LOS AGREGADOS EXTRANJEROS

—Aquí rojo líder —se escuchó la voz por el comunicador— rojo 3 ¿pueden visualizar al objetivo? Cambio.

—Aquí rojo tres, no veo un carajo. ¿Qué me dices tú, rojo uno? Cambio.

—Aquí rojo uno —respondió una voz de mala gana— pido a rojo líder que saque de frecuencia a rojo tres. Sus quejas me desquician. Desde aquí vi al objetivo pasar hacia el sur. Rojo cinco debería poder tenerlo en su campo de visión. Cambio.

—Aquí rojo cinco…. —una voz cansada contestaba, pero le irrumpieron.

— Rojo tres al habla —dijo divertido— que si rojo uno es un cascarrabias, los demás no deberíamos cargar con ello. Cambio.

—Rojo cinco apoya que a rojo tres se le desconecte. Cambio —termino el otro, contundente.

—Rojo tres de nuevo —la chirriante y hortera voz volvió al ataque— Rojo líder no puede sacarme. Me necesita, soy el más brillante de todos ustedes, inútiles buenos para….

—cerrar el pico todos, por Merlín —dijo Hermione Granger, harta— Rojo tres ha sido silenciado, solo necesita escuchar órdenes y obedecer al pie de la letra sin discutir ni protestar. Al siguiente que quiera armar discusiones sin sentido le envío al club de debate, y tengan por seguro que si este simulacro no sale como es debido, su examen escrito será tan complicado que repetirán el curso en la academia. ¿He sido clara? Cambio.

—como el agua. —dijo rojo uno.

—sí, señor. —dijo rojo cinco.

—La dama manda —murmuro el que menos hablaba del grupo, rojo dos.

Si Hermione se concentraba, juraba que podría oír gruñir a rojo tres.

—Se moverán como en el entrenamiento —dijo con una sonrisa en el rostro— cambio y fuera.

Hermione entro en las regaderas sudorosa y cansada. Había sido una ardua jornada de simulacros de emboscada con los cadetes de la academia de Aurores. Hermione no estaba en la planilla de instructores, pero Harry si y al parecer el actual director general de la academia quería que ella fungiera como líder de los grupos de simulacro.

Sería un favor que Harry debería a Hermione y ella cobraría en su debido (y oportuno) momento.

Le gustaba enseñar, no era para menos. De hecho, había ocasiones como aquella en la que se arrepentía un poquito de no haber aceptado el ingreso a la academia de Aurores. Todos los instructores que había conocido en su corta estancia en la academia continuaban retándola, ya sea intelectualmente o en la práctica con la varita en la mano; y todos ellos decían lo brillante que hubiera sido de haber sido auror.

Sin embargo, no era lo suyo. Hermione ambicionaba con un lugar en el departamento de uso y aplicación de la magia. Tenía todos los estudios para ello, y aunque no le gustaba mucho aprovecharse de ello, también tenía el estatus y la fama para ser alguien de peso una vez llegara a poner los pies de manera formal en el ministerio.

De momento, era aún una estudiante de leyes mágicas, a un paso de graduarse y con constantes invitaciones a impartir prácticas en la academia de Aurores.

Al salir de las duchas se cruzó se encontró con rojo dos, que charlaba animadamente con Amadeus Stathfield, un colaborador americano. Las bajas por la segunda guerra mágica habían sido tan desastrosas que el ministerio de magia se vio en necesidad de solicitar ayuda a magos de otros países a dar cátedra en la academia. Había además dos magos de Japón y uno de Rusia. Para el próximo mes, Hermione sabía que llegaría un profesor de Herbología desde Brasil. El plantel de educadores era el más variado desde hacía más de veinte años.

Rojo dos la vio cuando Hermione salía y luego de levantar la mano tímidamente, ella pudo notar como apartaba la vista al instante. Hermione rodó los ojos. Algunos de sus alumnos hacían eso, cuando se lo contó a Ginny, ella casi había vomitado de tanto reírse, pues ella decía que eso se debía a que Hermione era intimidante.

"Eres una mujer con poder" le decía.

Hermione no se sentía una mujer poderosa, si en cuestión de magia, pero no en cuestión de intimidación. Hermione no creía que fuera intimidante, pero al parecer lo era.

Camino hasta los comedores y allí busco a Harry. Su amigo estaba comiendo y riendo con otro auror, Shou Kanda, el mago japonés a cargo de encantamientos. Era pulcro y educado y por lo general bastante agradable… eso y que además, en ocasiones su acento era gracioso y el en vez de enfadarse, se reía de eso.

—Hola —saludo Hermione al recorrer su silla y asentar su comida sobre la mesa.

Harry intento responder el saludo, casi atragantándose con su espagueti— No te vi llegar.

—Hola —dijo Shou educado, llevándose sus fideos a la boca con palillos, otra de sus excentricidades era el rehusarse a usar cubiertos— Terminaste en tiempo récord. Pensábamos que almorzarías más tarde.

Hermione negó con la cabeza. Acostumbraba almorzar con Harry, Shou y Yuri Velmitch, el mago Ruso. Kingsley en persona les nombro casi embajadores de la academia para que los magos extranjeros se llevaran lo mejor posible con su integración en la academia.

— ¿Y Yuri? —pregunto Hermione, buscando al Ruso entre los comensales que iban llegando.

—Al parecer tiene trabajo —dijo Shou— recibió un texto y se fue sin decir nada. Los Rusos siempre han sido misteriosos.

Harry envió una mirada significativa a Hermione. Ser embajadores no era la única misión en su haber. También estaba el vigilar a sus invitados. Kingsley sabía que era un riesgo el traer agentes de otros países al suyo a trabajar directamente en un blanco clave que era la oficina de Aurores. Shou era pulcro y transparente hasta donde sabían; Yuri, por otro lado… Shou lo dijo, los Rusos eran siempre misteriosos. Kingsley había ordenado que tuvieran especial atención en él.

—Bueno, se pierde este manjar —bromeo Hermione.

Shou se rió y Harry también, pero su amigo era menos convincente.


Yuri Velmitch era un agregado en una ciudad extranjera. Sabía que le vigilaban. Potter era amable y honesto, pero no era convincente. Si hubieran sido dos Hermione Granger, en lugar de Granger y Potter, seguramente Yuri ni se hubiera enterado, y no sería por su debilidad con las mujeres bonitas.

Yuri caminaba hacia el área de monitoreo de la magia. Si su contacto en Rusia tenía razón, los tiempos de paz en Rusia podrían llegar a su fin. La historia de magos oscuros de Gran Bretaña era lo suficiente terroríficas para que Rusia no desplegara toda una red de vigilancia para prevenir el surgimiento de magos Tenebrosos. Los tiempos de Grindelwald no deberían de volver nunca más a la nación Rusa y el ascenso de Voldemort había demostrado que los británicos no habían aprendido aún a suprimir a un mago Tenebroso.

Y es que en Gran Bretaña era donde siempre surgían, fuera que vinieran de otro lugar, parecía que Gran Bretaña despertaba la oscuridad en el corazón de los magos. Yuri recordaba los cuentos infantiles y aunque solamente eran eso, se sintió de los nervios cuando le informaron que tendría que servir a su nación desde la academia de Aurores británicos. Era una oportunidad única para que Rusia la dejara pasar; por mucho que Yuri no quisiera.

Los británicos adoraban a Merlín, era como su deidad, incluso invocaban su nombre cuando se asustaban o tenían miedo. A Yuri casi le había dado algo la primera vez que lo escucho. Merlín… para todo Ruso supersticioso, invocar a Merlín era como llamar a los sabuesos del infierno para que se llevasen tu alma.

Para los británicos, Merlín era el primer mago del mundo, representado por hombre anciano, con un sombrero enorme, túnica gris y báculo místico, pero poderoso. Para los rusos, Merlín era el mestizo de un demonio y una humana que hasta cuernos tenía. Una vez se lo contó a la señorita Granger, pero ella solamente se había reído y dicho que eran leyendas.

Rusia creía que Gran Bretaña era el origen de los magos Tenebrosos, porque Merlín maldijo esas tierras, y un largo historial de magos tenebrosos nacidos y criados allí le daban la razón.

Y allí estaba Yuri, lanzando un hechizo confundus al encargado de la guardia de la oficina de monitoreo de la magia. Yuri entro en las instalaciones e inmediatamente se puso a revisar los registros con la fecha y la hora que hubieran registradas en una zona específica de Gran Bretaña.

Patrovich; su contacto Ruso le había dicho que un evento inusual acerca de una aparición intercontinental y según los registros del ministerio de Rusia, y sus mecanismos de rastreo y control de la magia; el mago conjurador debió saltar hasta Gran Bretaña; una zona que sobrepasaba los límites de aparición continental, una aparición de esa distancia era prácticamente imposible.

Un sonido de cascabel llego hasta los oídos de Yuri cuando estaba por acercarse a su objetivo. Había puesto un encantamiento sobre la señorita Granger y sobre Potter para que cascabeles sonaran en sus oídos cuando estos estuvieran a veinte metros a la redonda. Yuri abandono su trabajo y camino hacia la salida maldiciendo el buen ojo y sentido de desconfianza de Granger, apostaba que era ella.

Se la encontró cuando bajaba las escaleras hacia el comedor le saludo con semblante serio, ocultando su apremio y su enojo.

—Yuri —saludo con gentileza— espero que hayas almorzado bien. Saldremos en media hora, misión de rutina, los cadetes harán trabajo de campo.

Yuri solo carraspeo y asintió con aprobación— Clarro —dijo— ¿Dónde irremos?

Granger le entrego una pequeña carpeta que traía bajo el brazo— Castillos abandonados de algún reino caído. Esperemos que haya bogarts y duendes violentos.

El mago Ruso, suspiro.


Las luces eran coloridas y se movían aquí y allá, música resonando en un altísimo grado de decibelios. Brennan amaba el ruido escandaloso, sin sentido y repetitivo. La fiesta y los excesos. Las mujeres jóvenes y su vitalidad. Los hombres jóvenes y su energía. Cada vez más salvajes, cada vez más liberales. Para Brennan, era el paraíso.

El local de música electro era de su entera propiedad, forrado en tapicería fina, mesas de madera brillante y miles de billetes invertidos en decoración suntuosa. El Alcohol y los pequeños manjares con alucinógenos estaban por todo el lugar. Eran ya la una de la madrugada y la multitud agolpada y extasiada en el espacio que hacía de pista de baile, se pegaban unos a otro. Energía desprendiéndose. Pensamientos impuros invadiéndolos.

Un dulce manjar.

Brennan sonrió…

El "hermano menor" había venido.

Brennan se acomodó la corbata del traje que llevaba, oscuro como la noche misma. Se pasó una mano por el cabello y camino hacia su invitado indeseado, por el camino, pidió a un barman que le aventara una botella de licor fuerte y tomo dos vasos.

—Cuanto tiempo —saludo, sentándose con elegancia— ¿Gustas? —dijo agitando la botella.

El hombre frente a él solo entreabrió los labios y luego sacudió la cabeza— Lo estoy dejando —dijo resuelto— Sin embargo, sería una descortesía.

Brennan sirvió dos copas y le tendió una a su invitado— ¿Qué te trae a mis dominios, señor Nott?

Brennan casi estuvo satisfecho de ver una expresión ausente en el rostro de su invitado. Sabía que tarde o temprano aparecería. Siempre lo hacía. Un ser con alma no podía vivir tanto tiempo en soledad, y aunque el mago maldito insistía en que ya no tenía una, allí estaba. En ese tenue brillo opaco en sus anormales ojos azules.

Ambos chocaron sus copas y bebieron el alcohol. Nott siempre le agrado, era curioso y vivaz. Cuando lo maldijeron, en lugar de deprimirse había tomado las cosas con filosofía y había recorrido el mundo. La curiosidad, poderosa arma. Dile a unos humanos que si comen cierta fruta morirán, y allí están ellos, probando ver si es cierto.

Divertidos, siempre lo fueron, y cada vez era mejor.

— ¿Cómo has estado, Brennan? —dijo Nott sonriendo— ¿Cuánto ha sido? ¿Noventa años?

—Noventa y cinco en realidad —dijo mirándose las uñas.

—Detalles —dijo Nott, sacudiendo una mano y dejando a la vista una pulsera elegante.

—Veo que usas un reloj ahora —dijo Brennan— ¿Por fin pensaras darle al tiempo el respeto que se merece?

Nott se encogió de hombros y dio otro sorbo a su bebida— Es un obsequio —dijo volviendo a ocultar la pulsera con su traje.

— ¿Encariñándote con los humanos de nuevo? —Brennan se rió de él. Allí estaba, esa antigua y vulnerable alma maldita— No aprendes la lección ¿Verdad? Un parpadeo y serán tumbas en un cementerio. Me gustabas más cuando veías el exterminio de los humanos como una purga para el mundo.

Nott se encogió de hombros— Esos años eran diferentes. Había guerras. Se estaban matando entre ellos. Yo lo hubiera hecho más rápido y sin dolor.

"No te creo" pensó Brennan, pero no lo dijo. Nott era divertido. Se esforzaba en mostrarse desapegado de los humanos, pero él se mezclaba entre ellos, vivía como ellos, actuaba como ellos. Brennan sabía que los añoraba. Y también sabía que daría lo que fuera para ser uno de ellos.

Un alma no podía soportar ser maldita por tanto tiempo. No, no podría ser.

Nott se estaba consumiendo, Brennan lo sabía. Sus hermanos querían acelerar el proceso, pero Brennan, el mayor de todos ellos, tomó la responsabilidad de tomar esa alma.

Era un espécimen interesante. Pensante, calculador. Inteligente, demasiado inteligente. La belleza, eso también era admirable. Brennan sabía apreciar la belleza humana. Nott estaría en su colección, esos ojos condenadamente azules serian cristalizados en sabia o algo por el estilo. Eran demasiado hermosos para podrirse junto con el cadáver. Un poco más, solo un poco más y el mismo le pediría acabar con todos los sufrimientos que decía no tener. Y Brennan estaría gustoso de ayudarle.

—Tengo algo que pedirte —dijo de pronto Nott.

Brennan sonrió con malicia— Por supuesto, habla.

Nott dio otro trago a su bebida y luego soltó un respiro— Encontré un mago —dijo mirándole fijo, sin pestañear— Hace casi tres años. Era una niña entonces, pero podía hacer magia. Intente encontrarla por mis propios medios, pero fracase. El tiempo corre, Brennan. Tengo que encontrar a esa niña mago.

La sonrisa de Brennan murió sin que el mismo se diera cuenta— ¿Estás seguro era un mago? La magia en las mujeres es algo más complicado y lo sabes.

Nott asintió— Era un mago —y aunque Brennan podía ver lo que pasaba frente suyo, y luchaba por mantenerse serio, no pudo evitar que la sangre seca le quemara por dentro de sus marchitas venas. Podía verlo, los ojos de Nott, brillando con la desagradable y vomitiva esperanza—Encontré a alguien como yo.


Y bueno, tiempo a pasado...

Tanto en la historia como la ultima vez que hice una actualización, mea culpa. Lo se.

Creo que no tengo más comentarios, y pues, gracias por leer.

¡Un abrazo!