Y ahora, dejadme deleitaros con un poquito de Spamano.

POV Lovino

-Antonio… Gracias por consolarme, de verdad.

-¡Ay, mi Lovi! No tienes que agradecerme nada, esto que hago es tan solo uno de los deberes del amante.

Me gusta Antonio. Lo quiero. Se puede llegar a decir que lo amo.

Acerco mi cabeza a la suya, y le doy un beso en la boca, al que él corresponde dulcemente.

-Yo… Te amo, Toni.

-¡Y yo a ti, mi tomatito! No sabes lo feliz que me hace que me lo digas así por las buenas, mientras no estamos teniendo se-

-¡¿Te callas?!

Hoy iremos al horario de visita, después de lo que hubiera sido una noche larga de espera si no fuera porque la he pasado al lado de mi español. Como cada noche, vaya.

Pero siempre tenemos ese toque especial, que hace que cada noche "el jueguecito" sea igual de excitante y encantador. Dudo que algún día me aburra.

Acaricia levemente mi ricito, y me empiezo a excitar. Ese maldito mechón es un punto orgásmico para mí, y él lo sabe muy bien.

-A-Antonio… ¿No has tenido suficiente con lo de hoy por la noche? Chi-chigiii…

-Uy, sí. Perdona.

-N-no pasa nada. Per favore, siéntate en el sofá.

-Ahora mismito.

A la que se sienta, me pongo a su lado, y dejo caer mi cabeza en su hombro.

-¿Tú qué crees que realmente ha pasado? ¿Y qué crees que pasará?

-Pues, realmente… ¿Recuerdas cuando traficábamos tomates?

-Como para olvidarlo.

-Se confundieron, los muy tontos, y nos dejaron en libertad en tres días, cuando en principio estábamos penados por dos años.

-¿Con eso quieres decir que con ellos también se confundirán y les dejarán ir?

-Ay, mi tomatito… Con ellos ya se han confundido.

-¿Y entonces…

-Lo cierto es que no tengo ni idea de lo que va a pasar, pero… Tranquilo. Tengo la corazonada de que esto va a terminar bien. Y también de que no les han separado.

-Pues igual sea así… Estoy impaciente por que llegue esta tarde.

-Todavía estamos en la mañana, así que hasta que lleguen las cuatro… Lovi, ¿me concedes lo que queda de día hasta las tres? Es para no tenerte impaciente esperando para saber la verdad. Y lo cierto es que yo tampoco es que esté muy tranquilo…

-De acuerdo. Haz lo que quieras conmigo.

-Pensaba que para eso nos limitábamos a la noche.

-¡Que no, tonto! Me refiero a llevarme donde sea, a hacer lo que sea.

-Ah, claro, claro… Fusososo.

Me coge la mano, y me propone de ir a la feria. Sí, por qué no. Después de una pequeña sesión de besos en el sofá, bajamos a la calle a buscar su moto.

-Creo que la he aparcado por aquí.

-Y en efecto, ahí está.

Vamos a ella y se sienta él primero, y luego yo me pongo detrás suyo aferrándome a su espalda. No termina de gustarme esto de ir en moto, pero supongo que no pasará nada. A la que arrancamos, le abrazo fuertemente, e inconscientemente, empiezo a acariciarle el abdomen por debajo de su camisa.

-Lovi… ¿Podrías parar?

¿Eh? ¿PERDONA?

-¡¿Cómo?! ¿Que quieres que pare?

-Jeje… Es que verás –aparta por un momento una de sus manos del manillar de la moto, y mueve la mano que yo estaba utilizando para acariciarle hacia sus partes bajas-, nos limitamos a la noche… o no, pero en la moto…

-P-Perdona… -el pobrecillo, con mi bailecito de manos se había empezado a excitar. Me gusta que yo le ponga tanto.

Terminamos el trayecto, llegamos al parque de atracciones al que queríamos ir. Aparca la moto en las afueras, y baja de ella para ayudarme a mí a bajar.

Cuando le apaga el motor, me dice:

-¿Vamos? –seguido de una sonrisa.

-Sí.

Nos damos la mano, y entramos por una gran y decorada puerta.

La situación es genial para desconectar un rato de asuntos policiales.

-¿A dónde quieres ir primero, mi tomatito?

-A mí me da igual, te dejo guiar.

-¡Vale!

Me lleva con felicidad por las bonitas calles del parque temático, y se detiene en una atracción.

-¿Te parece bien esta? –dice, señalándola.

-Ideal para meterse mano, ¿no? –le veo las intenciones.

-Intentaré controlaaaaarme.

Es un túnel del terror; de estos en que te subes en una barca y vas recorriendo un túnel oscuro en el que hay cosas del rollo brujas, murciélagos, vampiros… Ni una persona real dentro, sólamente muñecos. Y todo casi sumido en la penumbra. Realmente… ideal para enrollarse.

No hay demasiada cola, así que subimos de un momento a otro. Como son dos personas por barca, vamos solos. ¡Bien!

Entre barca y barca hay un espacio considerable, suficiente como para no ver lo que hacen los demás.

Vamos metiéndonos en el túnel, y a la que estamos dentro, le paso sensualmente los brazos por detrás del cuello a Antonio y le digo:

-Aquí dentro… ¿Qué íbamos a hacer si no? ¿Aburrirnos mirando muñecos cutres?

-Lovi, eres genial –y me besa.

Nos pasamos todo el rato besándonos, con lengua, sin lengua, en la boca, por el resto de la cara… Al terminar el viaje, mi españolito me sonríe.

-Mucho terror no he tenido…

-Lo que sí es terrorífico es el estado de tus partes –le digo, y le sonrío tentándole.

Pone su mano en mi pantalón, justo encima de mi pene erecto, y con su tono más sexy, me responde:

-¡Que le den a la noche!

Al salir, vamos corriendo a la noria, y nos colamos de mucha gente. Tengo claro que si alguien nos ha mirado "ahí", ha podido ver lo que haremos en cuanto entremos en la atracción. ¡Que se jodan! Entramos rápidamente en uno de los compartimentos, y puesto que son cerrados y no cestas, solo tienen unas ventanitas; a cosa de un metro del suelo, y esto va más lento que la madre que lo parió…

Antonio me tira al suelo, y se me coloca encima. Después de una sonrisa pícara, cuela su lengua por dentro de mi boca, y sus manos por dentro de mi camisa. Me voy desabrochando los botones, hasta dejar mi torso al descubierto.

Él termina de besarme para ir bajando, lamiéndome en línea recta, y lentamente descendiendo de mi barbilla, a mi cuello, a mi pecho –por donde se sale de su trayectoria y se detiene un poco en mis pezones-, mi abdomen y finalmente… mi puto pantalón, con un bulto impresionante en medio.

Fastidiado por haber detenido su jueguecito, sus dedos no dudan un momento en desabrochar el botón, bajar la bragueta y quitarme los calzoncillos.

Ayudado con las manos, me la chupa.

Esto es fantástico…

-To…ño… me voy a…

Antes de terminar de avisarle, me vengo en su boca. No tenía todo mi pene dentro de ella, por lo que le dejo toda la cara llena de "mí".

Me mira, y pasa uno de sus dedos por su faz, pringándolo de mi semen, y se lo mete en la boca.

-Eres delicioso, mi amado tomatito. Tu culito bonito me lo dejo para la noche, ¿vale?

No me puedo resistir a besarlo pasionalmente, con lengua. Cuando terminamos, se ríe y dice:

-¿Te das cuenta de que acabas de probar tu propio semen?

-¡Oh, mierda! –le miro a la cara, todavía con manchas de lo que hace nada ha salido de mi interior, y le digo:- Pues voy a tener que quitarme ese sabor de alguna manera… ¿Verdad, mi pollita española?

-¡Verdad! –me responde felizmente él.

-.-.-.-

Saliendo de la noria, vamos a comprar algodón de azúcar, y paseando nos lo vamos comiendo. Sólo hemos comprado uno, y lo vamos mordiendo. A mí no me gusta pringarme las manos, y a él tampoco; pero es que también tenemos ganas de terminárnoslo para que nuestras bocas se encuentren.

Al acabárnoslo, terminamos en un muy dulce beso –toma doble sentido.

A la hora de comer nos compramos un perrito caliente en una de las paraditas que hay por aquí, y de una manera y otra, se nos hacen las dos y media.

-Toño… ¿Ya va siendo hora de irnos, no?

-Igual sí. ¿Te lo has pasado bien, mi tomatito?

-Mucho. Gracias por traerme. –le miro a los ojos y le digo pícaramente:- Recuerda que me has dicho que mi culito bonito te lo dejas para esta noche… ¿Eh?

-¡Desde luego que sí! Fusosososo…

Me da un beso fugaz y vamos a la moto. Ahora no lo voy a acariciar, jeje…

Volvemos a casa, y son las tres cuando llegamos.

Nos sentamos en el sofá, a estar acurrucados un rato. Sé que puede sonar un poco fifi, y sí; lo es. Pero es que en privado podemos llegar a ser muy pastelosos. Pasado un rato, me dice:

-Deberíamos ir chutando hacia la comisaría; para que nos dejen visitarlos.

Estaba yo tan cómodamente practicando el arte del no hacer nada más que acariciar suavemente la pierna a mi español, y ahora va y me dice que nos tenemos que ir.

-Supongo que sí…

Nos levantamos sin ganas y le beso. Mira, quería hacerlo. Después de hacer los típicos trámites que se hacen por casa antes de salir (apagar luces, poner alarma, ponerse chaquetas, etc.), bajamos a la calle y cogemos su moto.

Vamos yendo hacia allí, y a la que nos vamos acercando, me van entrando nervios, y más nervios, y más nervios. ¿Y si realmente han asesinado? Mira que lo dudo, pero no sé nada de lo que ha pasado realmente. Sólo puedo hacer suposiciones.

Cuando llegamos, estoy tan atemorizado que dudo en bajar de la moto. Antonio me da la mano, e intenta relajarme.

-No debes tener miedo, son dos trozos de pan. Nunca harían algo así.

-Espero que tengas razón...

Vamos cogidos de la mano, y lentamente, caminando, entramos en el imponente edificio y nos vamos acercando al principal de policía.

Sólo el pensar que él tiene recluidos a mi hermano y al bastardo patatas; que estoy segurísimo que no han hecho nada, me pone los pelos de punta. Igual las estén pasando canutas con los otros gilipollas que hay, a saber.

A la que estamos a cosa de dos metros del jefe, Antonio dice asertivamente:

-Somos Lovino Vargas y Antonio Fernández. Por favor, ¿nos podrían dejar visitar a Ludwig Beilshmidt y a Feliciano Vargas?

-¿Eres tú el tal Antonio?

-Sí.

-Entonces el chico pasa, pero tú no. No tienes ninguna relación familiar con ninguno de los dos –mierda, sin estar él para relajarme…

-Perdona, pero es que Lovino y yo estamos casados –se inventa-. Por tanto, oficialmente, sí que soy de su familia.

-A-ah, perdone… Ahora mismo les abro las puertas.

A la que estamos unos pasos lejos del jefe, ya entrando en el aula de visitas, le digo a mi bastardo tomates (le llamo así, pero con todo el cariño del mundo) favorito:

-No estamos casados, pero… nos lo podríamos replantear, ¿no?

-¿Sabes qué? –me pregunta alegremente.

-¿Qué?

-Que he pensado lo mismo. –nos sentamos en unas sillas que hay por aquí, a la espera de que vengan nuestros arrestaditos, mientras hablamos de nuestra posible boda. Y de repente… Algo o alguien nos toca la espalda, asustándonos.

-¡Bu! –nos grita Gilbert.

-¡Joder, Gil! ¡Menudo susto nos has metido!

-Perdona, Toño. Ya veo que estabas concentrado en algo. ¿Puedo saber de qué se trata?

-¡Pero si van a venir de un momento a otro! –le suelto al tonto este.

-Lovinito, llevo aquí desde hace media hora. Esa mala gente me ha dicho que iban a llegar en nada, pero yo no los veo.

-Ah…

-¿Me queréis explicar qué os traéis entre manos?

-Fusososo… Es que nosotros...

Interrumpiendo el anuncio de Toni, vemos como al otro lado de un cristal antibalas llegan mi hermano y Ludwig, cogiéndose por la cintura, la mano, y cualquier sitio que se pueda coger. Igual es que como ahora pueden estar juntos, aprovechan... A saber si finalmente les han cambiado de celda o no.

Verlos vestidos así, como si realmente fueran malos, no me gusta. Llevan unos trajes de rallas blancas y negras. Más clásico imposible.

Al localizarnos, vienen corriendo hacia nosotros. Y Feli se hubiera comido el cristal si no fuera porque el bastardo patatas lo ha parado a tiempo. Ahora con más tranquilidad, se acercan al cristal.

Feli descuelga un teléfono que hay, y me hace signos para que yo coja el que tengo justo delante de mí. Lo hago, y lo primero que le digo es:

-¿Qué ha pasado ahora, Feli? –por algún motivo, me cuesta expresar lo que siento con cualquiera menos con Antonio. Una vez, Kiku (un amigo japonés de mi hermano) nos llamó a Arthur (el novio de uno de los amigotes de Toni) y a mí tsundere. A saber qué significa.

-Veee… Fratello… Todo ha sido una equivocación de su parte –lo que imaginaba-. Ayúdanos, per favore.

Estaba claro que no habían matado a nadie.

Antonio y Gilbert no pueden escuchar, pues sólo se oye lo que dice Feli por el teléfono. Me preguntan atolondradamente que qué ha pasado, y mi respuesta es un simple:

-No han matado.

Vuelvo rápidamente al teléfono, pero el que me habla ahora es Ludwig.

-Lovino, por favor, ¿me podrías dejas hablar con mi hermano?

-S-sí, claro…

Le paso el teléfono al alemán –de la parte que antes era Prusia, concretamente-, y sin ningún tipo de nerviosismo, le dice al preso:

-¡Hombre, west! ¡Cuántos días sin verte! Kesesese…

No puedo escuchar lo que dice el bastardo patatas por el cristal antibalas –ni que nos fueran a pegar, joder-, pero por su expresión adivino que no está del todo contento. Gilbert pone el manos libres, y Ludwig empieza a hablar seriamente:

-Chicos, os voy a explicar lo que realmente pasó –me fijo en que sigue teniendo a mi hermano cogido por todas partes. Igual… Ludwig no es tan malo- Íbamos mi trocito de pi-Feli y yo paseando, cuando vimos una escena rara. Nos acercamos para ver lo que pasaba, y era que dos hombres casi idénticos a nosotros dos estaban apuñalando a un tercero. Fuimos a defenderlo, y nos peleamos con nuestras… ¿versiones opuestas? Al pasar un rato de duro combate, ellos dos huyeron, e intentamos seguirlos, pero eran demasiado rápidos y no pudimos alcanzarlos. Volvimos a acompañar al hombre mancillado en sus últimos momentos, al cual vimos morir; y como Feli le había robado la navaja al hombre que se parecía a él, cuando vino la policía nos vio encima del cadáver, con la ropa ensangrentada y una navaja chorreando sangre. Así que siendo tan tontos como son; supusieron que habíamos sido nosotros. –Feli le pide el teléfono, y el alemán se lo da. Mi hermano nos dice:

-Nos tiraron a la furgoneta sin oportunidad de explicar nada, y al llegar, pudimos excusarnos menos aún. El tío que había allí era un tarado; no nos dejó decirle nada en nuestra defensa. Por cierto… el juicio es mañana.

¡Cuánta información de golpe! Ahora todo cuadra…

Y saliendo de formalidades, me he enterado de que los hermanos Vargas somos ahora un tomatito y un trocito de pizza. Vaya par más culinario estamos hechos. O será que a nuestras respectivas parejas les gusta comer (a Antonio le gusta "comerme" –según él soy delicioso, su tomatito-, y supongo que a Ludwig también le gustará "comerse" a mi hermano… Aunque para eso que le llame su "wurst"… Nah, que mi hermano tampoco la tiene tan grande… ¿Qué tal si dejo de pensar en estas cosas aquí?)

Todavía cogidos, nos piden que les busquemos un buen abogado para el juicio.

¡Desde luego que lo haremos! No merecen estar ahí dentro.

Entonces, un guardia les dice que ya se les ha terminado el horario de visita (creo que les ha dicho eso), y olvidándose de nosotros, se besan y se abrazan tiernamente; creo que haciendo contacto físico entre ellos todo lo que pueden, y después se dirigen hacia fuera de la sala; cogidos como lo han estado todo el rato.

El lemmon ha quedado cortito, soy consciente. ¡Gomen ne!