NA: me obligo a escribir y no sé por qué. La semana que viene seré un nini again y well.. Casi preferiría morir junto con RoSe. Because i love her. Y en verdad no sé por qué he escrito esto, because yo pienso en el JohnRoxy ahora mismo. Ah, needeo un beta de Rose para el futuro.. ¿someone?
Roxy se pellizcó ligeramente las mejillas, el ama de llaves había ido a avisarla de que Dirk la llamaba. No sabía por qué se molestaba en aparecer siempre sobria e impoluta frente a su marido, después de casi seis años juntos ya había dejado claro que aquello era un matrimonio de conveniencias. Dirk era su mejor amigo, pero su relación nunca había trascendido de sinceras charlas de arte y filosofía.
La rubia colocó sus pechos estratégicamente en aquel corsé y desabrochó un par de botones de la camisa de aquel vestido dejando su cuello al descubierto. Era la única de sus amigas casadas que aún no había engendrado un hijo, y era normal, Dirk y ella prácticamente no tenían relaciones íntimas. Pero no podía quejarse, la guerra contra el sur se había iniciado hacía casi un año y él no había pensado en alistarse. Era probable que sus raíces en el sud no le permitieran tomar partido en la contienda, después de todo Dirk no hablaba de la familia que tenía en Virginia.
Finalmente la chica se pasó los dedos por el pelo, moldeándolo ligeramente, y abrió la puerta que abría al despacho de Dirk. Le gustaba el tacto metálico de aquellos picaportes dorados, le gustaba el lujo de la grande biblioteca que compartían y el dineral que se gastaba en traerle los vestidos más exquisitos de Francia. A pesar de todo, Dirk era un buen marido.
—¿Qué ocurre, querido? — preguntó al entrar mientras se contoneaba hasta la silla dónde Dirk se hallaba.
Él abrió los brazos y dejó que se sentara sobre sus piernas, le gustaba como Roxy acariciaba sus patillas y se apoyaba sobre él mientras hablaban.
— Nunca hemos hablado de visitar a mi familia — dijo con la mirada fija en un retrato pintado de pequeño tamaño, situado sobre la mesa del escritorio. En este aparecían Dave y él de pequeñ ó las manos de Roxy girar su cara para que la mirara. — Ya sé que estamos en guerra, no soy idiota Roxy, me refiero a cuando termine la guerra.
—¿No opinas que es pronto para ver el final? — apuntó la rubia. Era lista, aquello era lo que había hecho que Dirk tomara la determinación de casarse con ella, era la mujer con más cerebro que había conocido en toda la zona de Nueva Inglaterra.
— Si, pero tarde o temprano terminará.— Roxy paseó sus dedos por el pelo de Dirk. Le gustaba aquel tono rubio un poco más oscuro que el suyo propio.— Cuando eso ocurra, gane un lado o gane otro, quiero asegurarme de que los Strider no pierden las tierras que mi padre nos legó a mi hermano y a mí.
Roxy sonrió, comprendía perfectamente a qué se refería. Si ganaban los yankees, solo él tendría el poder económico para mantener aquellos terrenos y Dirk junto con ella contaban con las influencias adecuadas. Si por el contrario los vencedores eran los confederados, muy probablemente se quedarían sin casa, sin dinero y sin influencia, por lo que su hermano Dave sería la calve para mantener aquel estatus de vida que tenían.
La rubia besó la mejilla de su esposo, conformándose con aquello ya que no habría besos de pasión, nunca los había habido.
—Entonces, cuando termine la guerra viajaremos al sud — afirmó ella. Le encantaba que toda decisión, monetaria o familiar, también pasara por sus manos antes de que él la ejecutara.
Se levantó de sus rodillas y caminó hasta la puerta, contoneándose de nuevo con su polisón y sus aires coquetos. Una botella de wiski la esperaba en la alacena, y no podía evitar desear hasta la última gota de esta.
—¡Ah! Querida…— la voz de Dirk interrumpió los pensamientos de la rubia, que se giró y lo vio de pie mirándola fijamente— Cuando vayamos al sud, me gustaría que intentáramos tener un hijo.
Un ligero rubor subió por la cara del chico, que al notar la cara de Roxy cambiar de su habitual pesadumbre a la alegría que solía tener antes de que se casaran desvió la mirada.
—Eso sería genial — contestó ella mientras corría estirando sus brazos hacía él. Aquello era probablemente lo que más deseaba en el mundo. Se lanzó a besarle en los labios, deseando que aquello fuera el cambio que había estado esperando tanto tiempo, pero él se apartó.
— Deberías dejar de beber tanto — sentenció secamente mientras pasaba sus manos por la estrecha cintura de Roxy.
Ella apoyó la cabeza contra el pecho de Dirk, mirando hacia un lado opuesto, se sentía despreciable en sí misma. Era posible que su aliento apestase a aquella bebida destinada a hombres… Notó la mano de su esposo acariciar su cabeza y besar su frente. Aún que le diera un hijo, no parecía que fuera a ser el marido que deseaba.
—Haré lo posible para complacerte, Dirk — su voz sonó monótona.
Él deseaba con todas sus fuerzas amarla como se merecía, pero sabía que algo estaba mal en aquel Dirk Strider, algo que no iba a cambiar nunca. La apretó contra su cuerpo con fuerza mientras se mordía el labio.
—Te quiero, Roxy — dijo esperando que algún día aquellas palabras se parecieran más a lo que ella deseaba oír que a lo que él sentía cuando las pronunciaba.
