FELIX FELICIS
Capítulo Cuatro.
Ginny Weasley estaba estudiando en la sala común de Gryffindor y reparó en que Harry iba muy abrigado cuando las luces de la cabaña de Hagrid a lo lejos se encendían cuando ya el sol había caído. Harry miró a Ginny y fue donde ella con ganas de preguntarle sobre Hermione.
- Hola Ginny. – dijo Harry nervioso y sosteniendo su mochila con una sola mano.
- Harry. ¿Sales tan tarde? – dijo la pelirroja.
- Tengo un asunto que tratar con Dumbledore. Tú sabes. – dijo Harry apenas moviendo los labios.
- Ya veo. Suerte. – dijo Ginny con los peores pensamientos.
Harry se iba a la puerta de la Dama Gorda cuando volteó la cabeza donde Ginny.
- ¿Qué sabes de Hermione? – preguntó Harry desde lejos.
Por fortuna Ginny alcanzó a escucharlo por el alboroto que hacían los alumnos de primer año en la misma mesa de Ginny.
- Hermione se fue a Londres. Tuvo el valor de irse para arreglar unas cosas.
Con esa información Harry pensaba en todo el camino hasta el despacho de Dumbledore. Nadie se le atravesó gracias a que viró por cada pasillo vacío. Todo gracias al mapa del Merodeador. Dumbledore estaba sentado en su escritorio liberando sus pensamientos en el pensadero. Harry hizo una leve reverencia para que el director se fijara de su llegada.
- Llegas a tiempo Harry. Antes de irnos de Hogwarts tenemos que hablar sobre la misión. – dijo Dumbledore ligeramente confuso.
- Disculpe profesor. ¿Qué le preocupa? – dijo Harry sentándose frente a Dumbledore.
- No evitar ponerte en peligro cada año que pasa y ahora siento que estoy excediéndome. Entiendes lo que te digo. Llevarte a estas misiones es porque tú tarde o temprano vas a encontrarte con él independiente de lo que diga una profecía o tus propios instintos. Prefiero que tu corazón te lleve. ¿Quieres ir?
Harry sopesaba las graves palabras de Dumbledore y aferró firmemente la varita mágica.
- Por supuesto. Sé que en cualquier momento aparecerá Voldemort pero por lo menos nos defenderemos.
- Que bueno. Iremos a Londres y pasaremos toda la noche recorriendo la ciudad hallando las claves del verdadero paradero de Voldemort. Él y sus horcruxes deben caer. Supongo que conoces Londres.
- De Privet Drive a King´s Cross solamente.
Dumbledore corrió su pensadero donde Harry que asentía con el rostro.
- Hazlo.
Harry se llevó su varita mágica a la cabeza y unos segundos después una hebra fina salió de su cabeza. Miraba a Dumbledore sin saber que hacer. El director apuntó al pensadero lleno de agua. Las hebras cayeron y las aguas se agitaron como si hubiera una pequeña tormenta en el caldero de madera. Dumbledore apartó su vista del pensadero y miraba a Fawkes que volvía de las cenizas una vez más. Harry se inclinó al pensadero sin que Dumbledore se lo impidiera.
- Creo que necesitas ver donde realmente están los problemas que te aquejan. Andas con la mente convulsionada y sólo unas palabras me has dado. Siempre es bueno volver sobre los pasos de uno. Entra y verás tus propios pensamientos o hechos que has vivido. Incluso cuando no eras consciente de nada. Retrocede hasta el día cero titulado "El niño que vivió". – dijo Dumbledore ayudando a sacar cenizas de las alas del bebé Fawkes.
Muchas hebras metálicas entraron en el caldero hasta que Harry dijo basta de lo cansado que se encontraba. Sin quererlo entró en una especie de trance y se vio sumergido en las aguas del caldero como si fuera un océano gigante. Nadaba con desesperación y avistó una isla. Llegó a la playa movido por las olas y una torre se alzaba como un farol sin luz. Hagrid aparecía del otro lado atravesando de lado a lado a Harry que parecía un fantasma.
Hagrid derrumbó la puerta y Harry lo siguió consciente de que nadie lo vería a excepción de otra persona que entrara a ver sus pensamientos.
Estaban los tíos de Harry durmiendo y en el sofá estaba su regordete hijo. Un Harry niño dormía en el suelo y se despertó con la presencia de Hagrid que le dijo con un dedo en la boca silencio. Los Dursley se despertaron y discutieron con Hagrid porque quería llevarse a Harry a Hogwarts.
- Esto no es que lo Dumbledore quiere que vea. Ya no importa como llegué a Hogwarts.
Harry salió a la playa y con un extraño impulso se metió en las aguas. Otra vez lo revolvían de arriba abajo pero ya no había isla o faro sino que nadaba en un arroyo que se convirtió en un canal que regaba las plantas de un jardín cuando el sol estaba por morir detrás de las montañas del sur. Una casa de piedras blancas se levantaba al lado del jardín. Lily Potter estaba afuera junto a un gato que llevaba un anillo en el cuello.
- ¿Qué ves? – preguntó Lily al gato que ronroneaba.
James Potter entraba por una cerca de madera al jardín y saludó afectuosamente a Lily. Harry estaba en medio del canal totalmente mojado pero miraba con hipnotismo a sus padres que arreglaban los jardines juntos y el gato se metió al agua.
- A los gatos no les gusta el agua. – dijo Harry cuando el animal atravesaba su cuerpo etéreo.
El anillo sonaba con los movimientos del gato. El cielo se nubló listo para una tormenta.
Los padres de Harry entraron a la cocina de la casa seguidos por su gato y su hijo fantasma. Lily Potter se sentó en la mesa con ganas de hablar.
- Hablé con Petunia y sabes muy bien como me respondió. – dijo Lily.
- Son injustos contigo.- dijo James comiendo una hogaza de pan.
- Sabes que unos brujos vinieron a venderme pociones. Con capas negras y una voz de callejón Knockturn.
- Siempre ha habido pociones raras. Era igual cuando estudiábamos en Hogwarts. – dijo James sacando una botellita vieja de su bolsillo.
Harry leyó la etiqueta mohosa y decía: FELIX FELICIS.
- De todos modos es una gran coincidencia que hayan venido justo a nuestra casa en Godric Valley. – dijo James guardando la botellita en el mismo bolsillo.
- No crees que necesites llenar esa botella otra vez. – dijo Lily ensombrecida.
- ¿Para qué necesitas tener suerte o encantar a alguien? – dijo James.
- No sé. Sólo presiento algo pero haríamos una Felix para Harry y que tenga suerte en su vida. Claro que como es un bebé no sabrá usarla pero en el futuro en caso de algún problema o tenga una necesidad de amor. – dijo Lily.
James sacó unas cosas de la alacena de la cocina y su botellita la puso en la mesa en donde estuvo sentado Lily que fue al jardín a buscar flores. Al entrar el gato jugaba con las flores que cayeron al piso. James pronto las estuvo frente a sí y empezó a contarlas.
- Treinta flores. Deseas que Harry tenga suerte en el amor. – dijo James.
- No hay arma más fuerte que esa. – dijo Lily muy pensativa.
Las flores fueron puestas en un caldero verde que pusieron en una cocinilla. Harry observaba todo el proceso siempre con la duda de que en que momento las aguas turbulentas del pensadero lo llevaron. El gato lo miraba fijamente.
- ¿Por qué puedes mirarme? – dijo Harry muy intrigado.
Lily sacó un frasco de otra habitación de la casa y tenía sal verde y roja en dos niveles. James revolvía el agua varias veces en el sentido del reloj y al revés unas sesenta cuando la oscuridad azotaba el bosque vecino a la casa en el Godric Valley. La Felix Felicis estaba en preparación.
Harry observó que detrás de los árboles más altos del bosque vecino estallaba una fuerte luz verde pálida como una lumbre. El anillo del gato reflejaba la luz y las aguas del caldero que revolvía James se agitaron de forma desconocida.
- Cierra todas las puertas. – dijo James a Lily.
El gato empezó a maullar cuando Harry empezó a recorrer toda la casa seguido por el gato que lo podía ver perfectamente. Llegó a la primera habitación y era de sus padres por la cama matrimonial y fotos diversas. El cuarto siguiente estaba una cuna y un bebé dormía allí. Era el bebé Harry pues su nombre estaba puesto en el techo. La luz verde del bosque se comenzó a reflejarse en las ventanas de la habitación de Harry bebé. El otro Harry corrió abajo en busca de sus padres que echaban un líquido en la botellita de James.
- Espera. – dijo Lily antes de que James pusiera la tapa. Ella se sacó un pelo que dejó en la poción.
El gato estaba como loco y no sólo por Harry que andaba de infiltrado. La luz verde empezó a entrar por la casa y los Potter corrieron arriba así como el resto. Las puertas se abrieron y Voldemort estaba ahí sosteniendo su varita mágica que emitía un brillo verde de gran alcance. Harry estaba frente a Voldemort que no podía verlo y sentía como hablaban sus padres en la habitación del bebé. El gato subía maullando. Voldemort persiguió al gato. Dado su pequeño tamaño lograba esconderse en huecos de la pared pero cayó embrujado por el poder de lord Voldemort que lo hechizo con una maldición Imperio. Los padres de Harry estaban en la pieza armados con las varitas mágicas y Lily vigilaba al bebé que se reía en su cuna. Harry estaba detrás de Voldemort que enfrentaba con la mirada a Lily y James.
- Quiero en bebé. – dijo lord Voldemort.
- Pelear primero. – dijo James.
- Como digas…Avada Kedavra.-
James Potter cayó muerto al suelo mientras Lily sujetaba fuertemente a Harry que era mojado por la poción que hace poco había preparado ella con su esposo. Harry bebé miraba curioso al extraño que acabó con su madre. Harry ya crecido observaba todo con el gato embrujado en la puerta de la habitación. Pero antes de intentar resolver todo Voldemort miró al gato y con su varita se hechizó el mismo y al gato que daba vueltas por el aire y un flujo de energía entraba al gato y al anillo. Voldemort tocaba al gato desmayado y lo dejó ir cuando despertó.
- Te llevas mi alma. Sabré como encontrarte en el momento adecuado.- dijo lord Voldemort.
Ahora Voldemort hechizaba el anillo dorado y se puso en el dedo. Luego fue donde Harry bebé y le lanzó la mortal maldición que en forma de una luz blanca rebotó contra Voldemort que era despojado de todo cuerpo y las sombras se apoderaban de él. El anillo se destruyó. Voldemort era un espectro y salió volando.
Harry observaba a sus padres muertos y creía que era demasiado cruel volver a revivir esto pero ahora vio como fue todo. Se acercó a la cuna en donde estaba él mismo como un bebé y la botellita de Felix Felicis descansaba vacía al lado del bebé.
- Salvado por Felix Felicis. – dijo Harry saliendo de la pieza. Sabía que encontrarían los cuerpos de sus padres y al bebé. Horas más tarde Dumbledore y la profesora McGonagall iban a dejarlo con sus tíos en Privet Drive, casa de los Dursley.
Antes de irse al arroyo en donde las aguas del pensadero esperaban reparó en que la casa del gato estaba en la salida y estaba su nombre: CROOKSHANKS. El gato estaba allí muy asustado y ahora tenía puesto un collar que también tenía su nombre. Finalmente el animal se perdió en el bosque luego de mirar a Harry.
En las aguas del arroyo Harry regresó el despacho de Dumbledore. El director levantó a Harry del suelo pues estaba con perdida del equilibrio.
- ¿Estás bien? – preguntó Dumbledore.
- Vi todo como me lo pidió. Mis padres murieron y me quedé sólo en esa cuna. Después iban a descubrir todo…Voldemort estaba allí con todo su cuerpo y hechizó al gato de la casa. Ese es su horcrux señor director…es el gato de Hermione.
