n.a: nuevo mes nueva actualización, yai
n.a2: yyyyyyyyyy este drabble tiene un poco de angst, por qué no ¯\_(ツ)_/¯
o4.
(Allá donde las flores salvajes crecen).
Uraraka lo mira de reojo, desde el otro lado de la sala común en los dormitorios.
Y Bakugou no puede evitar pensar—
Qué acaso no tienes nada mejor que hacer con un demonio— que le gustaría muchísimo pasarle las manos por el cuello de cisne, suavemente, lo más suavemente posible. Acercarse a ella y respirar su humo-aliento de cereza y robarle el fuego de sus ojos y que sólo queden estrellas de neón y morderle los labios de papel y luego huir (no, irse corriendo lejos, pero con su dignidad) para no volver a verla nunca.
Pero Uraraka sigue mirándolo. Genuina y dulce y valiente y.
(¡Bakugou-kun, tienes fiebre! ¿Te encuentras bien?).
Y las entrañas se le revuelven a Bakugou, de forma incómoda. Así como una estira y afloja, y es que algún imbécil juega con sus órganos internos sin su permiso. Desacomodándolos cual piezas de rompecabezas a costa suya.
(ahí va su corazón, escarbándole en la tráquea, el muy idiota—)
Y Uraraka se acerca a él, sonriendo como la primavera. Ya. Un total desastre.
(No estoy bien, me estoy muriendo carajo).
Por abrazarla y dedicarle sonetos torpes e incinerarse a sí mismo de tan solo considerar la mera idea.
Con honestidad le cuesta demasiado no romper a gritar y destrozar todo lo que se cruce en su camino, en especial ella. Aunque nunca podría dañarla, no a propósito, ni deliberadamente. El mundo ya es lo suficientemente oscuro.
Porque Uraraka es oasis en el desierto— agua entre la arena de sus dedos rasposos.
Bakugou tiene mucha sed y se detesta.
Y aún así.
Está el canto de pajarito: Bakugou-kun, atorado en sus oídos, igual que una canción de sirena que trata de ahogarlo en sus aguas (como un hechizo, su perdición, maldiciones pronunciadas con miel), y él sumergiéndose en su oceánida sin arrepentimientos. Y está su mirada de moca con dosis de azúcar extra y él bebiendo el color de sus ojos a diario.
Y Bakugou desearía poder hacer algo al respecto, de verdad. (Como morirse).
Más hay rosa rosa rosa en todas partes. Y sin percatarse de cuándo Uraraka se encuentra frente a él, ahora, observándolo atenta y algo nerviosa y le habla de incomprensibles baladas de amor.
Le sudan las manos. Le explotan las neuronas. No resiste, maldita sea. Es más sencillo odiar que querer. En serio quiere odiarla. Decirle: te detesto. Y después escupirle en el rostro y besarla hasta que sus pulmones se marchiten porque así de mal está él. Así de arruinado (enamorado).
Pero no. Uraraka se tropieza con las palabras. Y Bakugou siempre ha preferido el silencio por mucho.
Así que les hace un favor a los dos, y entrelaza sus dedos bruscamente y está listo para que Uraraka rechace su tacto y se aparte porque "Bakugou-kun me has malinterpretado no me gustas de ese modo", pero. Oh. Uraraka permanece a su lado. Y le aprieta la mano, un poquito. Se miran (y se miran). Ella se inclina hacia él, parándose de puntitas, y Bakugou olvida cómo respirar un minuto—
Prepara el gatillo y dispara.
(Allá donde las flores salvajes crecen,
también lo hacen los primeros besos).
