Pareja: Spamano.

Situación elegida: Risas.

Palabras: 999 (según Word)


Uno*


Había una tormenta fuerte y poderosa.

Ese mismo día había ido a la casa de España por el hecho que… bueno, debía quejarse con alguien porque el muy mal nacido de Francia le había ganada de nuevo con su tonto vino. Por obviedad, al ser España uno de sus amigo, Romano tenía todo el derecho del mundo de ir a reclamarle ese hecho al ibérico y obligarle a acompañarle a gritar a su amigo. O ese fue el plan, pero una vez que entró a la casa de España comenzó una maldita tormenta que evitó que la otra parte pudiera continuar.

Romano estaba muy molesto con eso, protestando a todo dar con el español que no hizo nada. Pero luego de unos segundos de quejarse, notó como el tan tonto España estaba algo más adormilado, más cansado.

—¿Qué pasa contigo, bastardo?

Ante eso su ex jefe le sonrió un poco.

—Nada, Romanito —El sureño frunció el ceño ante el diminutivo— Solo estoy algo cansado…

—Sigues trabajando mucho idiota. Pero no vas a descansar ahora. Eso te pasa por tener a un amigo así.

—Romanito —dijo acercándose a él y sentándose a su lado— No es mi culpa que Fran te haya ganado. Pero es bueno que me hayas visitado —Sonrió.

—Deja, no me hagas recuerdo eso. Que una vez que termine la maldita tormenta me acompañas a gritarle a tu amigo.

—¿Por qué yo?

—Porque yo lo ordeno.

Y España rió. Como siempre lo hace el muy maldito. Romano tenía muy en cuenta una cosa, el mayor jamás le tomaba en serio, de verdad. Siempre, cada cosa que hacía, tenía cierta gracia encontrada por el ibérico. Así que solo botó un suspiro que intentó ocultar.

No le desagradaba la cercanía que España estaba dando en ese mero momento. Es más, quería que estuviera más cerca. Ese sentimiento de acercar al hispánico fue dado desde el día que lo vio durmiendo en una silla. Eso fue hace un buen tiempo, cuando él aún era su subordinado y España hacía viajes muy seguido.

Pero no importaba, después de todo España le seguía diciendo una y mil veces los diminutivos que demostraban una vez más que… España le seguía viendo como un niño. Gruñó por lo bajo.

Y la tormenta siguió sin querer detenerse.

España quería dormir o eso parecía, pero Romano no había ido a su casa para verlo quedarse dormido en el sillón, así que decidió que iban a hacer algo para matar el tiempo. España ni lento ni perezoso había ofrecido jugar un juego de mesa o algo parecido, Romano no quería eso porque aquello era muy infantil… así que decidió que iban a hacer lo que siempre España hacía con sus amigos: compartir unos tragos de lo más decente que España tuviera en casa.

En un principio España estuvo negándose, diciendo que con Romanito eso no se podía hacer, pero luego aceptó recordando que Roma les daba sus nietos bebidas alcohólicas desde que eran unas pequeñas naciones. Así que si bien al final había aceptado hacer eso, aún le veía como si fuera un niño.

Romano soporto todo eso y comenzaron a servirse lo que sea que España había traído. Y la noche comenzó a volverse entretenida. Con el alcohol en su sangre Italia de Sur estaba más animado, y España sonreía y reía al ver así a su compañero. Eso hubiera sido muy bueno, sino fuera que España había cometido un error:

—Ya no soy un niño, España.

El muy maldito moreno se río ante esto. Romano lo había tomado personal está vez, no sabía muy bien por qué, quizás fuera por el etileno que corría por sus venas o… simplemente porque estaba harto que siempre le pasara lo mismo. Con el enojo a flor de piel agarró a España de las solapas de su camisa y le ordeno que dejara de reír —ya que seguía riendo— pero este no hizo caso. Romano pensó en una forma para callarlo y la única forma que se le ocurrió fue el darle un beso.

Efectivamente sí se calló y quedó con los ojos muy abiertos. Romano se sintió nervioso y avergonzado, pero aún tenía la suficiente dignidad para separarse rápido y decirle que con eso demostraba que ya había crecido.

Luego de parpadear un poco, España rió un poco más.

—Romano, que me beses no me demuestra nada. Los niños también pueden besar. Además que recuerdo que antes tú ibas pidiendo besos a cualquier chica linda que se cruzara.

Frunció el ceño. Sí, muy bien, lo sabía, pero no por eso le habría besado.

—Eso era porque tú solo me enseñaste esa palabra en español.

—Eso es mentira —Exclamó exagerado— Yo siempre intentaba enseñarte y eras tú el que no aprendió nada más que eso.

—No tengo la culpa que eras tan mal maestro que solo pude aprender aquello.

España no río ni tampoco discutió, solo se sirvió un poco más del licor. Por un momento nadie habló y solo se escuchó la lluvia tan molesta de afuera. Romano sintió que ese silencio incómodo era gracias a él… pero no le importó demasiado ya que en ese mismo momento comenzó a sentir frío.

Bufó y al molestarle tanto el silencio decidió preguntar:

—¿Cómo quieres que te demuestre que no soy un niño, bastardo?

La bebida aún bajaba por la garganta de España y una vez que dejó el vaso en su lugar, le sonrió divertido.

—No puedes demostrar lo que no eres, Roma.

Y volvió a reír.

—Ya no soy un maldito crío, mierda. Tómame en serio.

—Es difícil hacerlo con esas mejillas tan rojas que tienes —Estiró una de ellas cuando dijo eso.

Romano botó su mano con despreció —y quizás dolor— y gruñó algo que el otro no entendió. Sintió como España aún reía —pero en realidad no lo estaba haciendo— y el alcoholizado Romano decidió volver a callarlo como hace unos momentos.

Esta vez lo callaría por más tiempo.


Uno* Quería poner uno en italiano, pero el traductor google me dijo que el uno de España era el mismo que en Italia… así que, bueno, no puedo hacer más.


¿Qué tal?

Espero que les haya gustado, pues a mí e gusto mucho hacer esta parte (Me reí un poco, para ser sincera)

En fin, espero leer lo que piensan de esta parte.