Kazanari Tsubasa es uno de los nobles más influyentes en Japón. Pudiendo tener a quien quisiera a su disposición escoge a la única mujer que no sigue sus normas.

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Seducción
[Capítulo 3]

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Escrito por Alondra Scarlett
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El día había sido un asco, los hombres con los que se rodeaba eran unos patanes, sí que tenía mala suerte. Serena podía fácilmente librarse de todos ya que había salido a caminar desde temprano y aún no regresaba, maldecía a su poco e inexistente sentido madrugador.

Los tres hijos del Noble Tsukuyomi eran, a su opinión, insoportables. Por suerte la pequeña Shirabe la había sacado de los estúpidos intentos de los mismos por cortejarla. Aún no se explicaba cómo es que alguien como el señor Tsukuyomi podía tener a tan bella hija que era Shirabe, así como un amor de persona, aunque igualmente, reflexionando acerca de los hermanos de la misma, así como sus intentos de cortejo notó que por lo menos debía de reconocerle algo al Noble Kazanari, el sí sabía cómo cortejar. Porque si bien Maria mostró cierto desdén, era debido a su nula atracción a los hombres, podría si acaso tenerlo como amigo, pero había algo que le había estado inquietando acerca de él desde que Kirika le contó su historia con el así como el sabor dulce en el borde de la copa, algo ocultaba, y Maria no estaba segura de querer saberlo.

— ¡Shirabe! —Fue la fuerte exclamación de su guardiana que la saco de sus cavilaciones. Cuando volvió en sí, pudo ver a la dupla en el suelo compartiendo un abrazo.

—Son adorables, ¿no lo cree? —Pregunto a una voz a sus espaldas, se sintió congelarse, ¿acaso el pensarlo lo había invocado?

Era nada más ni nada menos que el Noble Kazanari quien había hablado. Se veía cansado, sus mejillas estaban rojas y su frente pegaba sus cabellos a ella, con una ligera toalla se limpiaba parte del sudor en el cuello y fue entonces cuando noto que igualmente había una toalla en los pies de Kirika y Shirabe, ciertamente la primera le había dicho que iría a entrenar pero terminó ignorando que quien le entrenada era él.

— ¿Qué hace usted aquí? —Pregunto.

—Yo entreno a Kirika desde hace ocho años, cuando se hace de noche suelo quedarme aquí, en esa habitación. —Remarcó haciendo sentir a la chica de cabellos coral algo estúpida, eso ya lo sabía, pero… esa frase del final le habia hecho percatarse del porqué esa colonia masculina se le hacía tan familiar. Era la misma colonia que el Noble Kazanari usaba cuando se conocieron; sin duda no supo cómo tomarse lo que acababa de escuchar. ¡Estuvo durmiendo en el mismo lugar que el Noble Kazanari! Ya se imaginaba a Serena revolcándose de la risa y a Shirabe disculparse una vez que se pusiera al tanto de la situación, se volvió hacia Tsubasa y solo lo observo igual, con una pequeña sonrisa pero notoriamente sorprendido, por lo menos le tranquilizaba saber que eso no era cosa suya.

—Crea que me honra verla, señorita María pero debo disculparme por estar tan indecente, por tanto—Se volvió hacia las chicas que yacían en el suelo—Shirabe, te pido permiso para usar su ducha.

—Tú siempre tan educado—Dijo Shirabe con una sonrisa—Ya te he dicho que no tienes que preguntar.

—No puedo ser un completo mal educado con tan bellas damas como ustedes aquí—Dijo sonriente—Mucho menos en la presencia de la tan hermosa María.

—Oh cállese—Dijo con cierto fastidio mientras que Kirika soltaba unas risillas que se ocultaban en el hombro de Shirabe.

—Me temo que no puedo hacerlo—Dijo haciendo notar un deje de broma en lugar de coqueteo—Puesto que debo pedirle que me dé permiso de sacar las ropas que tengo guardadas.

—Yo no tengo ninguna autoridad sobre usted—Dijo ella.

—Créame que tiene más de la que cree—Sin nada más que decir, el peli-azul se sentó a un lado de la peli-rosa y abrió la cajonera sacando de ella, sin pudor alguno, unos bóxer y una de las camisas de tirantes que suele usarse por debajo de las camisas de vestir para después del closet sacar un traje que estaba dentro de una funda y dirigirse al baño.

Sobraba decir que María estaba sonrojada y avergonzada por ese comportamiento tan simple y desvergonzado del noble Kazanari mientras que Shirabe y Kirika se veían ya acostumbradas. Tsubasa por su lado evitó reír hasta que estuvo en el baño, aunque su risa fue bastante clara para la serbia.

—Las voy a matar—Dijo María cuando el noble dejó de reír al tiempo que las adolescentes de ya diecisiete y quince años soltaron su carcajada.

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Fueron dos horas las que el Noble Kazanari estuvo en la misma habitación con Maria. Platicaba en su mayoría con Kirika y con Shirabe pero su mirada jamás se despegó de María, la cual ya veía con cierta preocupación la ventana, una hora ya había pasado desde que había oscurecido y su hermana no regresaba, además de tener las dos impactantes caras de Tsubasa así como su mirada fija le crispaban los nervios.

—Se lo que piensa, Señorita María—Hablo Tsubasa—Déjeme avisarle que aquí en Gungnir el índice de criminalidad es demasiado bajo, además de que estoy ciertamente seguro de que su hermana se encuentra bien.

— ¿En qué se basa para decir eso? —María, a diferencia de su hermana, era desconfiada por naturaleza, en especial en lugares desconocidos con gente que no era de su entera confianza, la vida le había llevado a ser así.

—Conozco a mi gente—Respondió simple—Pero si gusta puedo ir a buscarla en este momento si eso le ayuda a tranquilizarse.

— ¿Y qué pretende con eso?

—Simple, que se quede tranquila.

—Y quedar como él héroe ¿No es así? Mire...

—Pero sinceramente ya no es necesario—Interrumpió toda la sarta de cosas que la chica de ojos cían estaba por decirle con la vista fija en la ventana.

Por reflejo, la chica de cabellos coral igualmente miro a través la ventana, solo para observar una carroza en la que era apreciable una cabellera castaña que reconocería en cualquier lugar, bajar de dicha carroza.

Tsubasa se aclaró la garganta antes de ponerse de pie y abrir la ventana de par en par antes de gritar: — ¡Bella Serena, por favor dígale a su acompañante que aguarde un par de minutos en lo que llegó en su encuentro!

— ¡¿Porque haría eso?! —Preguntó divertida igualmente alzando la voz.

— ¡Porque mi vida corre peligro en caso de que permanezca cinco minutos más a lado de su hermana!

— ¡Oye! —Reclamo María ante las risas de todas, incluida su hermana.

—Nos volveremos a encontrar, hermosa María—Le dijo depositando otro beso en ella, pero ahora en el dorso de su mano.

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Serena era una persona bastante curiosa, su mayor debilidad era su –propiamente dicha– curiosidad en conjunto con esas enormes ganas de explorar, que muchas veces le metió en graves problemas, aunque consideraba que ese día, por primera vez, su instinto explorador no le trajo ninguno.

Se levantó casi al mismo tiempo que el sol, el reloj marcaba las 7:30am cuando salió de la mansión Tsukuyomi. Camino primero por la finca hallando varios pasadizos ocultos por los inmensos árboles y una vez que le dio hambre decidió que en lugar de regresar a la mansión, comería comida típica de ahí, hecha por los mismos pueblerinos. Camino cerca de media hora antes de poder divisar algo de comida por allí. Justo cuando estaba por entrar al local, su atención fue captada por completo por un grupo de gitanas, las cuales realizaban alguna clase de acto humorístico en donde una chica rubia de ojos miel captaba la atención del público, y antes de que se diera cuenta, su hambre quedo olvidada.

Sus cabellos eran cortos y su voz era ligeramente chillona, hablaba japonés perfectamente aunque se le notaba un acento mezclado, como si hubiera estado en varias regiones, aunque considerando su profesión era lógico. La observo bailar, la observo jugar y ya a las tres de la tarde se dio por terminado el acto y uno a uno se fueron dispersando.

—Tachibana Hibiki—Escucho una voz detrás de sí que le sobresalto.

— ¿Disculpe? —Pregunto Serena a la mujer de estatura similar a su hermana, de cabellos de un destellante rojo y unos ojos rojizos tan oscuros que podían hacerse pasar por café.

—Ese es su nombre—Señaló con la mirada a la gitana la cual hablaba animadamente con sus compañeros—Viene aquí bastante seguido y siempre me alegra el día.

— ¿Está usted siempre con un mal día, Kanade-san? —Preguntó Serena con una sonrisa.

—Vaya, aún recuerda mi nombre, me siento halagada.

—No soy tan importante—Respondió tapando su risilla con el dorso de su mano y notable elegancia.

—Bueno para mí sí. Me llama mucho la atención lo sonriente que es usted en comparación a su hermana.

—Y a mí me llama la atención la forma en la que recoge su cabello—Kanade se rió ligeramente mientras jugueteaba ligeramente con su cabello.

—No es la primera persona que me lo dice.

La charla no pudo ser más trivial, pero tampoco tan insignificante. Hablando de miles de cosas Serena no noto el pasar del tiempo aun cuando Kanade le invito la merienda con algo té. Eran las ocho de la noche cuando se percató que ya debía regresar, solo le había dejado una nota a María en la que le decía que saldría a caminar y que regresaría antes del anochecer. Kanade se ofreció a llevarla y después de varias negativas, la pelirroja logró convencerla con los peligros que podrían acecharle además de la rapidez con la que llegaría si no quería que su hermana se preocupara hasta el punto de que saliera a buscarla.

Cuando Serena dejó la carroza la voz de Tsubasa la recibió y no pudo más que carcajearse de las cosas que decía al igual que su acompañante e igualmente, mientras platicaba todas sus vivencias del día a María, le quedó el sentimiento de que falto algo muy esencial esa tarde.

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Observo a Tsubasa subir sin previo aviso a su carroza, se veía demasiado divertida en comparación a días anteriores.

— ¿Debo preguntar?

—Esa pregunta se volverá frecuente—Dijo Tsubasa aun sin borrar su sonrisa.

—Pues tú raro comportamiento también se volverá frecuente—Le respondió.

—Mi comportamiento está justificado

—En ese caso mi pregunta también lo está.

Ambas chicas se miraron fijamente antes de reírse a rienda suelta, era ahí cuando se notaba el fuerte lazo de amistad que se tenían. No por nada eran mejores amigas.

— ¿Algo que valga la pena que contar con Maria?

—Duerme en mi habitación provisional de la casa Tsukuyomi y descubrí que mi presencia le es en cierta manera incomoda. ¿Y tú? ¿Algo interesante con Serena?

—Nada interesante.

— ¿Segura? Te vi bastante atenta a ella desde que la conociste.

—Coincidencias, estaba viendo a Hibiki y me la encontré, nada más.

— ¿Segura?

—Bastante.

—Diré que te creo—Termino con burla mientras se encaminaban a la casa de Kanade, ese día dormiría en su casa, no quería toparse con un drama por parte de Ogawa en casa.


Tsubasa muchas veces se preguntaba si es que su suerte había sido besada por el demonio, las cosas solían salirle tan bien que muchas veces parecía irreal. Esa mañana tendría una de las tantas juntas que ahora mismos, detestaba tener.

Los japoneses sabían que muy pronto podía estallar una guerra, y por tanto, querían estar precavidos. En Gungnir se fomentaba ese amor a la vida y a la libertad, y dicho valor se fue expandiendo en las regiones cercanas, por desgracia, la desconfianza del ser humano impedía que lograran trabajar en conjunto. Ahí es en donde pintaban los nobles, los cuales, siendo los más educados, cultos y propios representaban su villa y creaban, más frecuentemente de lo que sería su gusto, reuniones, en dichas reuniones, más que negociar, desde los últimos dos años, se dedicaban a pasar el tiempo, cosa que si bien no le molestaba –e incluso gustaba hacer– por ahora prefería quedarse en Gungnir y buscar alguna manera de lograr otro avance con María.

Tal vez uno pensaría que del encuentro anterior no hizo avance alguno, pero ella podría demostrarles lo equivocados que estaban. Si bien su plan inicial fue ser un "héroe" noto que la serbia les tenía cierto resentimiento a los héroes y no creía en ellos, por tanto todo quedó descartado, si en algún momento fuera héroe debería ser cuando ninguna de los dos lo percibiera, y para que eso pasara debía enamorarse, cosa que a Tsubasa no le interesaba.

Se montó con seguridad sobre Habakiri, su leal corcel que marcaba con su negro color, aún más lo contracorriente que iba de la mayoría. Observo a las doncellas Itaba y la doncella Tomosato ir en una amena plática dentro de una de las carrozas, pero sin duda lo que le sorprendió fue ver en una carroza a Kanade, Shirabe, Kirika, María y Serena. Si bien era bastante obvio que las primeras tres irían las otras dos no tenían explicación alguna, aunque por otro lado... ¿Qué tal si estaban en Japón por el hecho de querer formar alianza por lo menos con una parte del país nipón? Aunque por otro lado, ¿dónde estaban los hermanos mayores de Shirabe?

Como respondiendo a su pregunta, dos jóvenes de diecinueve y veintidós años se posaron a su izquierda y derecha en sus corceles de colores blanco y café.

El mayor tenía una apariencia bastante similar a la doncella Shirabe, cabellos de un profundo azabache con un laceado irreal, piel blanca como era común ahí, y un porte serio. No se notaba dado a que estaba sentado, pero era demasiado alto, posiblemente le llevaba diez centímetros a María, la cual era ligeramente más alta que Tsubasa.

—Tsubasa... Te he visto bastante atenta a nuestra carroza... ¿Tan pronto y ya quieres ir de cacería? —Pregunto el azabache, su nombre, Tsukuyomi Shun.

—Mis pasatiempos no son de su interés—Respondió tratando de adelantar el paso, cosa que no pudo hacer, tal parecía que los hermanos querían hacer platica, cosa que ella no. Puede que adorara a Kirika y Shirabe, pero sus hermanos eran un punto y aparte, eran exactamente el mismo tiempo de hombres que detestaba e irónicamente, el mismo tipo de hombre que muchas veces pretendía ser.

—Oye... No crispes tanto—Hablo el menor, de igualmente cabellos azabache y ojos de un marrón que en ciertas ocasiones podía parecer borgoña—Y deja algo para nosotros ¿no? Tienes media villa, déjanos juguetear con las nuevas.

— ¿Tanta desconfianza tienes en ti mismo que intentas disuadirme, Sean? —Pregunto con una risa sarcástica y Shun no pudo evitar reírse de la broma.

—Nada de eso, simplemente digo que si no quieres que tu frágil ego sea destruido cuando las hagamos nuestras, te alejes.

Tsubasa soltó tremenda carcajada que confundió a los hermanos que solo lo miraron ligeramente asustados.

—Chicos, no es por nada, pero sabemos que quien más suerte tiene con las mujeres aquí, soy yo—Respondió con algo de arrogancia—Por lo que, si a mí me ha rechazado sutilmente, a ustedes los debió de haber rechazado tajantemente.

—Le propusimos matrimonio—Se defendió el menor causando que el mayor desviara la vista.

—Y les dijo que nocasi gritando de seguro—Las mejillas de Sean se sonrojaron, puesto que era verdad—Además incautos, seguramente ustedes se regocijan de haberla hecho hablar sin siquiera hacerla sonreír, yo me regocijo de haber podido besar su mano, besar su mejilla y sentir su tersa piel en mis manos, por tanto, no me iré de aquí sin probar sus labios.

—Primera vez que te abres tanto con una chica—Reconoció Shun.

—Primera vez que alguien me interesa en serio—El setenta por ciento de la oración no era mentira por lo menos.

— ¿Entonces por fin nos dejas a Kanade-san? —Tsubasa rodó los ojos ante esa pregunta, esos tipos simplemente querían dejar su virginidad de lado y ya.

—Kanade siempre ha sido libre, que tengan oportunidad con ella o no ya es cosa suya—Corto tajantemente la conversación haciendo que su caballo caminara hacia atrás poniéndose al nivel de la carroza en la que estaban María y compañía escuchando la risa de sus falsos amigos.

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Fueron dos horas las que María se quedó en la carroza junto con Serena, Kirika, Shirabe y la nueva amiga de su hermana, Kanade. No se le antojó como una mala persona, pero igualmente su desconfianza no se iría, más al saber que era demasiado allegada al Noble Kazanari.

Cuando bajó de la carroza con lo primero que se encontró fue –irónicamente– con la brillante visión del Noble Kazanari montado sobre un caballo mirando fijamente la carroza sin disimulación alguna, cosa que le saco ligeramente de balance.

¿Qué acaso el Noble Kazanari la estaba proclamando como suya? ¿Se estaba burlando? ¿Seguía con sus intentos de ligue? O más desesperante aún... ¿La estaba desafiando?

Al tiempo en el que María planto ambos pies en el suelo, el Noble Kazanari saltó de su caballo posándose frente a ella.

—Ha sido una sorpresa para mí que haya asistido a este viaje.

—Seguramente ya lo sabías—el peli-azul sonrió con algo de broma.

—Para nada, no soy un genio—Le dijo—De hecho me lamentaba de no estar en Gungnir para verla, pero ahora sin duda ahora amo estas reuniones.

—Seriamente, ¿Qué estás planeando?

— ¿Porque debería planear algo? —Devolvió la pregunta, no recibió más respuesta que la mirada penetrante de María—Planeo que por lo menos pueda llamarme por mi nombre.

—Yo ya lo llamo por su nombre.

—Me llama por mi título.

—Hasta donde sé, Kazanari es parte de su nombre.

—Pero no es parte de mi nombre principal. Se siente mal, más que nada porque yo le llamo María.

—Yo no recuerdo haberle concedido el permiso.

—Y yo no recuerdo que me lo haya denegado.

—Mire...

—Respire—De nuevo interrumpió todo lo que le fuera a decir—Estaremos aquí dos días, no me gustaría estar peleando con usted.

—Entonces déjeme en paz—Dijo simple.

—Me niego a hacer eso—Respondió de inmediato—Por alguna razón que no comprendo usted me llama mucho la atención, por tanto, hagamos un trato.

María lo pensó detenidamente. Si aceptaba el trato le estaba dando abiertamente la oportunidad de cortejarla, o cualquier cosa que pretendiera, en caso de negarlo seguiría en esa estancada situación en la que todo se reducía a invitaciones y rechazos en los que eventualmente terminaría dándole una aceptación, de cualquier caso, ella terminaba aceptando. Pero aceptar lo que le decía en ese justo momento, podía alejarlo de manera definitiva, en resumen podría tener que aguantarlo menos, cosa que realmente deseaba.

— ¿Qué clase de trato?

—Tu yo desaparecemos en el limbo—Le dijo con el brazo izquierdo doblado en ángulo recto—Durante estos dos días olvidaremos que yo estoy tras de ti, que soy un noble y que tengo una fama que antecede. Durante estos dos días te demostraré que soy un buen partido y que debes de estar conmigo.

— ¿Y exactamente qué obtengo yo de eso? El estar contigo no me llama la atención—Le dijo cruzando los brazos.

—Ni conmigo ni con ninguno aquí, por eso le estoy ofreciendo este trato—María frunció el ceño ante la primera afirmación, ¿acaso él sabía lo suyo o fue su mente paranoica quien lo malinterpretó? —Si en las próximas cuarenta y ocho horas logro convencerte de que todo lo que te digo es verdad, harás algo que yo desee.

— ¿Y si no lo demuestras y yo gano?

—Eso no pasara, pero igualmente, si no logro convencerte haré lo que tú quieras.

— ¿Incluso dejarme en paz?

—Inclusive eso—Aseguró extendiendo su mano, la cual, después de unos tortuosos segundos, María tomó. Tsubasa se aseguró de retener el contacto lo suficiente como para inclinarse y, una vez, besar el dorso de su mano.

El trato quedo sellado justo cuando el sol se levantó en lo alto marcando las once de la mañana. A lo lejos Serena observaba divertida la escena mientras que Kanade fruncía el ceño, Tsubasa, por primera vez iba en serio y con una mujer que claramente no seguía las normas que imponía, aunque tampoco parecía negarse del todo.

—Esto será divertido—Escucho a Serena decir mientras ocultaba su sonrisa tras la palma de su mano.

—Yo más bien considero que será problemático—Opino Kanade y Shirabe asintió en acuerdo.

—Yo creo que será entretenido—Hablo Kirika, ella conocía de igual manera a Tsubasa y María, por tanto podía darse una idea de lo que pasaría, aunque también podían sorprenderla, ambas eran expertas en eso.


Aquí reportándome con el capitulo 3 y dándole fin a los capítulos introductorios. Un dato curioso es que en un principio eran dos capítulos pero decidí juntarlos para ya no aburrirlos tanto. En donde aparece la barra espaciadora es donde junté los capítulos jejeje.

Como podrán notar nadie aquí esta pensando en el amor, por eso cuando todas estén de cursis todos nos vamos a reír y no se me ocurre mucho que decir, de nuevo gracias a Love novels por comentar y solo por vos (y aquellos lectores fantasma) seguiré dando lo mejor de mi para este fic.

Nos leeremos pronto y recuerden que...

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