AL FIN LLEGUÉ A ESTE CAPITULO. A partir de aquí los personajes del videojuego aparecerán en todos los episodios. :D

-A continuación los llamaremos por orden alfabético para entregarles la llave de su cuarto.

Alisan no había dejado de moverse desde hace un buen rato, y la gente a su alrededor lo estaba comenzando a notar. Ella no sabía bien que producía tal agitación en su organismo… quizás era el hecho de que su hermana se había ido por su lado, dejándola sola… o tal vez que el campus de la universidad Sweet Amouris fuese ridículamente imponente. Al momento de entrar por los majestuosos portones, Alisan se sintió intimidada a mas no poder. Desafortunadamente ese inquietante sentimiento aún no la había abandonado. Suntina, por su parte, se veía tranquila… al igual que la mayoría de los demás estudiantes de intercambio. Todos ellos venían de familias con mucho dinero, razonó la francesa de pelo castaño. Ella era el pez fuera del agua. Como siempre.

- Ancel Alisan.

La chica levantó la mirada, extrañada. Nadie usaba ese apellido.

-Soy yo...- Repuso tímidamente la chica, separándose de la multitud.- Pero mi apellido es Belair.

-¿Belair?-El hombre reviso sus notas con el ceño fruncido.- Aquí tengo Ancel.

-Es el apellido de mi familia… pero legalmente el mío es Belair. Verá soy adoptada...

Alisan se calló en la mitad de la frase. Estaba dando demasiadas explicaciones y comenzaba a sentir todas las miradas sobre ella. Tragando saliva decidió ignorar el inconveniente con su apellido. Más tarde lo hablaría con la universidad, ahora no era el momento. Con paso decidido se acercó al hombre antes de que este siguiera con el tema y le quitó, lo más educadamente posible, la llave de su mano.

Murmurando un gracias, Alisan se alejó de él, quedándose un costado. Aunque la curiosidad por ver su cuarto la inundaba, quería esperar a Suntina.

Finalmente el apellido "Hoger" fue llamado. Alisan no pudo evitar apretar sus labios al oír el nombre completo de Suntina. Había deducido que la chica provenía de una familia adinerada, pero al escuchar el apellido de la joven entiendo que no era una muchacha cualquiera. Hoger era el nombre de una de las mejores compañías de automóviles del mundo.

-¿Me esperabas? ¡Que linda!

-¿Hoger?

Suntina cambió su expresión en un segundo. Parecía sorprendida… de una mala forma.

-Sí. ¿Conoces la compañía de mi padre?

-¡Por supuesto! Es una de las mejores en el mundo.

-Supongo que sí.- Respondió Suntina encogiéndose de hombros mientras le regalaba una sonrisa melancólica. -¿Quieres ir a ver nuestros cuartos?

Alisan asintió con la cabeza sintiéndose incomoda. Evidentemente ese tema no era del agrado de Suntina. La castaña decidió hacer una nota metal: "No volver a sacar el tema del apellido". A fin de cuentas, Suntina fue la suficientemente amable para no preguntarle acerca del suyo.

El campus de Sweet Amouris poseía varios edificios de al menos cinco pisos cada uno. Alisan miró sus llaves; "C- 4- 55". La letra indicaba cuál era su edificio, el número del medio decía el piso, mientras que el "55" era su habitación. Suntina le había tocado el "C-1-15". Aunque sea estaban en el mismo edificio, pensó Alisan.

-¿Tienes idea de que hora es en Francia?

La pregunta de la chica sacó de sus pensamientos a la castaña.

-Siete hora más que aquí, creo.

-Rayos, entonces debe ser muy tarde para llamar.

-¿Quiere hablar con tus padres?

Las mejillas de Suntina se tiñeron de un delicado color carmesí. Inconscientemente la chica se llevó un mechón de su enrulado pelo detrás de la oreja.

-No exactamente.- Respondió sonriendo avergonzada.

-Oh… ya veo… Sí, yo tampoco sé si quiero llamar a mis padres ahora. Es tarde, pero además tengo muchas cosas que hacer ¿Sabes? Hacer nuevos amigos, conocer a chicos... Ya sabes, lo usual.

Alisan quiso abofetearse. Lo estaba haciendo de nuevo. Sonando desesperada por una amistad, diciendo cosas que eran mentiras… fingiendo ser alguien quien no era. Creía que este viaje la ayudaría con ese problema, pero al parecer estaba equivocada, porque aquí estaba de nuevo, arruinando una posible futura amistad.

-¿Lo usual?- Preguntó divertida Suntina, quien claramente no había creído ni una palabra de Alisan. –Consejo, relájate. Eres una buena chica, no debes decir todas esas… esas cosas.

La castaña ya había escuchado ese consejo, pero de todas formas sonrió educada y asintió.

Por fin llegaron al edificio "C". Suntina se despidió de Alisan y se dirigió a su nuevo cuarto. La castaña siguió su camino. Sin ganas de caminar decidió tomar el ascensor hasta el cuarto piso. Cuando las puertas se abrieron y ella salió al extenso pasillo, pudo ver como chicas de todas las edades corrían de un lado para el otro, buscando sus cuartos, visitando a sus amigas, planeando fiestas, llamando a sus padres. Era una explosión de emociones y Alisan no podía sentirse más fuera de lugar. Comenzó a caminar, aferrándose a su bolso de mano, mientras esquivaba a las personas.

"52…53…54…55."

La puerta estaba abierta. Su compañera ya debía haber llegado.

Alisan respiró profundo y sonrió. Podía hacerlo, solo debía relajarse y ser ella misma ¿Qué tan duro podía ser?

Ingresó tímidamente al cuarto. Apenas dio un paso dentro de la habitación pudo ver sus valijas en el suelo. La empresa de intercambio se ocupaba de llevar el equipaje allí, para que los estudiantes no debieran cargarlo. La castaña se sintió aliviada de que sus cosas hubieran llegado sanas y salvas. Lo peor que le podía pasa era que su ropa terminase en el medio oriente.

Dos camas llenaban la habitación. Delante de cada una, pegados a la pared, armarios espaciosos. Detrás, pequeños escritorios con sus propias lámparas. Una ventana, en medio de ambas camas y escritorios, dejaba que la luz inundara el cuarto. Las paredes blancas resplandecían gracias a la luminosidad que provenía del exterior.

Una chica estaba allí. Parada enfrente de una de las camas, y sacando ropa de su valija. El cabello le llegaba hasta la cintura, lacio y sedoso, de un color blanquecino. Su figura era esbelta, y el vestido que llevaba solo hacía que sus curvas se acentuaran más. Sus manos se movían veloces, sacando y doblando la ropa sobre la cama. Un anillo plateado, con una piedra resplandeciente incrustado en este, lucía en su dedo anular.

Alisan se aclaró la garganta y la muchacha detuvo su accionar en un instante, volteándose a verla. Sus ojos amarillentos eran similares a los de un felino.

-¡Por fin llegaste!

Dejando la ropa de lado, la muchacha se llevó una mano a la cintura. Sus ojos la escanearon de arriba abajo. Una sonrisa traviesa se le dibujo en sus finos labios.

-Tienes buen cuerpo, un poco chata de busto, pero hay millones de prendas que te podrían ayudar con eso.

-¿Di...disculpa?

Alisan sintió calor en todo el cuerpo. Sus brazos cubrieron instintivamente sus pechos, dejando caer su bolso de mano al piso. ¿Enserio había dicho eso? ¿Realmente había mencionado el tamaño de su busto? La muchacha de pelo blanco rió, divertida por la situación, pero enseguida se disculpó, acercándose a Alisan, mientras le tendía la mano. La castaña se la estrechó, aún incomoda.

-Lamento ese comentario. Mi nombre es Rosalya.

-Alisan.

-Gusto en conocerte. Estudio para ser diseñadora de ropa, y siempre estoy atenta a cómo podría vestir a los demás…. Creo que puedo poner a algunas personas incomodas.- Respondió sin darle realmente mucha importancia a la situación.

-No, está bien. No te preocupes ¡De hecho me gusta mucho la ropa!

Y aquí iba de nuevo. Hablando más de lo debido. La ropa le daba completamente igual. Solo deseaba que Rosalya no se diera cuenta del hedor a desesperación por amistad que emanaba de ella.

-¿Denoto un tono francés?

-Sí, así es.

-Oh, eso es genial, de hecho mi abuela es de Paris. Aprendí un poco del idioma gracias a ella… y también heredé su gusto por la ropa.- Dijo regalándole un guiño cómplice.-Entonces, dime ¿Qué estudias?

Rosalya se alejó de ella y volvió a su tarea de desempacar.

-Administración de empresas y comercio exterior.

"Solo respira y no mientas"

Alisan recogió su bolso de mano y lo colocó sobre la cama de la izquierda.

-Eso suena a mucho esfuerzo y poca diversión.- Comentó con una pequeña risa Rosalya. –Sin ofender.

-No te preocupes… es verdad.- Alisan también rió, pero en el fondo se sentía contrariada. Los números eran fascinantes… okey, ese había sido un pensamiento patético. ¿Números fascinantes? Con razón no tenía amigos.

-Sí, quizás, pero debería moderar esos comentarios.- Razonó Rosa, sin perder aquel tono alegre.

La castaña subió a la cama una de las maletas y comenzó a desempacar también. Rosalya hablaba mucho y tal vez eso fuera lo mejor. No le daba oportunidad de hablar de más y mentir. Alisan sonrió para ella misma. Su compañera de cuarto parecía ser perfecta para ella.


Todas sus valijas estaban allí.

Bien, al menos ninguna se extravió por el camino.

Sin embargo, para la desgracia de Suntina, aquellos armarios se veían demasiados chicos. "Que suerte que no traje más ropa"

Su cuarto contaba con dos camas, una al lado de otra, ambas del lado derecho del cuarto. Enfrentadas a ellas, del lado derecho, dos escritorios brillaban de lo pulcro que estaban.

A la vez que Suntina miraba aquellos diminutos armarios de brazos cruzados, pensando que ni siquiera ingenieros de la NASA podrían hacer caber su guardarropa allí adentro, podía oír a sus compañeras de piso corriendo de un lado a otro del pasillo. La chica de rulos no pudo sentirse sola ¿Dónde estaba su compañera de cuarto?

Alejándose del ropero, tomó su bolso de mano y lo vació sobre la cama. Tenía muchas cosas allí dentro, pero solo una importaba. El pequeño oso de peluche. Con delicadeza, la chica lo tomó, mirándolo de una forma agridulce. Una sonrisa melancólica se le formó en los labios. ¿Estaría pensando en ella? Suntina no pudo evitar pensar en cómo se debía sentir Ken en esos momentos ¿Estaría asustado? No había otra cosa que quisiera hacer más que abrazarlo. La heredera de la fortuna Hoger depositó el peluche sobre su cama.

Bienvenido a tu nuevo hogar, pequeño.

Suntina se levantó de la cama decidía a ponerse manos a la obra. No se rendiría tan fácil. De alguna forma haría que su ropa entrase en esos patéticos intentos de armarios. Sin embargo, cuando se incorporó, no pudo evitar percatarse del papel pegado al espejo, ubicado en la pared, sobre los escritorios. Se acercó y tomó la nota.

Srta. Hoger:

Le informamos que su compañera de cuarto llegara a mediados del mes de Noviembre por motivos personales.

Le deseamos la mejor de la suerte en su primer año escolar.

La Universidad de Sweet Amouris.

Genial. Estaba sola.

Suntina dejó caer la nota sobre el escritorio. Esto de verdad no estaba en sus planes ¿Qué iba a hacer? Realmente tenía ganas conocer a su compañera de cuarto.

Una idea cruzó por su mente. Tomó su teléfono y le mandó un mensaje a Alisan preguntado por su número de habitación. Unos segundos después la chica la había contestado. La joven de rulos plateados no tenía nada que hacer, y siendo sincera, todo el asunto de su compañera le había sacado las pocas ganas que tenía de desempacar. De modo que decidió visitar el cuarto de Alisan, conocer a su compañera, iniciar amistades. Ese tipo de cosas.

Atravesó el corredor y llegó a los asesores, subió hasta el cuarto piso y camino por el pasillo hasta llegar a la habitación de la castaña. La puerta estaba abierta.

-Suntina, aquí estas.

Alisan le sonrió alegremente, a lo que ella no tardó en responder de la misma manera.

-Perdón por molestar, pero me aburro estando sola, y mi compañera no llegara hasta Noviembre.- Explicó mientras se apoyaba en el marco de la puerta.

-Esas parecen malas noticias.

Una voz diferente había hablado, y Suntina tuvo que girar su cabeza para ver de quien provenía.

Una chica de cabellos blanquecinos la miraba, parada en la mitad del corredor. Sus ojos dorados brillaban.

-Te presento a Rosalya, mi compañera de cuarto. –La presentó Alisan, mientras seguía desempacando.

-Un gusto.- La muchacha de pelo blanco le tendió la mano, y Suntina se la estrechó educadamente.

-Igualmente, soy Suntina.

-Otra francesa por lo que veo.- Rosalya sonrió y miro rápidamente a Alisan, quien asintió.

Rosa volvió a sonreír cálidamente e ingresó al cuarto. Tomó un poster y lo colgó en la pared. Ya estaban decorado el cuarto al parecer. De repente Suntina reconoció la figura que se lucia en el poster de Rosalya.

-¿Cocó Chanel?

-¿Tú también la admiras?

-¡Por supuesto!

Suntina ingresó al cuarto y miro fascinada a la famosa modista francesa.

-Rosalya estudia diseño de moda.- Acotó Alisan.

-¿Enserio? Eso suena muy divertido. La moda siempre me interesó.

-Lo noto, tienes un buen gusto en ropa.- Respondió Rosalya mirando de arriba a abajo de la muchacha de rulos.- ¡Me encanaría ver tu guardarropas!

-Puedes hacerlo cuando quieras, no me vendría mal compañía.

-¿Puedo ir también?

La tímida voz de Alisan llegó a los oídos de Suntina. Enseguida se sintió fatal. La castaña se debía estar sintiendo fuera de la conversación.

-¡Por supuesto!

Una sonrisa se formó en los labios de la castaña y Suntina no pudo evitar sentirse bien con ella misma.

-Oigan.-Tanto Alisan como ella voltearon a ver a Rosa, quien las miraba divertida.- Estuve escuchando en los pasillos que este viernes a la noche habrá una fiesta para dar la bienvenida a los nuevos, ósea, gente como nosotras. ¡Tenemos que ir! Podemos arreglarnos juntas, ¡Y les buscaré que pueden usar para verse despampanantes!

-¿Un… una fiesta?

-Sí, ¿Has ido a una, cierto?- Preguntó divertida Rosalya, pero su sonrisa se borró al ver que Alisan tardaba en contestar.- Oh, lo siento, no debí asumir que…

-Está bien, no te preocupes.- Respondió rápidamente la castaña, agitando la cabeza para restarle importancia.

-Yo creo que debes ir. ¿Qué mejor manera de empezar esta nueva etapa en la vida si no es yendo a tu primera fiesta?

-Concuerdo con Suntina… ¡Vamos! Te hare ver tan linda que ningún chico se te resistirá.

-¿Chicos?

-¿Tampoco conoces de esos?-Bromeo Rosalya dándole un pequeño golpecito en el hombro.

-Si…conozco…es solo que…

-Si no quieres hablar con chicos no te preocupes, te quedas conmigo toda la noche mientras Rosa va a buscar a alguien.-Le aseguró Suntina, tratando de tranquilizar a la castaña, quien parecía perdida en sus pensamientos.

-Oh, no. Eso ya quedó en el pasado. Estoy felizmente de novia hace más de seis meses.- Rosalya mostró orgullosa su anillo plateado, como si fuera uno de compromiso.

-Bien por ti.-La animó Suntina con una sonrisa.

-Pero ustedes dos deberían ir a la caza de algún buen ejemplar.-Bromeó la chica de pelo blanco guiñando un ojo.

-No estoy interesada.- Repuso Alisan.

-Yo…- Suntina quedó en silencio unos segundos. Por algún motivo la imagen del oso de peluche inundó sus pensamientos.- Yo… no estoy segura.