Disclaimer: Los personajes utilizados a continuación pertenecen a la grandiosa J. K. Rowling.

La historia es mía por completo y no obtengo un céntimo por su escritura. No permito que publiquen mi trabajo en otro lugar sin mi previa autorización.

Como este es un capítulo corto, voy a contarles algo.

Cuando veo una peli o leo un libro, me gusta que afloren los sentimientos. Me encanta reír o llorar con ellos. No tiene que ser a carcajadas o con sollozos, solo tiene que sentirse el fluir de las emociones. Con cada capítulo que escribo, espero sacarles una pequeñita sonrisa aunque sea con la comisura de los labios, que sientan un poquito de ternura o que se les cierre la garganta un tanto porque sintieron angustia. Porque sólo así puedo estar segura de que disfrutaron lo que hice.

Así que: ¡Que se emocionen con la lectura!

VIDAS PARALELAS I

No sabía cómo se había hecho adicto al café. Se imaginaba que había sido cosa de Ginny. Cuando estaba en el colegio, podía tirarse de la cama y esquivar cuantas bludgers hiciera falta en un partido de quiddich. Ahora, no sólo necesitaba un esfuerzo enorme para apearse de la cama, sino que mientras no se tomara esa primera taza de café, no podía actuar como una persona normal.

Ésta mañana no había recibido su dosis necesaria de cafeína porque se había ido temprano a la oficina para adelantar algo de trabajo. No quería descuidar su labor como director del departamento de aurores por dedicarse a la campaña para el puesto de ministro.

Y fue esa falta del amargo estimulante la que había hecho que entrara al despacho de Hermione por error. Como la auror encargada de las misiones de campo, Hermione no utilizaba mucho su oficina. Pero a pesar de ello, podía apreciarse la limpieza y el orden en el lugar. Si no fuera por la cantidad de cartas que estaban encima del escritorio, coronadas por un ejemplar del periódico El Profeta, podría decirse que el despacho no había estado en uso desde hace meses. Lo cual probablemente fuera cierto.

Una lechuza entró por la ventana ubicada detrás del escritorio y dejó una carta encima del montón que había, desequilibrándolo hasta hacerlo caer. Harry, con sus reflejos de buscador medianamente activos, sólo logró impedir que cayeran dos cartas y el ejemplar del periódico. Al verlo más de cerca pudo apreciar que era una publicación de la fecha.

Abrió el periódico y se encontró con una foto de una incómoda Hermione regresando de una de sus misiones y otra de Malfoy vestido de gala, en la portada. Más abajo, unas letras con estilo pomposo anunciaban el compromiso matrimonial de la pareja.

Harry alzó las cejas con espanto y se quitó los lentes para posarse los dedos con fastidio en el puente de la nariz.

Parece que las cosas se están complicando. ― Pensó.

Revisó por encima las demás cartas, todas de la fecha y algunas con la dirección de la casa de Hermione en ellas. Al parecer, el anuncio del compromiso de Hermione Granger y Draco Malfoy había provocado un revuelo casi tan grande como su propio casamiento con Ginny. Aunque se temía que la reacción de la mayoría no era de apoyo y deseos de felicidad como había sido en su caso.

Se imaginaba que Malfoy y Hermione habían tomado la decisión de jugar al compromiso por algún motivo importante. Así que debía hacer todo lo posible para que la charada valiera la pena.

Se pasó la mano por la cabeza con frustración. ― Todo fuera más sencillo si la gente se metiera en sus propios asuntos ― Murmuró para sí.

Decidió hacer lo posible por concentrarse, ya que tenía que tomar decisiones importantes a una hora muy intempestiva. Necesitaba un café con urgencia.

Volvió a colocarse los lentes y resolvió ir al Departamento de Cooperación Mágica Internacional, en el que tenían un café dominicano excelente. Salió del despacho de Hermione con paso apresurado pensando en la dura mañana que lo esperaba.

Esperó el ascensor, el cual estaba en el primer piso recogiendo a los madrugadores. En éste, se encontró a Madam Edgecombe, quien trabajaba en el Departamento de Transportes Mágicos.

Harry la saludó con un gesto de la cabeza.

Mientras el ascensor traqueteaba en su subida, la mujer se retorcía las manos con nerviosismo. Había intentado hacer contacto visual con él desde que había subido, pero no estaba dispuesto a lidiar con más nada ésta mañana, por lo que esquivó su mirada con ahínco. Al ver que Harry estaba llegando al piso que había marcado, la mujer se dispuso al fin a decir lo que quería.

― Señor Potter, quería felicitarlo por su decisión de presentarse candidato a ministro. Lo estábamos esperando desde que Kingsley dejó el cargo. ― Dijo con entusiasmo nervioso.

Harry la miró con sorpresa. Pensaba que su candidatura era un secreto. Quería absoluta discreción en el asunto hasta que las cosas estuvieran más asentadas. No sabía cómo diantres la señora Edgecombe se había enterado. Ésta, al ver su sorpresa, le explicó.

― Marietta, mi hija, es la mejor amiga de Cho Chang. Usted la conoce, coincidieron en Hogwarts por un tiempo.

Entonces Harry recordó una cara, con pústulas de un acné mágico, que rezaba SOPLONA. Marietta fue quien le dio el chivatazo a Umbridge sobre el ED.

Iba a tener una buena charla con Cho.

― Cuento con su discreción señora Edgecombe, no sé cómo esto pudo llegar a sus oídos. ― Harry no estaba de humor para sutilezas, así que se lo soltó de sopetón. ― Bueno, aquí nos despedimos. Que pase un buen día. ― Se despidió cuando el ascensor se detuvo en el quinto piso, anunciando la llegada al Departamento de Cooperación Mágica Internacional.

Tuvo que utilizar el poco encanto que tenía para que le consiguieran una taza de café, dado que lo cuidaban casi como si fuera felix felicis. Padma, quien venía entrando al departamento cuando Harry iba de retirada, lo detuvo con gesto picarón.

― Entonces Harry, ¿no me vas a decir cómo se hizo Granger para agenciarse al guaperas de Malfoy? Antes nos visitaba con mucha frecuencia y nunca la mencionó. ― Agregó con un tanto de malicia, producto de la envidia que le daba que otra hubiese conquistado a Draco Malfoy.

Mientras era un miembro totalmente activo de Empresas Malfoy, éste visitaba mucho el departamento, encandilando a todas en la oficina. Y ella no era la excepción.

Harry pensó en darle una reprimenda pero luego recordó que Padma era la que más fácilmente le regalaba una tacita de café.

Así que decidió ignorar el comentario y escabullirse sin abrir la boca.

Gracias a Dios no se encontró a nadie en el camino de regreso. Esta vez entró a su oficina sin problemas y se sentó en el escritorio a realizar la que consideraba la tarea más apremiante. Al terminar, invocó dos lechuzas y recordó que no tenía idea de dónde diablos podía encontrarse Hermione, ya que las lechuzas con cartas destinadas a sus casa habían ido a parar al ministerio, así que mandó ambas cartas con destino a rastrear.

Ni bien se había sentado nuevamente tras su desordenando escritorio, escuchó el sonido de unos pasos que se acercaban a la puerta.

― Entra en cuanto puedas Cho, necesito hablar contigo. ― Harry se imaginaba que no podía ser otra persona más que Cho Chang la que había llegado a la oficina, ya que Hermione era la única que llegaba temprano al departamento, pero no creía que con lo ajetreada que había sido su noche anterior se presentara en la oficina a estas horas― Te estaba esperando ― Dijo Harry mirando unos papeles al oír abrirse la puerta.

― No sabía que Chang trabajaba en el Ministerio. ― Le dijo Ginny con tono de sospecha ya que Harry no la había mencionado, mientras cruzaba el marco de la puerta con parsimonia.

Harry la miró algo sorprendido, era muy inusual que se presentara en su oficina sin avisar. Su cara se ruborizó un poco delatando un sentimiento de culpabilidad latente. No había querido decirle a Ginny que había contratado a Cho como la encargada de su comando de campaña. La relación entre ambas había sido muy tensa desde quinto curso y a sabiendas de eso, pospuso el asunto todo lo que pudo.

― Hola amor― Le dijo esperando que no se notase su nerviosismo. ― Que grata sorpresa. ― Agregó mientras se acercaba a ella para abrazarla. Con las prisas de esta mañana ni siquiera se había podido despedir correctamente de ella. Así que a pesar de que su cuerpo no mostraba precisamente una actitud muy cariñosa, la tomó entre sus brazos y aspiró el perfume de su rojo cabello. Ése era el mejor lugar del mundo para él, estar entre sus brazos.

Se separaron, ambos con una sonrisa de satisfacción en los labios, aunque Ginny no había olvidado lo de Chang.

Así que alzó una ceja en señal de que exigía una explicación. Harry la tomó de las manos e hizo que se sentaran en las sillas que estaban destinadas a visitantes, ubicadas frente a su escritorio.

― La señorita Chang trabaja para mí desde ayer. Kingsley me la recomendó para que me ayudara con todo esto de la campaña. ― Agregó como queriendo disculparse.

Ginny pensó unos momentos su respuesta.

― Si es buena en su trabajo, entonces no hay problema. ― Dijo encogiéndose de hombros en una estudiada señal de indiferencia.

Aunque Chang no era santo de su devoción desde el preciso instante en que la vio posar sus ojos en Harry, no podía reprocharle nada abiertamente. En las reuniones en que se habían encontrado se había mostrado con ambos meramente cortés.

― No niego que siempre es un placer contar con tu presencia pero… ¿qué haces aquí? ― Preguntó Harry luego de que vio pasado el peligro, algo temeroso de conocer la respuesta. Se imaginaba que Ginny había ido a hablarle de Hermione y su reciente compromiso.

Y no se equivocaba.

― Harry James Potter. Sabes muy bien por qué estoy aquí. ― Ginny estaba segura de que en algún momento Hermione había hablado con Harry sobre toda esta locura. ― Estoy dispuesta a apostar mi sortija a que sabías algo sobre todo este embrollo. ― Agregó luego, haciendo énfasis con las manos de una forma muy característica en ella.

Harry la miró con una sonrisa tierna en los labios. Ginny tenía un temperamento explosivo, fruto de ser la menor de cinco hermanos, por lo que esperó a que dejara salir toda su furia farfullando.

― Debiste impedírselo Harry. Hace poco estaba de novia con Ron. Debí explayarme más con ese vociferador ― Siguió mascullando la pelirroja casi sin resuello. ― ¿No vas a decir nada?

Harry alzó una ceja con disgusto cuando la escuchó hablar de un vociferador, dándose cuenta de que había llegado el momento de retomar la palabra. ― No puedo creer que te comportaras como una de esas personas que tanto nos desagradan Ginny. El que Hermione se haya comprometido con Malfoy no es de tu incumbencia. Como tu amiga ― Prosiguió con rapidez al notar que la chica lo iba a interrumpir ― lo que debes hacer es intentar apoyarla. Por mucha que te moleste. Estoy seguro de que tiene sus razones para hacer lo que hizo.

A Harry le molestaba no poder ser enteramente sincero con Ginny contándole el por qué del compromiso. Pero las viejas costumbres no morían así como así. Quería proteger a su mujer de cualquier cosa que involucrase un mínimo de peligro. No importando lo mucho que ésta fuera a reprochárselo una vez todo saliera a la luz.

Ginny caviló unos instantes sobre lo que Harry le había dicho. ― Puede que tengas razón sobre todo eso del apoyo ― Dijo levantándose de la silla. ― Pero debió de hablar conmigo primero. Soy su mejor amiga. ― Soltó luego puntuando la última afirmación mientras se señalaba a la altura del pecho. ― Sabes que debió decírmelo.

Harry la miró a los ojos algo indeciso. Le dolía ver a Ginny con esa expresión de sentirse traicionada en la mirada. Abrió la boca para contarle toda la verdad pero sus años de entrenamiento como auror lo hizo volverla a cerrar por miedo a estropear la misión. ― Sólo puedo decirte que debes confiar en ella. Debes confiar en mí. ― Agregó mirándola de manera intensa, haciéndole saber que todo iba a estar bien.

Ginny observó su expresión y asintió con la cabeza. ― Sabes que confío en los dos. Pero duele Harry. A veces siento que son ustedes quienes no confían en mí.

― Ven acá preciosa. ― Dijo Harry mientras extendía los brazos para envolverla en un abrazo tratando de reconfortarla. ― Te amo. ― Agregó sabiendo que aunque le confiaría su vida, habían cosas que no podía decirle.

Ninguno de los dos se dio cuenta de que una mujer de ojos rasgados había escuchado parte de la conversación y se había ido de manera discreta con una solitaria lágrima rodando por sus mejillas. Una lágrima que simbolizaba lo que había perdido y nunca iba a recuperar. ― Él la ama de verdad. ― Pensó, creyendo escuchar el sonido de sus esperanzas haciéndose pedazos.

¡Uff! No me maten por favor.

Sé que en este capítulo dejé de lado la pareja por la cual empezaron a leer el fic en primer lugar, pero no pude resistirme a incorporar a los otros del trío dorado a la trama. Siento de verdad que ellos la hacen más rica, ya que el mundo de Rowling no sería tal si los tres no estuvieran en él.

¿Se imaginan quién es la chica de ojos rasgado?

Espero por favor que comenten lo que piensan. Estoy muy agradecida por las personas que me agregaron a alerta y a favoritos y a los que me han escrito reviews.

¡Nos leemos!

PD: ¿Te provoqué alguna emoción?