Aquí está, como dije, el capítulo de esta semana. Este capítulo es para empezar a comprender la existencia/misión de Hikari, así que todo está escrito desde su punto de vista. En el próximo volveremos con Kouji, así que no se preocupen :)
Muchas gracias por leer :) Especialmente, gracias a OoOangertearsOoO por sus reviews :) Como antes, si no es molestía, dejen un review después, si? Gracias!
Y pienso que, tal vez, tú y yo lo mismo podemos ver…
"¡Hikari, ven a ver esto!"
Volví mi mirada hacía Akashi y me encontré mirando a los ojos a una palmon que me regresaba la mirada. Con todo mi ser hubiera querido encontrar en aquellos ojos una señal de vida, de felicidad, emoción, miedo, desconfianza, inclusive odio hubiera estado bien… Pero su mirada se encontraba vacía de cualquier tipo de sentimiento, al igual que su alma de cualquier rastro de vida.
Me incorporé rápidamente y me acerqué hasta donde los niños se reunían en torno a palmon. Ellos observaban expectantes al digimon, curiosos y listos para hacer miles de preguntas. Pero era de esperarse que el aura fría que despedía la péquela Palmon les hiciera abandonar cualquier tipo de esperanza.
Me agaché frente a ella y le sonreí débil y tristemente mientras con un delicado movimiento de mi brazo arreglaba el moño descuidado que llevaba sobre la cabeza.
"Hola pequeña, ¿Te encuentras bien? ¿Estás perdida?"
Esperé su respuesta en vano, pues sus ojos ni siquiera se volvieron hacía mi a pesar de haber escuchado mis preguntas.
Suspiré y luego recorrí con mi mirada al grupo de niños que me observaban nerviosos.
"Niños, ¿Podrían alejarse un poco? Sólo tomará nos momentos…"
Algo temerosos pero confiando en mí, asintieron y se reunieron unos pasos detrás de mí para seguir observando. Volví mi rostro hacía la aún fría palmon y coloque mis manos sobre sus brazos, finalmente consiguiendo que sus ojos se posaran en mí.
"Por favor confía en mí…" Supliqué en un suspiro, para luego cerrar mis ojos y empezar el ritual que había realizada ya tantas veces.
Un sentimiento cálido empezó a sentirse en varias partes de mi cuerpo que en ese momento temblaba ligeramente. Apreté fuertemente los ojos mientras concentraba mi ser en dirigir la energía cálida que ahora parecía estar contorneándome hacía mi centro, acto que requería de toda mi concentración y energía. Sentía como cada fibra de mi cuerpo se encendía y ardía cuando aquella calidez viajaba hacía mi centro, como agua hirviendo que viajaba en su cauce hasta su desemboque. Podía sentir la energía llenándome, consumiéndome, como si reemplazara la sangre que corría por mis venas.
Cuando finalmente se había concentrado unos segundos después, mis ojos se abrieron de golpe y un brillo celeste rodeó cada centímetro de mi cuerpo, como un destello, un aura. La voz que salió de mis labios hizo eco en el claro donde nos encontrábamos mientras declaraba:
"Mi nombre es Hikari, y en mí ha sido depositada la luz que te sacará de las tinieblas. Como embajadora del resplandor divino, te libero de tu prisión y libero tu alama de la oscuridad en la que ha sido encarcelada".
Cuando la última palabra de la exclamación dejó mis labios, la luz que me envolvía se extendió hasta palmon, cubriéndonos totalmente, pero luego de unos momentos de habernos perdido en el brillo cegador, las dos nos encontrábamos sobre el piso, ella inconsciente y yo muy cerca de estarlo.
"¡Hikari!" Gritaron los niños mientras corrían a mí lado preocupados. Me encontraba débil, aún temblando levemente, pero bien. Sonreí débilmente a los niños mientras me ayudaban a sentarme. A pesar de que la energía ya no se encontraba quemándome desde el centro, mis ojos se sentían sobrecogidos aun en lo que se sentía como llamas. Para no alarmar a los pequeños, cubrí mis seguramente brillantes ojos con mi mano, dejando que un par de lágrimas rodaran por mis mejillas.
Sentí como unas pequeñas manos, suaves y gentiles, sostenían mi rostro en un gesto amable y limpiaban el rastro de las lágrimas.
"Estás muy fría. Kino, ¿Podrías ir por la manta, por favor? Se encuentra debajo de aquel árbol".
Oí como unos pasos apresurados que se alejaban y regresaban antes de encontrarme rodeada por una cálida manta. Me tomé unos momentos mientras el ardor bajaba considerablemente para finalmente levantar el rostro y poder verlos a todos.
Akashi, quien había pedido la manta y luego la había colocado sobre mí, era quien se encontraba más cerca y me veía con preocupación. Le sonreí.
"No te preocupes, Akashi-kun. Me encuentro muy bien".
Vaciló unos momentos y luego, devolviéndome la sonrisa, se levantó y colocó junto a Kino.
"Kino-chan, muchas gracias por la frazada. Todos, muchas gracias por preocuparse. Estoy perfectamente bien, solo necesito unos momentos para establecerme. Por favor cuiden de palmon, estará algo desorientada cuando despierte. Cuéntenle todo lo que ha pasado".
Los niños asintieron y se juntaron alrededor de palmon, que luego de un momento recobró la consciencia. Pasó una mirada confundida sobre los rostros de los niños y luego posó sus grandes ojos verdes sobre mí, y yo me sentí feliz ver sus ojos vivos, llenos de sentimiento, así que le dediqué una sonrisa brillante.
"¿Humanos? ¿Niños humanos? Pero ha pasado tanto tiempo desde que los humanos vinieron al Digimundo. ¿Qué están haciendo aquí? ¿Qué hago yo aquí? ¿Qué ha pasado todo este tiempo?" Preguntó la pequeña palmon confundida, y los niños sonrieron felices al ver que había regresado a la normalidad.
"Palmon, te encuentras en el bosque de La Luna, a las afueras del bosque de los Televisores. Hace unos minutos te encontramos vagando sin rumbo cerca de aquí, así que te trajimos con nosotros para que vieras a Hikari" Informó Akashi, mientras me dedicaba una mirada. "El Digimundo ha sido sepultado bajo los malos deseos de los Tres Reyes, y ha envuelto los corazones de los digimons en una oscuridad tan profunda que no deja a sus almas ver la brillante felicidad".
Miedo inundó los ojos de la pequeña palmon mientras pasaba su mirada sobre cada uno de nuestros rostros.
"La sombra ha impedido que los sentimientos de los corazones de los digimons florezcan" Siguió Kino, ofreciendo una mirada solidaria a palmon. "Nosotros hemos sido llamados para ayudar a los guerreros legendarios en su lucha contra los tres reyes y estamos bajo el cuidado de Hikari".
Kino avanzó hacía mí y se sentó a mi lado, descansando su cabeza en mi brazo amorosamente. La seguí con la mirada y luego de las dos volvimos a ver a la sorprendida pero curiosa palmon.
"Hikari…" Susurró palmon. "Tú fuiste la que me sacó de mi oscuridad, ¿verdad?"
Afirmé con un simple asentimiento, sin apartar la mirada. Palmon prosiguió.
"A mis ojos te ves como una humana peculiar, compartes rasgos con los pequeños humanos que te rodean, pero al mismo tiempo pareces diferente; siempre humana, pero diferente. Tienes un aura diferente a la de ellos, que tampoco se parece a la mía o al de cualquier otro digimon que he conocido-…"
"¡BASTA!" Interrumpió histérica Kino, mientras se abrazaba fuertemente a mi brazo. "¡Hikari es muy gentil y ha cuidado de nosotros desde que llegamos al Digimundo! Ella… Ella…".
Palmeé la cabeza de Kino amablemente y negué con la cabeza para pedirle que no siguiera.
"Está bien, Kino-chan. Estoy segura que palmon no intentó incriminarme de nada, simplemente se pregunta sobre algo que desconoce, ¿No es cierto?".
Palmon asintió levemente. Limpié las tiernas lágrimas en el rostro de la pequeña y musité un casi imperceptible 'gracias'.
"Tienes razón, palmon. A pesar de que estoy segura que mi existencia empezó completamente como la de una humana, mi esencia lo sigue siendo, aunque no pueda recordar nada de mi vida como un ser humano normal.
"No sé en qué momento ni de qué manera vine al Digimundo, pues me encontraba en un estado grave y a penas me aferraba a la vida. Estuve bajo los cuidados de Ophanimon y Angewomon desde el principio.
"Al mismo tiempo que Angewomon me cuidaba atentamente, Ophanimon me preparó para mi misión en este Digimundo, en ocasiones acompañada de otro ángel, MagnaAngemon. No sé en qué momento mi existencia dejó de ser completamente humana, pero si sé que al momento en que se me fue otorgada, ya no era un ser humano por completo".
Suspiré. No estaba triste acerca de mi pasado, pues no tenía ningún recuerdo de haber existido antes de mi vida con Ophanimon, a quien yo estimaba mucho, pero sí me traía una nostalgia cuyo origen desconocía. Jugué con las puntas de mi largo cabello, mirando mi regazo mientras dejaba que palmon comprendiera mis palabras. Yo había sido feliz, lo era en ese momento, aunque extrañaba mucho a los tres ángeles a quienes yo consideraba mi familia, pero sabía que en honor a ellos debía seguir con la misión que me había sido encomendada.
"Señorita Hikari, ¿Qué se le fue otorgado por la señora Ophanimon?"
Sonreí. Ella odiaba que se refirieran a ella con el título de 'señora'. Volví mis ojos hacía palmon mientras extendía la palma de mi mano derecha hacía ella. Luego de unos segundos, mis ojos volvieron a brillar mientras una bola de luz celeste salía y luego se suspendía sobre la palma de mi mano derecha.
Asombrados, todos volvieron sus miradas curiosas hacía la pequeña bola de luz.
"La luz celestial, la luz de de Keiko… La luz necesaria para sacar al Digimundo de la oscuridad".
Palmon se estremeció. "Es una gran carga sobre tus hombres".
"¡Hikari no está sola! Nosotros estamos con ella y aunque no sabemos por qué estamos aquí siempre permaneceremos a su lado" Exclamó Akashi, y los otros asintieron secundándolo.
"Niños…" Susurré enternecida, lágrimas llenando mis ojos.
"Así es. Nuestra misión será revelada cuando nos encontremos con los guerreros, pero sin importar lo que pase, nos mantendremos junto a Hikari" Siguió Kyou, quien se encontrada parada a l par de Akashi.
"¿Los guerreros? ¿Se refieren a los niños a quienes le fueron otorgados los espíritus de los diez guerreros legendarios?"
"Así es. En estos momentos estamos viajando para encontrarnos con ellos, comunicarles todo y unir nuestras fuerzas contra los Tres Reyes".
"Sí, en ese momento será revelado nuestro verdadero papel en la salvación del Digimundo… O al menos eso espero" Sonrió Tomoya, mientras los otros niños sonreían ante el comentario y las niñas soltaban unas risillas.
"¡Permítanme acompañarlos!" Pidió repentinamente palmon, haciendo que todos la viéramos sorprendidos. "Por favor, es lo menos que puedo hacer luego de que ustedes me salvaron".
Sonreí agradecida. "Muchas gracias, palmon. Tu compañía hará nuestro viaje mucho más placentero".
Palmon sonrió y Kyou se acercó a ella para darle un abrazo, sonriendo.
"¡Muy bien! En marcha a encontrar a los guerreros".
