En Konoha, todo seguía igual desde la partida de Sakura. La Quinta se sentía mal por haberla mandado sola a Suna y por mentir a todos sus compañeros sobre su paradero, pero no tenía otra opción.
Tal y como habían acordado, le llegaba una carta de Sakura cada semana que contenía el progreso de su misión. Empezaba a impacientarse. Después de tanto tiempo su pupila aún no había descubierto nada sobre la enigmática Flor de Azahar. Tsunade creyó que lo mejor sería cancelar la investigación, o intentar convencer al Kazekage de que continuaran investigando en Konoha. Si en el próximo mes no había ningún avance, lo intentaría.
Kakashi se encontraba en el despacho de la Hokage, entregando el informe de su última misión cuando un anbu irrumpió en la sala.
– Hokage-sama.
– ¿Qué ocurre, Zō? – Preguntó Tsunade.
– Hemos recibido la noticia de que Akatsuki atacó Sunakagure – Contestó el anbu, que aún no se había levantado de su reverencia.
– ¿Qué tipo de ataque? ¿Cuándo ha sido?
– Anoche. Un ataque directo; empezó con bombas lanzadas desde el aire alrededor de las diez de la noche.
– ¿Hubo heridos?
– Muy pocos murieron, Hokage-sama. Pero hay muchos heridos graves.
– ¿Qué buscaban?
Tsunade le miró, preguntándole en secreto por la situación de su alumna. El anbu se levantó, y dirigió su mirada a Kakashi, que no había intervenido en la conversación pero que aún estaba ahí.
– No te preocupes por él Zō, tengo la impresión de que debe estar presente – Añadió Tsunade.
– Las primeras bombas fueron dirigidas al Museo; el resto de la batalla fue a su alrededor. No cabe duda de que buscaban la Flor de Amaterasu, y parece ser que encontraron el Sótano de Investigación.
Los ojos de la Hokage parecían salir de sus órbitas. No tardó en preguntar, con un tono impaciente y preocupado.
– ¿Qué pasó en el Sótano? Zō, por favor, cuéntalo todo de una vez… Parece que tengo que sacarte las palabras – Suspiró.
– Lo siento, Hokage-sama, es un tema complicado. Cuando todo se tranquilizó y los ninjas de Suna fueron a ver la situación del Sótano, solo encontraron a Matsuri con vida, la alumna de…
– ¿QUÉ? – Tsunade explotó en cólera golpeando la mesa con las palmas de sus manos.
– Tranquilícese, Hokage-sama, Sakura Haruno no se encontraba allí. Por el momento se encuentra en paradero desconocido.
– Tsk…
Se tranquilizó, pero no del todo. No la encontraron muerta, es una gran noticia; pero no sabían dónde estaba. En el peor de los casos podría… No. No iba a pensar en eso.
– ¿Sakura Haruno? Godaime, ¿Qué está pasando aquí? – Kakashi no pudo evitar meterse en la conversación.
– Sakura no se fue de misión a la Aldea de la Niebla, se fue con una misión secreta a Suna que consistía en ayudar en la investigación de una de las flores de Amaterasu que había sido encontrada – Empezó a contar Tsunade; se sentía bien, por fin podía sincerarse con Kakashi – Llevaba siete meses encerrada en el Sótano de Investigación del Museo de Suna, hasta anoche…
– Hay algo más, Hokage-sama. – Con la mirada, Tsunade le permitió continuar – Hay informes de varias personas que afirman que Haruno salió de la aldea por la fuerza, atacando a ninjas de Suna e incluso robando pertenencias del museo.
– ¡Eso es mentira! Sakura no es ese tipo de personas. ¿Escapar? Tal vez. Pero no haría daño a ninjas con los que tenemos una alianza firmada y mucho menos les robaría objetos de un museo.
– Kakashi, tranquilízate. Tiene que haber algo detrás para que Sakura actuara así… Si es que es verdad que eso es lo que ha hecho.
– Pero Hokage-sama, si Suna piensa eso Sakura está…
– ¿Crees que no lo sé? La habrán puesto en el punto de mira; y querrán que nosotros nos hagamos cargo. ¡Zō! ¿Encontraron la Flor?
– Negativo. Afirman que Haruno se la llevó.
– ¡Retiráos! ¡Los dos! ¡AHORA! – Ordenó Tsunade – Kakashi… ni una palabra a nadie sobre esto, ni si quiera a Naruto. Te informaré cuando sepa algo más.
El ninja copia asintió con la cabeza y se fue, dejando sola a la Hokage para que pensara en su próximo movimiento. Ahora Kakashi sabía sobre la misión de Sakura, pero no tenía por qué saber todas las pautas que le habían sido impuestas. 'No te separes nunca de la flor, pase lo que pase'. La pelirrosa había cumplido, pero se había metido en un problema. Para mantener la paz entre la aldea de la Arena y la aldea de la Hoja solo había una opción: marcarla como desertora. Mandaría equipos de cuatro a buscarla; a ojos de los demás sería buscarla viva o muerta, pero la verdadera misión sería dialogar y traerla de vuelta sana y salva.
Después de eso, la arena no permitiría que Sakura continuara investigando la Flor; pero eso era algo que no importaba. Tsunade esperaba que, dentro de poco, recibiera alguna carta de su alumna informando sobre lo que había ocurrido y diciendo dónde estaba.
Sakura se despertó, ya era de noche. Si sus cálculos no le fallaban había dormido más de doce horas. Se desperezó, había dormido bien. La brisa entraba por la ventana entreabierta. Hacía mucho tiempo que no tenía esa sensación, sonrió y aún en pijama (que consistía en la camiseta que había usado el día anterior) fue hacia la ventana.
Pese a ser de noche aún no era muy tarde; aún había niños con sus padres paseando a sus mascotas en el pequeño bosque de detrás de la posada.
– ¡Qué bien! El restaurante aún debe estar abierto. – Le sonaron las tripas.
Del armario de la habitación sacó un Yukata tipo albornoz, cortesía de la posada para hacer más cómoda la estancia y el ir y venir de los baños termales. Bajó sonriendo al restaurante, hambrienta y dando gracias por haber encontrado una posada tan barata y tan completa. Llegó a la puerta del comedor, y sintió que unos ojos negros la inspeccionaban. Observó bien el lugar, pero no le vio.
– Meh, ya no debe estar aquí, no sé de qué me preocupo.
Intentó convencerse pero aun así estaba nerviosa por el encuentro de aquella mañana. Miró la barra de autoservicio, y se puso una sopa de miso junto con un buen cuenco de arroz; si luego seguía con hambre, se serviría otra cosa.
Comió tranquilamente, e incluso mantuvo conversación con un grupo de chicas que estaban sentadas cerca de ella. Como una turista más.
Cuando acabó se dirigió a los baños termales. Solo encontró una puerta, y le preguntó a una anciana que pasaba por el pasillo.
– Disculpe, ¿estos son los baños termales para los hombres o para las mujeres? No indica nada y no quiero entrar y sorprender a alguien – Sonrió.
– Son mixtos, querida. Esta es la única entrada – Le respondió la señora.
– Oh, vaya… - Sakura se entristeció y se dio la vuelta para volver a su dormitorio – Gracias.
– ¿Pasa algo? – Le preguntó de forma amistosa la anciana.
– No nada, es solo que no he traído traje de baño. Pensé que serían separados y bueno, ¡no pasa nada! Por la mañana iré a comprarme uno. – Dijo de forma enérgica.
– Las jóvenes de hoy en día os vais de vacaciones y no tenéis ni idea de dónde vais – Dijo la señora, como si estuviera riñendo a su propia nieta – Acompáñame, querida.
Sakura la miró intentando saber el motivo, pero para no decepcionar a la señora, la siguió. Fueron hasta un pequeño almacén detrás de las cocinas de la posada, y Sakura se fijó en que la anciana tenía una pequeña plaquita en el pecho que indicaba su nombre, Kaede; por lo que debía trabajar en el establecimiento.
– Mira en esas cajas de ahí, igual hay alguno que te sirva.
Sakura se acercó a las cajas que señaló Kaede; tenían un montón de trajes de baño tanto para chicas como para chicos. Vio varios de su talla, pero se decidió por un bonito bikini simple de color rojo.
– Este creo que me estará bien. ¿Cuánto es?
– Es gratis, querida. Son de la temporada pasada, iban a venir a buscarlos esta semana para llevarlos al vertedero. Están sin estrenar… Un desperdicio – Suspiró. – Espero que no te importe, los jóvenes de hoy en día sois muy tiquismiquis con la moda…
– ¡Es perfecto! Muchas gracias señora Kaede.
– Mi nieta trabaja en la tienda de la posada, tiene muchas cosas bonitas y otras no tanto, por si decides ir a comprar algo más… actual. No es muy caro, los jóvenes de hoy en día queréis cosas bonitas y baratas por lo que intentamos ser lo más asequibles posible…
Era una señora amable, pero si Sakura escuchaba otra vez 'los jóvenes de hoy en día…' entraría en cólera. Con una sonrisa algo forzada, volvió a dar las gracias y fue de nuevo hacia los baños termales. Al entrar, estaban las puertas de los vestuarios, donde se puso su bikini nuevo para luego ir a disfrutar de las aguas. Había seis pequeñas piscinas y en el centro, una piscina algo mayor que disponía de una cascada. En la zona de la izquierda había una pareja, así que Sakura se fue hacia la derecha a la piscina más alejada para darles a aquellos individuos algo de privacidad que parecían estar pidiendo a gritos. Se sentó, dándole la espalda a la pareja, cerró los ojos y se relajó. Estaba tranquila, no era consciente de que Tsunade la acababa de declarar desertora, y tampoco sabía las consecuencias que se le venían encima.
Se estiró y bostezó; si no hubiera dormido tanto tiempo se hubiera quedado dormida en las aguas.
– Creo que tenemos una conversación pendiente.
Sakura se sobresaltó. Ahí mismo, espalda contra espalda, en la piscina de al lado estaba él. Separados por tan solo una fina capa de piedra. Indefensa, con su portakunais en la habitación. La misma voz que aquella mañana. Pese a querer girarse, no lo hizo. Cerró los ojos e intentó mantener la calma.
– No creo que tú y yo tengamos nada de qué hablar – Contestó, tajante.
– Oh…
Pese a que parecía haber terminado con eso la conversación, la indiferencia de los Uchiha era algo que la traía de cabeza. Se contuvo las ganas de empezar una discusión apretando los dientes. No podía dejar que los nervios la traicionaran.
– No llevas bandana.
– Creo que eso ya lo has dicho esta mañana.
– ¿Segura?
– Sí.
– Umm…
¿Le estaba tomando el pelo? Pensó en salir corriendo, pero la haría parecer vulnerable. También pensó en salir andando, dignamente; pero le daba vergüenza salir lentamente del agua bajo la atenta mirada de un hombre. Aguantaría hasta que él se fuera. Sí. Eso haría.
– ¿Por qué no llevas bandana? – El Uchiha siguió hablando. Mostraba indiferencia, pero si preguntaba era que estaba interesado… ¿no?
– No tengo.
– ¿Nunca la has tenido o la has perdido?
– He dicho que no tengo.
– ¿Segura?
– Sí.
– Umm…
Ya. Si seguían hablando la pillaría. Sakura notó un nudo en su garganta y supo que si tenía que contestarle más preguntas empezaría a temblarle la voz.
Algo cayó en el agua y Sakura lo recogió con cuidado. Era su bandana, con el símbolo de konoha y una cinta roja. Chasqueó la lengua.
– Entonces, eso no es tuyo. ¿Verdad? – Sakura no contestó – Ya veo…
¿Qué se supone que tenía que hacer ahora? El miedo empezó a apoderarse de ella y se llevó una mano a la cabeza mientras abría los ojos con impotencia. No tenía sentido seguir negando la verdad.
– Si fuera mía, ¿qué pasaría? – Preguntó casi en un susurro.
– Si fuera tuya significa que estabas en el Museo de Sunakagure y seguro que tendrías información valiosa para Akatsuki.
– Y si no fuera…
– Y si no fuera tuya, te mataría ahora mismo ya que sabes que Akatsuki busca algo que estaba en ese museo.
Akatsuki. Solo un miembro de esa organización podría decir esas palabras como quien dice 'buenos días'.
– Pero hoy no vas a morir, ¿verdad, Sakura?
Sintió dos ojos rojos en su nuca, y esta vez sí se giró, por instinto. Lo único que vio fue parte de su espalda y el pelo negro cayendo sobre ella. Se aferró a su bandana; tenía miedo.
– ¿De quién fue la genial idea de poner los nombres de los analistas en las puertas de sus habitaciones? – Sakura no lo supo, pero parecía que el Uchiha sonreía.
Itachi se giró lentamente, dejando ver a Sakura su perfil y continuó hablando.
– Solo tienes que colaborar.
– No es muy… ético colaborar con Akatsuki.
– Puedo obligarte a colaborar.
– Tsk… - Sakura sabía que si tenía que luchar para defenderse de él, perdería. Aun así, no podía regalarle la información. Sería como traicionar a su aldea.
– Muchos desertores colaboran con asociaciones criminales.
– ¿Qué…?
– No serías la primera, seguirías en libro bingo de todas formas. La diferencia de hacerlo o no hacerlo es aparecer con una gran equis en tu foto, o no.
– Estás mintiendo… ¡es mentira!
– ¿No lo sabías? Atacaste a jounins de Suna, robaste objetos valiosos de un museo, y escapaste en medio de una batalla. ¿Qué esperabas?
– Tsunade-sama no me pondría en el libro bingo… ¡Aclararía las cosas para que pudiera volver!
Sakura ya estaba alzando la voz más de lo que debería. La pareja del fondo decidió irse al ver que la situación se ponía tensa y escuchar 'Akatsuki'. No querían verse envueltos en algo de ese calibre. Ahora estaban solos.
– Es mentira… - Susurró.
– Es el precio que pagan algunos para mantener la paz – Itachi parecía irritado con el rumbo de la conversación – Continuaremos hablando mañana.
Desapareció, dejando a una Sakura confundida en los baños termales. No le creía, pero las piezas encajaban. ¿Se pondría en contacto con Tsunade para ver si era cierto? No… Si era verdad lo que Itachi Uchiha había dicho, estaría muerta si alguien intercepta la carta. O incluso la misma Hokage mandaría alguien a matarla. No. No podía arriesgarse. Seguiría sin dar indicios de su paradero, usaría un nombre falso, y protegería la Flor.
¿Debería colaborar con Akatsuki? No se lo perdonaría nunca, pero si Akatsuki la consideraba útil la protegería de caza recompensas y jounins de otras aldeas. Todos saben que Sakura es más útil curando heridas que causándolas; tiene mucha fuerza bruta pero no podría hacer nada contra más de dos personas de nivel medio-alto. Nadie puede culparla por buscar la manera de sobrevivir. Intentaría hacer un trato.
Volvió a su habitación, lentamente, casi a trompicones. Le dolía la cabeza, demasiada mala información en poco tiempo. ¿Qué pensaría Naruto de ella? ¿Y Kakashi, Ino, y los demás? A vista de todos ella había huido de la Aldea de la Niebla para atacar y robar en Suna a la vez que Akatsuki. Algunos creerán que fue coincidencia, otros que fue por oportunismo, y otros que estaba con Akatsuki. Ninguna opción es buena al fin y al cabo.
Se tumbó en la cama y apretó su cara en la almohada. Gritó de forma ahogada y empezó a llorar. Su vida había dado un giro de ciento ochenta grados y ella no lo estaba buscando. Entre sollozos, se quedó dormida.
Desde la copa de un árbol, unos ojos rojos la escrutaban tras la ventana. Tenían un deje de tristeza, y de comprensión.
