Capítulo 4: Pérdidas que nunca Superaremos.
Disclaimer: Harry Potter es de J.K Rowling. Y la verdad es que apenas menciono su mundo así que no hay plagio, ni derechos. Esto son emociones humanas, corazoncitos.
Sinopsis: Theodore habla de las pérdidas que ha tenido, omitiendo detalles como siempre. Si me han leído antes por aquí saben de quiénes habla él, si no me han leído... ¡Investiguen! Es una parte de una historia que tengo que retomar correctamente.
Hace algunos días, Theodore entró en su estudio, se sentó a escribir y ocultó el documento. Años más tarde sería encontrado y fue la primera vez que pudieron entender lo que le pasó al final:
Pérdidas que nunca Superaremos.
La parte más difícil para mí fue siempre dejar ir las cosas. Siempre me dije que nunca me aferraría, que la muerte ocurre en tantas cosas que las despedidas se vuelven inevitables, siempre me dije que nunca me involucraría y que es mejor no necesitar nada a nadie de un modo que si él, ella, o la cosa que te hace feliz se va, tú puedas continuar con tu vida sin problemas.
Es una fabulosa forma de filosofía personal, me parece… y también algo que simplemente no puedo hacer.
Sí, trato de no habituarme a nada porque todo cambia, porque nada dura, porque puede ser tu último momento pero eso ha ocasionado que, en las raras veces que algo se ha apoderado de mi alma de forma tan completa vive en mí y siento su pérdida como un vacío insoportable que me marca de más formas de las que quiero reconocer.
Nunca me recuperé del todo de la muerte de mi madre. No hablo de ella, nadie que me conozca diría que es importante como lo fue en su momento pero si realmente me conoces, si ves más allá del disfraz de mi fachada personal, sabrás que sólo en ciertas ocasiones dejo de pensar en ella. Es normal, supongo, en personas huérfanas, dedicar un pensamiento al padre o madre fenecidos, pero no sé si todos piensan en su madre o padre del modo en que pienso en mi madre.
Siempre la busco cuando voy caminando en la calle aunque sé que es imposible verla por ahí y a veces creo verla por el rabillo de mi ojo. No es que su presencia-inexistencia ahogue mi vida, pero es un vacío que siempre te queda, saber que nunca la volveré a ver. En mis peores momentos tengo la certeza de que incluso cuando yo muera, vaya adónde vaya, sólo la veré una vez más… pero nuestras almas no irán a los mismos lugares, sean los que sean.
Ella está perdida, tan perdida que a veces ni siquiera la encuentro en las estrellas. Cualquiera diría que la memoria debería haberla borrado en su mayor parte pero el fantasma permanece incluso en esta mente dañada por lo que sé quién es ella más allá de su aspecto.
Hasta ahora no he perdido ningún amigo (porque tengo pocos) pero precisamente porque no tengo demasiadas personas importantes, la pérdida de cualquiera de ellas me hace sentir… hueco. Sin importancia en este universo enorme.
Supongo que nadie lo diría, no soy frío, pero soy contenido, calmo, y escondo muchas cosas. Alguien me dijo que más bien todo depende de lo que se esconde debajo de mi superficie y es muy cierto (aunque no le hice saber a la persona que lo dijo cuánta verdad había en sus palabras).
Mi pérdida más importante la tuve hace poco. En realidad no fue una pérdida total, en primera porque él no está muerto y en segunda porque nunca me perteneció, por decirlo así.
No estoy del todo seguro que esté manejando correctamente que no podré vivir nunca más con mi hijo.
Mi responsabilidad, mi cruz, mi carga, criatura extraña, malvada, necesaria, deseada, incomprendida, odiada por tiempos pero también amada.
Yo sé lo que es tener a un padre que no siente amor por ti. Lo que yo no sabía (y debería haber sabido) es que puedes amar a tu hijo y aún así no poder hacer nada por él.
Cuando nació mi hijo yo sentí una extraña mezcla de felicidad y desconcierto, supe que mi vida había cambiado (vaya cliché) y que nunca volvería a ser la misma. Pero no pensé que fuera la mejor experiencia que haya tenido o tendría.
El niño era hermoso y en eso no se parecía demasiado a mí pero lo que yo vi, conforme pasaban los meses y algunos años, fue una maldad inherente que me sorprendió y luego hizo que me sintiera inquieto.
A pesar de todo lo que ha sido mi vida, pensé que habíamos dejado atrás el lado oscuro cuando la guerra acabó. Mi esposa lo pensó también y fue una ironía porque no hubo peor infierno para nosotros que los cambios dados desde el nacimiento de nuestro único hijo.
Lo intenté. Entenderlo primero, enseñarle después, domarlo más adelante. Y creo que no hay nada más frustrante en este mundo que sepas hacer las cosas tan bien en general y en la única cosa que siempre hubieras deseado (de haber sabido que tenías que hacerlo) hacerlo del modo que se necesitaba, seas la más completa falla de la naturaleza.
¿Alguna vez han sentido que eres lo peor que podría haberle pasado a tu propio hijo?
Por eso acepté que se lo llevaran. Mi esposa es la única que tiene una idea de cuánto me dolió eso, más allá de su propio dolor. Tuve que ser fuerte, por ella, porque si a mí me dolió a ella la partió en pedazos y porque en el fondo sé que no es necesario para mí externar esto que siento, pero la verdad es que siento el vacío.
Todos los días, cuando me siento a desayunar, cuando estoy escribiendo, cuando salgo a trabajar incluso, oigo la voz de ese niño mío y a veces veo su cabello plateado destellar como si pasara a mi lado de la forma rápida y fantasmal que tenía.
Y siempre siento ese hueco en el medio de mi pecho cuando sé que jamás estará ahí.
Mi esposa y yo siempre sabemos que está haciendo ya que él vive con Draco y Blaise y ellos son lo suficientemente comprensivos para compartirnos detalles de su vida para hacernos sentir parte de la vida de ese niño.
Pero no nos hace felices. Sólo nos recuerda en todo lo que fallamos y en los breves momentos en que creemos que podría ser distinto, a veces veo las fotografías en movimiento de sus actividades y percibo de nuevo la maldad.
En el fondo sé que seré yo quien tenga que contener el desastre si mi hijo decide hacer algo irreparable pero ahora la mejor forma de mantener esto controlado es alejarlo de nosotros.
De mí, sobre todo. Porque todo lo que puedo darle a ese niño que amo, es la oscuridad de mi interior.
¿Y quién puede soportar destrozar aquello que ama?
Podría decirte que a la única persona a la que no le he hecho daño es a mi esposa. Pero sería mentira. La he amado y la he cuidado y he procurado por todos los medios que no advierta la oscuridad de mi ser pero ella lo conoce. Lidia con ella día a día. Podemos con eso, porque entre nosotros, el amor es luz e ilumina nuestra senda incluso a pesar del sufrimiento, el odio, la desesperación, la rabia o cualquier obstáculo que se nos ponga enfrente.
A pesar de esta libertad concedida por la vida entre nosotros, lo cierto es que el amor que tenemos a nuestro hijo sólo ha engendrado oscuridad… y eso es lo que no podemos hacer, heredar a él con lo que no podemos lidiar.
Justo por eso, sé que debería dejarlo ir. Sin embargo, como dije, yo no soy bueno dejando ir las cosas. A veces, impulsivamente, me dan ganas de correr a la puerta, tomar al niño y a mi esposa y largarnos tan lejos como podamos, para que nadie nos lo pueda quitar, para que vivamos lo más felices que sea posible.
Lo que me detiene es que el mal está entre nosotros, no en las circunstancias externas. Mi padre me hizo daño, sólo ahora lo he podido reconocer, más daño que cualquier persona en este mundo.
Mi esposa dice que me torturaba. Yo no lo puedo ver así y jamás lo admitiré pero quizá haya algo de cierto en eso porque sé que debería hacer lo mismo con mi chiquillo pero no puedo. Quizá sea lo que él necesita, quizá no. Pero no puedo.
Va a ser la única persona, mi hijo, a quien amo lo suficiente y desinteresadamente para dejarlo ir porque prefiero su felicidad incluso aunque me destroce por dentro.
¿Eso hace que mi amor por mi esposa sea egoísta? Me lo he planteado. Me está matando no tener a mi hijo al lado pero si la perdiera a ella yo…
Lo diré una sola vez. No creo que salga de estas páginas en realidad.
Y no me importa lo que piensen los demás.
Pero si mi esposa se fuera de esta vida, si yo ya no pudiera hacer nada por recuperarla, no seguiría viviendo.
No es una frase cursi. No es una exageración ni frases de compromiso ni un ideal romántico.
El día en que mi esposa se muera, que no continúe en este mundo será el día de mi sentencia de muerte.
Y que los dioses me castiguen por eso, si quieren.
Ya me quitaron a mi hijo y si me la quitan a ella no me quedará nada así que puede pasar lo que sea.
No me importa.
