Capítulo 2
Espejito, espejito
Todo lo destruyes, todo lo destruyes…
…como si fuera tu especialidad
Romper corazones…
…es lo que haces para divertirte-Never Shout Never
PARTE 1.
Algo andaba mal.
No es como si no se hubiera dado cuenta antes.
Harry amaba estar con Draco, respirar su mismo aire, estar a su lado, en el sentido literal (desgraciadamente), solo a su lado.
Y pensaba que mientras pueda disfrutar de su vista visual, y que sus ojos se deleiten bebiendo de la imagen que Draco (no) le ofrecía.
Pero jamás pudo estar tan equivocado.
No estar con Draco, dolía, estar con Draco, también, dolía.
No sabría decir por qué, pero era cierto, y eso estaba mal. Era uno de los primero síntomas de enamorarse, necesitar a la otra persona, depender de ella. Harry siempre necesitó de Draco, siempre. Cuando estaba en la escuela, sin Draco seguramente no habría nadie que fuera capaz de bajarle de la nube de donde todos lo veían. Draco lo trataba como cualquiera, como un igual, e incluso, se creía superior, por más que sabía que no lo era. Ahora Harry no estaba seguro de eso.
No estaba seguro de nada.
Draco sólo era una obsesión, ¿verdad?
Sí, claro, sigue intentando convenciéndote de ello
Harry se abofeteó a sí mismo mentalmente.
El primer paso a la locura era empezar a hablar contigo mismo, y aunque Harry ya se podría considerar un demente, no necesitaba empeorar.
Aparte, si hablaba consigo mismo, no debería contradecirse.
Draco había estado con él sólo tres semanas, y ya estaba a punto de perder la cabeza.
No soportaba tenerlo cerca, porque sentía el insano impulso de golpearlo o besarle hasta morir (es que a veces era tan hijo de puta), pero tenerlo cerca, era insufrible, su cuerpo deliraba si no estaba medianamente donde pudiera verlo.
Era exasperante.
Sin mencionar que Draco tenía una personalidad de los mil demonios. Su belleza extrema había cegado lo muy cabrón que podía legar a ser. En vez de cuidarlo, ("cuidarlo" Sí, claro), parecía que estaba a punto de asesinarlo. Rompía la cerradura del baño, cuando quería usarlo, y decía cosas como: "¿Por qué? ¿Tenías que hacer pupú? Lo siento tanto". Y ese "lo siento tanto" era tan sarcástico como el tono que solía usar en sus años de escuela. Y entonces Harry se ponía tan rojo de la rabia, impotencia y vergüenza, que Draco soltaba carcajadas pudorosamente.
Cuando tenía que salir a trabajar, o se ofrecía a ayudar a la vecina que Draco había tirado por las escaleras ("Ella no se apartaba de mi camino, ¿qué querías que hiciera?, ¿pedirle permiso?"), el rubio le escondía las llaves en el refrigerio, horas antes, y estaban tan congeladas y pegadas al hielo que resultaba imposible quitarlas. Harry no había podido salir por dos días, mientras Draco, no tenía problemas, él aún no averiguaba por dónde salía si no era por la puerta.
Draco y Louisie (su gato) se llevaban peor que ellos dos en la escuela. Asique, naturalmente, Draco lo había tirado por la ventana, de su séptimo piso. Era realmente un milagro que, una gata tan poco productiva como ella, hubiera sobrevivido. Claro que eso sólo había aumentado el odio que se tenían, pero era un gato, ¿qué tan malo puede ser? Y aunque Ron no se llevó bien con el gato de Hermione, ellos tenían trece años en ese entonces, ¡Draco tiene dieciocho!
También le gustaba despertar a Harry de las peores maneras más dolorosas posibles, le arrojaba vasos de agua, o baldes de agua, pintura (que había comprado Draco), rompiendo cosas electrónicas que no entendía (como celulares, televisores, lámparas, el tostador). Claro que a nadie le gustaba ser despertado de esa manera, o de cualquiera manera a las cinco de la mañana, Draco se reía mucho con esas bromas, y su risa, por más que mandaba escalofríos a la espina dorsal de Harry, y lo hacía sentirse raro, le gustaba verlo reír, era muy bonito cuando lo hacía.
Bueno, en realidad, siempre era bonito.
Ese también era otro problema, no era justo ser tan condenadamente hermoso. ¡Debería ser ilegal!
Draco lo hacía entirse inseguro y tonto, siempre lo había hecho, pero ahora había algo diferente, algo nuevo, algo que no sabría definir, y no sabía si le gustaba.
Draco haciendo esas bromas parecía un demonio, a veces era tan cruel (no como lo era en la escuela, si no, realmente cruel), seguía haciendo bromas despectivas, y le encanta ser travieso, hacer pequeñas maldades, como al mismo tiempo le gustaba comer dulces, y mirar la televisión (cuando no la estaba rompiendo), le encantaban las películas románticas, aunque se cortara un brazo antes de admitirlo, y cuando Harry estaba cerca, sus ojos resplandecían, derritiendo el mercurio líquido. También había notado que se sonrojaba si Harry mandaba una indirecta bien directa, y eso producía que su estómago se revolviera de una manera cálida.
Parecía fascinado con romper cosas, cuando se enojaba mucho (que solía ser siempre por una pavada), arrojaba objetos, pero nunca lastimaba a Harry.
Podía hacerle bromas inofensivas, pero nunca le tocó un pelo.
Tal vez, eso era lo que más le molestaba.
Antes, se insultaban, ahora también, pero llegar a la parte más interesante, en donde podía, aunque sea de una manera muy morbosa y obsesiva, tocar su cuerpo.
Pero no lo hacía.
De hecho, evitaba cualquier tipo de contacto físico con Harry. Casi parecía que le tenía asco, ese pensamiento no le gustaba para nada.
Pero, si le tuviera asco no estaría en su casa "cuidándolo", de una manera muy poco convencional, pero cuidándolo al fin y al cabo, ¿no?
Y aunque podía ser lindo, a su manera, como cuando le preparaba sopa de pollo, aunque siempre salía quemada (no tenía la paciencia para cocinar), Harry podía ver ese brillo entristecido en sus ojos, asique siempre se la tomaba toda. O cuando dibujaba, porque lo más extraño de todo era que Draco dibujaba, le gustaba pintar, y aunque sus pinturas siempre eran agresivas, a Harry le gustaban todas. Y aún conservaba el oso de peluche que Harry le había ganado en la feria. Pero también había cosas raras, extrañas con respecto a Draco. No se sabía por qué estaba en un departamento muggle, por qué el Sangre Pura que solía ser parecía haberse extinguido, si bien la guerra nos cambia a todos, Draco nunca nombraba a su familia, o la guerra, o lo que ellos habían sido en el pasado, como si nunca hubiera existido.
Era un tanto desconcertante.
Como lo era esa necesidad de jugar con las personas, Draco lo hacía, todo el tiempo, decía que era divertido.
Harry lo había visto hacerlo. Era escalofriante, espantoso. Draco era un verdadero maestro de la manipulación humana. Jugaba con los sentimientos de los desconocidos, como cuando las pocas veces que solían ir a bailar, y les decía las palabras exactas para hacerlos caer.
Harry y él habían tenido una grande pelea respecto a eso. Draco no lo volvió a hacer. Pero Harry nunca lo olvidó.
Antes le gustaba jugar a ser un niño malo, ahora de verdad lo era.
Y lo peor de todo, es que a Harry le encantaba de igual manera.
Ni con esa atrocidad había podido dejar de pensar en él, de sentir lo que sentía con él.
Si eso no lo había hecho, seguramente nada lo haría.
Harry había llegado a un punto en donde no le importaba.
-Pásame las palomitas.
-No.
-Dale.
-No, no quiero, siempre estás interrumpiendo en mi parte favorita.
-¿En donde todos se ahogan, y ellos mueren congelados?-dijo, retóricamente.
-No, en donde ellos se profesan su amor, y son víctimas de una catástrofe, contada de una manera muy civilizada.
-Pensé que no te gustaban las películas románticas.-dijo con una sonrisa sacarrona.
-¡No me gustan!-sin embargo, podía ver el sonrojo que le invadían las pálidas mejillas, mientras Harry alzaba una ceja (que seguramente aprendió de él, porque antes no podía hacerlo).
-Claro, lo que digas, Draco-pudo sentir el escalofrío que le recorrió a Draco, y sonrió resplandecientemente.
Estaban en el sillón blanco de la sala de estar, enfrente del (otra vez) nuevo televisor, Harry ya se estaba cansando de comprar tantos, este era el cuarto que Draco rompía, sí, era medianamente rico, pero no lo suficiente, tal vez cuando tenía once años ese oro era mucho, pero ahora, apenas le sustentaba, si no, jamás habría conseguido el trabajo de bibliotecario.
Draco estaba a su lado, con las piernas apretadas contra el pecho, sonrojándose por la mirada de Harry, que estaba tan cerca que casi rozaban. Igual, él sentía que estaban demasiado lejos.
Es que era cosa de no creer, el chico poderoso, altanero, arrogante, y manipulador, se comportaba de una manera extraña cuando Harry lo arrinconaba, o cuando estaban demasiado cerca. Podía ser tan malo como la conciencia de Harry decidiera, pero su corazón se estaba derritiendo.
-No me llames por mi nombre, es privilegio para mis amigos.-intentó que su tono fuera amenazador, pero parecía avergonzado.
-Qué lástima, Draco-respondió deletreando sensualmente su nombre, pudo percibir como el cuerpo de Draco tembló cuando lo dijo, es que puso ese tono a propósito, no creyó que realmente funcionara.
Pero en cierta forma sí.
A Draco le ponía que dijera su nombre.
Nunca acercaba su cuerpo, mínimamente al de Harry.
Lo evitaba y se avergonzaba cuando le lanzaba indirectas.
Y se sonrojaba siempre que estaba con él.
Harry tembló de la emoción, escuchando su corazón latir.
-Pensé que ya habíamos entrado en confianza-prosiguió, mientras le susurraba al oído:- Y sin embargo estás en mi casa, en mi sillón, con pijama y el pelo desordenado, cuidándome, tu lógica no tiene límites, Draco.
El rubio respiraba agitadamente, mordiéndose el labio, apenas temblando, mientras que a él se le dilataban los ojos. Era imposible que fuera tan guapo.
Sin darse cuenta de lo que hacía, completamente cegado, caliente, y con ganas de Draco, mordió el lóbulo de su oreja suavemente, mientras Draco lanzaba un gemido deliciosamente suave, y apretaba los puños.
Y antes de se dé cuenta, cuando intentaba ponerse enzima de Draco, el bol de palomitas de maíz estaba a punto de caerse, y Harry creyó que se había caído y partido, si no fuera porque Draco, con una rapidez sorprendente, lo atajó antes de que cayera.
Harry frunció el ceño.
Draco estaba a su lado, las palomitas estaba olvidadas al otro extremo, era imposible que lo haya atajado antes.
-¿Qué fue eso?
-¿Qué cosa?-respondió a la defensiva.
-No finjas demencia, lo vi. Estabas allí, y ahora estás acá.
-Nada, simplemente lo agarré, no te pongas todo exagerado.-dijo levantándose del sofá, yéndose hacia la cocina, moviendo involuntariamente sus caderas.
Harry se mordió el labio.
-Pensé que la Reina del Drama eras tú.-dijo con una sonrisa, que hizo que la lata de gaseosa (un líquido que el rubio adoraba) que Draco agarraba, se estruje por completo, haciendo que su sonrisa se ensanche, y que la bebida chorree.
-Oh, cállate, Potter.-escupió ácidamente.
Harry se carcajeó, porque ahora lo entendía. Estaba más claro que el cristal.
Él le gustaba a Draco.
Ese pensamiento hacía que su pecho se calentara de una manera extraña.
Draco también le gustaba a Harry. Y valla que le gustaba. Tal vez (sólo tal vez) era más que gustar.
Draco podía ser narcisista, ególatra, imbécil, manipulador, y muy hijo de puta cuando quería. Pero cuando estaba con Harry, era casi como si se transformara. Como si el perro peligroso escondiera los dientes y empiece a mover su cola.
Había que admitir, que a veces, Draco disimulaba jodidamente bien sus sentimientos.
-Vamos a salir.-sentenció.
-¿Qué?-dijo mientras cortaba una frutilla con los cubiertos, Harry se abstuvo de poner los ojos en blanco.
-Sí, seguramente ya me habrán despedido de mi miserable trabajo, necesito buscar uno nuevo, y podemos ir a la feria.
-Ya fuimos la semana pasada, y sólo ganaste un patético osito de felfa.
Que guardas en tu cajón, y lo abrazas cuando crees que nadie te ve.
Se mordió la lengua para no soltar las palabras. Sabía que si lo decía, seguramente Draco se iría de su apartamento con el orgullo herido.
Y necesitaba retenerlo lo máximo posible.
Para poder convencerlo de que se quedara.
-Bien, esta vez ganaré más que un osito patético-dijo rodando los ojos-. Pero ve conmigo, ¿sí?
Lo dijo lentamente, mirándolo de costado, mordiéndose el labio, inseguro. Estaba casi seguro de que estaba haciendo ojitos de cachorro. Pero jamás haría eso, era como suplicar, y él no suplicaba.
Pudo ver como apetitosamente Draco tragaba saliva, y su nuez de adán se movía.
-Vale.
En un giro, extrañamente rápido y fluido, se dirigió hacia el cuarto (que por cierto era de Harry, que ahora dormía en el sillón) donde estaba su ropa y cerró la puerta silenciosamente.
Harry suspiró.
Caminaban en un silencio inusual. Draco siempre tenía algo que decir, o que quejarse, y Harry siempre lo escuchaba, ahora, ambos miraban el piso, algo contrariados, evitando la mirada del otro.
Harry no sabe cuándo empezó esta extraña relación que tenían ellos.
Era como si Draco hubiera renacido.
Sentía que no podría decirle que no a nada.
Ellos no eran súper amigos, ni los mejores, ni siquiera compañeros, porque siempre terminaban peleándose, pero no eran desconocidos.
Personas del pasado con recuerdos en común, y una atracción sexual muy alta.
-Dijiste que me ibas a traer a la feria, Potter.
-Eso hice.
-Esto no es la feria, hay un montón de chatarra metálica, sabes que no me gustas esas cosas.
Fruncía el ceño y parecía preocupado.
Él esbozó una sonrisa casi lobuna.
-¿Asustado, Malfoy?-susurró con satisfacción, mientras sus chispeantes ojos cambiaban a un azul extraño.
Luego lo miró, y los mismos ojos tormentosos lo miraron con plata líquida, pero aún más oscura que de costumbre.
-Ya quisieras.-respondió con media sonrisa, haciendo que a Harry se le escape una risita.
La verdad es que quería probar algo más diferente, bueno no era tan distinto, pero un parque de diversiones a una feria miserable era muchísimo mejor.
Mientras caminaban a una distancia sumamente estrecha, gracias a Harry que se había aprovechado de la sorpresa y emoción que reflejaban en los ojos de Draco, y se aproximó lo más cerca que le fue posible, sin que el otro lo notara, sus dedos incluso rozaban, y Harry sentía escalofríos por toda la columna.
Y aunque sabía que eso no era normal, no le prestó atención, ignorándolo deliberadamente mientras miraba la mano pálida, con los dedos largos y perfectos, y se mordía el labio inferior, dudoso.
Intentando suprimir un sonrojo, le agarró la mano rápidamente, y lo guió casi corriendo hacia uno de los juegos. Y aunque no se atrevía a mirarlo a los ojos, podía sentir el pulso de Draco en sus manos entrelazadas.
Después de hacer una cola de dos horas para la primera atracción que pudo encontrar, está bien, no fueron exactamente dos horas, pero se sintieron eternas, con las manos juntas, ambos miraban avergonzados para los lados opuestos, avergonzados.
O eso creía Harry, porque derrotar magos oscuros y luchar contra dragones no se asomaba ni de lejos al valor que tuvo para tomar su mano, su pálida y perfecta mano, incluso en eso era hermoso, Draco tenía unas manos muy bonitas.
Harry se preguntó cómo se sentirían acariciando su cuerpo.
Mientras gemía. Debajo suyo (como debía ser).
Y se arqueaba mientras abría las piern….-
¡NO!
No iba a pensar en eso al mismo tiempo que cogía la mano de Draco con la suya, y que estaban tan cerca, que hasta podría sentir su erección.
Se animó a mirarlo de reojo. Volvió a mirarlo, por las dudas de tenga que conseguirse lentes nuevos.
Draco, primero y principal, tenía un perfil perfecto, es que eso fue lo primero que notó, había que mencionarlo, el chico era un Adonis, y sea lo que sea que haya hecho cuando terminó la escuela definitivamente supera las expectativas de cualquier chico o chica. Y lo más raro era que Draco no comía casi nada que no fueran dulces, y parecían gustarle las golosinas muggle más que las del mundo mágico, no es como si hubieran hablado de eso, claro, pero las comía con mucha más devoción. Y le asqueaba de sobremanera la carne, nunca lo demostró, pero fue lo primero que le dijo, nada de carnes (eso incluía: pescado, pollo, pavo, carne, churrasco, tocino, cerdo, y la lista sigue), y cada vez que pasaban por una carnicería, Draco instintivamente se cruzaba para la otra vereda.
Había cosas realmente extrañas en Draco.
Ósea, ¿a quién no le gustaba la carne? Harry había tenido que sacrificarse para no consumirla en frente del rubio…
Draco, también tenía unos pómulos espectaculares, como todo su cuerpo, Harry estaba cansado de que su propio cuerpo le recordara lo bueno que estaba. Y eso que no había visto su polla…todavía…
Negó con la cabeza mentalmente, sus pensamientos no se volverían a meter por el lado oscuro. Esperaría hasta la noche. Porque si era por él, le follaría ahí mismo, a plena luz del día, en medio del parque, contra una pared, bien duro, mientras Draco se retorcí…-
¡Basta!
¿Desde cuándo se había convertido en un pervertido y no se había dado cuenta?
Su nariz respingona le sentaba fenomenal, y de costado se podían ver las largas pestañas rubias reflejadas a través del sol (valla, hay sol, era la primera vez en mucho tiempo), tenía las mejillas ardiendo, respiraba agitadamente, y pudo notar que estaba temblando.
Temblando.
La palabra resonaba en su mente una y otra vez.
Parecía no poder controlarse, tragaba saliva continuamente, y a esta altura estaba casi jadeando.
Harry tenía la sensación de que a Draco le gustaba estar cerca de él, pero era como si se estuviera absteniendo a hacer algo, como si tuviera…un hambre voraz.
Y cuando vio sus ojos, el cuerpo de Harry casi se incendió, sin su permiso, sentía una extraña magnitud, hipnotizarte, esos ojos…dios, quería tocarlo…
El iris estaba casi completamente dilatado, de una manera bastante inusual, Harry no podía verlo bien de costado, se veía de una forma casi ovalada, como una daga, pero se podía notar perfectamente el color llamativo de estos, era como ver a través de un pantano plateado, y alrededor del iris había pinceladas que parecían brillar en color azul…
…azul…
Como la llama artificial.
-¡He, la pareja bonita!-llamaron desde adelante, Harry, parpadeando como si se tuviera que acostumbrar a la luz, enfrentó la voz que lo llamaba, un joven muchacho, de no más de veinte años, cabello castaño y ojos avellana, les miraba con una sonrisa divertida, sosteniendo una cadena que separa a la multitud de la gran atracción- ¿Van a subir, o les consigo una habitación?
Draco también parece haber bajado a la tierra porque lo mira enojado y dice:
-¡Cállate, estúpido mug…!-Harry le tapó la boca con la mano antes de que decidiera también agredir al inocente chico.
-Humm, no, gracias, pero preferimos subir al juego-le respondió amable, mientras que miraba la atracción y tragaba saliva al instante, un montaña rusa, siempre había querido subirse una de pequeño, pero esa cosa era Enorme (sí, con mayúsculas), y tenía más curvas y vueltas que el camino de una escoba voladora en el aire.
-¡Y-yo no voy a subirme a esa cosa!-dijo exaltado, dándose cuanta por primera vez del 'chatarro metálico'. Había convivido tanto con Draco que sabía que le diría así, porque maso menos era como llamaba a la tecnología muggle. La odiaba.
-¿Por qué?-dijo burlón- ¿Tienes miedo? ¿Prefieres ir a llorar en las faldas de tu mami?
Draco parecía más avergonzado que intimidado, y no parecía enojado en absoluto con respecto a que Harry haya mencionado a su madre, claro que contento no estaba contento, lo estaba casi tachando de cobarde. Es que no había podido evitarlo, era la costumbre, prácticamente se le escapó de la boca.
Se adelantó, pasó por la puertita, encaminándose hacia los asientos, pero antes le susurró con los labios apretados, de manera que sólo pudiera oírlo Harry, y tal vez el empleado:-Esta me las pagarás, Potter.
Y empujó al muggle de manera cruel, haciendo que trastabille, pero sin borrarle la sonrisa.
Harry lo miró con un poco de todo.
Como alguien que mira una vieja fotografía de un recuerdo nostálgico, que fue-en ese momento- absurdamente feliz.
Con anhelo, con deseo, con ganas de sentir…
-Qué fiera-le dijo el empleado, provocando una media sonrisa, media mueca, en Harry-. Pero que culo tiene.
Harry lo miró mal.
Algo muy parecido a un dragón feroz estaba rugiendo y lanzando llamas en la boca de su estómago, mirando oscuramente al muchacho que observaba a Draco como si fuera chocolate.
Si pudiera gruñir y sacar lo dientes, seguramente lo habría hecho.
-Sí, me di cuenta-respondió secamente.
-Tranquilo, bonito, que no voy a tocar a tu chico. Pero deberías decirle.
-¿Decirle qué?-dijo, ya más tranquilo.
-Lo muy enamorado que estás de él.
Harry miró el suelo, negándose a pensar sobre eso.
Él estaba locamente obsesionado. No obsesionadamente enamorado.
Pasó por su lado, rozando al muchacho, y sentándose al lado de Draco, que parecía más molesto que antes. Pudo notar, un poco desconcertado, que sus ojos estaban completamente azules, con apeas una chispa de negro, y su mandíbula estaba tensa, como todo su cuerpo, y sus puños estaban cerrados, con los dedos moviéndose frenéticamente, como si estuviera ansioso, controlándose, los nudillos los tenía aún más blancos de lo normal.
Intentó dejarlo pasar, mientras el cinturón metálico se cernía en frente suyo, casi rozando su pecho, sin embargo, no podía evitar los escalofríos que producía su cuerpo, podía sentir la magia de Draco rodeándole, siempre la sentía, incluso cuando no se hablaban, pero ahora irradiaba mucho poder, era fuerte, y Harry casi podía tocarla, mientras los abrazaba a su alrededor.
Cuando empezó a avanzar, Draco se tensó aún más, parecía un arco, en guardia, y con los ojos bien abiertos, que ahora, sorprendentemente, eran del color de la niebla.
Los ojos de Draco, eran una de las cosas que más le gustaban y desconcertaban de él, porque eran como un libro abierto, escrito en otro idioma, con cosas sorprendente, pero que lograbas entender la mitad.
Aparte, los colores que emitía eran tan llamativos, tan vivo, que parecían sacados de una pintura.
Ahora la máquina iba a toda velocidad, subiendo y bajando sobre las curvas, todos reían, y gritaban, e incluso algunos vomitaban. Y Harry se estaría divirtiendo, si no fuera porque Draco parecía como si lo estuvieran condenando a Azkaban, parecía una estatua, no gritaba, no se movía, estaba tieso y silencioso.
-Draco.-lo llamó, al mismo tiempo que tocaba con su mano el brazo desnudo (ya que sólo traía una musculosa pequeña y ajustada), su piel estaba fría, helada, pero eso apenas pudo pensarlo, porque Draco saltó en su asiento, y en ese instante la máquina chirriaba y parecía lanzar chispas, mientras se movía de una manera muy dificultosa.
Ahora, el rubio, parecía estar en pánico.
-Oh, no.-apenas le oyó susurrar.
-¿Qué?-dijo desconcertado, antes de que el vagón por donde estaban empiece a frenarse, lanzar chispas y hacer sonidos extraños, y metálicos.
El instinto de Harry se alarmó, mientras Draco temblaba, parecía incluso a punto de llorar, y cuando lo quiso tocar para tranquilizarlo, se apartó bruscamente, todo lo que máximo que se pudo apartar sin salir disparado hacia el vacío. Y el vagón se prendió fuego desde la parte trasera.
Ahora todo eran gritos, y el pulso era errático, mientras empezaba a entrar en pánico, sin embargo lo único que podía ver era la cara de consternación de Draco, mientras él se moría por abrazarlo, pero sabía que sería miserablemente rechazado.
Draco, ahí en medio de todo, parecía una muñeca de porcelana aficionada en el mundo de los humanos.
Incluso en medio del caos, no pudo evitar notar que el fuego ardiendo reflejado adentro de sus ojos, se veía sorprendente.
Y antes de que su instinto medio Gryffindor, medio suicida, se apodere por completo de él, la llamas se apagaron lenta y trabajosamente, y los empleados pudieron bajar el vagón, pero no hacerlo funcionar.
Entre la gente que gritaba y reclamaba (y muchos lloraban), la multitud que se agrupaba alrededor, Harry vio como Draco, con la peor expresión de sufrimiento, se alejaba mientras se abrazaba a sí mismo.
Corrió, y empujó, hasta que llegó a su lado, el atardecer casi completamente rojo se mostraba sobrenatural en el cielo.
Harry pensó que los ojos de Draco eran como los colores del cielo, increíblemente bellos, sobrenaturales e indescifrables.
Estaba sentado en una banca, apartado de la multitud, de hecho estaban fuera del parque, en frente del mar, con los pequeños rayos de sol rojizo enfrentándole en el rostro. Harry se sentó a su lado en silencio.
-Lo lamento.-le susurró, arrepentido.
-No importa-su voz sonaba algo rocosa, y extraña en él-. No me obligaste a subir, yo lo hice, y lo hubiera hecho de todas formas. No te iba a dejar en esa monstruosidad.
-Puedo cuidare solo, ¿sabes?-Draco no respondió- ¿Por qué tienes esa necesidad de cuidarme? Muy a tu manera, por supuesto, intentarme depilarme por las noches no es precisamente agradable.
Draco sonrió, y Harry sintió un calor apoderarse de su pecho.
-Tienes las piernas muy peludas.
-¡No es cierto! Apenas tengo una pequeña pelusa, que tu vello corporal sea inexistente no significa que todos debemos ser así. Y un psicópata trató de matarme durante años, creo que tengo algo de…-
-Suerte de principiante.
-¡Ja! Por favor, eso no te lo crees ni tú mismo.
-Es cierto, no me refiero al Quidditch, pero nunca tuviste opción-después susurró casi sin darse cuenta, como si hablara consigo mismo-… nunca nadie te preguntó…
-Ese era mi destino, lo que todos esperaban, no lo hice por complacer a otros, lo hice por mis amigos, por la gente que no se merecía ser maltratada de esa manera, al principio pensé que eso era lo que debía ser, pero después quise hacerlo, porque era lo correcto y porque nadie lo iba a hacer, porque era injusto y absurdo.
Draco bajó la mirada hacia el suelo, con las manos apoyadas en ambos extremos del banco, y luego lo miró con esos penetrantes ojos grises, que se estaban transformando en azules.
-Yo soy un caso diferente, y a la vez igual. Estaba tan asustado, todo lo que conocía se desmoronaba, ni siquiera sabía lo que estaba haciendo, me dejé llevar por la marea, creo que toda mi vida fue dejarme llevar por esa turbulenta corriente. Y cuando te das cuenta de eso, es realmente aterrador, es un "¿Qué estuve haciendo toda mi vida?", y esa parte masoquista de ti te responde: "Siendo el malcriado mimado que eras, creyéndote el rey, siendo un peón, buscando orgullo de tu padre, y desesperado de cariño". Ahora la marea se convirtió en tormenta.
Era la primera vez que hablaban del mundo mágico, y qué decir de la guerra, Harry estaba desesperado de conocimiento por Draco y que le hable en ese tono angustiado, de sus miedos, de lo que vivió, era como si le entregara una pequeña parte de él, le confiara un pedacito de su secreto. No creyó que se sentiría tan bien.
De todas maneras no quería presionarlo, asique sólo se limitó a posar su mano arriba de la suya, sintiendo el pequeño temblor del rubio.
-¿Algún día me lo contarás?-él bajó la mirada, y Harry la buscaba continuamente, quería ver la verdad en ella- Digo…lo que te sucedió.
Draco suspiró.
-No lo sé, tal vez, algún día.
Viendo lo desanimado que estaba, buscando enfáticamente en su materia gris que tenía por cerebro (así es como lo llamaba Draco) alguna manera de alegrarlo, porque estaba actuando como si fuera su culpa. Hasta que se le ocurrió una idea, descabellada y muy estúpida, pero maravillosa, mientras una sonrisa perversa se asomaba.
-Te invito a pasar el día conmigo.
-Claro. Oh que honor. El Gran Salvador me ha hecho una invitación formal, estoy taaan alagado-bueno, al menos el sarcasmo había vuelto, las cosas podían mejorar-. No seas estúpido, Potter, dime qué tramas.
Y cuando esos ojos llenos de curiosidad lo miraron, sintió unas ganas irrefrenables de besarlo. Se contuvo por poco.
Alzó las cejas enfáticamente, mientras se acercaba peligrosamente al rostro sonriente, y después sonrojado de Draco, y dijo sobre sus labios, sintiendo una sacudida interior al poder casi saborearlo:-Ya lo verás, dragón.
Me gustó mucho esta parte del capítulo, estoy bastante contenta con el resultado, espero que ustedes también.
Quiero que comenten y que digan qué les parece hasta ahora, y qué piensan de Draco, o de Harry, o de Harry y Draco.
Y todo lo que falta...tengo tanto por escribir, estoy feliz de como va hasta ahora.
Bueno, quisiera que más gente comente el fic de "Un hermoso desastre", así me dan ánimos para escribir la segunda y última parte.
Bueno, lamento (y me vuelvo a disculpar) por mi retraso estos días, no fue la mejor de las semanas, pero escribir me hace feliz, y ustedes también, la verdad es que esto fue un gran apoyo, es como un rincón para mi solita, sin personas que me conozcan. Y bueno, eso, gracias.
Publicaré pronto,
-Vulnera
