¡Buenas noches!
Sólo una pequeña nota antes de comenzar: en cursiva está el flashback.
¡Muchas gracias por leer, espero que os guste este nuevo capítulo!
Waltz n2
Personaje: Valentine de Arpía
Canción: Waltz n2, de Dmitri Shostakovich.
Seguridad, templanza y sangre fría.
No sentir remordimientos ni dudar cuando tienes al enemigo delante.
Sólo eso te dará la victoria.
Palabras que le había dedicado su señor, el juez Radamanthys.
Era todo un honor y un placer estar directamente bajo las órdenes del Wyvern, en el puesto del general de las tropas. La mano derecha y lugarteniente.
La orden era permanecer en el castillo Heinstein. Y allí aguardaban expectantes a la incursión de los caballeros de Atenea.
Mientras pasaban las horas, Valentine perseguía con sus dorados ojos al juez. Fuera donde fuera, hiciera lo que hiciera.
Su lealtad y quizás también algo más profundo lo hacían actuar de aquella manera.
Servirle. Agradarle. Mostrarle sus respetos. Ser su guardaespaldas hasta las últimas consecuencias.
Por esa ferviente fidelidad detuvo el puño de aquel mocoso, protegiendo así a su líder.
Y sabiendo que Radamanthys estaba viéndole, atacó con fuerza al caballero de Pegaso. Lucirse ante el juez para conseguir sus favores.
No iba a dejar escapar esa oportunidad. Como aquella vez, cuando consiguió ascender a General.
Los recuerdos se agolparon súbitamente.
Tiempo atrás se hallaba con una rodilla en tierra, frente al trono del templo de la Caína.
Las antorchas prendidas con fuegos fatuos movieron las sombras de las paredes.
El silencio era más pesado gracias al crepitar de aquellos fuegos.
—Demuéstrame que mereces ser mi lugarteniente.
La voz grave de Radamatnhys, sentado en aquel trono, penetró en el corazón de Valentine.
Los ojos ambarinos del juez buscaban una prueba fehaciente, un motivo que realmente le probara que aquel joven de cabellos rosáceos sería su general perfecto, aquel que llevaba buscando durante años.
—Por supuesto, mi señor.
Valentine pidió a un esqueleto que le trajera aquello que había depositado a la entrada.
Una pesada bolsa de tela.
Lo abrió y sacó su contenido, mostrándolo ante el juez.
Radamanthys perfiló media sonrisa. Realmente estaba satisfecho por el trabajo de aquel chipriota.
—Valentine de Arpía, a partir de este momento serás el segundo al mando de la División del Wyvern. Comandarás las tropas en mi ausencia y serás mi guardaespaldas.
Hubiera deseado abalanzarse sobre aquel imponente hombre que impartía justicia en aquellos parajes desolados. Un deseo lujurioso de besar aquellos labios que habían pronunciado las palabras que tantas veces había deseado escuchar.
—Gracias por la confianza depositada en mi persona, mi señor. Juro que le serviré con eficacia y obedeceré todas sus órdenes.
Justo cuando iba a incorporarse para estrechar la mano de su líder, Radamanthys levantó la palma de la mano, soltando una cruel carcajada.
—Regresa y póstrate ante mi una vez que te hayas limpiado las manos.
El espectro asintió suavemente. Volvió a introducir lo que sujetaba entre las manos y obedeciendo la orden, abandonó la estancia.
Derrotar a su adversario y mostrarle la cabeza decapitada a su superior fue la mejor idea que había tenido nunca. A pesar de que debía alejarse para lavar la sangre que ensuciaba sus manos.
