Aclaraciones del capitulo:
Luego de pasar por una temporada en donde no podía escribir ni mi nombre, aquí entrego el capítulo 4.
Disclaimers: Kuroshitsuji no me pertenece. Si así fuera, Ronald Knox sería el personaje principal y patearía a Sebastián, luego de dejarle saber de manera no tan cordial que Grell es completamente propiedad de él.
Este fanfic tiene tanto referencias del anime/manga como elementos de AU. Dedicado casi en su totalidad a Ronald Knox, el rubio que me hace suspirar. Futuro padre de mis hijos.
El foro de rol yaoi Kuroshitsuji va funcionando bien, ya tenemos algunos personajes pero aún faltan muchos por tomarse e incluso, donde creamos la modalidad de los personajes originales. Si les gusta el rol y buscan pasar un rato ameno jugando con sus personajes favoritos de la serie este es el lugar! Pueden contactarme y con gusto les doy la URL.
Gracias a Knoxie del foro, por manejar tan bien a Ronnie y darme inspiración para seguirle a los capítulos. 3
4. RENACIMIENTO.
Nunca había dormido tan bien.
Estoy seguro que al despertar, mi padre me regañará por haber dormido más de lo normal y mi madre me obligará a comer mi desayuno tarde y a acompañarla en su caminata de mediodía por el jardín.
Siento que he descansado perfectamente, pero por alguna razón no quiero abrir los ojos.
Tengo miedo.
Leves partes de recuerdos llegan a mi memoria. Recuerdos donde sufro dolores que no puedo describir, donde lucho por quedarme con mi familia, donde todos me ayudan queriendo darme esperanza…
Pero no la hubo.
Un grito de terror llena mi garganta y abro los ojos. Es ahí cuando me topo contigo, con tus ojos bicolor casi enteramente verdes, tu sonrisa intimidante, tus largos y sedosos cabellos, tu atuendo llamativo…
Nunca voy a olvidar, que cuando volví a nacer, lo primero que vi fue un hermoso rojo escarlata.
-Buenos días, Ronald Knox –Una voz autoritaria se dejó escuchar en la habitación y de pronto, Ronald vio como el muchacho escarlata que había tenido prácticamente encima salió volando y dejó a la vista a un hombre de mirada fría y rostro inexpresivo como si de un témpano de hielo se tratase. Iba muy bien vestido, de camisa blanca y traje negro, corbata bien planchada, cabello impecablemente peinado hacia atrás y unas gafas cuadradas que le hacían ver incluso más serio. –Mi nombre es William T. Spears; Shinigami en jefe de la división de Londres. Has sido elegido como alma candidata para formar parte de nuestro equipo. En dado caso de aceptar, deberás entrar a la academia por 6 meses, tras lo cual, luego de una prueba, se dará el veredicto de si tu alma regresará a tu cinematic record, o si puedes quedarte entre las filas de los que sirven a la muerte.
-Ne, William… -Se escuchó de pronto una voz más dulce, llena de preocupación –No puedes darles siempre toda la información en los primeros segundos que despiertan… Dales tiempo; no seas tan frío…
Ronald los miraba a ambos, confundido. Se levantó lentamente de la cama en donde estaba, tallándose la cabeza, temblando con el solo movimiento. Todo su cuerpo dolía, moverse dolía… Respirar dolía.
-Ah… -Jadeó justo cuando sintió un enorme dolor en su estómago, comenzando a toser, sintiendo que se ahogaba.
El quejido atrajo la atención de los dos para él desconocidos que estaban discutiendo a centímetros de él. En segundos, Ronald Knox sintió unos brazos cálidos rodearle, un olor delicado, como si de una fragancia de mujer se tratase. Abrió los ojos para encontrarse en un abrazo con el hombre pelirrojo que había estado sobre él minutos atrás.
-Tú solamente lo estás asustando, William –Se quejó con una voz lastimera, mostrándole la lengua al de cabello negro.
Ronald abrió sus ojos, mirándoles, confundido. Para luego ser aquejado de un dolor nuevo.
-¿Qué… Qué son los shinigamis…? ¿Qué hago aquí? ¿Porqué… Porqué me duele? ¿Sobreviví a ese accidente? –Balbuceó, sin saber porqué, aferrándose a ese abrazo cálido que parecía querer darle apoyo.
-¿Lo ves? ¡No te ha entendido nada! –Se quejó nuevamente el pelirrojo.
-Si tanto presumes, Grell Sutcliff ¿Porqué no me enseñas que puedes hacerlo mejor? –Dijo seriamente el moreno, cruzándose de brazos y mirando severamente al pelirrojo. Ronald notó ahí el peculiar color de los ojos de ambos. No eran verdes completamente, sino parecían tener un brillo bicolor, algo como entre amarillo sol y verde pasto. En el pelirrojo al cual el moreno llamaba Grell, se veía el color incluso más verde, destacando su pálido rostro con el… ¿DELINEADOR?
¿Ese hombre se maquillaba?
-Ronald Knox. Has muerto –Dijo Grell, sonriendo. Abrazando con más fuerza el cuerpo del castaño.
-No fue un sueño… -Jadeó Ronald, tensándose, mientras luchaba por deshacerse del abrazo de Grell.
-No, no lo fue. Fuiste aplastado por un cargamento de tu propio barco y moriste en el lugar. De eso, han pasado 120 años –Repitió Grell en su oído, abrazándolo con una fuerza impresionante.
-"¿Cómo puede este pelirrojo tener esta fuerza? Es casi sobre-humana…" –Pensaba Ronald mientras cedía.
-Eres un alma extraordinaria, un alma que quería vivir por el bien de los demás, no por tu propio bien –Susurró Grell, posando su barbilla en el hombro del castaño, mientras los ojos fríos del llamado William los miraba, sin inmutarse –Por eso, la asociación de los shinigamis, los denominados dioses de la muerte, encargados de recolectar las almas de los que van a fallecer… Han decidido que tú eres un candidato excelente para vivir para siempre.
De repente, Ronald dejó de pelear.
Poco a poco, Grell fue soltándolo hasta que el castaño pudo quedar frente a él. Grell sonrió, alzando la mano y poniéndola sobre sus cabellos, revolviéndolos como si de un niño se tratase, para seguir.
-Si aceptas, estarás entre las filas de los inmortales, aquellos que trabajamos incansablemente para que las almas de los demás estén a salvo de los demonios que quieren devorarlas.
-En verdad, Grell Sutcliff… ¿Cuándo es que tú has trabajado incansablemente? –Dijo hostilmente William, acercándose para ver a Ronald fríamente. –Solamente tienes que decir sí o no. No nos hagas perder el tiempo; tenemos a más candidatos para despertar.
Ronald le miró con unos ojos llenos de confusión, queriendo articular palabras que incluso en su mente no podía.
-Mis padres… Mis amigos… Todos están muertos –Susurró tristemente. –No tiene caso.
-Bien, entonces… Volverás a dormir eternamente –Sentenció William, apareciendo en su mano su death Scythe, amenazando al chico castaño pero siendo detenido por Grell.
-Siempre tan frío… No he terminado aquí, William –Dijo el pelirrojo, mirando fijamente a Ronald –Están muertos y eso no puedes cambiarlo. Fueron traídos aquí por nosotros y descansan eternamente en nuestra biblioteca de almas. ¿No era tu misión en la vida el proteger a los demás? ¿Te darás por vencido sin siquiera intentarlo? Entonces si me equivoqué con tu alma
Grell terminó, retirándose del camino de William, riendo de manera descarada.
-Eres un fracaso, como lo temí, Grell Sutcliff –Declaró el pelinegro, avanzando amenazadoramente hasta Ronald.
-YO NUNCA ME DOY POR VENCIDO –Gritó de pronto Ronald, levantándose de forma agresiva –No entiendo cómo es esto, no entiendo qué son los shinigamis ni tampoco porqué viviré eternamente… ¿Pero… ustedes me enseñarán eso, verdad? –Preguntó a un sorprendido William.
-En verdad… Supongo que nosotros debemos enseñarte eso, solo si aceptas la propuesta –Dijo, mirándolo seriamente.
-Acepto –Dijo Ronald, levantándose de la cama, jalando a Grell para tomarlo de los hombros y mirarle fijamente – ¡Un Knox jamás se rinde, aunque no entienda nada de lo que está pasando! ¡Jamás! Un Knox siempre busca la salida, un Knox siempre… Triunfa.
-Ah… Qué guapo… -Susurró Grell sonriendo, haciendo que Ronald tuviera un escalofrío.
¿Por qué ese hombre decía que otro hombre era guapo?
Un golpe en la cabeza del pelirrojo le hizo saltar. William había descargado al parecer toda su fuerza de su death Scythe en la frente de Grell.
-Muy bien Ronald Knox, entonces sígueme y te mostraré el lugar donde empezaremos. Te darán una habitación, cambios de ropa y un manual que tendrás que leer para comenzar tu entrenamiento. Cualquier duda que puedas llegar a tener, seré tu tutor y…
-SEREMOS tus tutores ¡ambos! –Interrumpió el pelirrojo para tomarle del brazo y guiarle hacia la salida. Ronald aún estaba teniendo secuelas de dolor, pero Grell parecía con una fuerza tan increíble que incluso parecía poder llegar a cargarle sin problema.
Cuando cruzó esa puerta, Ronald se encontró con un mundo muy diferente al que dejó cuando murió. Las calles estaban llenas de personas con trajes negros y lentes, personas que parecían estar concentradas leyendo un libro, que caminaban con extraños artefactos en las manos. Se sobó los ojos y observó todo. No había tiendas, bares, solo edificios altos con una sola puerta y varias ventanas y al fondo, un edificio enorme, blanco, completamente diferente ya que estaba adornado con diversos pilares.
Suspiró, siguiendo el paso del pelirrojo quien empezaba a hablar acerca de lo genial que era ser inmortal.
Ronald no lo creía.
Viviría para siempre pero ya no con su familia. Con sus amigos. Con las hermosas damas que lo rodeaban como abejas a la miel. Ya no tendría sus cosas materiales, su éxito, su orgullo. ¿De qué valía vivir para siempre si ya no tenía absolutamente nada por lo que valiera la pena vivir?
Sin embargo, algo era muy cierto.
Vivir para siempre era mejor que ser regresado a ese sueño eterno.
Ya se las arreglaría.
Porque un Knox, siempre triunfa ante cualquier reto que se le imponga.
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-divisor de escena-
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Habían pasado muchos días y horas. No los tenía contados, pero eran años humanos. Ronald Knox había pasado muchas pruebas, estudiado muchas horas y hasta aceptado que sus ojos hubieran cambiado a ese extraño color bicolor que tenían todos en ese mundo.
Sin embargo, siempre se había comportado muy serio. No había aceptado ninguna de las salidas de sus compañeros novatos y mucho menos las invitaciones de Grell Sutcliff a ningún bar. Se había dedicado a conseguir toda la información y experiencia que le podía dar William T. Spears, a aprender con él del trabajo de oficina, mientras acompañaba a Grell a veces a su trabajo de campo. William lo había premiado por su esfuerzo y hasta ahora, tenía una puntuación perfecta en cada una de las pruebas.
Ese día era muy importante, ya que había terminado su examen final y había aprobado en tiempo récord. Un juicio rápido, limpio… ¿Porqué gastar tiempo extra en divagar cuando la elección había sido tan fácil? No iba a permitirse que gastaran su tiempo de vida inmortal de esa manera en cosas tan inútiles.
Al día siguiente, empezaría su trabajo como verdadero Shinigami, en el despacho de William. Una responsabilidad grande, un trabajo grande, pero estaba decidido a que iba a dar lo mejor de sí y a demostrarles a todos que tan grande era el apellido Knox.
Justo cuando estaba por dormirse, una piedra en su ventana le despertó, haciéndole asomarse a ver quien había tocado. Abajo, encontró a su senpai pelirrojo, quien le hacía señas para que bajara
-Hey ¡Ronald Knox! -Gritaba el pelirrojo haciendo que más que una luz se encendiera en el edificio departamental de los principiantes -¿Porqué no bajas un rato conmigo? –Gritó aún más fuerte, extendiéndole los brazos como si Grell tuviera la esperanza que el castaño se tirara por la ventana para recibirle como si fuera un príncipe salvando una princesa. -Anda... decídete antes de que uno de tus vecinos entre y te aviente para que yo me calle –Dijo haciendo que más de uno se asomara por la ventana.
El joven shinigami observó al pelirrojo desde su ventana con una cara parecida a la consternación. ¿Qué esperaba su senpai que hiciera? ¿Saltar así nada más? Ronald apretó los labios, mirando a sus vecinos quienes comenzaban a refunfuñar para que ambos se callaran, haciéndole sonrojarse levemente.
- ¡Está bien! ¡Está bien! ya bajo... –Aceptó para luego cerrar la ventana.
Era impresionante la habilidad de su senpai para desconcertar a la gente y Ronald no podía evitar tener sentimientos entre pavor y algo de admiración hacia el pelirrojo... Era en realidad un extraño sentimiento. Grell Sutcliff era tétrico, desde su apariencia con aquellos dientes hasta su extrovertido y casi descarado actuar y por otro lado... era el shinigami más eficiente en las tareas de campo, alguien digno de admirar y aprender. Ronald sabía que podía tomar para sí mucho del pelirrojo y aunque nadie lo creyera, tomarlo como un verdadero senpai... y en realidad lo que más le preocupaba era sentirse tan cómodo con las actividades que le obligaba a hacer y que SABÍA estaban mal.
¿Sería acaso parte de su pasado cuando fue humano? Esa rebeldía, esa manera en la que lo prohibido le divertía y es más, le hacía querer seguir rompiendo las reglas. Era normal no recordar algunas cosas de su vida pasada, quizá...
Era lo único que le excusaba de las sonrisas apenadas de William cuando descubría sus travesuras en conjunto: Como la vez que entre los dos rompieron los aspersores de incendio en los baños para que todos salieran asustados… "Quizá es simplemente mi corta edad" Se excusaba a sí mismo y salía de todos sus problemas con esa cara de niño inocente que fue obligado a tomar de las galletas que no debía tocar.
Cuando salió del departamento, el castaño se encontraba perfectamente vestido en pantalones negros parecidos a los del trabajo, una camisa blanca y la corbata levemente suelta. Había estado a punto de dormir. Que molestia, tener que salir vestido de forma tan descuidada.
- senpai...-Susurró, saludándole de manera casi informal.
Era extraño, el poder hablarle con tanta familiaridad a alguien mayor que él en edad y jerarquía. No pasaba lo mismo con William T. Spears, quien le veía con esa mirada de hielo que en veces se suavizaba, pero nunca dejaba que traspasara la línea entre el trabajo y la amistad. Para él, siempre había esa escalera entre el jefe y el subordinado aún cuando le había dedicado más tiempo que a los demás. Grell se lo había dicho, que Ronald era alguien especial para ellos dos; que había sido con quien se habían graduado y que lo recordaban con cariño. William no hablaba mucho del tema, pero Grell… el pelirrojo siempre le recordaba lo mucho que significaba para ellos. Ronald sin embargo no lo entendía, aún no captaba el porqué se habían fijado en él. No entendía el porqué seguía vivo.
-Nada de "senpai" ¿Pensabas dormirte así nada más luego de pasar con honores tu examen? "En verdad" –Le respondió Grell, imitando a William de modo perfecto.
-Pensaba dormir. –Se encogió de hombros, no tenía muchas amistades y no le importaba hacerlas. Para él, su vida de shinigami se trataba simplemente de una carrera donde les mostraba a todos el poderío de su apellido, lo perfecto que podía llegar a ser, como un homenaje póstumo a su familia.
-Ne, Ronald… ¿Eres feliz? –Le preguntó el pelirrojo a quemarropa, haciéndole sorprenderse sobremanera y por qué no decirlo, casi saltar.
-¿Eh? ¿A qué se debe la pregunta? –Respondió, mirándole desconfiado.
-Cuando decidí que tú eras un buen prospecto para shinigami, brillabas –Comenzó Grell, mirándole incluso preocupado –Tu alegría por vivir, la forma en que reías, toda la fuerza con la cual luchaste por no irte. No encuentro nada de eso en el Ronald Knox que tengo enfrente.
El castaño retrocedió un poco, sus ojos bicolor mirando interesados pero a la vez con desconfianza a Sutcliff. Tenía razón. Había perdido todo, familia, amigos, su vida en sí… Y también las ganas de vivir.
-No voy a dejar que el brillo que vi ese día desaparezca –Dijo de pronto Grell, jalándole de la mano y arrastrándole con él, comenzando a correr por las vacías calles del mundo de los shinigamis.
-¡GRELL-SENPAI! ¿Qué se cree que está haciendo? –Gritó Ronald, sin poder rebelarse ni dejando de correr. Grell tenía una fuerza impresionante, una que por sorpresivo que parezca, incluso William parecía respetar. No tenía caso huir una vez que Grell se empeñaba en hacer algo, solo quedaba el suspiro y la resignación.
-Voy a recuperar ese brillo dorado en ti –dijo solamente, abriendo un portal y empujando a Ronald en él, justo para caer en una atareada calle de Londres.
