Johann.— Llamó el rey del reino dorado.

Ah, ¿S-si padre?— Respondiste a su llamado, despabilando de las miradas tanto pícaras como desconfiadas que te dabas con el joven príncipe del reino contrario.

Permítame contextualizarle, luego del noble saludo entre los reyes y un paseo a lo largo del jardín real; la joven princesa, junto a los demás nobles, se encontraban en plena cena.

La habitación era amplia, de paredes teñidas en amarillo pastel y decorado en color oro. Un gran candelabro cuelga del techo, hecho de oro puro y cristales teñidos en colores cálidos que cuelgan en toda la estructura.

En el centro de la habitación está la enorme mesa, con ese enorme banquete, un banquete derivado de sopas, postres, ensaladas, entradas, platos principales y sin fines de comidas para cada uno de esos tipos.

Lamentablemente, por muy deliciosa que estuviera la cena, no fuiste capaz de tomar bocado alguno, las miradas que te brindaba el príncipe de ojos carmín cual rubí te tenían demasiado nervioso a tal punto de quitarte el apetito.

Bien sabrás lo mala que está la situación entre ambos reinos.— Habló el monarca.

El rey albino te sonrió cuando tu padre terminó de hablar. Tú estabas un tanto confundido, en realidad no sabías nada sobre el tema, pero de todas formas mantuviste la compostura y respondiste.

Claro que sí, he estado al tanto de cómo se llevan a cabo nuestras relaciones.— Incluso tú te sorprendiste de lo serio que sonó aquello.

¡Perfecto entonces! Ahora, Johann, para establecer una buena amistad con el reino de Derse, he de pedirte algo.—

Te estaba dando mala espina toda esta situación.

Quiero que escojas a uno de los príncipes, contraerás santo matrimonio con quien elijas lo más pronto posible.—

...

... Lo siento, creo que he escuchado mal.— El joven estaba en un completo estado de shock.— ¿Ma-matrimonio?

Así es... Habló esta vez el rey albino.— Espero que esta repentina decisión no le moleste, princesa .—

Te mantuviste en silencio mientras veías alternativamente a los príncipes y a los reyes para finalmente salir indignado de aquella de la habitación, dejando detrás de ti un fuerte estruendo, causa de la forma en que cerraste la puerta.

Si bien normalmente te mantenías en calma y accedías a cada una de las peticiones que tuviera tu rey o cualquier otro, esta vez era demasiado, no estabas preparado para algo así.

Además eras un CHICO, ¿Le habrán informado a los príncipes de esto? No, rechazas esa idea inmediatamente, nadie más, aparte de ti, Jade y algunos sirvientes cercanos a ti saben que eres un chico.

Permítame explicarle un poco más de esta historia, en un inicio, la reina de Prospit estaba embarazada, pero lamentablemente, la progenitora falleció el mismo día de su nacimiento. Con temor, los sirvientes dieron un funeral secreto a la pequeña princesa y a cambio, le arrebataron el recién nacido a una de las sirvientas del castillo para luego echarla del lugar. Sorpresivamente, el pequeño niño tenía un gran parecido con la princesa, entonces lo adaptaron para que fuera la nueva ''princesa'' de Prospit, ellos fueron quienes cuidaron en su mayoría al niño, dando escusas y procurando que la joven e inexperta ''madre'' no se diera cuenta del engaño.

Por suerte, el niño no había cambiado mucho en cuanto a apariencia y mantenía una actitud bastante femenina. A nuestra joven princesa solo le informaron sobre el real engaño cuando tenía apenas 12 años de edad.

Te encaminaste al jardín, dejando detrás de ti un rastro de piedras preciosas que arrancabas de tu cabello al deshacer el pomposo peinado que te habían asignado para la ocasión, preferías llevarlo suelto y sentirte libre.

Al retirar la última piedra preciosa de tu cabello, suspiraste y te sentaste en el césped admirando al horizonte, para tu sorpresa ya estaba atardeciendo, la mezcla de colores anaranjados, amarillos, carmines, violetas y azules te hacía recordar el lío en que estabas metido. No querías contraer matrimonio, si eso pasaba, de seguro tendrías que irte al reino de Derse, un lugar en que nunca habías estado.

Tenías miedo.

Repentinamente escuchaste unos pasos detrás de tí y rápidamente te volteaste. Jake estaba aquí para salvarte otra vez.

¿Sucede algo, princesa?— Escuchar esas simples palabras te hizo sonreír. Al lado de Jake era el único lugar en que realmente te sentías libre. Actualmente deberías estar junto a él, cuidando el castillo y a la familia real a toda costa, pero lamentablemente te tocó este destino, con el cual no acababas de estar al 100% de acuerdo, pero amabas a este reino y le eras fiel al rey y la reina de todo corazón, así no te quedaba de otra más que resignarte.

No es nada, Jake.—

Y así es como comenzó una larga charla entre ambos.