Antes de que Gwen pudiese entrar, Merlín ya había saltado de la cama como si esta tuviera un resorte y empezó a buscar sus pantalones.
-Al costado, Merlín. – le susurró su amigo.
Pero al costado no estaban. ¿Dónde se habían metido?
Agarró lo primero que encontró para taparse cuando ni bien entro Guinevere.
Vestía con un simple vestido y una gran y larga capa, y en su cara se notaba el cansancio del largo viaje, pero, pese a esto, una espeluznante sonrisa estaba dibujada en su rostro, la cual se borró ni bien vio a Merlín, seguido por Arthur.
Dado que Merlín se encontraba tapando solamente su parte baja, daba a la imaginación mucho lugar a dudas.
A Gwen casi se le cae la mandíbula de la cara.
-Puedo explicarlo.- dijo Arthur antes de que su esposa pegara un grito en el cielo.
Gwen los miró a los dos, callada, pero con la cara totalmente sorpresiva.
-Bueno, a decir verdad, siempre lo he sospechado. Pero aquí en más a que lo hagan… - empezó, pero luego se calló. Sonrió irónicamente, y negando con la cabeza, prosiguió – Arthur, espero que lo que aparenta ser en verdad no haya sucedido.
Merlín miró a Arthur, quién miro a Gwen. Maldición, sí salía de la cama, iba a ser muy obvio lo que acababan de hacer.
Cerró los ojos, dispuesto a decir la verdad. Pero Merlín se le adelantó:
-En verdad lo lamento, su majestad. Esto…. No quería que fuese así.
-¿De qué hablas? – preguntó confundida Guinevere.
-Yo… Arthur me dio cómo regalo a una…. Esto…chica. – mintió. Sabía que era un pésimo impostor, y no fue contrariado por Arthur, quien cerraba los ojos una vez más, en señal de derrota.
-¿Y quieres que me lo crea? Merlín, no soy idiota. – murmuró Gwen, con una extraña voz. – Arthur, con todas las mujeres que hay, ¿me engañas con Merlín? Sí esto es por Lancelot, en verdad que…
-Guinevere. – dijo colmado el rubio. Ya no tenía caso mentir. Sabía que su amada era muy inteligente, y que el mentirle no haría más cosa que empeorar la situación.
Pero no, Gwen lo paró en seco. No quería escuchar más. Y tampoco quería ver más.
Merlín, parado como un completo inútil al lado de la cama, no sabía qué hacer. Con la cabeza baja, comenzó a buscar su pantalón, hasta que lo encontró tirado bajo la cama, sobresaliendo un extremo. ¿Cómo había llegado a parar allí? Cosa extraña.
Trato de atraerlo con el pie, mientras que Arthur y Gwen se decían cosas que era mejor no escuchar. Cómo nadie le estaba prestando atención – como de costumbre- se agacho bajo la cama y lo saco. Y teniendo todo el tiempo del mundo, se lo puso sin ningún problema.
Trato de encontrar la camisa, pero esta se encontraba a los pies de Guinevere, quién ya la había visto, y la había alzado revoloteándola por el aire mientras explicaba cosas acaloradamente.
Se cruzó de brazos, tratando de mantener el calor corporal.
Bueno, si tenía que hacer una balanza de su cumpleaños, hubiera dicho que todo había salido bien, menos por el pequeño problema de Gwen. Eso sí que no había salido bien.
En un momento dado, Arthur se incorporó de la cama, mágicamente con el pantalón puesto. Según pensó Merlín, se lo habría puesto cuando Guinevere estaba más alterada como para no escuchar y ver las cosas.
-Gwen… - trato de decir, pero nuevamente fue interrumpido.
-No, Arthur. No hay palabras que valgan la pena decir. Lo hecho, hecho esta.
Dio media vuelta, dolida, y Merlín, en menos de dos segundos, se paró al lado de su Rey.
-¿Cuándo te has cambiado? – pregunto, sorprendido.
Qué raro, nunca prestándole atención…
-Piensa en un modo en que Gwen no le diga a nadie lo que ha visto, Arthur. – lo apresuró Merlín, quién ya tenía varias ideas rondándole por su cabeza.
-No pienso matarla. – dijo mirándolo fríamente.
¡Dios! Que torpe era.
-No hablo de asesinato, Arthur. Es mi amiga. Pero no podemos dejarla ir libremente con lo que ha visto…
-Lo sé, lo sé – concordó Arthur. Observo por toda la habitación, y cuando encontró un plato de chapa, no pudo dejar de pensar en la posibilidad….Pero no, no iba a golpear a Gwen.
Merlín también había visto aquel plató, y con la mirada, trato de convencer a su Rey.
-Es nuestra única salida. – le susurró.
Apenado, Arthur asintió, sabiendo que era verdad.
-Yo la distraigo, y tú lo haces. – Merlín asintió, y ya estaba preparado para caminar cuando Arthur volvió a decirle – No muy fuerte.
Volvió a mover la cabeza para arriba y abajo, y cuando Arthur se dirigió a Gwen, él agarró el plato de chapa.
-Gwen. – llamo nuevamente, pero la chica ya estaba en la puerta siendo un milagro que todavía no se haya marchado. - ¡Gwen!
Esta vez, la morena giró, con los ojos arrasados por las lágrimas.
-Escucha…
Arthur se le paró adelante, haciendo atraer su atención hacia al frente, para que Merlín, que venía detrás, pudiera darle el golpe con éxito.
Trató de no hacer ruido, y cuando estuvo lo más pegado a ella, levanto el plato por encima de su cabeza y se lo plasmo en la cabeza a Gwen, quien se desmayó al instante.
Antes de que cayera al suelo, Arthur ya la tenía cogida en brazos.
-Te he dicho que no muy fuerte. – respondió, con un hilo de desaprobación en su voz.
-Tenía que hacerlo. – se excusó el mago.
-Rápido, llevádnosla con Gaius para que parezca que se ha caído.
Merlín asintió, y abrió la puerta, Y cuando salió, Arthur lo reprocho:
-¡Ponte la camisa!
Apurado, volvió dentro y se la acomodo a las ligeras.
En el aposento de Gaius, levantaron al viejo de su pesado sueño.
-¿Qué pasa? – murmuró, entre ronquidos.
-Gaius, despierta. Tenemos una emergencia. – Merlín lo zarandeo, hasta que el viejo por fin despertó.
Se sentó en la cama y se estiro, haciendo sonar sus huesos.
-¿Qué ha pasado? – pregunto, más despierto.
-Gwen, ha entrado al cuarto y se ha resbalado, y por ende, se ha golpeado la cabeza. – contó a las ligeras Arthur, tratando de que su historia fuese creíble.
-Ponedla sobre la cama. – pidió Gaius.
Arthur la deposito suavemente, rogando que al despertar, Gwen no recordase nada.
Gaius la examino, le puso un paño de agua fría mojado y examino el chichón que le asomaba por la cabeza. Luego de unos minutos, le comento al Rey:
-No ha sido gran cosa, ha tenido suerte. Nos hace falta que despierte. Tengo por entendido que no faltará mucho.
Esperaron en silencio, sentados alrededor de la cama. Arthur y Merlín no dejaban de echarse miradas furtivas, las cuales, Gaius intercepto algunas cuantas.
Merlín, ¿puedes venir? – llamo desde el otro extremo.
Arthur le dirigió una mirada cuidadosa, para que no diga nada, la cual Merlín tranquilizo con otra.
-¿Qué ha pasado? – saltó rápidamente Gaius. - ¿Dónde estabas?
-Estaba con Arthur, terminándolo de ayudar a vestirse y preparando sus cosas para mañana por la mañana, cuando Gwen ha entrado, se tropezó y se cayó.
-¿Así, sin más?
-Sin más. – concluyo Merlín.
-¿Y porque no os dejáis de lanzar miradas con Arthur?
-Porque ambos estábamos preocupados. Y concordamos que era mejor llamarlo a usted.
-Merlín, la historia que cuentas no tiene sentidos, ¿lo sabes, verdad?
Merlín se encogió de hombros, sin más que decir. Pero Gaius insistió.
-Te conozco, Merlín. Y conozco que eres malo para las mentiras.
-¿Y porque mentiría? – inquirió.
Gaius no supo que responder, por lo que aprovecho el momento para volver al lado de Arthur.
-Sospecha, ¿verdad? – preguntó el rubio.
-Y mucho.
Y callados, esperaron hasta que Gwen recobrara el sentido.
Ya era entrada la mañana cuando Arthur y Merlín se despabilaron, despertados por Gaius.
-Mi señor, Gwen quiere hablaos.
Arthur asintió con la cabeza, todavía algo dormido. Merlín lo siguió.
Gwen se encontraba en la cama, sentada con la espalda en la cabecera. Al ver a Arthur, sonrió. Pero aquello… ¿era bueno o malo?
-Guinevere. – murmuró el rubio.
-Arthur.
-¿Recuerdas lo ocurrido? – preguntó sin más. Los nervios lo estaban matando.
-Es confuso…. No recuerdo mucho. Recuerdo haber llegado, y discutido con vosotros porque… - de repente, una sombra cubrió su cara. - ¡Por los dioses!
-¿Qué pasa? – preguntó Merlín.
-Gaius. –llamo Guinevere - ¿podrías dejarnos a solas?
Gaius asintió, y antes de marcharse, dirigió a Merlín una mirada extraña.
Oh, no. Esto era malo, realmente malo.
-¿Qué pasa, Gwen? – volvió a inquirir Arthur.
-Decidme que no es verdad. Decidme que no encontré a Merlín desnudo en tus aposentos.
Merlín y Arthur se miraron, y a los tres segundos, estallaron en sonoras carcajadas falsas.
Era mejor fingir diversión que preocupación.
-¿Desnudo? ¿Merlín? ¿En mis aposentos? – preguntó Arthur con voz graciosa. Gwen no se reía. - ¡Por el amor a Camelot, el golpe que te has dado sí que ha sido fuerte!
-¿Dices que recuerdo eso por el golpe? – inquirió, confundida.
-Yo estaba en sus aposentos, Alteza. – dijo Merlín, más calmado. – Pero no desnudo. Estaba acomodando las cosas para la mañana del otro día.
-Entonces, ¿lo estoy imaginando?
-Los golpes hacen que tus recuerdos se alteren, Gwen . – tranquilizó Arthur.
La morena se encogió de hombros, creyéndose lo que acababa de decirle.
-¿Y cómo me he caído?
-Da la manera más tonta. – concordaron los dos a la par.
-¿Cómo? – volvió a preguntar.
-Has entrado, me has visto, y te has caído. – respondió rápidamente Merlín.
-¿Por verte? – a aquello Gwen no lo recordaba.
-Te has tropezado. – aclaro Arthur.
-Ahora tiene sentido. – concluyó Gwen.
El morocho y el rubio se miraron por largo rato, y cuando volvió a aparecer Gaius, se retiraron hacia atrás, para dejarlo hacer su trabajo.
-¿Nos necesitan en algo más? – preguntó Arthur, mucho más calmado.
-No, Sire. – respondió Gaius.
-¿A dónde se dirigen? – quiso saber Gwen.
-Puede que ayer fuera el cumpleaños de Merlín, pero eso fue ayer. Ahora le toca volver a su trabajo.
Palmeo el hombro de Merlín, y Gwen hizo una mueca.
-Lo siento, Merlín.
-¿Por qué?
-Por tener a un amo tan insoportable. – Gwen sonrió. Ya se encontraba mejor, y ya no había dudas que aclarar.
-No es nada, al menos, a veces es lo bastante inútil para zafar de hacer algo que no quiero.
Arthur negó con la cabeza, divertido. Y rascándole la cabeza a Merlín, lo llevo fuera.
-Bueno, al menos, ha salido bien. – dijo Arthur.
-Sí, bien. – murmuró su amigo.
Cuando llegaron a las habitaciones de Arthur, y cuando se cambió, volvieron a bajar al campo de entrenamiento.
Y antes de que Arthur desapareciera entre espadas y cotas de mallas, Merlín le susurró:
-Creo que hemos tenido suerte, pero no hay que volver a desafiarla.
-Concuerdo contigo.
-Por eso, pienso que tenemos que dejar de arriesgarnos. – dijo contra su pesar.
Arthur asintió con la cabeza, perdido entre las estocadas que se daban Gwaine y Percival.
-Sí, tenemos que ser más cautos la próxima vez.
Aquello tomó por sorpresa a Merlín.
-Creo que no me has escuchado. – dijo en voz baja.
Arthur giró la cabeza, y mirándolo fijamente a los ojos, le murmuró:
-¿Crees que esto termina aquí? No, Merlín. Esto no es el final….esto es el comienzo.
Ahora sí, este es el final. Tenía planearlo no hacerlo, pero me han convencido *.*. PARA TODAS QUE LES ITNERESE EL OTRO FIC QUE HICE (SOLO MIO) LES DIGO QUE PLANEO SEGUIRLO. Para las que no saben, también es de Merthur :3
