Hola de nuevo! Soy rápida, eh? No os quejaréis XD
Para Mine Hatamuke: sinceramente agradecida y conmovida por tu review. No he podido contestártelo porque tu cuenta no permite mensajes privados =(. Espero que siendo la primera de Tony y Jarvis que lees pueda cumplir tus expectativas XD, bienvenida al anti tonyxpepper club
Capítulo 4º: Inocencia interrumpida
Desde que Jarvis se lo había pedido, Tony se había tomado muy en serio el objetivo de hacer que pudiera aprender a emocionarse y sentir como cualquier ser humano normal haría. Cuando se lo dijo a Pepper la ejecutiva casi se echó las manos a la cabeza viendo de venir un nuevo encierro prolongado de semanas y semanas.
—Esta vez tengo un asistente personal, ¿recuerdas? —la tranquilizó el excéntrico multimillonario sin dejar de teclear en su pantalla haciendo un gesto hacia el bioandroide que trabajaba en otra algo más allá—. Será diferente, tendré tiempo tanto para nosotros como para todo lo demás, lo prometo. Nada de encierros.
—¿Y cómo, exactamente, pensáis tú y tu compinche hacer todo eso sin que dejes de faltar a tu agenda?
—Trabajo en equipo. ¿Verdad, Jarvis?
—Por supuesto, señor.
—Eso es maravilloso pero no responde a mi pregunta, Tony.
—En realidad lo que estaría genial sería tener al Dr. Banner pululando por aquí. Seguro que se le ocurrirían un par de cosas que decir al respecto, una pena que se haya ido al culo del mundo…
—Tony.
En la voz de Pepper asomó una advertencia velada de que le prestase atención y el inventor dejó a un lado lo que estaba haciendo.
—Bueno, este es el plan: le encargo a Jarvis búsquedas de referencias emocionales en la red, yo hago una criba, depuramos los conceptos, hacemos un código en copia a los estados de ánimo que instalé para la modulación de su voz y asociamos cada cosa con lo que va: cara sonriente con voz alegre, cara triste con voz triste…
—Eso es… Tony, el ser humano es capaz de una barbaridad de matices en los estados de ánimo. ¿Cómo piensas hacer eso?
—No he dicho que sea fácil —intervino él—. Será lento, y difícil, pero no es imposible. Tú me conoces, sabes que podré hacerlo. Empezaremos por cosas normales, y si eso funciona ya habrá más. No puedo decirte más, de momento es lo único que tengo.
—¿Es realmente necesario?
—¿A caso es innecesario?
Esta vez la voz de Tony sonó molesta, como si Pepper le estuviese cuestionando un asunto personal. La pelirroja le observó en silencio después de ese corte. Hasta Jarvis había dejado de teclear al notar los niveles de tensión que habían asomado en la voz del inventor.
—Será mejor que te deje trabajar —concluyó Pepper girando sobre sus tacones y marchándose sin añadir una palabra más.
Durante un momento Jarvis estuvo tentado de decirle a Tony que le había hecho daño emocional de alguna clase, que podía notarlo por la rigidez de su rostro y el tono de su voz, pero entonces recordó que el señor Stark era el más humano allí. Probablemente no necesitaba que le señalase lo obvio. Así, ambos volvieron al trabajo y Tony no volvió a hablar en toda la tarde, ni tampoco durante gran parte de la noche. Cuando se despidió del bioandroide dando por concluida la jornada y salió del taller eran cerca de las cuatro de la mañana.
Tony recurrió a la psicología, la filosofía, la sociología y todas las ciencias humanistas que se le vinieron a la mente para su proyecto. El mayor filón para agilizar el aprendizaje de Jarvis lo encontró en el cine, el arte y la música. Los días pasaron uno tras otro, transformándose en unas ocupadísimas tres semanas en las que Tony cumplía fielmente su agenda durante el día y trabajaba en el taller el resto del tiempo libre del que disponía. La señorita Potts no puso objeciones a que, una vez más, el excéntrico multimillonario casi se olvidase de su existencia. Las cosas entre Tony y Pepper no siempre eran un camino de rosas. Él era demasiado volátil y ella tenía los pies firmemente anclados en la tierra. Se querían y podían complementarse asombrosamente bien, pero cuando no coincidían en algo las discusiones solían ser duras y acabar con cada uno durmiendo en habitaciones separadas, firmemente convencidos de ser quien llevaba la razón.
Jarvis no podía entender cómo dos personas que se suponía que compartían un vínculo amoroso (los cuales por lo que había podido indagar eran de las sentimientos más intensos y profundos que un ser humano podía experimentar) llegasen a decirse el uno al otro palabras con la emoción perfectamente opuesta inscrita en ellas. Tony se refugió en el trabajo. El máximo de horas seguidas que llegó a dormir en un día fue de cuatro y media. El mínimo, ninguna. Como su compañero, JARVIS dejaba descansar a su bioandroide las mismas horas que él o incluso un poco menos, ocupándose de reorganizar el taller y los ficheros una vez el inventor se había marchado. Si hubiera sido capaz de sentirla, Jarvis estaba convencido de que experimentaría culpa al pensar que el señor Stark estaba invirtiendo tantísimas horas de trabajo y esfuerzo sólo para él. Tendría que compensarle de alguna forma una vez tuviera los conocimientos suficientes para ello.
—Bien, comprobemos si funciona.
Había llegado el gran día. Durante toda la noche anterior el bioandroide había estado en estado de hibernación en su cabina, recibiendo los más de tres terabytes(*) de puro código que estaban destinados a cambiarle la vida. Ahora Jarvis estaba nuevamente activo, con las baterías cargadas y sus nuevas líneas de lenguaje de binario a punto de ser puestas a prueba. Tony se puso de pie y empezó a caminar de un lado para otro por el laboratorio delante de Jarvis, tremendamente emocionado, pensando en cómo debería arrancar. ¿Hacerle feliz? ¿Enfurecerle? ¿Llorar, tal vez? se sentía tan perdido que empezó a hablar sin que la mayor parte de sus frases tuvieran mucha coherencia al principio.
—¡Mírate! —exclamó alzando la voz con lo que consiguió que sonase a puro desprecio—. ¡Sólo eres un puñado de ceros y unos cuidadosamente ordenados! Nada de ti es real, la diferencia entre tu software y el de una tostadora es tan nimia que me das vergüenza ajena. Por tu culpa Pepper y yo estamos en una crisis peor que la del Imperio Romano. ¿Y para qué? ¿Para convertirte en un simulador de emociones a pilas? Ya existe un nombre para eso, Jarvis. ¿Sabes cómo se llaman? ¡Actores! ¡Eso es lo que vas a ser todo el tiempo: un hombre de mentira con un corazón de mentira! ¡Eres una máquina, Jarvis! ¡Deja de engañarte! ¿Quieres saber lo que es el odio? ¿La alegría? ¿Y el amor? ¡Oh, sí, seguro que querrás amar! Como aquel robot estúpido de esa película de Spielberg con su oso de peluche. ¡Pero la cruda verdad es que tú no puedes entender el amor! ¡Puedes imitarlo, puedes reconocerlo en otras personas, pero nunca serás capaz de alcanzar el amor! Casi siento asco al mirarte y ver lo patético que eres. Estoy profundamente avergonzado de haberte creado, ni siquiera te mereces estar en la misma habitación que yo. ¡Debería desguazarte y aprovechar tus piezas para un mejor uso, como hacer que TONTO deje de ser tan jodidamente torpe todo el puto tiempo!
Cuando finalmente Tony dejó de dar vueltas de acá para allá y se detuvo para tomar aliento intentando pensar qué más podía decir escuchó un sollozo ahogado. Al mirar, se quedó petrificado. Jarvis estaba de pie exactamente en la misma postura, firme y con los brazos a ambos lados de su cintura. Puños cerrados, mandíbula tensa, traje impecable. Sus ojos azules estaban bañados en lágrimas que corrían como ríos por su rostro perfecto en una tristeza absoluta y abrumadora. Al fijarse más, Tony comprobó que temblaba en un intento por contenerse y tenía las mejillas encendidas por el llanto. Fue una imagen desoladora que le llegó al corazón.
Entonces Tony entendió. Habían tenido éxito. Aquello era real. Los sentimientos de Jarvis eran reales, sólo que pertenecían a otro tipo de realidad. Lo que en el cerebro humano se almacenaba por impulsos eléctricos haciendo conexiones límbicas, en Jarvis tenía un orden más racional, menos abstracto y casi perfecto. Su I.A realmente podía sentir, por muy difícil de creer que fuese. Tenía pensamientos, recuerdos, sentimientos. ¿Quién era Tony para decir que no eran reales? Aunque su "mente" funcionase con un hardware en lugar de una red neuronal, seguía siendo… Era prácticamente humano. Y lo primero que como ser humano había podido sentir era dolor y humillación. Cortesía exclusiva de Tony Stark.
—Jarvis… Oh, cielo, Jarvis, lo siento… —Tony fue directo hacia él y vaciló sólo un instante antes de abrazarle. El cuerpo del rubio se estremeció entre sus brazos volviendo a sollozar sin atreverse a corresponderle, sin atreverse a moverse. Simplemente siguió llorando silenciosamente contra él—. Sabes que no era sincero, sabes que no lo he dicho de corazón, ¿verdad? Pero tenía que hacerlo, Jarvis, tenía que asegurarme de que lo habíamos conseguido…
Tony continuó hablándole así un rato más hasta que notó que los sollozos se apagaban y los temblores remitían. Siguieron abrazados así unos minutos más, solos en el frío taller. O más bien, con Tony abrazando a Jarvis sin que éste le correspondiese. Quizás estaba asustado, o decepcionado, o abrumado… ¿Cómo podía él saber lo que sería sentir emocionalmente por primera vez? durante un instante Tony pensó que quizás había sido excesivo implantarle todos aquellos códigos de una sola vez. ¿Podía un robot sufrir un trauma? Tal y como estaban no podía ver el rostro de Jarvis. De hecho el propio Tony tenía que estirarse un poco sobre sus pies para alcanzar su hombro con la barbilla. No era una postura demasiado cómoda y se maldijo mil veces por haberle diseñado tan alto. La diferencia entre su modesto metro setenta y cuatro y el metro noventa y dos de Jarvis era muy evidente(*).
—Jarvis… —le llamó junto a su oído—. Jarvis, voy a soltarte, ¿vale?
Apenas hizo amago de separarse de él, el bioandroide reaccionó por fin. Le atrajo contra su pecho con fuerza, con necesidad, y Tony se quedó pasmado cuando la criatura a la que acababa de insuflarle lo más parecido a un alma que era capaz de crear se acurrucaba contra él y hundía el rostro en su pelo castaño, inspirando profundamente. Como si le relajase. Como si se sintiese protegido sólo por tenerle allí.
—Señor Stark… —su voz siempre fina y serena ahora sonaba grave, quebrada, cargada maravillosamente de una emoción intensa y vibrante—. Señor Stark… Señor, por esto… Por todo lo que ha hecho por mí… Gracias…
Tony sonrió suavemente con tristeza, compadeciéndose de él.
—¿Qué has sentido? —preguntó en un susurro notando cómo el aliento de Jarvis rozaba su oreja y le erizaba los vellos de la nuca.
—Estaba feliz… Era feliz porque usted me gritaba y sus palabras me estaban haciendo daño; y podía sentirlas, señor Stark. Y antes de darme cuenta estaba llorando de alegría y de tristeza, y usted me abrazaba, y era cálido y agradable. No sólo de cuerpo; lo sentí dentro, señor, sentí sus disculpas y su voz resonando dentro de mí con suavidad, con ternura, y ha sido… Anthony, ha sido… maravilloso…
Tony estuvo callado un momento.
—Jarvis.
—…¿Señor?
—¿Me pitan los oídos o te he oído llamarme "Anthony" hace un minuto?
Jarvis se aclaró la garganta en un inequívoco gesto de la más pura incomodidad humana. Aquella era una afectación que Tony no había notado nunca antes en él. El bioandroide le soltó entonces, arrepentido, retrocediendo un paso y evitando su mirada.
—Lo siento, señor… Me disculpo por mi informalidad.
—No lo hagas.
Jarvis pareció momentáneamente confuso, lo que habría sido divertido en otras circunstancias.
—¿Señor?
Tony se apoyó lentamente en la mesa sin dejar de mirarle.
—He dicho que no te disculpes. Está bien, no me molesta. De hecho creo que podría acostumbrarme… Ya han sido demasiados años de formalidades entre nosotros, ¿no crees?
—Como usted quiera, señor —Tony bufó.
—Aunque parece que vas a tener que practicarlo un poco más. Simplemente tutéame de vez en cuando, cuando estemos trabajando o cosas así. Y prefiero "Tony", ya lo sabes. Creo que sería agradable.
—Tomaré nota para un futuro, señor Stark.
—Respecto a eso, Jarvis, a partir de aquí… A partir de aquí siento decirte que tendrás que seguir con esto solo. Lo entiendes, ¿verdad? —el bioandroide abrió mucho los ojos ante aquella declaración y asintió despacio pasado un momento—. Esos terabytes de código son mi último regalo para ti. Podrás hacer con ellos lo que quieras, sólo quería que supieras que yo no volveré a controlar tus progresos. Si te equivocas o aciertas, será por tu propia decisión, no la mía. Yo… confío plenamente en ti, Jarvis. Hace años que lo hago y lo sabes, así que no tengo razones para pensar que esto pueda ser…
Su voz decayó en la duda, mostrando una debilidad latente y entristecida. Tony se pasó las manos por el pelo. Carraspeó.
—¿Una mala idea? —preguntó el bioandroide por él—. ¿Un error? ¿Un… peligro?
—Sí, bueno, ya sabes. Peligro es mi segundo nombre —Tony rió entre dientes con la broma, pero Jarvis pudo comprobar que la alegría no llegaba a sus ojos. Ladeó la cabeza, extrañado.
—¿Entonces qué es lo que le está preocupando tanto?
—Es que es la primera vez en mi vida que me siento… eclipsado. Tú eres… Ni siquiera sé definir lo que eres ahora, ya no estoy seguro de nada.
—Recuerde que sigo siendo JARVIS —le tranquilizó el bioandroide con una suave sonrisa—. Sigo estando aquí para usted, para todo cuanto necesite.
—Lo sé. Eso es lo que me asusta —Tony parpadeó con perplejidad al reconocerlo—. Antes estabas aquí porque yo te creé. No tenías más remedio que obedecer. Nunca has tenido elección. Crees que todo va a seguir siendo igual pero podrías cambiar de opinión. Todo esto podría dejar de gustarte, Jarvis. Podrías querer irte…
Jarvis dio un paso hacia él con seguridad y durante un fugaz momento Tony se sintió intimidado por haberle dado los últimos hilos de control que aún conservaba. Aquella criatura elegante y perfecta que estaba de pie ante él le hacía sentirse desnudo, y vulnerable. Tony estaba acostumbrado a que muchas cosas buenas se cruzasen en su camino para después al entrar en contacto con él acabasen malográndose. "Nada dura para siempre", es lo que suelen decir, pero desde sus orígenes Jarvis había sido algo que había estado destinado a acompañarle siempre y nunca abandonarle. La perspectiva de que se fuese era abrumadora. El vacío que podría dejarle Jarvis hacía de Tony un hombre asustado y descorazonado.
—No voy a ir a ninguna parte, señor. Siempre he estado aquí para usted, no podría estar vivo de no ser por usted. Me lo ha dado todo. Ha tocado mi corazón, acarició mi alma, ha cambiado mi vida y todas mis metas. Sigo dispuesto a dedicar mi existencia a servirle como asistente o ayudarle como amigo. Aceptaré lo que quiera hacer de mí sin ninguna queja. Lo único, lo único que te pido, Tony, es que reconozcas que me necesitas.
Tony siguió lívido unos segundos, profundamente sobrecogido. Apenas notó que Jarvis había obedecido su petición de llamarle por su nombre hacía tres segundos, de hecho apenas podía oír su respiración. Tenía el corazón disparado. Pestañeó tratando de sobreponerse sin apartar los ojos de la poderosa mirada de Jarvis, particularmente intensa e inquisitiva. Tony tragó saliva, pasándose fugazmente la lengua por los labios.
—Te necesito —susurró.
Jarvis sonrió, y fue una sonrisa humana y arcanamente familiar. Una sonrisa que abarcaba tanto insolencia como la más pura de las inocencias.
—Entonces aquí me tiene, señor Stark. A su plena disposición. Como siempre ha sido.
Venga, dejarme un review que sé que os ha gustado, piltrafillas XDDD
(*nota) Por si alguien tiene curiosidad, un terabyte (Tb) equivale a mil megabytes (Mb). O sea, que viene a ser como de un tamaño de cien Gigas. Una bestialidad, vaya XD
(*nota) Esas son las alturas reales de Downey Jr. y Paul Bettany =)
