—Quién lo hubiera imaginado —Habló la joven de piel blanca que se encontraba sentada frente al tocador —Yo pensé que iban a comprometerlo con la hija de los Luchetti.

—¡Oh, yo también lo pensé! —Exclamó su compañera de vestido rojo con negro. Se acercó a la joven y comenzó a cepillar su cabello con delicadeza —Creo que todos lo pensamos.

—Hasta ella también lo pensó —Sus mejillas se ruborizaron ante el toque de la de cabello negro —Está que echa humo.

—Supongo que es normal —Se quedó pensando con las hebras doradas entre sus dedos —Que estés segura que vas a convertirte en la esposa del futuro Don y resulté que no —Encogió sus hombros y siguió cepillando ese cabello ondulado que tanto amaba —Eso le pasa por creerse superior a todos. Incluso ya estaba dando órdenes.

—Y diciendo que ella es más hermosa del hombre que le quitó su futuro —Sonrió con burla la de ojos dorados —Que patética.

—¿Y? ¿Tú crees que esté en la boda? —Tomó un broche en forma de media luna y se lo colocó sobre el cabello.

—Debe de. Sería una falta de respeto no hacerlo —Tomó los anteojos de armazón negro y se los colocó, mejorando su vista considerablemente —Además de que la vi anoche en la recepción del hotel. Se notaba su enojo a metros.

—Será divertido ver su rostro de disgusto en la boda —Soltó una carcajada —Claro que —La abrazó y la contempló a través del espejo —no voy a apartar mis ojos de ti. Estás hermosa.

—Ba… basta de decir tonterías —Sus mejillas se ruborizaron y se apartó del abrazó —Ya es hora.

—Jaja. Pero que linda —La menor tronó molesta la lengua —Bien, bien —Abrió la puerta de la habitación y realizó una reverencia —Después de usted, mi pequeña luciérnaga.

El silencio que reinaba la habitación comenzó a llenarse por el escándalo formado afuera. En el gran corredor, mucha gente caminaba de un lado a otro. Todos con trajes de marca y zapatos lustrosos. Los empleados del hotel ayudaban a personas despistadas y una joven comenzó un escándalo cuando su padre le dijo que era su deber presentarse en la celebración.

Una mujer de mediana edad pasó sin prestar atención al escándalo, subió al elevador y apretó el último piso. Cuando las puestas se abrieron, salió a pasos acelerados, recorriendo el gran pasillo. Se detuvo en la gran puerta y acomodó su vestido, ignorando por completo a los hombres con traje que resguardaban la puerta.

Aspiró hondo, sujetó la carpeta negra que traían en manos, aclaró su garganta y abrió la puerta.

—¡Y esto como se supone que va! —Se quejó Bokuto mientras dos personas en traje tradicional tenían varias prendas en manos.

—Kotaro, deja de moverte —Habló su padre con fuerza mientras se colocaba su corbata.

—Pero es que… —Le mostró la prenda que llevaba uno de ellos en mano —¿Qué diablos es esto?

—Hijo —Suspiró —Ya te dije que es un montsuki. Ahora deja que te coloquen la ropa.

—¿Un qué? —Se cruzó de brazos —Y no soy un niño.

—Ropa tradicional para tu boda y entonces vístete tú solo.

—¿Y no pude casarme de una forma más normal? —Realizó un puchero mientras los ayudantes seguían con vestirlo.

—Esa es una forma normal de casarse —Se colocó su saco —En Japón, claro —Su hijo realizó una mueca —Vamos Kotaro.

—Señor —Se acercó su ayudante y le entregó la carpeta —Es todo lo que pudimos conseguir.

—Oh, perfecto —Lo tomó y se sentó en el sofá.

—Por favor no se mueva, Kotaro-sama —Habló uno de los ayudantes mientras intentaba ponerle la última parte.

—Bien, bien. Por cierto ¿Dónde está mi Bro?

—Fue a hacerme un pequeño favor —Habló su padre mientras observaba el contenido de la carpeta —Nos alcanzará allá.

—Traibro —Susurró.

—Listo —Comentó uno de nos ayudantes y Bokuto se contempló en el espejo.

Un traje tradicional color negro, en la parte de abajo un hakama holgado con siete pliegues. Y arriba, un montsuki de etiqueta negro con un emblema(o kamon) de la familia en la parte delantera de los hombros.

—Viejo —Habló sin apartar la vista del espejo —No me veo genial —Revolvió su cabello que habían peinado hacia un lado y ahora tenía una apariencia más rebelde —¿No puedo utilizar un traje negro y ya?

—No, no puedes.

Bokuto bufó molesto y se cruzó de brazos. Nunca se había puesto ropa de ese tipo y no estaba acostumbrado. Suspiró resignado y observó el emblema impreso sobre la tela: La silueta de un búho. Espera, ese no era el símbolo de su familia. Ese dibujo era más bien…

—Ella lo hizo para ti —Habló su padre sin apartar la vista de las hojas —Lo diseñó para cuando llegara este día.

—Para mí —Colocó una mano sobre el emblema y sonrió —Gracias.

—Se nota que están ocupados —Contempló Kuroo a las personas que caminaban a toda prisa de un lugar a otro.

—Ni se lo imagina —Habló el joven de estatura baja en yukata.

—Pero veo que a pesar de lo apresurado que están, mantienen la compostura.

—Bueno —Rodó sus ojos —A la señora no le gusta que corran ni hagan escándalo. Entonces —Alentó el paso —¿Me puede repetir el porqué de su visita? ¿No hubiera sido mejor esperar hasta después de la boda?

—El Don quiere deshacerse del trabajo para poder disfrutar de la celebración.

—Entiendo —Entraron a una habitación —Por favor espere aquí —Salió dejándolo completamente solo.

Kuroo suspiró y contempló el paisaje que se filtraba por la ventana: El cielo despejado, un colorido estanque, una habitación en el otro extremo y árboles de bambú. Tan aburrido.

Soltó un gran bostezo y al momento de cerrar sus ojos, sólo por un instante, distinguió una figura que llamó su atención. Abrió los ojos de golpe y asomó la cabeza por la ventana, pero esa figura había desaparecido ¿Había visto mal? No, no podía ser. Se talló los ojos pero el paisaje seguía siendo el mismo.

—Lamentamos la tardanza —Entró el joven a la habitación con un adulto mayor.

—¿Qué? Ah, claro —Se apartó mientras dirigía una última mirada por la ventana ¿Acaso había visto un ángel?

El momento había llegado. Aspiró hondo y admiró el templo que tenía delante de él. Su padre hablaba con el sacerdote mientras que Kuroo (quien ya lo esperaba en el templo) se burlaba con discreción por cómo se veía.

—Ya es hora hijo —Habló su padre al acercársele mientras señalaba atrás de él.

Cuando volteó, observó a su prometido subir las escaleras del templo junto con su madre y varios acompañantes. Su corazón se detuvo y sus mejillas se ruborizaron cuando pudo admirarlo por completo.

Akaashi portaba un kimono (o Uchikake) de color rojo. Lo utilizaba arriba de otro traje y sin obi. Sus mangas eran largas y toda la prenda estaba siendo adornada por flores finamente bordadas. Sobre su cabeza portaba una capucha completamente blanca y redonda (si no mal recordaba, su madre le había dicho que se llamaba wataboshi).

Una mujer se le acercó y le retiró el Uchikake rojo, quedando con otro parecido pero completamente blanco.

Bokuto sentía que le temblaban las piernas. Ahora nadie podía negar que Akaashi fuera hermoso. Sus facciones finas, su mirada elegante y esos párpados caídos que provocaban.

Finalmente era la hora y realizaron una procesión hacia el templo: Adelante iba el sacerdote, atrás estaban dos ayudantes y después de ellas iban él y Akaashi, con sus padres en ambos lados. Atrás de ellos se encontraban familiares cercanos (Kuroo incluido).

Cuando entraron, todos se sentaron en los extremos de la habitación, a excepción de él y Akaashi. Ellos estaban enfrente. El sacerdote inició la ceremonia con un rito de purificación, en el que ambos intercambiaron un rosario y también los anillos. Después recitó una plegaria y procedió con el sansankudo. En esos momentos, Bokuto agradeció que su padre lo obligara a estudiar el protocolo la noche anterior o estaría siendo el hazmerreír, o eso pensaba él.

—¡Demonios! —Se quejó mientras revolvía su cabello —¡Lo siento de nuevo! —Con esa ya era la quinta vez que lo hacía mal.

—E… está bien —Habló el sacerdote —No se altere.

—Lo estoy haciendo mal otra vez —Se quejó.

Bokuto tuvo que disculparse varias veces debido a las equivocaciones que estaba realizando. Su padre suspiraba cada que cometía algún error, la madre de Akaashi decía uno que otro comentario desaprobatorio y podía jurar que Kuroo se estaba carcajeando internamente mientras grababa todo para burlarse en un futuro. Estaba echando todo a perder.

Comenzó a temblar y balbucear por los nervios hasta que una pequeña y discreta risa llegó a sus oídos. Volteó y su malestar desapareció al contemplar a su futura pareja: Akaashi, quien siempre había tenido una mirada seria ya calmada, ahora sus mejillas tenían un ligero rubor y sus labios formaban una hermosa sonrisa que trataba de contener.

—¿Te hice reír? —Su corazón palpitó con rapidez —¡Bro! —Gritó mientras volteaba hacia su amigo —¡¿Viste lo que acabo de hacer?!

—¡Hijo, concéntrate! —Lo regañó su padre.

—¡Ahora menos puedo! ¡Dios, estoy nerviosos!

—Bokuto-san —Kotaro volteó de nuevo hacía el menor y él le sonrió con tranquilidad —Todo estará bien.

Después de esas palabras ya no hubo contratiempos. Logrando que el ritual se llevara de forma tranquila y sin algún otro error. Verle sonreír y escucharle decir que todo estaría bien lo calmó.

El gran salón se encontraba abarrotado de gente. Muchos con kimonos y otros con trajes. Sin duda se notaba quién venía de fuera y quién no.

—¡Muchas felicidades! —Gritó el anciano mientras le daba una fuerte palmada en la espalda.

—Gracias, señor Astori —Habló mientras se sobaba por el dolor.

—Esperemos nuestras familias sigan con las buenas relaciones que tienen cuando su padre se retire.

—Ah, claro.

—Mis felicitaciones por su boda —Habló otra persona en traje.

—Gracias, señor Luchetti.

—La verdad su boda me tomó por sorpresa.

—A mí también.

—Pero es bueno que comience a ver sobre su futuro —Se unió a la conversación una mujer con kimono de colores —Espero su familia y la mía también tengan estrechas relaciones en un futuro.

—Seguro —¿Y ella quién era?

Bokuto ya estaba harto de tantos halagos y hablándole de cosas que no le interesaban. Por más que intentaba terminar la conversación con uno, dos más se unían a la charla. Bien podría irse pero ¡Oh, sorpresa! Esa fiesta era debido a su boda y no podía escaparse así como si nada.

—Disculpen pero tendré que llevármelo un momento —Habló Kuroo mientras pasaba un brazo sobre su cuello —Trabajo. Ustedes entenderán.

—Gracias Bro —Habló Bokuto una vez lejos de ellos.

—Para eso me tienes —Se encogió de hombros —¿Y? Dónde se encuentra la pareja de mi Bro. Quero darle unos cuantos consejos de cómo lidiar con tus tonterías.

—Oye —Kuroo rio —Está cambiándose de nuevo. ¿Por qué hay tantas reglas aquí para una boda?

—Japón está lleno de misterios.

—En fin —Suspiró —¿Y mi padre?

—Lo vi hace unos momentos —Se cruzó de brazos —Creo que está arreglando algunos pendientes.

—Ya.

—¿Y has hablado con él? —Bokuto arqueó una ceja —Me refiero a si te has disculpado por lo que le dijiste al heredero de la familia Akaashi.

—¡No me lo recuerdes! —Se revolvió el cabello y suspiró —Apenas y nos hemos dirigido unas cuantas palabras.

—Supongo que es normal —Le dio una palmada en la espalda —Pero no te preocupes. Su relación ser volverá más estrecha conforme se vayan conociendo.

—¿Tú crees? —Preguntó emocionado.

—Claro. A menos que la riegues más y termines causando una guerra entre familias —Se carcajeó.

La habitación se encontraba en pleno silencio. La puerta era custodiada por un guardia y dos jóvenes en traje se encontraban frente al jefe.

—Ahora acudes a mí y dices: "Don Corleone, dame justicia" —Comenzó a hablar mientras se encontraba recargado en el asiento de piel —Pero no lo dices con respeto. No ofreces tu amistad. Ni siquiera me has llamado padrino —Suspiró —Sólo te presentas en mi casa, el día de la boda de mi hija ¿Y me pides que mate por dinero?

—Disculpe Don —El joven de estatura alta y cabello castaño que estaba frente a él levantó una ceja —En primera, usted no tiene una hija. En segunda, no se llama Corleone —Suspiró —Y en tercera, fue usted el que nos mandó a llamar —Se señaló a él y a su acompañante de estatura alta y cabello claro.

—Lo sé, lo sé —Se levantó del asiento de piel —Sólo tenía ganas de recrear la escena de una película que vi hace poco.

—Ah —Suspiró el joven —Sin duda Kotaro es su hijo.

—Estoy preocupado por él.

—Lo sé.

—Yo, no sé si me perdone algún día. Y más con este compromiso.

—Lo hará. Porque como usted lo dijo: "Todo sea por la familia" —Su compañero asintió.

—Me preocupa su seguridad —Realizó un movimiento con la mano y el que se encontraba en la puerta, salió de la habitación —Esta boda —Frunció el entrecejo —Se derramará mucha sangre.

—Por eso nos ha llamado ¿Verdad?

La plática fue breve pero directa. Cuando salieron de la habitación, el de cabello castaño suspiró.

—Vaya lio ¿No te parece, Aone? —El de cabello blanco asintió —Bueno, y yo que pensaba que serían unas lindas vacaciones. En fin —Sonrió —Es hora de trabajar.

La boda había sido un éxito, al igual que la recepción. Todos se habían divertido y la celebración seguramente sería el tema de conversación principal en varias partes del mundo.

Ahora, Bokuto se encontraba más nervioso que nunca. ¿Por qué? Muy simple. Porque estaba caminando junto a su ahora esposo, rumbo a su habitación, de la que ahora era también su casa.

Demonios, demonios, demonios. ¿Qué se supone que debía decir o hacer?

—A… Akaashi —Habló con nerviosismo. Era la primera vez que estaban completamente solo desde aquella vez en la que se conocieron. Pero a diferencia de antes, ahora estaban casados.

—¿Sí? Bokuto-san.

Piensa en algo inteligente. Piensa en algo inteligente.

—¿Sabías que en Italia hablan italiano? —Oh, demonios.

—Bueno… eso tenía entendido.

—No… me refiero —Observó a su alrededor —¡Tu casa! Es muy bonita y vieja… ¡Quiero decir, antigua! ¡Antigua pero genial!

—Gracias.

—Tiene un estilo único. Parece una casa japonesa.

—Lo es.

—Oh, cierto.

Bokudiota, Bokudiota, Bokudiota.

—Hemos llegado.

Ante esas palabras el corazón de Bokuto se aceleró. Akaashi abrió la puerta corrediza, mostrando una habitación amplia, sin muchos muebles, pero acogedora.

—Si me necesita para algo, por favor no dude en llamar. Mi habitación está al lado —Habló Akaashi mientras Bokuto entraba a la habitación.

—Espera, ¿Qué? Pensé que dormiríamos juntos —Akaashi lo observó por unos momentos y después bajó la vista —Ah, pero si no…

—Está bien —Interrumpió —Si Bokuto-san desea que me quedé entonces lo haré.

—No, no, no, no —Se apresuró —Bueno, sí me gustaría que te quedaras, pero estaré bien con la decisión que tomes.

—¿La decisión que tome? —Bokuto asintió con esperanza y Akaashi se quedó pensando un momento —Entonces —Realizó una reverencia —Que descanse y buenas noches —Habló antes de dejarlo completamente solo en la habitación.