*Los nombres así como todo lo relacionado a Harry Potter pertenecen a J. K. Rowling


Capítulo 4

Analizando el final de su primer día, Ronald sonrió. Definitivamente la visita de Hermione le había ayudado mucho; ahora no tenía ninguna duda, era la misma Hermione que él había conocido muchos años atrás. La misma Hermione que no le soportaba, que no le quería, que le odiaba. Sintió una punzada de arrepentimiento y remordimiento. Ni siquiera él llegaba a entender por qué había actuado de esa manera con ella. Hermione nunca le había hecho nada; y por más que Harry tratase de que llevaran una buena relación, siempre había algo que hiciera a Ron sacar su lado más bruto. Y ahora, años después, Hermione lo tenía en sus manos, su futuro pendía de ella.

El karma jugaba muy bonito, pensó. Ahora le daba un guantazo blanco en la cara y se lo restregaba una y otra vez.

Soltó un largo y profundo suspiro y apoyó la cabeza en sus antebrazos. Tenía mucho tiempo sin saber de esa chica de cabello abultado y enmarañado que siempre tenía la cabeza enterrada en algún grueso libro. La última vez que la había visto había sido en la boda de Harry y Ginny, dos años atrás; aquella vez había perdido un poco el control de sí y guiado por los comentarios de Lavander, él también había comentado algunas cosas sobre Hermione que estaba seguro ella escuchó, pues se había cambiado lo más lejos posible de él y se había marchado muy pronto de la celebración. Y había cambiado desde entonces. Cierto era que Ronald nunca la había considerado fea, pero ahora lucía muy bien. El cambio le venía bien, aunque Ron sospechaba que nada en su forma de ser había cambiado. Tal vez debería de pedirle disculpas por todo el trato que le había dado en los años pasados. La primera y última vez que lo intentó, bueno… las cosas habían salido muy mal y con un acontecimiento que él nunca previó y mucho menos ella. Algo que él había olvidado porque pensar en eso solo lo hacía sentir confundido y avergonzado. Y es que, bueno, ¿qué imbécil se burla sin parar de la chica y en cuanto ésta se defiende, la besa y luego ella desaparece sin más?

Nunca la había escuchado hablar ni gritar tanto, que se hartó y la única manera de callarla había sido un beso. Un beso simple que solo duró dos segundos, pues en cuanto se dio cuenta de lo que había hecho, se echó hacia atrás, aterrorizado, esperando más gritos de ella o un golpe en los testículos o algo, pero no. Hermione solo lo había mirado con los ojos y la boca abierta, como si la peor cosa del mundo le hubiera pasado. Se limitó a empujarlo y dejarlo solo en aquel salón de clases y nunca más la volvió a ver, hasta la boda de Harry, casi cinco años después. Y ahora, dos años más se volvían a encontrar. La vida simplemente era una cajita muy pequeña en donde todo podía quedar revuelto.

Ahora él había cambiado y solo necesitaba centrarse en lo que tenía que hacer en la empresa y no meter la pata. Podrían llevar una excelente relación laboral y dejar lo personal a un lado, por el momento.

O por lo menos eso podía esperar; sinceramente, no se merecía nada de Hermione Granger después de todo su historial con ella, pero confiaba en que siendo fiel a su ética, Hermione apartaría lo personal de lo laboral y entonces solo tendrían que esperar a que pasaran esos seis meses y seguir sus caminos separados como siempre lo habían hecho.

Sí, todo sería así de fácil, se dijo, sonando muy optimista. Apagó la lámpara que tenía cerca de la cama y giró sobre su espalda, dispuesto a dormirse.

¿Cómo era que la semana había pasado tan rápido? Era algo que Ronald no alcanzaba a comprender. Se sentía contento de que el viernes hubiera llegado. Su semana no había sido nada como la había imaginado. La triste y frustrante realidad era que se había pasado casi el noventa por ciento del tiempo en el cuarto de copiado. Ahora, resignado, subió a la oficina pensando en cuántas copias tendría que sacar aquel día. La puerta, como siempre, estaba abierta. De igual manera tocó mientras se paraba en el umbral y pidió permiso para pasar, pero la oficina estaba completamente vacía.

Se sorprendió, ya que Hermione siempre estaba ahí cuando él llegaba. McLaggen había llegado a ser en extremo puntual luego del chasco del primer día, pero ya estaba dando la hora y no había llegado aún.

Algo extrañado por eso, se dirigió al escritorio y dejó sus cosas. Su escritorio estaba limpio, pues no había estado mucho tiempo en él. En cambio, su compañero tenía montones de papeles mal acomodados, lápices y alguna que otra basura de dulces.

Estaba por sentarse cuando Hermione entró apresuradamente, casi corriendo, hacia su escritorio. No se percató de la presencia de Ronald hasta que alzó la vista buscando a McLaggen y no lo encontró. En su lugar, vio a Ronald, que estaba esperando a que le dieran órdenes.

—McLaggen —dijo entre dientes Hermione, mirando su reloj —. Segundo retardo en su primera semana. Weasley —alzó la voz al decir el apellido y el muchacho se incorporó de golpe —. Venga, aquí. Tome esta carpeta —Hermione dejó una carpeta en el borde del escritorio, y tomó otras dos mientras se sentaba en su escritorio y las abría, estudiándolas con intensidad.

Ron se quedó de pie, esperando más indicaciones, pero como no las hubo, habló.

—¿Cuántos juegos ocupa?

Hermione tardó unos segundos en captar y procesar la voz de su ayudante, dándose cuenta de que seguía parado frente a su escritorio.

—¿Perdón? —arrugó las cejas, en gesto de confusión.

—¿Cuántas copias debo sacar? —reiteró Ron, tomando la carpeta con una mano.

Hermione le miró fijamente y por un milisegundo se sintió mal. Había estado mandando a Ron a sacar las copias todo el tiempo. No por venganza ni nada, pero era más fácil no tener que verlo ni tener que hablar con él durante tanto tiempo, que simplemente encontró sencilla solución a ese problema con las copias. Ahora pensó que había estado mal, pues se suponía que lo habían aceptado para que aprendiera de su carrera, de su futuro trabajo, no para ser un simple saca-copias.

—No quiero copias, señor Weasley —contestó al fin, decidiendo que pensaría más tarde en eso. Indicó a Ron que tomara asiento y se tomó un momento para limpiar sus lentes —. McLaggen debió haber terminado este reporte del presupuesto que se estará usando para una posible ampliación de las oficinas. Necesito que esté listo para las once y media. ¿Cree poder terminarlo usted?

Ron sintió un hormigueo nervioso recorrer su cuerpo. Esa era su oportunidad de demostrarle a Granger de lo que podía hacer. Así que solo asintió y comenzó a examinar lo que McLaggen había empezado. Sin perder tiempo, ambos se enfrascaron en el trabajo. Les costó casi una hora terminar el reporte. Y otros cuarenta minutos en lo que Hermione revisaba. Hermione lo revisó minuciosamente, pero realmente Ronald era bueno y casi no encontró errores. Le faltaba pulirse un poco, pero era bueno, podría decir que más que McLaggen y más responsable y eficiente.

Contuvo una risita irónica, no creyó nunca pensar eso de Ronald Weasley, pero sin duda la estaba sorprendiendo.

Justo a las 11:20, dejaron todo listo y Hermione pidió a Ronald que lo acompañara a la junta. Estaban por salir cuando McLaggen entró, agitado, despeinado, con la corbata ladeada y la camisa mal fajada.

—¡Siento el retraso, lo siento! —apenas y se entendieron sus palabras, mientras se apoyaba contra la puerta, tomando aire.

Hermione lo observó, sorprendida por la abrupta aparición. Luego compuso un gesto de completa reprobación.

—Hablaré con usted más tarde. Ahora, si nos disculpa al señor Weasley y a mí, tenemos una junta por delante. Haga el favor de organizar su escritorio, sus archivos y revisar el resto de pendientes en lo que volvemos.

Y salió sin más. Ronald, por su parte, no pudo evitar una sonrisa de suficiencia al pasar junto a un perplejo y descolocado McLaggen. Por fin le había salido una a él. Por fin se estaba sintiendo en su elemento y si de paso McLaggen terminaba en mal, mucho mejor para él. Podía visualizarse subiendo una imaginaria escalera y sonrió al recordar las palabras de su padre.

Después de todo, esto no estaba terminando tan mal.

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Horas más tardes, cuando se llegó la hora de comida, Ronald meditaba sobre lo acontecido esa semana. Hermione nunca lo había tratado ni hablado mal, bien porque él había hecho todo lo posible por cumplir sus deberes al pie de la letra y no darle excusas. Pero lo cierto era que se preguntaba si lo ocurrido en su pasado repercutía ahora en las cuestiones laborales que le había puesto en aquellos días. Se preguntaba, si McLaggen no hubiera llegado tarde aquel día, ¿Hermione le habría pedido su ayuda? ¿Le habría dado la oportunidad de trabajar con ella de esa manera? Quería preguntárselo, pero no sabía si sería buena idea.

—Weasley.

La voz de McLaggen lo sacó de sus pensamientos. Lo vio sentarse frente a él.

—McLaggen —respondió Ronald, alzando la vista hacia él.

Su compañero intentaba verse tranquilo, pero sus gestos lo delataban. Una mirada acusadora y una sonrisa más parecida a una mueca disgustada.

—Así que piensas que me llevas ventaja, ¿eh? —dijo en un susurro para que solo Ronald lo escuchara, pues había más gente en la habitación que fungía de comedor. Ronald no dijo nada, en cambio lo miró fijamente sin mutar la expresión seria de su rostro —Déjame dejarte algo en claro, Weasley. Tú no tienes oportunidad alguna aquí. Mi padre…

—Sinceramente, McLaggen, me importa poco lo que tengas que decirme —interrumpió Ronald, ladeando un poco la cabeza —. Tú y tu padre pueden hacer lo que se les venga en gana. Yo simplemente estoy haciendo mi trabajo. Si te sientes tan seguro de ser mejor que yo y tener más oportunidad que tú, no tienes por qué tratar de intimidarme.

La reacción de Cormac fue reír, aunque se veía mucho más molesto que cuando llegó.

—No te intimido, Weasley —explicó, tomando uno de los sándwiches que tenía Ron en su plato —, simplemente te dejo las cosas claras para que no te hagas ilusiones.

Y antes de que Ronald pudiera replicar, se levantó sin más. Extrañado por ese breve encuentro, Ronald frunció el ceño. Realmente ese imbécil creía que estaba por encima de todo, y además, se había llevado su comida. ¡Su comida, joder! Bien, si quería guerra, guerra tendría, decidió.

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Ronald debería haberse marchado hacía dos horas. Su turno terminaba a las tres de la tarde y ya pasaban de las cinco. Pero aún tenía dudas corriendo por su cabeza, y la semi conversación con McLaggen solo había provocado que pensara más en ello. Así que estaba esperando el momento justo para poder hablar con Hermione del asunto. Tenía que aclararlo o se quedaría todo el fin de semana pensando en ello.

Además tenía trabajo, ahora que Hermione le estaba dando trabajo real y no solo sacar copias, no quería desaprovechar. McLaggen también seguía en la oficina; Hermione no estaba, había salido argumentando que estaría en la oficina de su jefe y no la molestaran a menos que fuera algo de suma importancia.

Ronald no sentía necesario decirle algo a McLaggen respecto a sus palabras en la hora de comida, simplemente iba a demostrarle lo diferente que eran las cosas ahora y todo de lo que él era capaz. Y aunque fuera mínima, sabía que él había causado mejor impresión. Y estaba dispuesto a más, pensó, sonriendo, cuando su compañero comenzó a empacar sus cosas y diez minutos más tarde abandonó la oficina sin dirigirle ni una sola palabra.

Hermione entró casi luego de la salida de McLaggen. Miró a Ronald, que seguía trabajando y luego el escritorio ahora vacío de McLaggen.

—¿Hace cuánto que se fue su compañero, Weasley? —preguntó Hermione, mientras avanzaba hacia su escritorio y dejaba la carpeta que llevaba en sus manos.

—Se acaba de ir, justo antes de que entrara usted —respondió Ronald, mirando a la castaña con cierto nerviosismo. Ahora era el momento, pensó.

—Bien —Hermione consultó la hora, casi eran las seis de la tarde —. Creo que es todo por hoy. Puede irse ya, Weasley. Cualquier pendiente lo resuelve el lunes.

Ron murmuró un "de acuerdo" como respuesta y comenzó a guardar sus cosas. Terminó y se colocó la correa de su maletín sobre el hombro. Vacilante, se acercó al escritorio, deteniéndose a tres pasos de distancia.

—Uhm, eh… —titubeó, no sabiendo cómo llamarla. Se aclaró la garganta y Hermione lo miró, dándole una mirada inquisitiva —. Yo, quería hablar con usted sobre algo.

Inmediatamente Hermione se puso alerta, pero no dejó que el pelirrojo se diera cuenta. Se incorporó en el asiento y poniendo su cara más profesional le miró fijamente.

—¿Sobre el trabajo? —preguntó Hermione, intentando que la voz no se aflojara.

—No, no —negó Ron, tragando saliva —. No es sobre el trabajo. Es sobre usted y yo…

—Perdón que lo interrumpa, señor Weasley —terció Hermione, perdiendo un poquito el control. No, ese hombre no iba a tomar las riendas de nuevo ni haría lo que quisiera con ella —, pero no hay usted y yo. Aquí solo trataremos asuntos de trabajo y nada más. ¿Está claro?

Ronald le miró, debatiendo si insistir. Si seguía, ¿Hermione lo correría? Trató de descifrarla, pero le parecía algo completamente difícil. Esos ojos castaños lo miraban sin doblegarse.

—Sí, claro —se rindió, luego de un momento de debate interno —. Hasta el lunes.

—Lo veo el lunes, señor Weasley. Siga siendo puntual —dijo sin mirarlo y a Ronald no le quedó de otra que salir de ahí, sintiéndose más confuso que antes.

Se lo merecía, se dijo. Se merecía aquel trato por tantos años en los que él la había tratado mal.

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¡Sorpresa, sorpresa! Ya casi olvidaba cómo subir un capítulo nuevo, pero ya por fin está aquí.

Sé que fue un capítulo corto, pero espero lo hayan disfrutado. Aún no sé bien cuán larga será esta historia, desde el principio he tenido en mente que fuera corta. Pero todo depende de la inspiración que esta parejita me cause en el transcurso.

Quiero agradecer infinitamente a quien ha seguido al pendiente de esta historia. Pasó muchísimo tiempo, pero yo dije que no la abandonaría y así es. Y aquí estoy cumpliendo esa palabra.

No puedo prometer que el próximo capítulo será pronto, porque no lo sé, pero de nuevo lo reitero, habrá y seguirá, tarde o temprano.

Muchas gracias.

LunitaEmo-Granger.