Los personajes de CC no me pertenece y esta historia está basada en mis propias locuras después de ser inspirada por tantas escritoras maravillosas de fancfics
Juro que esta es mi propia historia aunque algunos nombres y lugares pueda ser similares a los de otros fic – les pido disculpas si esto ofende a alguien… no ha sido mi intención.
Muchisimas gracias a Clau Ardley, Ana Edith, Gatita Andrew, Blackcat 2010, Friditas, Faby Andley, Lady susi, Amigocha, ashura21 por su apoyo y sus bellos comentarios, algunos me han dado un dolor de panza de tanto reír- ustedes sí que saben cómo alegrarle el día a una chica, mil besos!
Advertencia ::::: este capítulo contiene una escena de violencia sexual
Capitulo 4 - Consecuencias
Anochecer - 26 de abril de 1915 – Chicago, Estados Unidos
Albert caminaba rumbo a casa con el corazón algarabiado y silbando alegremente por el camino. Normalmente lunes era un día muy afanado en el restaurante pues ese era el día en el que todo el equipo de la cocina se reunía después de terminar el servicio del almuerzo para organizar el menú de comidas y especiales para el resto de la semana. Siendo el primer día de la semana y normalmente el menos frecuentado por comensales, el restaurante siempre estaba cerrado para el servicio de cenas lunes en la noche, dando al equipo tiempo de organizar todo meticulosamente para el resto de la semana.
Esa tarde en su trabajo Albert parecía caminar en una nube de oro y el nombre de su ensoñación era 'Candy'…. Sus compañeros se reían a escondidas del joven rubio al verlo perdido en sus propio mundo mientras pelaba un saco de vegetales. El equipo de la cocina del restaurante "Le Fleur" era pequeño pero con excelentes habilidades. Armand, el chef principal, era un francés que estudio bajo el tutelaje de dos de los mejores chef en Francia. Era un hombre de un aspecto seco y pulcro que tenía un verdadero don con cada platillo que creaba. Su cocina siempre estaba organizada hasta en el último detalle y demandaba abnegación y esfuerzo de cada miembro de su equipo. Joseph era el sous chef. En contraste absoluto a Armand, Joseph era un hombre jovial de unos treinta años. Para él lo importante era que el equipo se llevara bien para poder trabajar mejor y trataba de hacer reír a Armand en cada turno sin nunca obtener resultado alguno. Jacques también era francés y era el chef de repostería. Como Joseph, era un hombre alegre que se deleitaba creando los pasteles y postres más decadentes de Chicago. Albert era el más joven y nuevo miembro de ese equipo y su trabajo consistía en ayudar a cada uno de los cocineros a prepara todos los ingredientes para cada comida. Cuando su aprendizaje fuera completo, su deseo era convertirse en el chef de grill. Su trabajo era pesado y muchas veces llegaba molido a casa, pero disfrutaba pertenecer a ese pequeño equipo y estaba agradecido por la oportunidad de mantener sus manos ocupadas.
Esa noche su reunión termino más pronto de lo normal así que tomando un postre de los que había sobrado en el almuerzo, se dirijo rápidamente a casa para sorprender a su amada con una rebanada de pastel de chocolate que era la especialidad de Jacques. Al llegar al edificio de apartamentos, se pregunto si su dulce Candy había revisado el buzón de correspondencia esa tarde. Albert saco las llaves de su bolsillo para abrir el buzón cuando un grito proviniendo de uno de los apartamentos lo sobresalto. La voz le pareció conocida así que espero unos segundos más antes de reaccionar. Cuando escuchó un segundo grito, ya no tenía duda alguna. "Candy!" pensó, y dejando caer todo sobre el piso, subió rápidamente las escaleras de dos en dos. La puerta estaba entreabierta y se podía oír el ruido de una lucha en la habitación. Albert abrió la puerta de una patada y vio a Neil encima de Candy, aprisionándola en el piso con su cuerpo mientras que con una de sus manos trataba de quitarle las bragas por debajo de la falda. La otra mano la había plantado sobre la boca de Candy tratando de apagar los alaridos de pavor de la pobre chica.
Los ojos de Albert inmediatamente tomaron un color azul negro, el mismo color de un mar furioso. "Albert!" grito Candy con una mirada llena de terror. "Cállate estúpida!" dijo Neil mientras le propino un puñetazo en la cara que la dejo completamente aturdida pero aun con sentido. En ese preciso momento Albert se abalanzo a Neil como un león salvaje y agarrando el cuello de la camisa del mismo desgraciado, con una ira desmesurada corriendo por sus venas lo lanzo a través de la habitación en un solo movimiento. Neil reboto contra la pared y Albert tomo la oportunidad de saltar sobre él y, a horcajadas, comenzó a reventarle la cara a puñetazos.
El ruido de la pelea y los gritos de Candy, llamaron la atención de varios vecinos que llegaron a la puerta justo en el momento que Albert empezaba a moler a Neil sin piedad. "Basta Albert! Para por favor!" pedía Candy a gritos, mientras se incorporaba lentamente del piso. Albert no podía ni quería escucharla. Un instinto primitivo de protección inundaba su mente y controlaba sus puños automáticamente. Ese hombre quería violar a SU Candy, quería lastimar a SU amada y eso no se le permitiría a nadie. En desesperación, Candy sujeto su espalda con sus brazos y con voz temblorosa le suplico que la escuchara "Albert, por favor escúchame: no lo mates. No consiguió lo que quería". Los suaves brazos alrededor de él lo hicieron reaccionar y, recuperando un poco de su cordura, se detuvo. Albert se puso de pie y dándole una última patada a Neil en las costillas abrió la puerta de lleno para hablar con los vecinos.
"Este hombre intento a violar a Candy" dijo casi sin aliento al grupito de espectadores "por favor, llamen a la casera para que contacte la policía y un doctor". Girando sobre sus talones, cerró la puerta suavemente y se dirigió hacia Candy que estaba en el suelo revisando a Neil. Candy se levanto pesadamente y sin decir una palabra, fue a buscar su botiquín de primeros auxilios. Neil tenía la cara hecha una pulpa; tenia los dos pómulos quebrados, la mandíbula dislocada, su nariz ensangrentada estaba de lado en un ángulo raro, los labios estaban rotos y brotando sangre. Candy en su capacidad como enfermera, limpio cuidadosamente las heridas y rezaba porque Albert no fuera el causante de una hemorragia cerebral. En el hospital solo había visto un par de veces un daño tan extensivo como ese y en ambas ocasiones los pacientes eran boxeadores profesionales.
Albert vio sus nudillos ensangrentados y se entremeseó al ver la seriedad del daño que causo en ese hombre tirado en el suelo. Qué clase de hombre era él? Acaso todos los doctores en el hospital tenían razón al decir que él era un hombre violento y peligroso? Con el corazón en un hilo, decidió esperar a la policía y medico antes de dejarse llevar por sentimientos de culpabilidad y arrepentimiento. Si él no hubiera llegado temprano esa noche, Candy fuera la que a estas alturas estaría tirada en el piso y dañada sin remedio. En ese momento, dos policías y el doctor Martin llamaron a la puerta.
"Buenas noches Albert, donde están los pacientes?" dijo mientras lo saludaba con un apretón de manos, notando con un vistazo sus nudillos hinchados y salpicados de sangre.
"El intruso esta en el suelo, Candy le ha administrado primeros auxilios. No he tenido tiempo de revisarla a ella" dijo alzando la vista para ver el rostro de su amada. Cuando su mirada azul se fijo en los ojos verdes de Candy, su garganta inconscientemente dio un gemido de dolor. Candy tenía el ojo izquierdo morado, casi cerrado y su labio superior estaba partido en dos con sangre ya seca alrededor de su boca. Su cara y su cuello estaban llenos de arañazos en donde las manos de Neil intentaron taparle la boca y romper el escote de su vestido. Los ojos de Candy se cristalizaron con lágrimas al ver la reacción de Albert sobre su aspecto físico.
Los policías comenzaron a interrogar a Albert y tomar notas de lo sucedido mientras el doctor revisaba a Neil y luego a Candy. Neil empezaba a reaccionar de nuevo y el doctor estaba satisfecho de no poder encontrar ningún síntoma de hemorragia interna. Después de enderezarle la nariz y re encajar la quijada, el doctor concluyo que se recuperaría en unas cinco o siete semanas. En su opinión, el joven necesitaba unas semanas de reposo, de preferencia en la celda de la cárcel municipal. El doctor Martin discretamente llevo a Candy al dormitorio para poderla revisar en privado. Con vergüenza y entre sollozos ahogados, la joven le mostro al buen doctor sus muslos donde tenía unos arañazos tan profundos que todavía sangraban. Sus bragas todavía estaban intactas pero el doctor, viendo la posición y profundidad de las heridas de Candy, no tenía ya ninguna duda: si Albert no hubiera llegado cuando lo izo, en estos momentos la virtud de Candy ya no estaría intacta.
El doctor vendo sus piernas, limpio las otras heridas y la dejo reposando en su lecho. "Candy, creo que sería mejor que te quedes en casa por lo menos una semana" dijo cerrando su maletín, "tu ojo va a empeorar en menos de 24 horas y las heridas en tus muslos requieren limpieza y vendajes diarios por una semana". Agobiada y adolorida por todo lo sucedido, Candy no pudo hacer nada más que aceptar con un movimiento cansado de su cabeza y cerrando sus ojos se quedo dormida.
El doctor Martin encontró a los policías esperando por su diagnosis. "Sus heridas son superficiales pero muy serias" dijo en un tono profesional, "no hay duda alguna: este hombre intento violar a la señorita White y sin la intervención de Albert ella hubiera perdido su virtud". Los policías inmediatamente tomaron a Neil por los brazos y le pusieron un par de esposas en las muñecas. Neil quería gritar de rabia, pero con la quijada maltratada y babeando sangre, no podía decir ni una palabra. "No se preocupe señor White" le dijo uno de los oficiales a Albert, "obviamente este es un caso de defensa propia. Este muchacho quería agravar a la señorita y sus acciones fueron solamente para defenderla a ella." Con un empujón sacaron a Neil al pasillo. "No se preocupe, nosotros vamos a procurar que este imbécil quede bajo llave por mucho tiempo" añadió antes de marcharse.
Alberto cerró la puerta suavemente y se dejo caer exhausto en el sofá. El doctor Martin se sentó a la par de Albert y sacando un frasquito de licor de su bolsillo tomo un sorbo antes de ofrecerlo a Albert. El joven suspiro profundamente y tomando el frasco, bebió un largo trago de whisky. El líquido casi le quema la garganta y con una tos atrancada le devolvió la botella al doctor. "Señor White?" dijo Albert como una ocurrencia tardía. El doctor sonrió abiertamente. "Si eres su hermano tienes que tener el mismo apellido" dijo con un aire divertido, "además si las autoridades se enteran que ustedes dos viven juntos, no son parientes y no están casados… bueno creo la actitud de los policías esta noche hubiera sido muy diferente". El doctor vio la tristeza en los ojos cansados del pobre rubio y se conmovió. Ese joven se había convertido en un buen amigo para él y lo veía con una ternura de padre. Albert era un buen hombre con sentimientos nobles y la inocencia causada por la amnesia a veces lo dejaba sintiéndose vulnerable y confundido. En sus charlas semanales, el chico le preguntaba todo lo que le daba vergüenza preguntarle a alguien más: como eran las relaciones físicas entre un hombre y una mujer? Por que se levantaba pegajoso e incomodo ciertas mañanas después de tener sueños atrevidos? Por que a veces se despertaba con su miembro tan duro como un trozo de leña? Todas estas preguntas y muchas más eran las que intrigaban a Albert cada semana y el doctor siempre le respondía de buen humor.
Alberto puso sus codos en sus rodillas, acunando su cabeza entre sus manos. "Doctor Martin, si Candy no me hubiera forzado a parar… yo, bueno… yo creo que lo hubiera matado" y comenzó a sollozar amargamente por un largo rato. El doctor dejo que se desahogara y puso una mano en su hombro mientras trataba de calmarlo. "Vamos Albert, creo que estas en estado de shock" dijo amablemente, "además un hombre siempre saca las garras y los dientes por sus seres amados y tu, muchacho, tienes mucho tiempo de amar a esa chica". Albert controlo su llanto y, limpiando sus lágrimas con el dorso de su mano, lentamente se puso en pie. "Tiene razón doctor, muchas gracias", dijo con verdadero agradecimiento "yo la amo con todo mi alma y hare todo lo posible para que nadie la vuelva a lastimar". El doctor Martin también se puso de pie y tomando su maletín se dirigió a la puerta. "Regresare mañana a revisarla", y mirando a Albert con algo de preocupación, agrego antes de salir "mientras tanto, tú necesitas tomar una ducha caliente y luego ir directo a la cama, me entiendes? Todas estas emociones han sido muy fuertes y necesitas reponerte porque Candy te necesitara mañana. Adiós."
Una vez duchado y cambiado, Albert se dirigió al dormitorio de ambos. Candy estaba profundamente dormida en la litera de él, pues ella siempre ocupaba la parte superior. Esa noche necesitaba sentirla cerca de él para poder estar seguro de ella estaba bien. Sin pensarlo dos veces, se acostó al lado de ella y poniendo un brazo protector alrededor de su cintura, se quedo profundamente dormido.
Cccccccccccccccccccc
Anochecer - 26 de abril de 1915 – Nueva York, Estados Unidos
Robert Hathaway había tenido el día más pésimo de su carrera. Más pésimo que la vez en que toda la compañía de actores sufrió un ataque de diarrea aguda durante un gira por Europa. Más pésimo que la vez en que después de un revolcón con una actriz sin nombre, se olvido del cumpleaños de su mujer por completo y al regresar a su casa, encontró un par de maletas con sus pertenencias al lado de la calle.
Después del accidente de Susana Marlow, Robert inocentemente pensó que ninguna otra cosa podría ser peor que eso pero al parecer se había equivocado. Y justamente era Susana Marlow la que le propino ese día que opaco todos los otros peores días de su larga carera. Muchas actrices habían hecho comentarios en el pasado acerca de la petulancia de Susana con las personas más novicias de la compañía y de obsesión enfermiza que tenia con Terry, aunque los dos nunca habían tenido ninguna relación amorosa. Robert siempre defendía a Susana y nunca dio crédito a ninguno de esos comentarios. Claro, eso había sido hasta esta mañana…..
Susana llego la casa del director un poco antes de la hora del desayuno y amablemente le pidió unos minutos de su tiempo. Robert quería de corazón a esa chica que él vio crecer. No tenía el carisma de Karen o la gracia de la gran Eleonor Baker, pero era una muchacha muy agradable que trataba de impresionarlo diariamente durante los ensayos. Después de la tragedia en la que ella perdió su pierna, Robert animo al joven Grandchester a quedarse al lado de la pobre muchacha. Robert le aseguraba a Terry que todas las virtudes de Susana lo llegarían a conquistar y que al final permanecer a su lado no sería un enorme esfuerzo. Terry acepto vivir con la chica y a la vez, redoblo sus esfuerzos en el escenario. Al paso del tiempo, Robert empezó a ver los cambios en Terry y se preguntaba si se había equivocado con respecto a Susana después de todo. Sin embargo, cada vez que visitaba a Susana ella siempre parecía tan agradable y amable como siempre, trabajando para ayudar a Robert con los manuscritos de teatro y a Terry con sus ensayos en casa.
Invitándola a tomar una taza de té, Robert la llevo en su silla de ruedas a su estudio y llamo a una de sus criadas a que les prepare la bebida. Mientras esperaban a la sirvienta con el té, Susana conversaba animadamente acerca de su terapia, las ultimas correcciones de los manuscritos, las obras planeadas para la temporada, en fin… cosas agradables. La criada entro al estudio, depositando un azafate de cerámica con una tetera y un par de tazas de porcelana inglesa. Robert le sirvió una taza a Susana y se acomodo en un sillón frente a ella. "Bueno, querida, dime a que debo esta visita tan agradable?". Sin menear una pestaña, Susana le clavo la mirada antes de contestar. "Vengo porque desde este momento Terry Grandchester ya no formara parte de tu compañía" dijo la rubia a quemarropa. Robert se atraganto a medio sorbo y por poco escupe el té sobre todo su regazo. "Que cosas dices Susana! Terry es mi actor principal. Por supuesto que todavía es parte de la compañía y espero que lo sea por mucho tiempo más" le respondió el director mientras sacaba un pañuelo de su bolsillo para limpiar las gotas de té que habían caído sobre su fino traje de lino. "Acaso te caíste de la silla y te golpeaste la cabeza muchacha?" dijo en un tono alterado.
Susana tranquilamente tomo otro sobo de té y puso la taza cuidadosamente en una mesita al lado de ella. "Creo que tengo que aclarar mi posición para que realmente comprendas lo que te estoy diciendo" dijo meticulosamente en un tono seco y frio, "en estos momentos mi madre se encuentra visitando nuestros abogados de familia para hacer una evaluación de los daños económicos que fueron incurridos a causa de mi accidente". Robert trago en seco, simplemente no podía creer lo que estaba escuchando. Susana nuevamente se llevo la taza de té a sus labios, y después de otro sorbo la volvió a colocar en la mesita. "El accidente sucedió en tu teatro, y tu compañía era responsable por mantener todo el equipo en las mejores condiciones posibles", sus ojos tenían un color azul acero y brillaban con una rabia escasamente contenida, "mis abogados creen que ese fue un descuido que pudo haber sido prevenido si la compañía hubiera seguido las medida de seguridad al pie de la letra y por lo tanto tengo derecho a hacer una demanda de indemnización por medio millón de dólares". Robert sentía que la cabeza le estallaba. Esa chica realmente era el demonio en carne viva! Susana termino el último sorbo de te sin quitarle la vista de encima a Robert. El pobre hombre estaba al borde de tener un derrame y la chica no hacía nada más que observarlo como un científico observa a un bicho.
"Exactamente qué es lo que quieres de mi?" pregunto Robert cuando la vida le regreso al cuerpo. Susana lo tenía justo donde lo necesitaba y saboreo la sensación de poder por unos segundos. "Precisamente lo que te dije" respondió con su voz de hielo, "esta mañana denunciaras a Terry como un borracho incompetente. Tú dirás que sus vicios se han degenerado a tal grado que han llegado a tener un efecto demasiado negativo en su actuación y sus muchas indiscreciones sexuales dañan la fama y buen nombre de la compañía Stratford. Luego contactaras a las otras compañías de teatro en Broadway y los advertirás de la inestabilidad de Terruce. Quiero que el nombre 'Grandchester' llegue a ser un sinónimo de 'mierda' por todo el mundo de teatro y que nunca jamás llegue a pisar el escenario de nuevo, esta claro?" Robert solo pudo hacer un leve movimiento con su cabeza. En qué clase de criatura infernal se había convertido esa chica? O acaso la verdad era de que ella siempre fue así y su actuación más grande fue la de aparentar pureza y bondad por tantos años?
Antes de marcharse Susana miro una vez más los ojos apagados del director. "Y Robert", dijo en una voz dulzona, "por si acaso se te ocurre mencionar algo de esto a alguien, te lo advierto: el día que lo hagas es el día en que mis abogados te visiten" y con una mueca de sonrisa en su cara, abrió la puerta y se fue…..
Esa noche Robert se sirvió una copa de brandy mientras que con una mano trataba de apaciguar los martillazos que sentía en la cabeza. Como era de esperarse, todos los compañeros de Terry pusieron el grito en el cielo y por supuesto Karen era que mas alterada estaba. Robert sabía la relación que tenían sus dos estrellas más famosas aunque, de no ser que una noche se quedo dormido en su oficina de teatro, nunca se hubiera enterado de sus aventuras amorosas. Terry y Karen eran sumamente discretos y guardaban su privacidad y las apariencias en el extremo. Con mucho dolor, Robert le dio una carta a Karen dirigida a Terry, efectivamente informándolo de su decisión. Robert había luchado contra el asco que sintió con cada palabra que escribía en esa carta. Mañana la expulsión de Terry seria la comidilla de los periódicos y revistas de todo Nueva York.
Sirviéndose una última copa de brandy, Robert giro su vista hacia su ventana y las luces lejanas de Nueva York, mientras que dejando caer sus hombros cansados suspiraba profundamente. "Terry" dijo en un murmullo, "perdóname muchacho. Me equivoque" y poniendo la copa sobre una bandeja de plata, salió de su estudio y se marcho a su cama. Claro que después de tan pésimo día, dormir es lo menos que pudo hacer Robert en transcurso de aquella larga noche…
CCCCCCCCCCCCCCCCCCCCCcc
Continuara….
Notas: medio millón de dólares era una considerable suma de dinero en 1915.
Este capítulo me quedo más pequeño, pero espero que siempre sea de su gusto.
