Disclaimer: Nurarihyon No Mago no me pertenece, todos los derechos están reservados por Hiroshi Shiibashi.
¿Qué haría Rikuo sin Tsurara?
Capítulo cuatro.
— ¡Joven Amo! –gritaba Kubinashi desesperado buscando a su Señor. No lo podía encontrar en ningún lado, ya iba a entrar en pánico cuando al fin lo encontró.
Como era de noche no estaba seguro si era él o no, pero habiéndose acercado un poco más pudo darse cuenta de que efectivamente era él; el youkai sin cuello se río un poco al ver lo que su Amo hacía. Estaba, muy concentrado, intentando quitarle una mancha a su blusa, restregándola con fuerza.
— ¡Maldita… cosa que no…quiere salir! —gruñó entrecortadamente el Tercero restregándola con mas fuerza hasta el punto de casi romperla.
— Joven Amo… —dijo Kubinashi con una gotita en su cabeza por la poca paciencia que tenía su Señor. Bueno, últimamente, en comparación a otros días, había estado bastante más calmado, así que no se podía quejar.
- Yo, Kubinashi – dijo el peliblanco volteándose para poder verlo, soltando por fin la blusa, la cual había estado sufriendo bastante por los maltratos de su dueño. Al fin podría descansar un rato, no era que usara a Kubinashi para dejar su labor; bueno, en realidad si lo era pero después volvería a lo que estaba—. ¿Por qué me llamabas? –preguntó acomodándose su yukata negra, la cual estaba toda empapada ya que al muy torpe se le cayó la cubeta de agua encima, haciendo que su atuendo se le ciñera al cuerpo; marcando sus trabajados pectorales y sus fuertes brazos. Cualquier chica se desmayaría y gritaría al ver una imagen tan provocativa de un hombre con tal atractivo.
— Ya llegó —dijo el rubio simplemente mientras alzaba una carta. El chico de mirada rubí ni lo pensó dos veces y se la quitó de las manos, abriéndola con desesperación.
El Tercero sonrió cálidamente, era una carta de Tsurara. Si bien no era la primera que recibía, esta última era muy especial ya que ese día se cumplía un mes desde que Tsurara abandonó la casa. Otra razón para ser especial era que está había tardado en llegar, hacía varios días atrás que no recibía nada de su guardiana. Eso le molestó un poco pues comenzó a pensar que ella le escribía cuando se le daba su regalada gana, cuando él sabía que eso no era así.
Y le daba vergüenza admitirlo pero, un día sin una carta de ella y se ponía histérico, comenzando a especular cosas, mil y un teorías del por qué no había escrito algo.
Se erigió a las pequeñas escaleras que la Casa Principal tenía y se sentó en los peldaños, acomodándose para poder leerla con tranquilidad.
"Rikuo-sama.
¡Muy buenos días! O buenas noches. No sé en qué momento le llegue esta carta, ¡tal vez incluso llegue en la tarde!"
El peliblanco río por eso, siempre diciendo buenos días y buenas noches, incluso en las cartas, sinceramente la Yuki Onna era especial.
"Debe de estar trabajando duro, como de costumbre. Me encantaría poder estar a su lado para poder ayudarlo, aunque sea en las cosas de la escuela".
— A mi también me encantaría —prensó Rikuo suspirando con nostalgia.
"Ahora deben estar en temporada de invierno, ¿no es así? Acá también lo es, la primera nevada fue hermosa… ¡Debió haberla visto! Realmente fue un espectáculo muy grato y hermoso, espero a usted también le haya gustado".
El chico también la había apreciado y la había encontrado maravillosa. No supo si la apreció de la misma forma que la pelinegra, o si fue el mismo día ya que tampoco sabía en dónde estaba; ni su abuelo ni ella misma le han querido decir y eso le molestaba un poco… pero ya que, mientras siguiera en contacto con ella todo estaba bien. Prosiguió a continuar la lectura.
"Rikuo-sama, usted sabe mejor que nadie que yo, Tsurara, pase lo que pase, en la época que sea, en el momento que sea, en el lugar que sea, siempre estará a su lado".
Rikuo se sorprendió un poco en las ultimas palabras que estaban escritas.
"En mi siempre encontrará un hombro en el cuál apoyarse cuando este triste, unos brazos que lo puedan abrazar y consolar en sus momentos de impotencia y pena. Siempre, Rikuo-sama, siempre…"
Sonrío socarronamente, como le hubiera gustado que su guardiana estuviera a su lado en ese preciso instante para poder poner en marcha de inmediato la maravillosa proposición de la pelinegra, y estaba seguro de que la pelinegra no se negaría a darle un abrazo.
Un poco entusiasmado con el tema, el Tercero se guardó la carta en la manga de su yukata y se encaminó a terminar de lavar la molesta ropa; no sabía cómo Tsurara podía hacerlo siempre con una deslumbrante sonrisa en la cara. En realidad, las mujeres sí que eran unos especímenes extraños, y se aventuraba a pensar que las Yuki Onna lo eran aún más; y por alguna extraña razón le gustaba eso, ya que le llamaba la atención esa única y peculiar cualidad, más si las poseía ella.
Después de exquisitas y reconfortantes horas de oscuridad, el amanecer se hiso presente, aclarando las nubes y alzando al sol en todo su esplendor; logrando que el joven Nura se levantara de la comodidad de su futón. En realidad, ya estaba despierto desde mucho antes, se había acostumbrado a levantarse minutos antes de que el cielo comenzara a aclararse, pero la pereza como siempre le impedía levantarse hasta que el cielo comenzara a aclararse.
Se dio una ducha rápida para después colocarse su uniforme escolar; el cual, gracias a todos los espíritus, se alcanzó a secar en el transcurso de la noche. Tomó sus cosas y se encaminó a la escuela, y antes de salir completamente de la Casa Principal vio como es que los youkai preparaban las cosas para empezar el día. Kejoro preparaba el desayuno; Kurotabo y Aotabou ayudaba en la albañilería; Kubinashi hacía de todo un poco. Realmente era digno de admiración, todos estaban dando su mejor esfuerzo por mantener el orden.
Y si que les estaba dando resultado trabajar en equipo. No lo hacían todo tan perfecto como lo hacía su guardiana, pero por lo menos lo intentaban.
Comenzó a recordar los primeros días de lo que él creía seria el infierno. Su madre rompía los platos una y otra vez, y Kejoro incendiaba la cocina de vez en cuando. Ah, también aquella vez que Aotabou, en compañía de Kappa, rompieron el tejado de la estancia; eso si que fue un caos total. Y lo peor era que su abuelo lo mando a él a arreglarlo, ¡estuvo todo el desquiciado día y toda la maldita noche clavando! Sus manos no podían haber quedado en peor estado, pero con el paso del tiempo aprendieron a cómo hacer las cosas bien, de mala forma, pero al fin y al cabo aprendieron.
En ese aspecto, su abuelo hizo bien en alejar a Tsurara de su lado, comprendió lo importante que era valerse por sí sólo, además de lo satisfactorio que se siente saber qué hiciste algo por ti mismo, y que lo hiciste bien.
Llegando a la escuela se dirigió a su respectiva aula y se acomodó en su pupitre, adquiriendo una pose la cual le permitiera leer tranquilamente la carta de Yuki Onna nuevamente.
— ¿Es otra carta de Oikawa-san la que tienes en las manos? –le pregunto al oído una voz notablemente divertida por el acto del castaño. Este se sobresaltó y volteó a ver quién era el que lo había descubierto. Maki estaba con las manos en las caderas y con el mentón bien en alto, mirándolo con notables aires de superioridad– Ne, Rikuo-kun, ¿es así, no? –volvió a preguntar ella riéndose del muchacho que ahora estaba con un notable sonrojo en las mejillas.
— Eh, si… pero n-no es lo que crees en absoluto –dijo este volteando hacia la ventana para calmarse un poco y poder bajar el ardor de sus mejillas. Ya habiendo hecho eso volvió a mirar a su voluptuosa amiga que esta estaba acompañada por Tori. Bueno, ella no lo molestaba como la rubia y agradecía eso. Tener a una chica molestándolo y fisgoneándolo todos los días por su relación con Tsurara no era muy de su agrado, y si apenas podía con una, menos iba a poder con dos.
A un costado, Ienaga Kana veía la escena un poco molesta, le hubiera encantado que el chico se hubiera sonrojado por un comentario sobre ella, pero no, él sólo se sonrojaba cuando se trataba de la Oikawa esa. Realmente le irritaba esa chica, no tenía ni la más mínima idea de que le encontraban. Cierto era que era muy bella, no lo podía negar, tenía una cara horriblemente proporcionada, demasiado para ser de este mundo; un cabello largo y sedoso, de un color único; y un cuerpo que cualquier chica daría lo que fuera con tal de tener uno igual, pero ¿y qué con eso? Ella sabía que tampoco se quedaba atrás y no tenía nada que envidiarle a la pelinegra, se tenía mucha confianza al respecto.
Aunque lo que le molestaba un poco es que era más que obvio que la chica tenía una relación cercana con su amigo. Sin embargo, ella también lo tenía, es decir, era su amiga de la infancia, lo conocía desde hace años, pero al parecer la chica de orbes azules lo conocía mejor que ella. Eso la ponía con un humor de los mil demonios, nunca le iba a perdonar que ella supiera más de Rikuo-kun. Y lo más importante de todo, es que se le notaba demasiado que al castaño le gustaba, la incógnita era:
¿Rikuo-kun sentirá lo mismo por Oikawa-san?
Esperaba con todas sus fuerzas que no fuera así, y si lo era, el chico no se había dado cuenta todavía. Que idiota de su parte, cada poro de su piel emanaba una esencia especial cuando la pelinegra se encontraba a su lado, y en los últimos tres años se había vuelto mucho peor. Pero no importaba, mientras no se diera cuenta todo estaba bien, ya que así aprovecharía para poder hacer su movida. No se lo iba a deja tan fácil a esa chica, ella sería quien triunfaría al final de la historia.
— Bueno, bueno –habló un chico de sedosa negra cabellera a las chicas que seguían molestando al Nura, lo que hiso que también sacara de sus pensamientos a la castaña–. Dejen eso para después, ¡ahora tenemos cosas más importantes que hacer! –reclamó pasando sus manos por su cabello, sonriendo con elocuencia.
— Ah, cierto –dijo Tori acaparando la atención de los demás. La chica de moño se llevó un dedo a la boca, dudosa de lo que iba a decir–, te refieres a lo de esta noche, ¿no es así, Kiyotsugu-kun? preguntó ésta inclinando un poco su cabeza. El aludido solo dio unas carcajadas bañadas en grandeza, dirigida hacia el mismo.
— ¿Lo de esta noche? –el castaño estaba completamente perdido, ¿qué iba a pasar esta noche? Estaba tan ensimismado respecto a lo de la Casa Principal y su guardiana que no le había prestado atención a su grupo de amigos en lo más mínimo, ni siquiera a la castaña de orbes color Avellaneda; se suponía que era su mejor amiga y no le prestó atención en las últimas semanas. Miro a kiyotsugu a los ojos, buscando una respuesta— ¿Qué va a pasar esta noche? – preguntó un poco sombrío
El pelinegro sonrío con malicia– Si se nota que pones atención, Nura-kun –el sarcasmo era notable en su voz–. ¡Hoy vamos a ir a cazar youkais! – sentenció con una expresión decisiva en su rostro.
Rikuo bajó la mirada, suspirando entre divertido y molesto. Realmente el chico estaba obsesionado con los youkais, siempre haciendo las mismas desfachatadas, buscándolos, anhelándolos. Sin lugar a dudas esa expedición podía ser peligrosa, definitivamente tenía que ir con ellos por cualquier percance que pudiera suceder.
— Rikuo-kun, ¿vas a ir también, no? — preguntó la castaña suplicándole con la mirada que asistiera. Le temía en demencia a todo lo que tuviera que ver con youkais, pero ya les había dicho a Tori y a Maki que asistiría; sin embargo, si el chico iba, podría estar mucho más tranquila.
El Tercero entendió la mirada, la comprendió a la perfección. Sabía que su amiga le temía a los youkais, en su interior río con ironía, si tan solo supiera que él es el mismísimo Comandante de los seres que ella tanto teme de seguro le da un paro cardíaco.
— Seguro – musitó este. No podía dejar a ninguno de sus amigos sin compañía esa noche, mejor dicho, sin protección esa noche, podía pasar cualquier cosa y no estaba dispuesto a correr el riesgo.
Kana sonrío victoriosa, era la primera vez en muchos años que se le presentaba una oportunidad como la de ahora. En la noche, a solas con su mejor amigo, el cual le comenzó a atraer a medida que este empezó a cambiar sus rasgos a través de los años. Verlo con una sonrisa fisgona, coqueta, fetiche, seductora; con una mirada enigmática, felina, penetrante, con rasgos más afilados, más finos… todo le recordaba a ese ayakashi de cabellos blanquecinos que ella tanto admiraba, le gustaba. Y lo mejor de la noche sería que Oikawa-san no estaría ahí, ¿qué mejor oportunidad para mover la primera pieza que esa?
— Bien, entonces esta dicho… ¡Esta noche vamos a tener finalmente a un youkai en nuestras manos! –gritó eufórico el pelinegro, tenía la mirada perdida en quien sabe qué cosa, imaginando todo lo que podría hacer con un youkai entre sus manos. A todos alrededor les dio miedo verlo, y fue inevitable que se alejaran de él.
Después de que decidieran en donde se juntarían, cada uno se dirigió a su asiento para poder comenzar las clases. Las horas pasaron y siguieron pasando; y después de muchos intentos, Rikuo se rindió en intentar ponerle atención a la clase. Nuevamente no podía dejar de pensar en su guardiana, sencillamente le era imposible no hacerlo, la quería con él aquí y ahora. Por mucho que se metiera en la cabeza que con unas simples cartas estaría conforme, él sabía bien que no era así.
¡La necesitaba! ¡La añoraba cada segundo que pasaba! No sabía cuánto tiempo más iba a poder seguir esta farsa que el mismo se infringió, ignoraba cuánto tiempo más iba a poder contenerse. Ya no podía soportarlo un solo día más, si no la veía aunque sea un par de segundos se volvería loco; bueno, ya era todo un desquiciado con el tema, pero se volvería peor.
— ¿Tienes alguna idea de por qué te sientes así? – le interrogó su lado youkai en el interior de su cabeza. El castaño se sorprendió por su intromisión en sus pensamientos, casi nunca lo hacía.
— Es porque la extraño –le respondió mentalmente, aunque sabía que la respuesta no era para nada satisfactoria, ni siquiera para él mismo.
— ¿Sólo por eso? –preguntó el peliblanco un poco molesto. ¿Porque la quería? Eso era muy sencillo, insuficiente, no era una respuesta verdadera y eso le fastidiaba; a él no le agradaba que le dijeran sólo una parte del todo.
El de mirada marrón se lo quedó viendo confundido. ¿Sólo por eso? Honestamente no lo era, pero no podía, así como si nada, decirle a su lado youkai que tenía sentimientos encontrados al respecto.
— Claro que puedes hacerlo, lo estás haciendo en este mismo instante de hecho – dijo el joven ayakashi torciendo sus labios en una sonrisa burlona.
— ¡Deja de espiar mis pensamientos! –le molestaba que lo hiciera, su lado youkai lo sabía pero aún así lo hacía. El youkai lo observó divertido, y le causó más gracia cuando el castaño le dedicó un gruñido de reproche. Realmente estaba molesto.
— Ya, ya, está bien, dejaré de hacerlo –dijo el chico de mirada rubí con voz sincera, eso que el castaño se relajo un poco–. Te voy a dejar tranquilo, pero antes… –se acercó a su otro yo hasta el punto de quedar frente a frente–, quiero que pienses bien en la respuesta que me vas a dar respecto a la pregunta que te hice –dice finalmente, dando la conversación por terminada.
— ¡Ah, espera! ¡Qué hay de ti! — gritó su yo humano intentando detener a su lado youkai, sin éxito; sólo escuchaba una risa fisgona en el vacío de su mente, acompañada de unas palabras que lo dejaron tan confundido como jamás lo había estado antes.
"Yo ya encontré la respuesta hace tiempo. Te la haré saber cuando tú la encuentres también"
Cuando las clases llegaron a su fin se despidió de sus amigos totalmente ausente. Su otro yo lo había dejado con un embrollo en su mente como nunca antes. Parecía un muerto viviente caminando por las calles de vuelta a su hogar.
Si él ya sabía la respuesta… entonces significaba que él también debía saberla ya de cierta manera; después de todo eran la misma persona, con personalidades y apariencia distintas, pero aún así lo eran.
Entonces… ¿por qué rayos no sabía la respuesta a su pregunta? Porque sí, él extrañaba a Tsurara, demasiado pero… ¿era sólo porque era una amiga cercana? ¿Una especie de hermana, una aliada irremplazable? ¿O las sensaciones que sentía cada vez que pensaba en ella se debían a otra cosa? Si, era lo más probable.
Le enfermaba, no podía ser posible que fuera por otra cosa, aunque algo dentro de él estaba feliz de que se sintiera así por otra cosa… algo más fuerte que sólo amistad, más fuerte que sólo cariño. Ante esos últimos pensamientos llegó a una conclusión, una que tenía probabilidades muy altas de ser verdad.
Podría ser que él, que estuviera…
— Joven Amo, ¿le sucede algo? —preguntó cierto cuervo al ver a su Señor parado en la entrada de la mansión, ensimismado en sus pensamientos— ¿Joven Amo? –volvió a preguntar
— ¿Eh? –el castaño pestañeó varias veces antes de darse cuenta de que ya había llegado a casa. Sus pensamientos lo habían mantenido totalmente ocupado en el trayecto que, de no ser porque se sabía el camino de regreso a casa de memoria, seguramente se hubiera dirigido a cualquier otro lugar hasta terminar en una zona que no conociera— Lo siento, no estaba prestando atención Karasu-Tengu —se disculpó, sonriendo con torpeza
— Oh, no se preocupe Señor –dijo el cuervo amablemente, desplegando sus alas para alejarse de su lado y entrar a la habitación del comandante.
El joven heredero del Clan Nura descansó unos minutos en su habitación antes de preparar su bolso para ir al parque a reunirse con su grupo de amigos. Todavía faltaban un par de horas para el anochecer, si se iba antes iba a poder estar más tiempo en su forma de día y verificar todo desde más cerca; ya que cuando llegara la noche, no tendría más opción que ocultarse de ellos y vigilarlos desde la distancia. Si, era mejor darse prisa. Se cambió de ropa, tomó su bolso y partió.
En el camino, el castaño se percató de que el sol estaba descendiendo bastante más rápido de lo que lo solía hacer, maldijo por lo bajo. El día no estaba de su lado hoy, si seguía así no iba a poder llegar antes del anochecer.
Recorrió a paso veloz un par de cuadras hasta llegar a un parque cercano, ahí empezó a buscar con la mirada a sus compañeros hasta que encontró a un grupo de personas cerca de unos columpios, eran ellos. Caminó un par de pasos hasta llegar a ellos.
— ¡Nura-kun, llegas justo a tiempo, ya íbamos a empezar sin ti! –exclamó en toda su gloria el pelinegro del grupo, quien era el líder de su grupo de investigación.
— Hey, ¿no falta Shima? –preguntó Maki con las manos en las caderas, extrañada de que el rubio no estuviera con ellos
— Lo llamé y me dijo que no podría venir –respondió el pelinegro apresuradamente; estaba ansioso, ya no podía esperar más, quería comenzar de una buena vez, y las seguidas interrupciones de sus compañeros no ayudaban para nada –. De acuerdo, basta ya de perder tanto tiempo, ¡empecemos de una vez! – dijo ya sin más comenzando a caminar seguido por los demás.
Rikuo estaba inquieto, los minutos avanzaban y el cielo cada vez estaba más rojizo. No iba a poder durar mucho tiempo más, estaba seguro, tendría que inventar una escusa para poder irse sin que sospecharan ni se preocuparan tampoco.
La castaña que iba a su lado se dio cuenta de su inquietud al ver como el chico miraba el cielo y su reloj de tanto en tanto. Alarmada, le tocó el hombro con su mano, llamando la atención del chico que por culpa de ese toque detuvo su andar junto a ella, quedándose alejados del grupo que continuaba avanzando.
— Rikuo-kun, ¿sucede algo? –preguntó la chica de orbes color avellana mirándolo a los ojos; cierto era que de verdad estaba preocupada por el chico por su extraña actitud, pero también estaba moviendo las manecillas del reloj a su favor, no podía desperdiciar la oportunidad de tenerlo junto a ella, más aún en un momento así. Al ver que el chico no le estaba prestando atención, se acercó más a él para volver a preguntarle, pero no pudo completar el acto pues un extraño ruido los alarmó— ¿Qué... qué fue eso? –se volteó en la dirección de donde venía el extraño sonido que no cesaba. En su interior se río crédulamente, era imposible que un youkai se le apareciera en este preciso momento.
El Nura entrecerró la mirada, no estaba equivocado. Justo cuando la chica le había hablado sintió una extraña presencia proveniente de un callejón obscuro que tenían frente a ellos, lo inquietó un poco pues no estaba seguro si eran youkais o no, pero cuando sintió el ruido lo confirmó. ¡Tenía que pasar algo así junto en este momento!
— Mantente detrás de mí – dijo el castaño posesionándose delante de la chica, la cual ahora estaba temblando de terror–. Me molesta cuando se ocultan – su voz sonó tan amenazante, que hasta a la castaña le dio miedo el tono de voz usado, haciendo que se alejara de él.
— ¡Oh! Mis disculpas – dijo un hombre saliendo de las sombras con un camino de sangre. La chica de mirada avellana no podía estar más asustada, intentó gritar, pero ni la voz se atrevía a salir. Rikuo se enfureció cuando vio lo que el hombre tenía en sus manos, era una persona, toda esa sangre derramada alrededor del hombre provenían de humanos. El youkai sonrío fisgón al ver la ira que emanaba el castaño–. Veo que no me temes, ¿sabes lo que soy verdad? Comúnmente los humanos se aterrorizan cuando me ven, así como lo está haciendo tu acompañante en este momento –dijo fijando su mirada azul chispeante en ella–. Me gusta esa expresión, así es más satisfactorio cuando los mato y me los devoro –comentó, sonriendo aún más cuando ve la cara de horror de la castaña.
— Los youkais como tú son basura –dijo el Nura al tiempo que comenzaba a cambiar, su cabello creció y formó una peculiar cabellera blanquecina, sus ojos se afilaron y se volvieron rubíes; se volvió más alto y un haori azul apareció en sus hombros acompañado de una espada en sus manos. Había cambiado a su forma nocturna al fin–, y yo no soporto la basura –su voz era mucho más grave que antes, era hechizante, autoritaria, digna del líder de todos los youkai.
Kana no tenía palabras para describir lo que estaba presenciando, su mejor amigo se acababa de transformar en el ayakashi que siempre la rescataba. No podía ser posible, tenía que estar soñando.
— Vaya, vaya… ¿Quién lo hubiera imaginado? Fascinante, realmente fascinante –dijo el youkai pasando sus manos por su largo cabello dorado, riéndose burlonamente–. Mostrar tu verdadera forma no bastará para deshacerte de mí –dijo soltando al cadáver que tenía entre sus manos y comenzando a caminar hacía el joven ayakashi, el cual se puso en guardia inmediatamente–. Oh, ya sé quién eres –dijo malicioso al compás de su meticuloso avance hacia el peliblanco–. Los Nura son los únicos capaces de dar su vida por un humano…–las uñas de sus manos comenzaron a crecer hasta llegar al piso, formando finas y letales cuchillas–. Realmente detesto tu Clan – y sin más lo atacó preciso y directo.
Rikuo, haciendo uso de su miedo, pudo lograr esquivar el voraz ataque del youkai, lo que hiso que este se asombrara al ver que no había cortado al chico en realidad, sino que lo que sus uñas atravesaron era en realidad una ilusión del joven líder.
— Mira nada más, parece que tenemos sentimientos encontrados respecto a esto –respondió el Nura dándole a su hombro pequeñas palmaditas con su espada–. Yo también te detesto – no había ni una sonrisa socarrona y fetiche en su rostro, sólo sus llameantes ojos que demostraban todo su enojo y molestia. Volvió a empuñar a Nenekirimaru entre sus manos y atacó sin chistar, pero para su mala suerte el hombre de cabellera dorada lo esquivó, con dificultad, pero lo hiso.
El youkai tuvo miedo por unos segundos, el chico era fuerte… y no podría esquivar sus ataques para siempre; si con suerte pudo con el primero. Se volteó y miro a la chica humana, la cual había sido una espectadora de la lucha entre los dos youkai. Estaba confundida y aterrada, sollozando de vez en cuando; ¡eso era! El Tercero estaba protegiendo a la humana, si la usaba como amenaza… de seguro podría escapar.
Sin perder ningún segundo se encaminó hacia ella, listo para tomarla como rehén. El peliblanco de dio cuenta demasiado tarde como para detenerlo; estaba a sólo segundos de tener a su amiga entre sus manos. En su confusión por su sorpresiva ineptitud, no se dio cuenta cuando la chica gritó al ver que el youkai se abalanzaba sobre ella flameante, y tampoco cuando este era congelado en su sitio.
¿Congelado en su sitio? ¿Con hielo? ¿Hielo?
El muchacho vio por un instante al youkai que ahora se encontraba congelado completamente, intentando descifrar qué demonios había sucedido hace sólo unos minutos. Pronto miró a Kana, estaba dispuesto a acercarse a ella y ayudarla, a preguntarle si estaba bien, pero por sobre todo a explicarle lo que acaba de presenciar hacía un rato.
Planeaba hacer todo esto antes de sentir una helada brisa a su alrededor; su alborotado cabello se meció con esta. Volteó rápidamente hacia la dirección de donde provenía tan helado viento y ahí pudo ver lo que él creía era su imaginación.
No podía ser posible, esto era una pesadilla. No… era todo lo contrario… ¡Era un sueño! ¡El mejor de todos!
Ahí, parada frente a él, se encontraba una hermosa mujer de kimono blanco. Su cabellera negra se mecía con el viento y su alucinante mirada dorada hipnotizaba en la oscuridad.
Rikuo tenía la sorpresa incrustada en su rostro. Sólo fue capaz de susurrar burdamente, casi como un mero augurio, una sola palabra — ¿Tsurara?
Continuará…
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Aquí Tsurara12012 reportándose!, después de no se ya cuanto tiempo xD, disculpen mi demora en actualizar, pero la Divina inspiración nunca llegaba! o_ó, ya me estaba empezando a desesperar!. además de que tuve una agotadora semana de exámenes que me dejo muy mal animicamente xD
Este es el penúltimo capitulo, muchas gracias a todas las personas que han seguido mi historia, en especial a suki90 y lonelyathena *O*, las adoro a ambas, de verdad, muchas gracias por su apoyo!
Si el prox capitulo me sale demasiado largo, lo haré en dos partes ^^
no me odien por lo de Kana ¬¬ yo también la odio, pero necesitaba ponerla, porque quiero hacerla sufrir , muajajaja!
Bueno, si quieres opinar, decirme algo o cualquier cosa, se los agradecería si me lo dejaran en un Reviews ^^
nuevamente muchas gracias a todos!
nos vemos (espero actualizar pronto)
Bye Bye
_Tsurara12012_*****
