"LA TIERRA DE LAS SOMBRAS"
(Escrito por Federico Hernán Bravo)
CAPITULO 4
BUFFY (Noche del Aniversario del Régimen Imperante)
El momento había llegado y lo sabía.
No hacia falta oír los rumores de expectativa y felicidad de sus captores por deshacerse de ella, ni ver la cara horripilante del conde Orlok llena de entusiasmo asomarse por la puerta de vez en cuando. Ella sabia que el momento, que la noche de la pesadilla había llegado.
Minutos antes, un vampiro soldado había traído un traje que supuestamente debía lucir. Se lo dejó sobre la cama y se apresuró a partir de la sala, con un profundo temor. Sabía que si ella realmente lo quisiera, podía haberlo matado con su gran fuerza.
Pero no. No iba a pelear. No era ese el plan.
Al menos, no pelearía hasta estar delante del culpable de todo.
Buffy sabia que aquella noche iba a morir. Como las Cazadoras anteriores que Spike había mencionado. Sabía que iba a morir, pero ella confiaba en que antes de partir, acabaría dándole la paliza de su vida al culpable del desastre del mundo.
Aquel solo pensamiento sirvió para darle ánimos y mas fuerza.
Sin embargo…
Sin embargo, depositaba secretamente las esperanzas en otra persona. Ella sabia que para él seria difícil, pero no se equivocaba. Lo vio en sus ojos hace tiempo.
Era irónico. Un vampiro enamorado.
Y era doblemente irónico que ella se enamorara de él también.
"Las vueltas de la vida", pensó, amargamente, mientras revisaba la ropa que le habían traído.
Ya era hora.
Dios nos ayude a todos.
SPIKE (Noche del Aniversario del Régimen Imperante, un par de horas más tarde, Berlín)
Una multitud de vampiros se hallaban congregados en el patio del Palacio Central.
Arriba, el cielo estaba estrellado y negro. Un viento frío recorría los rincones. Spike sabia que el frío resultaría insoportable para un mortal ordinario, pero sucedía que la multitud reunida en ese lugar, portando banderitas con Svásticas dibujadas y sonriendo, no eran precisamente ni mortales ni ordinarios.
Vampiros.
De todos los tamaños y formas. Vampiros. Media Alemania estaba reunida en el patio del Palacio aquella noche, para el aniversario del Régimen. Todos eran vampiros. Frentes abultadas, ojos amarillentos, colmillos, piel pálida… Todos y cada uno eran vampiros.
Como era sabido, el vampirismo desde la ascensión al poder del Maestro era un hecho social. En los tiempos de Spike, solía ser una selección. Ahora no. Ahora los linajes entre Sire y Childe ya no existían más. Ahora, cualquiera podría ser el Sire de cualquiera. La Sangre Maldita se mezclaba como se mezcla el agua por todos los rincones y Spike sabía que esto era apenas una tercera parte de los vampiros que había en la Tierra actualmente.
La conversión era gradual, pero toda Europa (o casi toda) era ahora parte de La Tierra de las Sombras.
Spike suspiró mientras el Mercedes Benz con su chofer lo llevaba rumbo al Palacio. La Cazadora seria traída directamente desde la Boca del Infierno en helicóptero y él debía ser el que la escoltaría hasta la presencia del gran Sire de Alemania. Odiaba aquello, pero la vieja momia quería que se cumpliera la orden al pie de la letra.
Mientras el coche atravesaba las calles atestadas de vampiros, Spike pensó que lo que dentro de exactamente unas horas iba a hacer se convertiría en una locura.
Un solo hombre no puede cambiar el mundo. No lo creía. Nunca le fueron los cuentos de hadas.
Bueno, quizás al viejo William si, pero Spike no era ese sujeto ya.
¿No? En realidad, tal vez siempre había seguido siendo William y Spike solo era una manera de actuar. Quizás nunca existió Spike.
Quizás, siempre fue solo William.
El viaje terminó casi en las puertas del Palacio. Grandes banderas ondeando al viento nocturno con Svásticas; antorchas encendidas en las almenas del castillo… todo un decorado de pompa impresionante.
Mientras se bajaba del coche, entendió que la vieja momia quería que todo luciera impecable. Había, dispuestos a la entrada del Palacio, coronas de flores enviadas por los generales del Régimen en honor de Su Señor. Spike pasó a través de ellas cuando se encaminó dentro de la fortaleza particular del anciano vampiro, cruzándose de tanto en tanto con algunos sirvientes atareados en el arreglo y la decoración de los cuartos interiores.
En ningún momento respondió a los saludos que le dirigían los novatos que lo rodeaban. Hubo muchos "Buenas noches señor Ministro", "Que elegante que se ve", "¡Hail William!" y demás, a los que él tuvo bien en no responder. Sus pasos lo alejaron de las zonas transitadas y sin más dilación, entró en el cuarto de huéspedes usualmente reservado para él cuando visitaba el Palacio Central.
Una vez que hubo cerrado las puertas detrás de sí, se quitó el sombrero y se desabrochó el traje. La camisa blanca que tenia puesta debajo también voló por los aires. Desnudo de la parte para arriba, se sentó en el borde de la cama, llevándose una mano a la cabeza.
Todo le daba vueltas. La decisión tomada, el destino que le acarrearía eso.
Pero no había marcha atrás en realidad. No podía haberla.
La chica iba a morir aquella noche.
Al menos, se suponía que así seria.
Spike se incorporó de la cama y se acercó a un gran espejo. Era mentira que los vampiros no se reflejaban. No sabia quien demonios había echado a correr el rumor en los viejos tiempos. La verdad era que los vampiro si se reflejaban en los espejos.
Este espejo en particular le devolvió el suyo.
¿Qué veía Spike cuando se veía a si mismo en el espejo?
Un muchacho joven de cabellos rubios y ojos celestes, de un buen cuerpo bastante y curiosamente, formado. Su piel, por cierto, era pálida.
Al principio, no había nada que lo distinguiera de los demás vampiros. Casi todos parecían iguales, pero entonces se percató de algo.
Sus ojos.
En sus ojos había un brillo diferente.
Eso era lo que ella había dicho una vez. Que en sus ojos había visto señales del cambio.
¿Cuál era el cambio?
La amaba. El cambio era que sentía amor…
…Y que no iba a dejar que ese amor muriera…
En ese momento lo comprendió totalmente.
Nunca existió Spike. O si existió, murió cuando conoció a Buffy. Ahora era William. Siempre, quizás, fue William, pero el cariño y quizás un pedacito del alma de ella lo había hecho despertar del todo.
La decisión estaba tomada.
Dejó de mirarse en el espejo y se encaminó hacia el baño, para cambiarse.
Era hora de marcar una bloody diferencia.
La Cazadora fue traída en helicóptero.
La aeronave descendió en el helipuerto personal del Palacio. Spike, quien ahora vestía como traje de esa noche una curiosa combinación de ropas (no usaba el uniforme reglamentario, mas bien, estaba vestido con una gabardina negra, camisa y pantalones del mismo color) la recibió apenas puso un pie en tierra.
Venia atada en las manos con unas esposas. A parte de eso, estaba elegantemente vestida con un traje glamoroso que sin duda alguna, habían exigido que usara.
Spike se quedo unos minutos sin aliento mientras la ayudaba a descender a tierra y la acompañaba caminando lentamente a su destino final. Sus ojos y los de ella se cruzaron una vez mas. Como de costumbre, ella repitió la silenciosa suplica.
"Sálvame, William", decían sus ojos, "Sálvanos".
"Will, no dejes que me maten", repitió en su mente Ángel.
Spike meneó la cabeza. La similitud era monstruosa, demoníaca.
Acompañando a la chica, entraron en el Palacio.
El Maestro ya se encontraba junto a sus generales del Régimen en el palco principal, en el patio, saludando a la multitud. Cuando el anciano vampiro surgió y se plantó ante todos, hubo gritos de victoria y exclamaciones de admiración.
Los jóvenes vampiros de la tropa de la SS entrechocaron sus botas al unísono y levantaron los brazos hacia arriba, gritando "¡Hail Master, Hail Master!" a viva voz. Varias banderas y pancartas con la Svástica fueron agitadas y la algarabía de todos los presentes duro un largo rato, hasta que el mismo Maestro acalló a todos con un gesto de sus manos.
Había cámaras de TV colocadas estratégicamente en los rincones del patio. En cadena internacional, la imagen del Maestro iba a ser vista por todo el mundo. Desde Alemania del Este hasta la del Oeste… pasando por los demás países del Régimen e, incluso, desde el otro lado de la cortina de hierro, en la América Libre y Humana. Toda la Tierra seria testigo del aniversario del Régimen.
El Maestro se aclaró la voz antes de hablar en el palco, ante los cientos de micrófonos colocados…
-¡Camaradas! Hermanos… Hijos míos – dijo, sonriendo. Sus colmillos relucieron, feroces - ¡Esta noche nos hemos reunido para festejar el aniversario de nuestro Glorioso Régimen! ¡Este es un momento de gran victoria para nosotros y de gran unión!
Se produjeron aplausos en la multitud y hubo hasta silbidos de aprobación.
-Hace años, cuando salí de las sombras del mundo oscuro, solo tenía un objetivo en mente – continuaba su discurso el Maestro – Solo una idea se había grabado a fuego en mi corazón: CAMBIAR AL MUNDO. Ahora, que han pasado años de ese momento, he visto mi sueño cumplido. ¡La Tierra de las Sombras es un hecho! ¡Tan solo nuestros estupidos adversarios no quieren creer la maravilla que esto encierra!
Más aplausos de la multitud de vampiros. Se agitaron nuevamente las banderas.
Desde su posición, cerca del palco, Spike seguía todo y cada una de las acciones que se iban desarrollando. A su lado, todavía con las manos sostenidas por esposas, se encontraba Buffy. La muchacha miraba aterrada a la multitud.
-¿Todos son vampiros? – la escuchó decir. No fue una pregunta directa a él, sino más bien una afirmación del terror que le producía.
Pero no había tiempo de distracciones. El Maestro seguía hablando…
-¡Somos la Raza Superior! ¡Somos los Elegidos de los Dioses! ¡Solo nosotros podemos gobernar al mundo! ¡Solo nosotros podemos imponer el Orden total y definitivo! – proclamaba aquel anciano vampiro desquiciado, gesticulando con unas de sus huesudas manos. Hablaba a la multitud en su alemán original, poniendo énfasis en cada palabra - ¡Piensen, queridos hijos míos! ¿Cómo no puede ser así? ¡Somos inmortales! ¡Es nuestro derecho gobernar!
"Nuestra sangre nos da fuerza, poder… ¡La sangre de los mortales que no aceptan la conversión, de los insurrectos, de los inútiles, esa es nuestra comida! ¡Nos cebaremos de ellos y tendremos, merced a su piadoso sacrificio, el poder supremo para expandirnos hasta las mismas estrellas!"
Más gritos, más vítores de la multitud. El Maestro sonrió, satisfecho.
-Durante miles de años, los vampiros hemos sido temidos y perseguidos. ¡Yo cambie eso! ¡Yo forje con fuego y sangre el destino glorioso de este mundo! ¡Ahora, hermanos, hijos míos, es el momento de que de una vez por todas, dejemos en claro que nosotros y solo nosotros, somos la Raza Superior!
El Maestro hizo una pausa en su discurso. Algunos fotógrafos aprovecharon para disparar sus flashes.
-Dios, prefiero morir ahora mismo a que seguir escuchando tanta mierda Nazi – dijo Buffy, junto a Spike.
El vampiro rubio sonrió. La comprendía. Él también sentía lo mismo.
Pero pronto todo terminaría.
Para bien…
…..o mal.
-Hijos míos – dijo el Maestro, levantando una mano – Benditos sean todos… y ahora… ¡Que comience el banquete!
Buffy se pegó contra el cuerpo de Spike, asustada. Él podía sentir la tensión de sus músculos. Sabía que la chica iba a pelear, que no iba a dejarse matar así nomás.
-Escúchame – le susurró al oído, rápidamente – Ahora te llevare al palco ante El Maestro. No hagas nada.
-¿Qué? – preguntó ella, pero no hubo tiempo de repetir. El Maestro le hacia señas a Spike que ya debía traer a la Cazadora.
Spike arrastró a Buffy hasta el palco. La respiración de la chica se volvió tensa y agitada cuando el anciano vampiro al fin detuvo sus amarillentos y rapaces ojos en ella. Se lamió los colmillos, como saboreando de antemano su sangre y se frotó las manos (similares a grandes arañas blancas o a garras filosas) de la emoción.
Los ojos del mundo estaban clavados en la escena. La ceremonia era transmitida en vivo y en directo. No habría cortes comerciales ni nada. La muerte de la joven seria seguida por miles y millones sin más.
Incluso, por idea del Maestro mismo, en los Campos de Contención se televisaría el acontecimiento, para que los prisioneros humanos vieran como el gran Sire de Alemania tomaba a su victima.
Buffy se volvió hacia Spike, nerviosa. Él le hizo un gesto de calma con los ojos.
Las manos grandes del Maestro se apoyaron en la chica, atrayéndola despacio hacia si. Buffy contuvo una arcada. El anciano vampiro la abrazó. Se colocó a su espalda y le olió el cuello, tentativamente.
-Hum… eres preciosa y hueles bien – dijo a su oído – Eres mas hermosa que las anteriores.
Había un gran silencio entre los presentes. Spike vio cerca del palco a los generales del Régimen, sentados y expectantes. También diviso a una figura inesperada entre ellos, admirando con gran deleite todo.
Darla.
Spike frunció el ceño. Darla. Sabia que Dru no estaba en Alemania, que permanecía en Inglaterra, pero no pensaba que Darla fuera a venir. Ella podría ser un gran obstáculo en lo que ahora podía suceder.
Spike desvió la vista de Darla justo cuando la vampiresa lo miraba a los ojos. Si Darla quería, averiguaría lo que se propondría hacer y entonces, todo se iría al caño.
Igualmente, no creía que fueran a salir vivos de aquello. Ni él ni la chica.
Pero no había mas remedio.
Era hora de hacerlo.
El Maestro estaba abriendo la boca, con sus colmillos listos para hendir la carne, para perforar aquella carne viva. En tan solo unos segundos, mordería con fuerza y sorbería. La chica sentiría un dolor agudo y quizás, si tenia suerte, se desmayaría, mientras moriría.
Pero nada de eso iba a pasar.
Spike tragó saliva y se abrió la gabardina negra que llevaba puesta…
…Darla, en efecto, fue la primera que lo vio venir, pero su grito de "¡Cuidado!" fue en vano. Cuando El Maestro se dio vuelta para ver que sucedía a sus espaldas, olvidándose de morder a la chica, Spike había sacado ya de entre sus ropas las dos pistolas cargadas con balas de plata, listas para disparar.
Abrió fuego. Las balas de plata surcaron el aire, desgarrándolo, en dirección a la figura del Maestro. Buffy, usando tal vez algún sexto sentido de Cazadora, se arrojó al piso minutos antes, protegiéndose del tiroteo.
Las balas de plata se incrustaron en el pecho y en el cráneo del Maestro, comenzado su rápido trabajo. El anciano vampiro chilló presa del dolor y se desplomó en el piso, saliéndole humo por las heridas abiertas mientras su cuerpo preternatural comenzaba un rápido procedimiento de destrucción.
Hubo un griterío de horror general. Los vampiros de la multitud retrocedieron, espantados.
El cuerpo del Maestro se retorció en el piso, en carne viva. Las heridas sangrantes se abrieron mas en su cuerpo… ahora, como llagas voraces, los consumían todo. Salió humo de su figura y en tan solo un par de segundos…
EXPLOTÓ EN CIENTOS DE PEDAZOS.
Los vampiros de la multitud gritaron. Se produjo una corrida general, hacia la salida del Palacio. Instintivamente, Spike corrió hacia donde estaba Buffy. Pasó cerca de donde habían quedado los pedazos del gran Sire de Alemania (seguían ardiendo lentamente ahora, desintegrándose) y la levantó del piso. Sin perder más tiempo, le arrancó las esposas y dejó libre sus manos.
-Supongo que sabrás usar una de estas – dijo, sacando de entre su gabardina una estaca de madera afilada.
Buffy sonrió y tomó la estaca.
-Gracias – dijo, mirándolo con sus ojos verdes resplandecientes de la emoción.
Él no pudo evitar el siguiente gesto: la besó en los labios.
-¡MATENLOS! – el grito de furia de Darla era como el de una leona rugiente.
Varios soldados vampiros se acercaron a la pareja, listos para liquidarlos. Buffy saltó sobre ellos y esgrimiendo su estaca los acabó en un abrir y cerrar de ojos.
Por su lado, Spike volvía a empuñar aquellas pistolas cargadas de balas de plata y ya estaba barriendo a los tiros todo el palco. Los generales vampiros Nazis quedaron convertidos en un par de bonitos coladores que, al igual que su Sire, estallaron en llamas una vez heridos…
-La plata duele – comentó Spike, mordaz.
El Palacio Central se había convertido en un campo de guerra. La multitud vampirizada se apretujaba a las salidas del lugar, huyendo de lo que ocurría y los soldados corrían a por sus armas.
Darla se interpuso en el camino de Buffy y mudando su rostro humano por el de vampiro, la aferró del cuello, lista para estrangularla. La Cazadora le propinó una feroz patada en una pierna y cuando la vampiresa la soltó, la estaca de madera se hundió en su pecho una sola vez.
…De Darla solo quedo una montaña de cenizas en el piso...
Los soldados con sus armas ya venían hacia el patio. Spike los vio venir y lo primero que hizo fue sacar otras de las sorpresitas que había traído consigo aquella noche: granadas.
-Esto si les va a gustar – comentó, arrojándolas contra los soldados.
Las granadas de Spike no eran normales. En realidad, eran unos ingenios mecánicos salidos de los laboratorios del Régimen, que se habían prohibido apenas se habían inventado por su peligrosidad.
Eran granadas de luz ultravioleta.
-¡Sonrían al pajarito! – exclamó Spike junto con Buffy, corriendo hacia la salida del Palacio.
Las granadas detonaron. En vez de producirse una explosión atronadora, un chorro de luz pálida y azulada se desparramó en todas direcciones. Los vampiros que estaban a su alcance quedaron reducidos de inmediato a cenizas. Los que apenas fueron tocados por la luz, se quemaron gravemente y corrieron, soltando sus armas, a esconderse.
Spike y Buffy tenían la ventaja. Salieron del Palacio justo detrás de la multitud que huía de ellos. Los soldados del Régimen habían quedado atrás (eso los que no se habían desintegrado).
La pareja corrió por unas sucias y abandonadas calles de Berlín. Corrieron y corrieron hasta que finalmente, Spike se detuvo, en la entrada de un callejón y le hizo señas a la Cazadora de que lo siguiera hacia una tapa de cloaca, la cual, levantó para que ella cruzara primero hacia los túneles debajo de la ciudad.
Una vez que ambos estuvieron en los túneles, pudieron respirar mas aliviados…
-Menudo espectáculo – dijo él, jadeando junto a su compañera. Ella no le quitaba los ojos de encima, aparentemente orgullosa – Y todavía faltan los fuegos artificiales.
-¿De que hablas?
Spike sonrió y sacó de entre su gabardina un pequeño control remoto. Lo miró detenidamente y se lo pasó a su compañera.
-El honor es de la dama – dijo.
Buffy lo entendió y sonrió. Presionó el botón.
Arriba, en el Palacio Central, detonaron un par de bombas. Todo el lugar ardió en cientos de pedazos, arrastrando en el trayecto a muchos vampiros que se encontraban allí. La explosión fue tal que medio Berlín fue sacudida como un terremoto.
-Ese si es un bloody final – dijo él, rebuscando entre sus ropas algo. A la final, lo encontró.
Una caja de cigarrillos. Sacó uno y lo encendió. Fumó lentamente un buen rato, aspirando y exhalando el humo con sumo placer.
-¿Quieres, pet? – le alargó la caja a su compañera. La chica dudó solo un segundo, pero luego, tomó el cigarrillo que él encendió y ambos fumaron, lentamente.
…Arriba, en la ciudad, se oían las sirenas. Había gritos y demás exclamaciones de pánico general…
-¿Cuándo pusiste esas bombas? – preguntó ella, mientras fumaba.
-Ah, me hice de algo de tiempo. Cosa fácil. Soy el Primer Ministro de Inglaterra. Nadie me negaría el paso a ningún lugar del palacio – se encogió de hombro, el cigarrillo pendiendo de su boca – Lo mas difícil fue conseguir hacer entrar las balas de plata.
Silencio entre ambos. A lo lejos, seguían oyéndose las sirenas y los helicópteros en el cielo.
-Nos están buscando – le aseguró a la chica, oyendo con atención – Seguro que si.
-¿Te das cuenta de lo que pasó esta noche? – preguntó ella, luego de otro rato de silencio mutuo.
-¿A que te refieres?
-Esta noche has hecho historia, William – Buffy arrojó el cigarrillo. Lo miró con los ojos vidriosos – Esta noche cayó el Régimen.
Él sonrió, incrédulo.
-Todo lo que ha pasado ha sido televisado al mundo entero. En los Campos de Contención lo habrán visto, seguro. Ahora que saben que el Sire de Alemania ha muerto… ¡Es el fin del Régimen!
Spike se encogió de hombros.
-Era un Régimen condenado al fracaso de entrada, luv… y él quería que durara cien mil años – meneó la cabeza – Viejo loco.
La Cazadora se le acercó y le sacó el cigarrillo de la boca, besándolo tiernamente. Él la estrechó entre sus brazos y contestó de igual forma su gesto.
-¿Y ahora que bloody pasara? – le preguntó.
La muchacha sonrió.
-Ahora, tenemos muchas cosas que hacer… tú y yo… juntos.
Lo sucedió aquella noche en verdad, como Buffy dijo, fue el final del Régimen.
En los Campos de Contención, los prisioneros humanos vieron como el gran Sire moría en vivo y en directo, recibiendo el acontecimiento con gritos de júbilo. Por el contrario, sus carceleros murieron de espanto.
Literalmente murieron de todas formas, ya que la rebelión comenzó.
Los que se encontraban en los Campos de Contención encontraron en el gesto de Buffy y de Spike una corriente de ánimo y de valor increíble. Envalentonados de esa forma, se rebelaron a sus captores y los Campos de Contención se convirtieron en escenarios de nuevas e increíbles batallas que fueron, asombrosamente, ganadas por los seres humanos.
Desde los países libres del vampirismo no tardó en venir la ayuda. Allá también habían presenciado lo ocurrido y se habían contagiado de la alegría y del júbilo por la victoria. Las fuerzas de los mortales avanzaron entonces sobre el Régimen moribundo y lo remataron.
Era gracioso pensarlo de esta forma. El Régimen solo era mantenido por la imagen espoleada del Maestro. Ahora que el anciano había sido eliminado, la maquina monstruosa que él había creado se derrumbaba en cientos de pedazos.
Lentamente, La Tierra de las Sombras llegaba a su fin.
Los Aliados avanzaron hasta Alemania. Hubo mas guerra y si, mas derramamiento de sangre, pero el conflicto bélico terminó al cabo de un tiempo. La bandera de la Humanidad (que consistía en una bandera blanca con una cruz cristiana roja) finalmente se alzó sobre las ruinas del antiguo palacio del Maestro.
Era el fin de una Era.
Buffy y Spike pasaron a la historia, pero no solo como los que provocaron la ruina del Régimen, sino como la primera pareja oficial entre un vampiro y un humano que contraía matrimonio. Spike había abandonado el cargo de Primer Ministro de la reconquistada Inglaterra y habiendo jurado fidelidad (en cierta forma) al nuevo sistema de gobierno del mundo libre, fue a vivir a Estados Unidos con su prometida.
Nunca nadie supo nada más de Drusilla. Ni el mismo Spike. ¿Qué fue de ella? No se sabía. Cuando Inglaterra fue reconquistada, la vampiresa había desaparecido. Había rumores que, como muchos viejos miembros del Régimen que se exiliaron, se ocultaba en algún rincón de las ruinosas y yermas tierras de la destruida América del Sur.
A Spike no le importó mucho.
El matrimonio entre Spike y Buffy produjo un violento debate en Estados Unidos y en el Nuevo Mundo Libre. A pesar de que muchos vampiros aceptaron la rendición y juraron lealtad al nuevo orden social, el matrimonio entre un vampiro y un ser humano fue visto como algo poco ortodoxo entre las comunidades más viejas de Norteamérica.
Hubo debates, protestas ante la Casa Blanca y demás discusiones en el Congreso.
Incluso, pasado un tiempo, comenzaron a producirse alborotos. Grupos humanos hostigaban a los vampiros y llegaron hasta cometer actos de vandalismo contra las comunidades asentadas en USA. Surgió una curiosa facción denominada "Los Hijos de la Humanidad" que discriminaban a todo aquel que no fuera "blanco, anglosajón, protestante y… humano".
Spike, en su residencia en Los Ángeles, con Buffy, cuando le fue consultado acerca de todo esto, opinó lo siguiente:
-Algunas cosas nunca cambian, luv. ¿Qué le vamos a hacer? Así es el mundo.
FIN
