Harry podía recordar casi a la perfección el día que conoció a Tom Riddle. Hacía frío. Podía sentir la humedad de la cámara de los secretos impregnándose en su piel, causándole escalofríos. Relamió sus labios mientras frotaba sus brazos para calentarse. Sus ojos vagaron por todo el lugar buscando a Ginny; no pudo evitar paralizarse cuando la halló en el suelo, fría, casi muerta.
Sus manos temblaron al igual que sus labios. No quiso acercarse, no quería ver, no quería escuchar. Cuando estaba dispuesto a irse, o siquiera a pedir algo de ayuda, algo sumamente conocido llamó su atención.
Boqueó, impresionado. Rápidamente se acercó a la niña, incapaz de creer lo que estaba viendo; su organismo ardió ante la furia. Apretó sus manos, mordió sus labios, ahogó un grito en el fondo de su garganta.
El diario de Tom Riddle, su diario, estaba siendo ensuciado por las manos de la chica.
Se limpió el sudor con furia, intentando distraerse. Tomó el diario sin tocar a Ginny y lo abrazó celosamente. —Que esté muerta, que esté muerta, que esté muerta… —Repitió sin cesar en voz baja. Si ella despertaba, volvería a quitárselo cuando menos se diera cuenta.
—No lo está. —Escuchó. Ligeramente volteó su cabeza, observando con fijeza al nuevo invitado. Durante un instante, estuvo a punto de adoptar su apariencia de niño bueno, pero al reconocerlo…
No, no valía la pena fingir. —Tom Riddle. —Susurró un tanto extrañado. Miró el diario, aún no terminaba de entender su dinámica, así que, por supuesto, se sentía sumamente sorprendido al verlo ahí. Segundos después, reaccionó. — ¡Tenemos que salir de aquí, Tom! El basilisco…
—Sólo vendrá si lo llaman. —Calmadamente aseguró, interrumpiéndolo. Harry alzó la mirada, casi rió cuando vio su varita entre las bonitas manos del muchacho.
La señaló. — ¿Podrías devolvérmela?
Unos cuantos escalofríos recorrieron su columna cuando los ojos de Tom brillaron burlonamente. Su rostro se mantuvo inexpresivo, casi con una mueca inocente, mientras sus hombros se alzaron ligeramente hacia arriba. —No la necesitarás.
¿En qué se había metido? — ¿Qué eres? —Preguntó con evidente curiosidad, deseando saber más de él. — ¿Un fantasma? —No hallaba explicación más lógica.
—Un recuerdo. —Respondió Tom. —Fui conservado ese diario durante cincuenta años. —Harry estaba cada vez más confundido.
—Tenemos que… ¿Salvarla? —Inseguramente miró a la niña. No quería salvarla, no cuando por fin había conseguido nuevamente el diario. Sin embargo…
—Me temó que no puedo hacer eso. —Riddle dijo tranquilamente. —Verás, entre más se debilita Ginny, más me fortalezco yo. —Potter ladeó su cabeza, ¿De qué estaba hablando? —Sí, Harry, fue Ginny quien abrió la cámara de los secretos.
Una carcajada casi escapa de los labios del más joven. —No… No puede ser. —Es decir, ¿Cómo una mocosa como Ginny Weasley pudo hacer eso? Si lo de Hagrid sonaba estúpido, lo de Ginny era mucho peor. —No lo haría.
—Ella retorció el pescuezo de los gallos y escribió pavorosos mensajes en las paredes. Le ordenó a la serpiente de Slytherin atacar a los sangre sucia y al gato del squib. —Realmente era imposible de creerlo.
— ¿Por qué lo haría? —Exigió saber. Tom parecía un poco feliz.
—Porque yo se lo dije. —Respondió, como si eso fuera bastante obvio. —Puedo llegar a ser muy… Persuasivo. —La última palabra se sintió como una suave caricia en los oídos de Harry. Suspiró. De alguna manera, Tom le caía bien. —Aunque, claro, ella no sabía lo que hacía. —Justificó. —Estaba, digamos, en una especie de trance. El poder del diario comenzó a asustarla e trató de deshacerse de él en el baño de las niñas. Y entonces, ¿Quién lo encontró? Justamente tú, la persona a la que más ganas tenía de conocer.
Todo sonaba con un mal chiste. — ¿Por qué querías conocerme? —Potter se veía muy tranquilo, Tom frunció su ceño.
—Tenía que hablar contigo. —La voz de Riddle cada vez sonaba más ronca. —Conocerte, si fuera posible, averiguar más de ti. Así que decidí mostrarte mi captura del torpe de Hagrid para ganarme tu confianza.
Qué estupidez. —Ciertamente… —Harry dulcificó su tono. —Me hiciste enfurecer. ¿Cómo un idiota como él pudo abrir la cámara de los secretos? Sonaba bastante… Irreal. Aunque fue bastante inteligente de tu parte inculparlo. Me pregunto cómo lo lograste.
Tom se encogió de hombros. Ese gesto se notaba muy elegante en él. —Era mi palabra contra la de él. Sólo Dumbledore creyó que era inocente.
—Y descubrió cómo eras realmente. —Qué estupidez.
—Después de eso, nunca me quitó los ojos de encima; entendí que sería imprudente abrir la cámara de nuevo mientras siguiera en el colegio. Decidí dejar un diario conservando mi persona a los dieciséis años para que algún día guiara a alguien a terminar la noble labor de Salazar Slytherin
Nuevamente, un suspiro escapo de los labios de Potter. —Muy lindo de tu parte. —Rió sin humor. —Sé un poco amable y dime, ¿Qué tengo que ver yo en todo esto? Me he perdido un poco en tu historia cautivadora.
—Oh, Harry, explícame, ¿Cómo es que un bebé si ningún talento mágico extraordinario pudo vencer al mago más grande de todos los tiempos? ¿Cómo lograste escapar sólo con una mísera cicatriz mientras que Lord Voldemort perdió sus poderes?
—Yo también suelo preguntarme eso. —Entre dientes admitió. —Pero, ¿Qué tiene que ver él con esto? ¿Acaso eres su seguidor? ¿Alguien bastante cercano a él? Sigo sin entender qué es lo que quieres decir.
Tom sonrió. Harry pensó que nunca había visto algo tan aterrador como ese gesto. —Voldemort es mi pasado, presente y futuro. —Con la varita, comenzó a escribir su nombre; el más joven pensó que el diseño de las letras lucía sumamente genial. Cuando Tom hizo un movimiento con sus manos para que se combinaran, Harry lo comprendió todo.
Tom Marvolo Riddle.
I am Lord Voldemort.
—Ah. —Las emociones del niño eran contradictorias. —Tú eres Voldemort.
El mayor parecía ofendido. —Sin duda no iba a conservar el sucio nombre de mi padre muggle, por supuesto que no. Me conseguí un nuevo nombre, un nombre que sabía que un día todos los magos temerían decir, cuando llegara a ser el mago más grande del mundo.
—Podría estar sujeto a discusión. —Harry se encogió de hombros. —Albus Dumbledore es el mago más poderoso del mundo. Eso hasta tú lo sabes bien, sólo que no quieres admitirlo.
— ¡Albus Dumbledore ha sido expulsado del castillo gracias a mi simple recuerdo!
—Nunca se irá del todo. —Potter, a diferencia del Riddle, estaba calmado. El último parecía enfurecerse cuando mencionaban el nombre del viejo director; a Harry le pareció divertido tal hecho. —No mientras haya personas leales a él. —Tom estuvo a punto de bufar, el más joven le regaló una sonrisa burlona. Durante varios segundos, sus miradas se enfrentaron.
De pronto, el canto de un pájaro resonó en el lugar. Harry volteó, confundido. — ¿Fawkes? —El nombre del ave escapó suavemente de sus labios. Traía algo entre sus patas, algo que soltó una vez que estuvo cerca de Harry. El chico, intrigado, rápidamente revisó qué era, sintiéndose sumamente decepcionado al notar que era el viejo sombrero seleccionador.
¿De qué demonios le serviría? En ese momento, la persuasión sonaba más razonable en su mente. —Así que eso es lo que manda Dumbledore a su gran defensor. —Tom se burló. —Un pájaro y un sombrero. —Riddle se dirigió a la estatua de Slytherin, levantando su mano y silbando en pársel. —Háblame, Slytherin, el más grande de los cuatro de Hogwarts.
Harry soltó una risita nerviosa. —Mierda… —Tom volteó a verlo con una sonrisa psicótica, Potter estuvo tentando a rodar los ojos.
—Enfrentemos los poderes del Lord Voldemort, heredero de Salazar Slytherin, contra el famoso Harry Potter. —El más joven nuevamente rió por lo bajo. ¡La maldita porquería de serpiente era enorme! —Mátalo. —Escuchó que Tom ordenó. Harry no supo si reír más fuerte o comenzar a correr. — ¡Hablar pársel no te salvará, Potter, sólo me obedece a mí!
—Mierda, mierda, mierda… ¿Realmente tenía que hacer todo esto, Ginny? —Comenzó a correr. Las imágenes se repetían ordenadamente en su mente: Harry cayendo, Fawkes dejando ciego al basilisco, Harry corriendo otra vez, Harry distrayendo al basilisco, Harry matándolo.
Nunca en su vida había sentido tanta adrenalina como en ese momento. Cuando el basilisco cayó, muerto, el comenzó a reír al sentir dolor en su brazo; un colmillo de la serpiente se enterró profundamente en él. Caminó pesadamente hasta donde estaba el diario y se dejó caer junto a él. —Es increíble, ¿No? —Riddle comenzó a decir. —Lo rápido que el veneno penetra en tu cuerpo. Te queda poco más de un minuto de vida.
Potter se aferró al diario, luego soltó una carcajada. Rió con ganas, con alegría, como si no le importara nada de lo que estuviera ocurriendo. Tom frunció su ceño. — ¿De qué te ha servido todo esto? —Potter exigió saber, sus ojos brillando por la diversión. —Sí, posiblemente muera justo ahora, ¿Pero tú? Ambos sabemos que tendrás un destino mucho peor si decides seguir con esto.
Fawkes volvió a chillar, llamando su atención. El fénix comenzó a llorar, derramando sus lágrimas en la herida de Harry. Tom se vio un poco impresionado ante esto. —Oh, lo había olvidado… Las lágrimas de fénix tienen poderes curativos.
El niño volvió a reír otra vez. —Estás indefenso, Tom, y solo. Aun cuando me mates, lo más probable es que termines muerto… O en Askaban. ¿Cuál de las dos opciones es mejor para ti?
—Cállate. —Gruñó el mayor.
—No pretendo ser grosero, mi lord. Podríamos hacer un trato. —Riddle lo miró ocultando su interés. —Si tú le devuelves la vida a la chica y aceptas venir conmigo, prometo que te conseguiré un nuevo cuerpo y te ayudaré a ganar la guerra mágica.
Harry sonrió cuando los ojos ajenos brillaron durante un instante. — ¿Por qué habrías de hacer eso?
—Porque es divertido. —Un chasquido de lengua lo trajo de nuevo a la realidad. Parpadeo, un tanto confundido, antes de sonreírle dulcemente a la persona que lo miraba con profundo odio.
—Sabes oclumancia. —El señor oscuro aseguró, furioso.
—Oh. —Susurró Harry como si estuviera apenado. —Creo que olvidé mencionar ese pequeño detalle, mi Señor.
¿Adivinen quién se tardó porque no le gustaba el capítulo, así que tuvo que hacerlo una y otra vez? XD
