Disclaimer: Obviamente, no soy J. K. Rowling así que no gano nada de dinero escribiendo esto. Sólo la satisfacción de crear una historia en la que Hermione no está con Ron.

TRES

Volvía de la cocina cuando se encontró con sus dos amigos esperándola fuera de la sala común de Griffyndor. Ambos la miraban con expresiones molestas, confusas y curiosas a la vez.

-¡¿Se puede saber qué hacías hablando con Malfoy?- le preguntó Ron.

-Eso es cosa mía- le respondió a éste.

No pensaba contarle a nadie sobre la verdad y rogaba que Malfoy supiera guardar el secreto, que no se burlara de esa estúpida carta que encontró con sus amigos… si así era el chisme no tardaría en correr y sus amigos, inevitablemente se enterarían.

-Hermione… Ya sé que la situación mejoró un poco desde… lo de Voldemort, pero sólo estamos preocupados por vos- le dijo Harry.

Suspiró. Le contestaría, aunque fuera una mentira, sólo porque era Harry quien preguntaba y lo hacía amablemente.

-Aclarando unas cuestiones de pociones- le dijo mirando a sus dos amigos- Ahora, si me disculpan, tengo que ir a clases y, si mal no recuerdo, ustedes también.

El resto del día pasó con suma tranquilidad. Le asombró no escuchar que nadie decía nada sobre ella y la carta así que supuso que Malfoy no le dio importancia al hecho como para comentarlo con sus amigos, las demás serpientes.

Después de la cena se retiró a la sala común a hacer un poco de los deberes que le habían dado en las clases de ese día. El resto lo haría el día siguiente, cuando se levantase bien temprano por la mañana para ir a la biblioteca. Realizó el ensayo que había pedido el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras y el de Encantamientos. El de Transformaciones lo haría mañana.

Suspirando se recostó en el sillón y cerró los ojos recordando lo sucedido en la cena.

Flashback:

Hermione mantenía su mirada perdida en un punto de la sala con los pensamientos muy lejos de allí. Más precisamente en el ser misterioso que le había entregado aquellas dos cartas y el broche.

-¿Hermy, estás bien?- le preguntó Harry apoyando su mano sobre su hombro.

Ella volteó rápidamente y la sonrisa apareció inmediatamente al verlo y sentir el calor de la mano de Harry sobre ella. Cada vez que él la tocaba, aunque sea accidentalmente, su corazón latía rápidamente y tardaba un poco en encontrar un hilo en sus pensamientos. Pero, como siempre, hizo su mejor esfuerzo para que esto no lo notara nadie.

-Sí, estoy bien… Sólo preocupada. Se me perdieron unas cosas.

-¿En dónde? Podrías preguntar a los elfos si lo vieron.- le aconsejó Ginny que estaba frente a ella.

-Esa es una muy buena idea- se apresuró a decir Harry con tal de recibir una sonrisa de la pelirroja.

Y la dichosa sonrisa no tardó en aparecer. Hermione apretó los labios y bajó los ojos a la mesa. Cada vez que entre esos dos había una mirada, casi cómplice y llena de amor, Hermione se sentía morir, como si una daga entrara en su corazón sin piedad una y otra vez.

-Ya hice eso- dijo trayendo de vuelta a la realidad a sus dos amigos- Ninguno lo vio.

-¿Y dónde lo perdiste?- insistió Harry quitando la mano.

-En la biblioteca… En realidad, iba a tirar aquellas cosas pero luego… me las olvidé sobre una mesa. Ahora quiero recuperarlas.

-¿Qué cosa era?- inquirió Ginny.

-Eh… un broche para el cabello y la nota de un amigo- le contestó diciendo medias verdades.

-Tal vez alguien la vio y lo tomó-comentó Harry.

-Tal vez- estuvo de acuerdo ella aunque no se le ocurría quién podría ser ese alguien.

-Ginny, ¿Quieres salir a dar un paseo por los jardines?- preguntó de repente Harry.

Hermione palideció pero no se atrevió a mirar a ninguno de sus dos amigos.

-Claro, Harry.

En ese momento, a pesar de saber que Ginny no se lo merecía, la odió con todas sus fuerzas. Era obvio el porqué de esa repentina invitación al paseo nocturno.

-Nos vemos después, Hermy- se despidió Harry.

Ella se obligó a sonreír aunque esto pareció más una mueca que otra cosa.

-Sí, claro, nos vemos después.

Fin del flashback.

Eso había ocurrido hacía ya dos horas. No podía seguir engañándose a sí misma diciendo que estaba allí para estudiar. Lo que en verdad deseaba era estar allí hasta ver entrar a Ginny y así enterarse (aunque doliese) de lo que había sucedido entre esos dos.

Suspiró mientras se refregaba los ojos con las manos, no por el cansancio sino por el dolor de cabeza que empezaba a tener. En ese momento el sonidito de algo golpeando la ventaba la distrajo. Giró su rostro hacia el lugar de donde provenía el golpeteo y se encontró con la misma lechuza blanca que le había entregado las dos cartas anteriores sin firma.

¿Ahora qué?, se preguntó. ¿Acaso ese misterioso "admirador" no había tenido suficiente con hacerla sentir mal por deshacerse del broche y aquella cursi pero bonita carta.

Se levantó del sillón y abrió la ventana para dejar entrar a la lechuza. Ésta ingresó dando algunas cuantas vueltas alrededor de la sala para terminar posándose en el respaldo del sillón donde momentos antes Hermione había estado sentada. Hermione se le acercó pero se detuvo de repente al darse cuenta que en su pata, aparte de un pergamino enrollado se encontraba aquel cofrecito que ella había tenido en sus manos el día anterior. Rápidamente desató aquello. Abrió primero el pergamino y comprobó que había dos, uno encima del otro. El primero era el mismo que ella había enrolladlo el día anterior dispuesta a tirarlo y el otro era una nueva carta.

La lechuza volvió a remontar vuelo en ese momento y salió por la ventana que había quedado abierta. Hermione la cerró y se sentó en el sillón de antes dispuesta a leer esa nueva nota.

Un secreto puede guardarse en un cofre bajo llave, candados y hechizos pero el amor que siento por ti es demasiado grande como para mantenerlo oculto.

Frunció el ceño después de leer esto. Si es que en realidad alguien la amaba como decía la nota, aquellas palabras eran puras mentiras. Si en verdad la amaba y no podía contener ese sentimiento se lo diría de frente en vez de tener que andar con esas cartitas como si fuera algún tipo de juego de niños.

Dejando de lado la carta y tomó el cofrecito entre sus manos y lo abrió. Allí estaba el broche que tanto había buscado junto a otro trozo pequeño de pergamino. Lo tomó y leyó.

Sólo porque te amo demasiado te perdono por haber tirado mi obsequio a la basura.

Sonrió sin proponérselo. ¿La perdonaba porque la amaba demasiado?

Volvió a mirar aquella corta nota y se asombró al descubrir que la frase que antes había leído ya no se encontraba sola. Poco a poco más palabras iban apareciendo debajo de las anteriores.

Ve a tu cuarto. Hay una sorpresa esperándote.

Juntó sus pertenencias con prisa. Se apresuró a subir las escaleras que iban al cuarto de las chicas y allí abrió la puerta con cuidado. Sus otras dos compañeras dormían profundamente así que intentó hacer el menor ruido posible con sus pasos para no despertarlas. Las cortinas de su cama estaban cerradas, tal como las había dejad antes de salir esa mañana para ir a desayunar. Se acercó algo temerosa de encontrar algo desagradable y enterarse de que todo aquello era una broma de mal gusto. Tomó las cortinas entre sus manos diciéndose que no se comportara como una cobarde, tomó aire y las abrió.

Sus ojos se abrieron inmensamente y un pequeño grito de sorpresa salió de su boca. Giró su rostro hacia sus dos compañeras que todavía dormían y suspiró aliviada. No las había despertado. Volvió su vista de nuevo hacia su cama donde había un precioso ramo de rosas de color rojo intenso, algunas abiertas por completo y otras en pimpollos cuyos pétalos se asemejaban a terciopelo negro. De ellas se desprendía un aroma fresco y floral que llegaba a su nariz. Sobre su almohada había otro pergamino enrollado pero este con una delicada cinta azul a su alrededor. Tomó el pergamino, desprendió la cinta y desenrollando el papel leyó:

De las pocas veces que tuve el placer de estar a tu lado, tu aroma me cautivó y enloqueció. Aroma que me recuerda al de estas rosas. Disfrútalas. Te aseguro que esta noche no habrá sueño de mi mente en el que no aparezcas.

Hermione no salía de su asombro. Una parte de ella se sentía gratamente alagada por este detalle pero la otra estaba preocupada y asustada. ¿Quién era el que le enviaba aquellas cosas? ¿Era una broma o en realidad sentía aquella persona algo por ella? Si en realidad la amaba como aseguraba en sus cartas ¿Por qué no se lo decía de frente? ¿Cómo había hecho para entrar allí? ¿Alguna de las chichas se lo había permitido? No lo creía. Las dos que dormían allí eran demasiado chismosas como para mantener en secreto una cosa así.

La puerta de la habitación se abrió y Hermione se apresuró a cerrar las cortinas.

-¿Hermione?- preguntó Ginny- ¿Qué haces despierta a esta hora?

Hermione la miró. La pelirroja llevaba el cabello algo revuelto, su uniforme mal prendido y los zapatos en la mano. Todo indicaba que se había vestido apresuradamente (lo cual quería decir que había estado desvestida) y por la expresión de su rostro que no había esperado encontrarse con alguien. A Hermione no le hizo falta preguntar (ni quería hacerlo) qué había estado haciendo con Harry.

-Ya me voy a dormir- musitó tristemente- ¿Cómo… cómo te fue con Harry?

El rostro de Ginny adoptó el mismo tono que su cabello.

-Yo… nosotros… muy bien. Buenas noches.

-Buenas noches.

Apartó un poco las cortinas para poder ingresar a la cama y se subió a esta apartando el ramo de rosas.

¿Por qué no podía amar a alguien como ese chico misterioso que le mandaba obsequios anónimos?

Suspiró. Tenía que encontrar el modo de desenamorarse de Harry. Él amaba a Ginny y jamás se fijaría en alguien más.

Tomó una rosa del ramo mientras se recostaba por la almohada. Aquellos pétalos eran igual de suaves que la ceda. Aspiró el aroma de la flor. Iba a desenamorarse de Harry y a descubrir quien le mandó aquellas cosas aunque se le fuera la vida en ello.