Capítulo 4:

"Evans y Potter"

Tía Petunia, llamo a su sobrina para que entrase. La niña se había olvidado por completo acerca de las cartas, en su mente rondaba ese gato tan extraño ¿Por qué no se movía?

Vernon, la tomo de la mano y la llevo junto a Harry a la alacena.

-Queremos nuestras cartas.- exigió el azabache.

-Esas cartas fueron dirigidas a ustedes por error.- el hombre parecía querer mantener la postura.- Así que tuve que quemarlas.-

-¡No era un error, nuestros nombres y la alacena estaban en el sobre!- reprocharon ambos enfadados.

-¡SILENCIO!- se notaba que quería mantenerse tranquilo, aunque la vena del cuello se le hinchaba cada vez más y la sien le palpitaba.

-Con su tía hemos pensado que ahora que son grandes, y decidimos que estaría mejor si se mudan a los cuartos de arriba, a los dos que le pertenecen a Dudley.- se levantó y camino hasta la puerta.

-¿Por qué?- pregunto Tabatha.

-No hagan preguntas y lleven sus cosas arriba.- se fue dejando a lo que ellos le pareció una sonrisa.

-Eso fue extraño.- ella asintió y juntos comenzaron a llevar sus pocas cosas.

En la sala se podían escuchar los berrinches que hacia Dudley acerca de la mudanza.

-¡No quiero que estén ahí! ¡Échalos necesito esas habitaciones!- al parecer sus padres no le hacían caso.

*.*.*

Una vez que Tabatha, se terminó de acomodar en su habitación, la puerta sonó.

-Pase.-

-¿Te gusta tu nuevo cuarto?- pregunto la cortante voz de Petunia.

-Sí, es demasiado acogedor, gracias.- la pelirroja siempre fue agradecida con los demás, aunque a veces debía fingir para no quedar mal.

-Bueno, en una hora estará la comida.- volvió a hablar la mujer, manteniendo el tono frío antes de abandonar el lugar.

-¿Tía?- Petunia, estaba a punto de girar el picaporte, pero se quedó quieta dándole la espalda a su sobrina. Tabatha, rara vez tenía impulsos de algo, pero esta vez se acercó y abrazo a su tía.

-Gracias.- musitó apenas la soltó. La mujer bajo la escalera tan rápido como pudo.

La pelirroja ahí se quedó, en su nueva habitación, había que admitir que varias alacenas cabían en ese lugar. Tenía una ventana junto a la cama, una repisa de madera de pino vacía, a excepción de un caballo en miniatura de plomo y un desgastado cuento que solía leerles la señora Figgs, cuando eran más niños. Luego de haberse instalado por completo, cruzó el rellano y se junto con su hermano.

-¿Se puede?- preguntó mientras abría la puerta., encontrándose a Harry mirando por la ventana.- ¿En qué piensas, James?-

-En nada, solo que es raro la forma en que actúan, jamás nos hubieran permitido tener una habitación propia.-

-A veces las personas cambian, ¿No crees?- él se encogió de hombros y miro a su hermana.

-En unos días es nuestro cumpleaños, tengo una idea para poder festejarlo entre nosotros.- ella miro la cara de felicidad de su hermano, a veces no podía decirle que no.

-¡POTTER! ¡La cena!- se sintió desde la sala.

Ambos bajaron las escaleras sin decir nada. En la mesa se podía escuchar aún los berrinches de Dudley con respecto a sus habitaciones; al llegar a la sala, los murmullos se vieron apagados. La cena estuvo prácticamente callada por parte de los mellizos.

-¿Más carne querida, Tabatha?- le ofreció su tío mientras sonreía falsamente.

-No gracias, tío Vernon.- tomo un sorbo de jugo y siguió comiendo.

-¿Les gustan mis habitaciones?- Dudley apretaba los cubiertos hasta que sus nudillos se pusieron blancos.

-Gracias por dejárnoslo.- contesto Harry.

-Yo no sé los he dejado, ustedes me los arrebataron.- sus padres se miraban sin saber qué hacer.

-¡Dudley Dursley! A tu cuarto ahora.- el niño se sorprendió ante la reacción de su madre y subió bufando las escaleras.

*.*.*

Luego de la cena cada uno fue a su cuarto. Tabatha no podía dormir pensando como su tía los defendió. Dio vueltas y vueltas en la cama hasta que decidió bajar por un vaso de leche y algunas galletas.

Todo estaba oscuro y nadie estaba despierto. Se sentó en la mesa y le dio un mordisco a una galleta de chocolate. Al tercer sorbo de leche, sus parpados comenzaron a pesarle, al punto que se fueron cerrando.

"Era una tarde de otoño, el lugar era muy parecido al lugar donde estaba el castillo de los magos. La pequeña pelirroja miraba a su alrededor y habías chicos y chicas más grandes que ella, todos llevaban túnicas negras.

-Vamos Evans, solo será una cita y nada más lo juro.- escucho decir a un chico de gafas.

-Potter ¿Cuándo entenderás que no quiero salir contigo?-la chica tomo su libro y camino hasta un banco.

-Lo entenderé el día en que me digas que si.- al parecer no se iba a dar por vencido.

Los chicos que lo acompañaban reían ante su intento fallido de conquista. Ella miraba la escena y veía cierto parecido con la chica pelirroja y ella, al igual que con el chico de gafas con Harry.

Cuando el chico se dio por vencido, Tabatha se acercó a donde estaba la niña, sentía la necesidad de hablar con ella y poder conocerla.

-Hola.- dijo tímidamente.

-Hola, ¿eres nueva?- le pregunto amablemente.- Nunca te había visto por aquí, ¿Cómo te llamas?-

-Tabatha.-

-Lily Evans, un placer.- al escuchar el nombre, no contuvo la necesidad y la abrazo, sintió como las manos de Lily también la abrazaban."

Se despertó de golpe de aquel maravilloso sueño, aún era de noche. Dejo el vaso y el plato en el fregadero y subió a su cuarto.