Capitulo 3

-¿A que es una bonita alma? - Inquirió sin mover los labios de esa calabaza, como si de una máscara se tratara. Sintió, o más bien maldijo por hacerlo, las uñas de ella clavándose en sus brazos hasta casi hacerle gruñir de dolor por la fuerza que una mujer menuda como ella podía ejercer en ese momento.

-¿No se supone que debes quedarte fuera en las casas con calabazas? - Manifestó Edward acudiendo en auxilio de sus brazos bajo peligro de dejar de sentirlos. Observo de reojo como Jake tiraba hacia ellos una calabaza, está rodando pero sin romperse ni un milímetro.

-Plástico, Cullen. Los humanos de hoy día no aprecian las cosas naturales. - Edward se volvió hacia Bella acusándola con la mirada.

-¿Por qué no me lo dijiste?

-No preguntaste. - Respondió ella inocente. Resoplo en voz alta demostrando su enfado y encaro de nuevo a Jake.

-¿Y los sellos? - Inquirió haciendo mención a los sellos que el mismo había puesto a la entrada del lugar.

-Debiste haber protegido la casa por completo, no solo la parte delantera.

-Ya, como las calabazas son inservibles la parte de atrás quedo desprotegida... Razono en un tono despectivo culpándose por no haberlo tenido en cuenta, más preocupado en ocuparse de Bella que de la seguridad no segura.

La risa escalofriante de él salió de la calabaza. Dio otro paso al frente mientras Edward levantaba del suelo a Bella y la hacía retroceder apegada esta a su espalda. Podía notar sus pezones erectos a través de los trozos de tela que eran su camiseta y chaqueta. El simple roce de sus pechos en la espalda estaba suponiéndole en si toda una lucha por mantener el control y no olvidar a quien tenía delante de él.

-¿Qué diablos es eso? - Cuchicheo Bella.

-Desde luego, un diablo no. - Contesto Edward. - Jake mancharía el nombre de los diablos con su sola presencia.

-¿Todavía vais a seguir con eso? - Protesto ella. - Como broma está bien, pero ya me estoy cansando.

-Esto no es una broma, preciosa. Y ahora mismo estamos en un buen lio. - Replico el mirando a su alrededor.

-No hay salida, Cullen. Dámela. - Dijo abriendo la mano en dirección a ellos, su cabeza de calabaza centelleante con la llama dentro. Bella se acerco mas a él agarrando su chaqueta y obligando a Edward a respirar de forma dificultosa manteniendo la sangre en su cabeza y no en otro punto más al sur.

-Por favor, ya vale... - Susurro Bella enterrando la cara en la espalda de él.

Edward Echo un vistazo hacia atrás notando como temblaba, enardecido por ese hecho, activo a desatar su ira contra aquel quien había interrumpido el momento.

Las risas y gritos infantiles, cada vez más fuertes, desconcentraron a los tres. Un grupo de niños disfrazados, con bolsas y calabazas en sus manos, abrieron de sopetón la puerta delantera de la casa chirriando las bisagras como toda casa encantada y entraron en manada, frenando con dificultad mientras las suelas dejaban la evidencia de su velocidad antes de chocar contra ellos.

-Los mayores no pueden entrar aquí. Hoy es Halloween. - Se quejo un niño vestido con papel higiénico como si fuera una momia.

-¡Es verdad! - Afirmo esta vez una niña con un ojo tapado mientras salía de la tela un muelle como si del mismo colgara su propio ojo. - La casa es nuestra esta noche.

Edward los miro a todos y empujo a Bella para que los niños los rodearan. Se volvió hacia Jake, aun en el mismo lugar, su rostro no ya tan iluminado como antes, y sonrió satisfecho.

-¿Qué tal si, por habernos pillado, os damos golosinas? - Propuso el.

-¡Sí! - Gritaron con excitación los niños. - ¡Truco o trato! ¡Truco o trato!

-Trato. - Contesto Edward mirando a Jake, no a los niños. - Definitivamente trato.

Se centro entonces en los niños manteniéndolos en todo momento a su alrededor mientras vigilaba a Jake y rodeaba a Bella con sus brazos a pesar de los intentos de está por alejarse, de los jadeos que salían de su boca y las piernas temblorosas alertando de una nueva oleada de excitación.

-¿Cuando nos vas a dar las golosinas? - Pregunto una niña disfrazada de pirata cuando salían de la casa y enfilaban la calle.

-Yo... - Miro a Bella, está con los ojos cerrados. - Bella tiene montones de golosinas en su casa y no están lejos de aquí. - Giro la cabeza para ver a Jake acercarse a ellos y se movió con rapidez para evitar que rozara a Bella anteponiendo a uno de los niños de los que portaban calabazas. - ¿Bella donde está tu casa, preciosa?

-¿Y crees que voy a decírselo a un desconocido? - Puntualizo ella. Edward le cogió el mentón levantándoselo levemente mientras se acercaba a ella con intención de besarla. Quedo tan solo a unos centímetros de sus labios aun hinchados fruto del beso anterior pero la excitación y el deseo todavía estaban muy dentro de ella, y amenazaban con volver a desatarse.

-Vas a llevarnos allí, a darles las golosinas a estos niños y a portarte bien ¿verdad? - Los ojos de él brillaron por un momento con una luz plateada dejándola sin respiración. Trago con dificultad y asintió. La sonrisa que Edward le regalo ya no era solo para quedarse sin respiración sino para morir en ese momento. Esos blanquísimos dientes apareciendo discretamente entre sus labios inflamaban los deseos de ella por volver a ser besada, porque esos dientes se clavaran en sus labios, cuello y partes más bajas de su cuerpo, no hasta provocar el dolor, pero si rozando ese límite.

Edward gruño moviendo las caderas en un intento por apaciguar esa parte de él demasiado visible en esos momentos para ser vista por unos niños. Tomo de sus labios aquello considerado apto para menores apartándose antes de sucumbir a sus deseos, y los de ella, cogiéndola de la mano e invitando a los niños a seguirlos. Estos miraron a su alrededor algo reacios a ir con ellos, al fin y al cabo eran desconocidos.

-No irán con vosotros Cullen. Tu mismo deberías saberlo. - Comento Jake apoyado en el muro de una de las casas, su cabeza recuperando el aspecto humano. - Son niños y a los ellos se les enseña a no irse con extraños.

Edward le devolvió la mirada con resentimiento. Había pensado en eso pero esperaba que alguno de los niños conociera a Bella como para dejarse llevar. Efectivamente, los niños los miraban con desconfianza. Debía encontrar algo para convencerlos pues era la única manera de mantener a Bella a salvo. Los niños, con sus calabazas, esta vez sí, naturales, mantendrían alejado a Jake de ellos hasta llegar a otro lugar.

-¿Quien de vosotros vive en St. Kvy? - Pregunto Bella a los niños.

-Yo. - Contesto uno de ellos.

-Vale, yo también vivo allí y sé que hay padres vigilando por todo el barrio. Vosotros, al habernos descubierto en un sitio prohibido para los adultos, sois como la patrulla de padres, nos tenéis que devolver a casa y, a cambio, os daré unas golosinas. Podéis quedaros fuera y yo las sacare, así la gente os vera y podrá protegeros si pasa algo.

Edward se quedo callado observando como unas sencillas palabras, el razonamiento de una mujer que entendía a los niños, calmaban y convencían a los niños.

-Tienen que ser montones. - Puntualizo una niña.

-Montones. - Acordó Edward feliz por ese giro a su favor. Busco a Jake pero este había desaparecido. - Vámonos de aquí cuanto antes. – Susurro a Bella rozando con su brazo los pechos de ella en un movimiento accidental. Ella gimió por el contacto y los ojos de Edward volvieron a oscurecerse de deseo. Se acerco más a ella suspirándole al oído. – Cuando estemos a salvo acabaremos lo empezado.

-Como si te fuera a dejar. - Siseo ella apretando los dientes.

-Preciosa, llevas mi sello ahora, si no me ocupo de ti acabaras ardiendo. - Le mostro una sonrisa seductora, presagiando con ella lo que vendría con ese cuerpo. A Bella le fallaron las rodillas y Edward se apresto a cogerla antes de caer, riendo quizás por primera vez, pero provocándole con ello mas placer a ella. - Reza porque tu casa este cerca Bella...

-Como si te fuera a dejar. - Ataco Bella. - Pienso darte con la puerta en las narices en cuanto pueda. - Añadió empujando a Edward para soltarse.

También ella miro a su alrededor buscando a Jake.

-¿Dónde está tu amigo? - Pregunto siguiendo a los niños hacia su casa.

-¿Que te hace pensar que es mi amigo?

-Veamos, conoces su nombre, parece que os conocéis y, los dos estáis en esta broma. ¿Son motivos suficientes?

-¿Consideras amigos a todos los que conoces por su nombre o sabes algo de ellos? - Pregunto arqueando una de sus cejas al mirarla de reojo. Bella enrojeció por la evidencia pero, también, por el hecho de estar deseándolo más.

Continuaron andando en silencio, Bella cruzada de brazos, los dos separados a una distancia prudente. Por su parte, los niños iban gritando y anunciando a cada persona con quienes se encontraban la tarea que tenían entre manos, como los habían atrapado en la "casa encantada" y los llevaban escoltados a su casa para quedarse castigados toda la noche. Pero, y dejaban bien claro ese punto, a cambio de sus "servicios" recibirían una gran cantidad de golosinas.

La gente se los quedaba escuchando sin decir palabra pero, cuando miraban a Bella reconociéndola como vecina suya y, después, se giraban hacia Edward, las sonrisas ladinas y risillas acompañantes dejaban claro lo que pensaban de ellos.

Nunca antes había pasado tanta vergüenza. Y lo peor de todo eran las miradas descaradas de Edward, miradas destinadas a calentarla más y más. Su centro palpitaba anhelante, sus pechos dolían y los pezones eran una tortura al rozarse con la ropa y no poder apaciguarse. Varias veces había tropezado ella sola traicionada por su mente, este en otros escenarios donde el olor de Edward y el de ella se mezclaban una y otra vez.

De vez en cuando oía salir de él maldiciones y gruñidos que la ponían aun peor, no porque estuviera enfadado con ella, sino porque, las veces que la miraba, parecía un ser tan oscuro como el pecado. Y ese ser iba a acabar con su poca resistencia en cuando volviera a tomarla entre sus brazos.

Unos minutos después, Bella señalaba a los chicos una casa con las luces apagadas diciéndoles que era su casa. Todos se quedaron embobados al verla con sonidos de asombro al verla más de cerca. Estaba completamente decorada con el estilo de esa noche. Telarañas de diferentes colores colgaban del techo del patio así como en algunas partes del tejado y las ventanas. También las calabazas eran una decoración alrededor de la casa, algo que hizo sonreír a Edward, Jake no podría entrar allí, no los molestaría esta vez.

Había también fantasmas moviéndose con la brisa que corría y algunas de las macetas estaban decoradas con pequeños murciélagos. La decoración en blanco y negro era principal en el lugar acorde con la noche.

-¿Te gusta Halloween? - Susurro Edward a su lado.

-Me gusta ver las caras de ilusión en los niños. - Contesto sonriendo a esos niños perplejos por la decoración.

Miro a los niños disfrazados, sus bocas abiertas abarcando con los ojos toda la casa como si quisieran grabarla en su retina. Tenía razón, ver algo así era hermoso, aunque fuera para él extraño decirlo, pero por alguna razón pensar en unos niños y Bella cerca... Su vientre se contrajo al igual que su miembro.

-Voy por las golosinas por haberme traído. - Dijo Bella apartándose de Edward como si hubiera notado el calor brotar de su cuerpo.

Por el rabillo del ojo Edward percibió el moño azul de un personaje ya conocido y su cuerpo se tenso. Se prestó a ponerse al lado de Bella, rodear con su mano el brazo de ella tirando hacia la casa. Ella lo miro asustada por la rudeza hasta que vio a Jake detrás de ellos, su cara aun más terrorífica, una máscara evocando las peores pesadillas hasta de un adulto. Se olvido de respirar paralizada por el miedo.

-Entra en casa, preciosa. No te hará nada mientras las calabazas rodeen tu casa. - Bella no se movió y él le acaricio la mejilla llamando su atención. - Bella, las calabazas que tienes te protegerán. - Consiguió romper el lazo entre Jack y ella hechizándose entonces de sus ojos.

-¿Y las golosinas? - Preguntaron los niños. Los dos adultos los miraron como si no se acordaran de ellos.

-Enseguida las saco. - Se ofreció a él empujando a Bella para que siguiera delante. Abrió la puerta con manos temblorosas y paso dentro. Se dio la vuelta para ver a Edward en el marco de la puerta, sus ojos fijos fuera donde Jake, no se movía. Cogió la fuente con golosinas y fue de nuevo a la puerta pero el cuerpo de Edward le impedía salir. Los niños corrieron hacia ellos con las bolsas preparadas para recibir el premio.

Edward le quito de las manos la fuente y, con sus grandes manos, repartió las golosinas a cada niño, un gran montón como había prometido, dejando el tarro prácticamente vacio. Menos mal que tenía más en la cocina.

Cuando los niños se marcharon de su patio Jake se aproximo hasta ellos. Su rostro de calabaza cambio entonces a uno más suave, unos ojos en forma de arco, una sonrisa espeluznante en comparación con la tranquilidad pretendida con los otros rasgos.

-¿Truco o trato Cullen? - Pregunto.

-Mejor suerte el año siguiente, Jake. - Contesto entrando en la casa y cerrando tras de sí la puerta. Se apoyo en ella resoplando aliviado. - Condenado trabajito me he buscado... - Mascullo. Pasó la mano por el pelo intentando pensar en algo pero tampoco tenía mucho tiempo para hacerlo pues una fracción de segundo más y hubiera salido mal parado. Se aparto de la puerta justo a tiempo de esquivar el cepillo con el cual amenazaba Bella. - ¿Que estás haciendo?

-¿Qué? ¡Sacar la basura! ¡Largo de mi casa!

-Preciosa, por si no lo sabes te he salvado. Jake no es un tipo al que le gusten las relaciones largas, el va mas a una de un solo día, y no se sobrevive a ella, te lo aseguro.

-Mira, no sé por qué demonios me has escogido a mí para esta bromita pero ya vale, ¿no? esto es pasarse. - Replico ella sujetando con más fuerza el palo con los nudillos blancos de la presión.

-Estas temblando.

-¡No lo estoy! - Grito contradiciéndole. Pero era verdad, ese rostro enfadado de antes le había dado verdadero miedo, tanto o más que el anterior. ¿Era posible conseguir eso con un disfraz?

-¿Por qué no te sientas? - Sugirió Edward susurrando al oído. Bella chillo por la cercanía cuando antes había estado delante de ella y trato de mover el cepillo pero sus manos fueron atrapadas por él y el beso de éste en su cuello la catapulto en un segundo hacia una avalancha de puro placer oculto. Edward esbozo una sonrisa ante la reacción de ella y se demoro en ese cuello tan abandonado y ardiente necesitado de sus labios. Dejo que la lengua saliera y lamiera con la punta un camino hacia el lóbulo de la oreja mientras escuchaba el sonido sordo del cepillo al caer de las manos de ella. El gemido de su boca lo enardeció a morder el lóbulo con los dientes para después acariciarlo con su boca subiendo más arriba, aplicando la misma atención al lóbulo y a la parte detrás de la oreja, buscando con ello los lugares más erógenos.

-¿Quien... Quien eres? - Logro preguntar entre respiraciones entrecortadas.

-Supongo que debería explicarte. - Contesto el bajando de nuevo a su cuello. Esta vez el camino siguió hacia su mentón, cubriéndola con besos cada vez más calientes. Rozo los labios apenas un toque antes de retirarse a pesar de ser ella quien avanzara hacia él. Abrió los ojos para contemplarle con esa sonrisa, aquella que mataría al mismísimo diablo, si fuera mujer. - ¿Hablamos?

Las pupilas de Bella se dilataron cambiando el ardor por enfado. ¿Iba a dejarla así? Se replanteaba si le daría tiempo a alcanzar el mango del cepillo para atizarle de verdad y sacarlo como si fuera basura de su casa. Pero entonces Edward le dio la vuelta hacia su salón, sentándose en el sofá como si fuera un trono para él, cruzando una pierna sobre la otra, los brazos por encima del espaldar, su postura relajada y... de porte real. No podía apartar la vista de él, una tentación vestida en su salón, los intensos ojos azules llamándola, incitándola a acercarse a él. En algún momento su mente le jugó una mala pasada imaginando acercarse y arrodillarse a su lado, ser premiada por ello con un beso candente de esos labios llenos de pecado.

-Es acogedora, aunque pequeña para mi gusto. - Dijo retirando la mirada de ella para absorber la estancia donde estaban.

-Es suficiente para mí. - Contesto obligando a su mente a cumplir con sus obligaciones de llevar sangre y oxigeno a todas las partes del cuerpo, no solo a aquellas deseosas por una mano, boca o algo más caliente y duro.

-Si, los humanos suelen vivir con poca cosa. - Bella no pudo evitar echarse a reír.

-¿Humanos? ¿Como si tú no lo fueras? ¿Que eres? ¿Un ser superior de otro planeta? - Edward frunció el ceño ante la ironía de Bella. Jamás nadie lo había tratado con tan poco respeto. Y ahí estaba esa humana, deseosa por las atenciones de alguien como él, faltándole al respeto.

-Preciosa, soy muy importante en mi reino.

-¿En serio? ¿El rey de los locos quizás? - Probo Bella sentándose en uno de los sillones al lado del sofá.

-En todo caso ese sería mi padre. Me conformo con el título de Príncipe de las Tinieblas, por ahora.

-¿No debería llamar a tu Real Corte para que te recogieran y te llevaran a tu palacio de acolchado blanco? - Propuso cada vez más segura de estar ante un miembro de algún manicomio escapado el día de Halloween.

-¿Quieres dejar de meterme en un loquero? Ese de ahí fuera no es ningún loco y entraría de no ser por las calabazas de tu casa.

-Ya. - Contesto cruzándose de brazos. - Y supuestamente, .cuál es tu historia?

-¿Has oído hablar de Jacob O'Lantern? - Bella negó con la cabeza, aun conservando esa sonrisa de superioridad en ella. - Hace muchos años, existió un hombre muy avaro y mentiroso llamado por todo Jacob el astuto. No era un alguien honrado, ningún vecino quería hacer tratos con él y lo evitaban cuanto podían. Solía hurtar, embaucar y engañar a la gente sin pensar en las consecuencias. Por eso cuando llego el día de su muerte, no fue ella quien llego a él sino el mismo diablo, Lucifer. – Bella dejo que Edward continuara sin interrumpirle. Sin embargo, este se quedo callado esperando algo de ella. Cogió aire soltándolo poco a poco y prosiguió al ver que ella no decía nada. - Cuando Lucifer se presento ante él, los aldeanos lo perseguían por el dinero debido y hablo con el diablo para tenderles una trampa y así regresar al infierno con más almas. Hizo un trato según el cual Lucifer se transformaría en moneda para pagar a los aldeanos y, cuando esa moneda desapareciera, ellos pelearían creyendo haberse robado mutuamente. Lucifer acepto con gusto y se transformo en una moneda pero, cuando Jake la cogió y metió en su bolsa, encontró dentro una cruz de plata y le fue imposible liberarse o transformarse. Jake negocio entonces con Lucifer su liberación. Lo dejo salir a cambio de dejarlo en paz durante un año.

-¿Que paso después? - Pregunto Bella.

-Un año después Lucifer volvió por Jake y este lo espero al lado de un manzano. Le pidió al diablo, como último deseo, una manzana y Lucifer subió al árbol para cumplirlo y cogerle una pero, mientras él lo hacía, Jake se dedico a tallar todo el tronco con cruces impidiéndole con ello bajar. De nuevo Lucifer tuvo que hacer un trato con Jake y este pidió que no volviera hasta después de diez años y nunca le reclamara su alma.

-¿Por que volvería entonces? - Edward sonrió ante la curiosidad de la mujer. Lo escuchaba con atención, como una niña pequeña oyendo algo de su gusto.

-Antes de cumplirse los diez años, Jacob falleció y su alma hizo el recorrido hasta llegar a las puertas del cielo. Visto allí, los arcángeles le prohibieron el paso debido a los malos actos cometidos y convocaron a Lucifer para llevarse el alma al infierno. Pero Lucifer se negó. Molesto como estaba por haber sido engañado dos veces por un mortal, y cumpliendo el trato pactado, rechazo la entrada de esa alma en el infierno. Excluido de ambos reinos, Jake nunca obtuvo el descanso eterno. Lucifer solo se apiado de él una vez dándole un fuego fauto del valle de los dormidos para iluminar su alma. Él fue quien tuvo la ocurrencia de ponerlo dentro de una hortaliza y, después, de una calabaza. Ese es el Jack que esta ante tu puerta. Una vez al año, la noche de Halloween, Jake puede recorrer el mundo de los vivos y atormentar a una sola alma, aquella que lleva su marca. Eso fue cosa de los cielos; creo que le dijeron: "Demuestra tu generosidad para con un alma y ganaras el cielo". Pero Jacob es demasiado malvado para ayudar al prójimo. Le gusta más aterrarlo hasta la muerte y, después, se pasa el resto del tiempo esperando con ansias su siguiente Halloween. No puede entrar en las casas donde hay calabazas de verdad, por eso permanecerá fuera hasta idear algún plan.

Se quedo en silencio mirando a Bella, esta con la mirada gacha hacia el suelo. Esperaba preguntas, algo sobre Lucifer. Una media sonrisa llegó a su rostro.

-¿Te piensas que soy estúpida? - Acuso de pronto. - Eso es solo un cuento para los niños pequeños. ¿Me estás diciendo que ese tipo de ahí fuera es en realidad un espíritu y la ha tomado conmigo este año? - Edward tomo aire y lo expulso con bastante ruido.

-Olvidaba lo tozudos que sois los humanos para creer las cosas.

-¿Tozuda? ¡Me estas contando una mentira! ¿Ahora me dirás que tu eres ese Lucifer eres tú?

-En realidad no. - Contesto tranquilamente. - Es mi padre. - Bella se quedo boquiabierta. Su padre... ¿Los diablos tenía hijos? No, no podía estar hablando en serio.

-Si realmente fueras el hijo del diablo... ¿No tendrías poderes? Hasta ahora no has hecho nada para salvarme de ese supuesto "Jake". – Edward torció la cara mirando directamente el brazo. Bella siguió la dirección donde encontró una marca de intrincadas líneas y formas en su brazo. Tenía un color negro más oscuro que cualquier otro negro antes visto, como si fuera especial.

-En realidad esta noche no puedo hacer mucho más. Es la única noche que pierdo mis poderes.

-¿Los pierdes?

-Mi padre me dijo que algún día los tendría, pero por ahora no. Y normalmente no me ocupo este día de trabajar, pero como he de encargarme de los asuntos inacabados de mi padre...

-Estás loco... - Mascullo ella.

-Loco o no, ese de ahí no se va a ir. Lo intentara todo.

El timbre de la puerta sonó y los dos respingaron ante el sonido. Edward endureció su rostro levantándose del sofá mientras obligaba a Bella con la mirada a quedarse sentada. Salió del salón y fue hasta el pasillo donde abrió la puerta.

-¡Truco o trato! - Gritaron unos niños. Respiro aliviado y alcanzo la fuente con golosinas. Repartió algunas a los niños y estos salieron corriendo del patio.

-Truco o trato, Cullen. - Dijo otra voz. Alzo la vista para ver a Jake apoyado en el muro frente a la casa. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y parecía tranquilo.

En lugar de responder, cerró la puerta de golpe y se volvió al salón. Bella contemplaba el exterior desde la ventana, sus ojos fijos en la figura de Jake, ahora esta mirándola de forma descarada. El fuego fauto de su calabaza brillaba cambiando de color las llamas hasta llegar a un color rojo intenso. Fue ese momento cuando el brazo de Bella comenzó a brillar. Edward acudió enseguida a su lado levantándolo para examinarlo.

-Intenta romper mi sello.

-Me siento rara... - Los parpados de Bella se cerraban a pesar de los intentos por mantenerlos abiertos y Edward pudo ver en ellos una pequeña llama naranja como si de una burla se tratara.

La arranco de la ventana tomando la barbilla de ella, inclinándola un poco hacia atrás para robar de esos labios sonrosados la esencia de su persona. Oyó el gemido de ella y vio los ojos de Bella cerrándose, cediendo al placer que sus labios y lengua le ofrecían. Debía centrarse en ese placer. Acaricio el brazo donde la marca debía estar y, al mismo tiempo que la lengua entraba en su boca buscando, tentando y haciendo pecar a Bella, su mano trazo con los dedos el diseño transformando el color negro en un rojizo vivo, el calor desbordando a través de ello.

Grito ante la sensación de quemarse apartándose de los labios pero ya Edward estaba preparado. Se acerco mas a ella pasando sus brazos por la cintura de ella, encerrándola entre su cuerpo, presionando éste contra ella. Pudo notar como su miembro, de nuevo erecto y duro, chocaba contra su vientre, su sexo lloriqueando lleno de celos por ser el punto de contacto. Sus pechos enviaron estremecimientos relampagueantes a todo su cuerpo cuando se unieron al torso de él. Intento empujarlo lejos pero toda resistencia era inútil cuando Edward tenía un objetivo.

-La marca de Jake aun esta dentro. Tengo que eliminarla. - Bella se mordió el labio sujetándose de los hombros de Edward para no caer.

-¿Cómo? - Logro preguntar antes de ser asaltada de nuevo por un seductor de primera. Los besos de él eran tan absorbentes que, el simple roce, ya la catapultaba hacia un punto insoportable.

-Así... - Contesto agarrándola de la cintura y levantándola del suelo. Fue con ella hasta la pared donde apoyo la espalda de ella, las piernas entrelazadas alrededor de sus caderas. Su miembro... ¡Sí! Su miembro por fin había alcanzado una parte no saciada y ahora podía notar el calor en su centro. Se arqueo hacia el sin poder evitarlo mientras las manos la sostenían acariciando con los dedos los costados. Edward rugió empujando más hacia ella, dejándola conocer el fuego que ardía en su interior; él era fuego, lava a punto de explotar dentro de ella, todas las veces hasta dejarlos satisfechos y seguir mas allá.


Siento la tardanza espero que le guste..

Nos vemos cariños :D