lo prometo.
-Okay, lo prometiste. –dijo Hermione. Tomó otra bocanada de aire. –Draco, -comenzó. -¿Tu padre… hmm… -estaba tartamudeando y Draco la miró extrañado. 'Maldición, Hermione' se reprimió a sí misma. -es… un… mortífago? –terminó en un suspiro. Vio como Draco se ponía rígido, y sus ojos se oscurecieron.
-¿De donde sacaste eso? –preguntó, con un tono tan frío que Hermione tembló.
-Hmm… Yo…
-¿Dije que de dónde lo sacaste? –demandó Draco, mirando a Hermione furioso.
-¡Lo prometiste! –dijo Hermione y vio como Draco apretaba los dientes, tratando de calmarse.
-¿De dónde sacaste esa idea? –el rubio preguntó por tercera vez, esta vez susurrando.
-Alguien… alguien me lo dijo. –respondió Hermione, susurrando también.
-No. –Draco respondió lacónicamente, tratando de sonar agradable. Pero Hermione captó la ira en sus ojos. –Mi padre no es un… un tú-sabes-qué.
Hermione asintió incluso aunque sabía que el rubio estaba mintiendo. Lo que provocó a Hermione para preguntar eso era para saber si Draco realmente sabía que su padre era un mortífago, uno de los más leales, de hecho, como Merlín le había dicho. Su repentino enojo hizo a Hermione pensar que tal vez él ya sabía de la maldad de su padre. La castaña suspiró cuando notó que Draco aún seguía molesto.
-Lo siento. –dijo suavemente. –No debí de haber preguntado eso. –vio como el rubio se ponía rígido nuevamente. Hermione lo miró con curiosidad mientras él se giraba para mirarla.
-Yo también lo siento. –dijo con arrepentimiento. –Te prometí que no molestaría y lo hice. Perdóname, Hermione.
La castaña sonrió y acarició su cabello.
-No hiciste nada malo. –susurró. Draco la miró y sonrió.
Repentinamente, un gran trueno se escuchó sobre el cielo. Los dos miraron hacia arriba sincronizados y vieron las grises nubes cubrir el sol. Hermione frunció el ceño.
-Creo que lloverá. –dijo. Y como si fuera adrede, una gran y pesada nube comenzó dejar caer su llanto en la tierra. La lluvia empapó todo en cuestión de minutos. – ¡Draco, vete a casa ahora! –gritó Hermione a través de la lluvia. El estúpido clima estaba haciendo que Hermione no pudiera escuchar nada.
Draco la miró y asintió. La castaña notó la gran sonrisa en el rostro del niño.
-¡Amo la lluvia! –gritó Draco.
-¡Bueno, pues yo odio la lluvia! –Hermione respondió. -¡Vete a casa, Draco! ¡Te enfermarás!
-¡Está bien, Hermione! ¡Te veo mañana! –dijo, cubriendo al Sr. Botones para que no se empapara tanto. – ¡Te veré aquí mañana a las 8 am! ¿Está bien?
-¡Sí, ahora vete! –dijo Hermione mientras comenzaba a correr a su casa. Hermione corrió, resbalándose mucho (a veces era una persona torpe). Intentó cubrir su cabeza con las manos pero el intento fue en vano. Hermione suspiró. 'Maldita lluvia' gruñó mientras llegaba a la puerta de la casa. Abrió la puerta y fue recibida por una acogedora chimenea con Merlín sentado en uno de los sillones.
-Estoy sorprendido de que no me llamara, señorita Granger. –dijo Merlín mientras se ponía de pie para mirar a Hermione de pies a cabeza. –Está empapada por la lluvia.
Hermione gimió y tembló.
-O… obviamente. –tartamudeó debido al frío. –Yo… olvidé llamarlo, Merlín. Mi… mi mente está preocupada. –explicó.
Merlín sólo asintió.
-Ahora, vaya arriba y cámbiese antes de que se enferme.
La castaña gimió suavemente mientras caminaba hacia la habitación. Tenía el presentimiento de que estaría enferma mañana. Hermione sabía que tenía un débil sistema inmunológico así que una simple lluvia haría que se enfermara. Tembló mientras entraba a la fría habitación. Se puso una y cálida pijama. Eran sólo las 6 pm pero Hermione ya se sentía cansada (un síntoma de la futura fiebre) así que se saltó la cena y se durmió.
Escaleras abajo, Merlín estaba viendo las escaleras.
-Santo cielo, señorita Granger, creo que esta tarea tendrá resultados impredecibles. –pensó en voz alta. Entonces rio. –Hmm… ¿el joven Malfoy le dijo que era bonita? Eso es interesante. –dijo y con un pop, desapareció, asumiendo que Hermione no bajaría a cenar.
