Hola! ¿Qué tal el fin de semana? ¿Bien? ¿Mucho fangirleo? Yo he vuelto con un nuevo capítulo de este fic. Agradezco de corazón cada uno de vuestros comentarios, todos me llegan al alma y me hacen sonreír, sois geniales!
Como siempre me gustaría dedicar mis locas palabras a una serie de personas imprescindibles, A mi Andy porque es una de las mejores personas que podía tener en mi vida, a mi sister Sara porque si no subo me acosa, a Leti porque es una idiota, a mis hijitas Jenny y Sylvia y por supuesto al #Squad shipers de clexa que me alegran los días (Yure y Zori os adoro), también a Natalia y aprovechar para darle las gracias por su arduo trabajo de traducción y a todas las chicas del whatsap Swanqueen y el de la convención que animan mi vida y la hacen un poquito mejor.
Sin más solo me falta añadir que los personajes no me pertenecen y eso que ya sabéis de sobra.
Besos a todas (Y todos si es que hay algún chico que me lea)
CAPÍTULO 4
Estaba nerviosa ¿Cómo no iba a estarlo? No podía dejar de sonreír recordando la cita con Regina, como estaba tan nerviosa al principio y acabó soltándose y disfrutando, como una niña sin más preocupación que poder jugar… Miré mi teléfono, notando una vez más el aguijón de los nervios y la anticipación que se había apoderado de mí desde que Regina me mandó aquel escueto mensaje con la dirección para nuestra segunda cita.
Resoplé una y mil veces esperando pacientemente a que mi ordenador prehistórico se decidiese a arrancar pues aun no conocía la ciudad y necesitaba buscar la dirección exacta a la que debía dirigirme en unas horas, no quería llegar tarde pero el maldito aparato no colaboraba haciéndome perder la paciencia.
Apretaba una y otra vez los botones del ordenador, como si así, mágicamente, fuese a acelerar su proceso de arranque mientras mi mirada se perdió entre las escasas pertenencias que tenía conmigo en aquella minúscula habitación, centrándose en esa carta que asomaba por encima de mi mesita de noche, la carta que lo había cambiado todo para mí, la carta de Regina.
Podía pasarme horas pensando en ella, en sus ojos oscuros, su mirada cálida y expresiva, su sonrisa, la misma que apenas asomaba en sus hermosos y carnosos labios. Despertaba en mí un instinto protector extraño, yo que siempre había sido solitaria y que solo me preocupaba de mi misma había encontrado en Regina a una mujer de apariencia fuerte pero rota, casi tan rota como yo…
Cuando ya iba a lanzar el ordenador por la ventana, demasiado ansiosa e impaciente, este decidió arrancar permitiéndome entrar en internet y teclear el nombre del local donde ella me había citado "Rabbit Hole", memorizando cómo llegar hasta ahí andando, pues no me apetecía sacar a mi pequeño y gastar la poca gasolina que me quedaba, al fin y al cabo había descubierto que el lugar no estaba muy lejos del hostal donde me estaba hospedando hasta que encontrase algún lugar barato de mi agrado para alquilar.
Tras haber anotado todos los datos de lugar, por si acaso, eché una mirada sobre el reloj y, de un saltó, corrí al baño para darme una ducha pues no deseaba llegar tarde y dar una mala impresión a Regina sobre mis hábitos sociales.
Mi atuendo para esa noche fueron mis pantalones de cuero negros, una camiseta de metálica y mi chaqueta roja, mi armadura, mi amuleto. Botas altas estilo militar, las más cómodas que tenía, mi rostro limpio de maquillaje pues no me gustaba embadurnarme y el pelo suelto, enredado sobre mi espalda. Guardé en mis bolsillos mi cartera con los últimos veinte dólares que me quedaban hasta el siguiente cobro, mis llaves y salí, silbando melodías que me viniesen a la cabeza, andando a paso ligero sin dejar de sonreír porque iba a verla otra vez, iba a disfrutar de Regina otra vez.
Cuando por fin llegué al lugar, tuve que mirarlo un par de veces extrañada pues no comprendía por qué Regina me había citado ahí. Observando la fachada del local supe que no era para nada de su estilo, y definitivamente del mío tampoco. Una cola de veinteañeros y jóvenes demasiado emperifollados esperando para entrar en el "local de moda" o al menos era lo que parecía y, cada vez que la puerta se abría, música electrónica completamente apabullante escapaba por ella haciendo que mi rostro se contrajese en muecas de disgusto.
Aparté la mirada de la entrada del garito unos instantes, mirando el reloj para saber si llegaba tarde cuando ante mí la vi, andando con ese paso elegante y ese carisma de fortaleza que tanto la caracterizaba. Sus tacones resonaban en el pavimento del suelo y me pregunté si sería el único calzado que tenía en su armario, mas sonreí al ver que esta vez se había vestido más informal, con unos vaqueros oscuros y una camisa azul cielo que le sentaba como un guante. Ella me miró y sus labios dibujaron el inicio de una sonrisa mientras apuraba el paso para encontrarme, visiblemente nerviosa.
Todo el disgusto que pude sentir hacía el lugar en el que me había citado desapareció en cuanto mi mirada aguamarina se posó sobre ella y un sentimiento vertiginoso nació en mi ser… Daba igual el lugar en el que nos encontrásemos, sería perfecto mientras ella estuviese a mi lado.
En cuanto estuvo a mi lado, me fijé en cómo recorría mi silueta disimuladamente con la mirada, mordiendo su labio inferior, haciéndome reír y preguntarme internamente qué estaba pasando por su cabeza. Nuestras miradas se encontraron y mi sonrisa se ensanchó, sabiendo que no sería ella quien rompiese el silencio instaurado.
-Buenas noches señorita Mills, está usted radiante esta noche.
Ella se ruborizó, de forma casi imperceptible pero yo, demasiado observadora, me di cuenta llenando mi pecho de orgullo por haber dibujado en su rostro tan hermoso color. Ella no respondió, simplemente miró curiosa la entrada del local y al cabo de los segundos pude leer en sus gestos el mismo hastío que sentí yo al llegar, haciéndome comprender que ella tampoco solía frecuentar este tipo de antros. Finalmente me miró con una sonrisa tímida en el rostro, susurrándome su confesión y llenando mi alma de ternura.
-Este lugar es horrible… No lo parecía cuando miré por internet
-¿Por internet?
-Bueno, yo no salgo mucho así que busqué un lugar en Boston donde ir a bailar… ya que siempre estás cantando o tarareando supuse que te gustaría… Fallé estrepitosamente
Sin saber por qué, tomé su mano apretándola con cariño, provocando que su mirada oscura se perdiese en la mía, con mil incógnitas bailando en sus pupilas, con sus dudas e inseguridades grabas en esos ojos que tanto me gustaban.
-Tranquila Regina, será una noche muy divertida… Sobre todo para ti cuando veas mi danza del pato mareado… No sé bailar pero lo podemos intentar
Ella me sonrió y un brillo de esperanza nació en su mirada mientras, sin soltar su mano, nos dirigimos a la entrada del local preparadas para pasar juntas una noche extraña y completamente diferente.
Cuando por fin entramos, la música ensordecedora, las luces de colores y miles de adolescentes hormonados nos golpearon y, tras una pequeña risa, dije en su oído que necesitábamos tequila y ella simplemente asintió, perdiéndonos las dos en la barra donde empezamos a beber chupitos sin poder parar de reír.
Bebimos lo suficiente para desinhibirnos sin llegar a perder el control de nuestros actos, en ese momento tomé su mano, arrastrándola conmigo al centro de la pista haciendo caso omiso a sus quejas entre risas, habíamos ido hasta ahí para bailar y Regina bailaría conmigo le gustase o no.
La música era demasiado horrible para mi gusto y para el suyo, nos miramos horrorizadas par acto seguido empezar a reír. No mentía cuando dije que yo no sabía bailar, por lo que empecé a ser yo misma provocando en ella carcajadas cada vez más intensas, incluso haciéndole llorar de la risa mientras intentaba seguirme en mis payasadas sin importarnos que los jóvenes que nos rodeaban nos mirasen como si hubiésemos perdido el juicio.
Saltamos, brincamos, reímos, dimos vueltas como locas metidas en nuestra propia burbuja cuando la música electrónica pasó a ser más suave y lenta, nos miramos riendo y salimos de la pista, dispuestas a marcharnos para alivio de aquellos que nos rodeaban y debieron pensar que nos habíamos perdido o que estábamos demasiado locas, a saber.
Cuando salimos a la calle me di cuenta de que habíamos estado metidas en ese local infernal más de tres horas y la certeza de que con Regina cualquier lugar era especial se hizo presente en mí una vez más.
Nuestras manos enredadas mientras caminábamos sin rumbo por las aceras de la ciudad llenaban mi alma de luz pues Regina en su carta me dijo que yo la había salvado pero ella no sabía la verdad, había sido al revés, ella me había rescatado a mí de mis propias miserias.
Me estaba mirando, sus ojos interrogantes y comprendí que llevábamos en silencio desde que salimos del antro, le sonreí y ella tomó el valor suficiente para romper ese tenso silencio, su voz con la ausencia de música sonó en mis oídos como la de un ángel, liberando en mí mi lado más tierno y bromista.
-¿Qué pensabas Emma?
-En el local, la música… ha sido interesante
-Lo siento, ha sido un desastre de cita
-No, lo ha sido… Me ha servido para tener una imagen muy decente de Alycia Debnam Carey moviendo el culito en mi cabeza
La miré con mi sonrisa más socarrona en el rostro, intentando no estallar en carcajadas ante su gesto de infinita incomprensión.
-¿Alycia qué?
-Alycia Debnam Carey, es una actriz
Seguimos andando y ella mantuvo el silencio, su mirada se volvió oscura una vez más y supe que, quizás, había metido la pata jugando con sus inseguridades sin darme cuenta. Frené en seco, obligándola a pararse y mirarme, regalándole una sonrisa mientras acariciaba su mejilla con ternura.
-Ey, Regina era una broma… ¿Cómo iba a pensar en una actriz teniéndote a mi lado?
-Entonces… ¿Te has divertido?
-Mucho, ha sido distinto, muy divertido… hemos sido las dueñas de la pista
-Cierto, pato mareado
-Golpe bajo señorita Mills, golpe bajo…
Y ahí estaba, su carcajada suave y dulce, sin la música distorsionándola, mi sonido favorito en el mundo.
Sin saber muy bien cómo, acabamos en su portal, recorrimos más de diez manzanas a pie sin pensar en el frio de la noche, en el cansancio, sin pensar en nada más que nuestra amena conversación, lo bien que estábamos juntas y lo maravillosa que había sido nuestra segunda cita oficial.
Llegó el momento de decir adiós, empecé a juguetear con mis cabellos nerviosa y mi mundo entero se paró cuando ella acercó su rostro a mí, mi corazón se disparó y se me cortó el aliento sintiendo que podía echarme a volar de anticipación, ya imaginando su sabor, cuando sentí sus carnosos labios sobre mi mejilla dejando un suave beso.
-Por esta noche esto es todo lo que tengo para usted señorita Swan, si desea más vaya a buscar a su amiguita Alycia
Y sonreí, como no hacerlo, se estaba burlando de mí, estaba bromeando conmigo. Puse la mejor carita de cachorrillo apaleado haciéndola reír mientras se alejaba hacia su portal, cuando supe que tenía que mover ficha, me tocaba a mí avanzar en este tira y afloja que habíamos instaurado desde esa noche en el puente.
-Señorita Mills…
Ella se giró, clavando en mi su mirada y su sonrisa puso del revés mi mundo, obligándome a tragar amargamente y respirar hondo, intentando serenar todas mis terminaciones nerviosas, alteradas por culpa del roce de sus labios en mi mejilla.
-¿Si, señorita Swan?
-Quiero una tercera cita con usted
-Está bien Emma, esperaré tu mensaje
Sin más, se despidió con un gesto y desapareció por su portal, dejándome sola y plantada en medio de la acera con la sonrisa más idiota de mi vida, el corazón acelerado y mil pensamientos atravesando mi mente como agujas.
Una tercera cita con Regina, no podía esperar, no quería esperar…
