Hola gente linda, aquí les traigo el tercer capitulo de este especial. Agradecimientos especial a mi Beta/amiga/hermana, Yeni.
Ahora sin más que agregar, a leer.
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Sol & Luna
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Capítulo 3
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«Sólo… quería ser fuerte porque creí que me habían quitado todo.
Tan fuerte como para vengarles.
Pero ahora, de verdad me han quitado todo y todo porque perdí de vista quién era.
Y quien me lo ha quitado, no ha sido otro más que yo. »
Kurenai Shinkuro (Kure-nai)
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— ¿Quién está ahí? —pregunté sin perder la guardia.
El ruido se detuvo y casi por un momento pensé que podía ser la mocosa, intentando vengarse. Capté un ligero movimiento a mi derecha y rápidamente me lancé desenvainando mi espada. Pensaba asustarla, pero bien podría no ser ella y debía ir preparado.
Y cuando vi a la mujer con la boca y las manos llenas de sangre me di cuenta que mi enemigo, estaba frente a mí.
—Maldito demonio blanco. Por fin te encuentro.
Ella puso distancia entre nosotros y limpió su boca con el dorso de su mano. La miré fijamente y a pesar de que mostraba leves cambios… supe que era ella. El mismo demonio blanco que casi me había matado.
Peleé contra ella sabiendo que no tenía muchas oportunidades de ganarle, pero aun así quería matarle más que otra cosa… yo necesitaba su cabeza.
—No puedes vencerme… no aún, —habló de pronto mientras esquivaba cada uno de mis golpes— no le he encontrado. —dijo algo más pero su voz se perdió entre los golpes.
—Puedo hacerlo, estos rasguños no son nada. —dije cuando acerté un golpe en su pierna haciéndola caer.
—Nos volveremos a ver Príncipe de Némesis. —murmuró antes de desaparecer ante mis ojos.
No podía creerlo… desaparecía de igual forma que las veces anteriores en las que me había topado con esa bestia. Guardé mi espada y revisé el cadáver como muchas otras veces…
—Otra vez le arrancó el corazón…
Siempre el corazón. Había descubierto que los demonios blancos se alimentaban de los rojos. O al menos ella, era a ella a la única a la que había visto hacer eso. Pero eso no era lo único que había descubierto…
Hacía casi 2 años había partido en busca de un demonio blanco. Pero ese monstruo me había encontrado primero y matado… o al menos eso era lo que él debió de haber creído al dejarme desangrando en el suelo.
A los días había despertado lejos de mi hogar y como única compañía, estaba esa mocosa.
…
Nunca había visto un demonio blanco. Pero las historias que una de las sirvientas me contaba, decían que eran monstruos de pieles, cabellos y ojos blancos. Se creía que venían de la misma luna.
Se me enseñó desde niño a temer a la noche y a lo que la ausencia del sol representaba…
Pero las historias, no eran nada comparado con el vivirlo en carne propia.
Mi destino había sido el de enfrentarme a esa bestia cuando apareció, y sin negarme a desobedecer el camino que otros habían elegido para mí… avancé.
Salí de mi hogar y me adentré en los bosques que lo rodeaban con el objetivo de matar al demonio. Pero al llegar a su encuentro, lo único que encontré fue a una mujer.
Y una muy bella.
Su piel blanca brillaba como una estrella en la oscuridad y su cabello plateado se arrastraba por el suelo mientras era ondeado por el viento. Sus ojos plateados tenían puntos azules, eran hermosos. Tan hermosos que podías perderte en ellos. O al menos eso fue lo que pensé.
Toda ella brillaba casi con la misma intensidad que el sol lo haría en la oscuridad y sus ropas sólo le hacían resaltar más.
— ¿Que estúpido fue el que les llamó Demonios…? —susurré llamando su atención.
— ¿Humano? … sólo es un humano. —me miró por un momento y continuó su camino como si yo no fuera más que una roca en el medio.
—Espera… —pedí al notar que sus manos tenían sangre.
—Aléjate mientras puedas o también te mataran.
A sus pies vislumbré un cuerpo bañado en sangre y fue entonces que recordé porqué eran llamados Demonios. Su belleza no importaba.
—Te mataré… —grité lanzándome hacia ella con espada en mano.
Fue entonces que llamé su atención. Fallé muchos golpes, pero no todos y así como yo acerté algunos, ella también acertó otros. Su fuerza era monstruosa y no concordaba con su frágil apariencia.
En todo momento fui consciente de que ninguno de sus golpes fue directo a mí, todos y cada uno de sus golpes, a pesar de lo fuertes y veloces que eran… no eran dirigidos más que con el propósito de bloquear los que yo enviaba hacia ella.
Pero aun a pesar de eso, yo deseaba matarla. Era mi destino, mi obligación y mi deber… eso era lo que siempre me fue dicho y enseñado. No conocía otra forma de vivir.
Y por motivo de mi orgullo di un golpe con la mano, sin arma. Eso pareció sorprenderla.
— Así que los humanos también están contra nosotros. Nosotros estamos realmente solos. —habló con desconcierto, alejándose de mí tan pronto como pudo.
La sorpresa y preocupación que mostró su rostro cuando caí al suelo me dejó mudo por un momento. Algo me había derribado desde atrás. Tosí repetidamente y le sentí tocarme… incluso creí escuchar su voz pidiéndome perdón antes de perder el conocimiento.
Recuerdo que lo último que pasó por mi mente, fue el hecho de pensar que era mi fin. Pero entonces desperté, el pecho y estómago me dolían, mis ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la luz y me encontré vivo dentro de una cueva.
Me incorporé un poco y miré bien a mí alrededor, encontrándome con la silueta de alguien durmiendo sobre unas mantas a pocos metros de mí. Bajé la mirada y describí mi torso vendado, intenté levantarme y el ruido fue suficiente para despertar a la otra persona que se encontraba ahí.
— ¿Qué pasó? —miré hacia la persona.
Su voz era femenina y se escuchaba bastante joven.
— Rayos… me quedé dormida… Ahhh…
Bostezó y se talló los ojos, estaba oscuro y algo lejos por lo que no podía confirmar su apariencia. Después de un momento miró hacia donde me encontraba.
—No puedo creerlo… despertaste. Por fin despertaste. —se apresuró a levantarse y cayó sobre sus rodillas.
— ¿Está bien? —pregunté cuando la escuché quejarse.
—Yo debería preguntar eso, has dormido durante varios días… Comenzaba a pensar que no despertarias, ¿Cómo te sientes?
Se acercó hasta a mí y me obligó a recostarme nuevamente para revisar mis vendajes. Le interrogué sobre ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado ahí? ¿Y qué había pasado con el demonio blanco? Pero no obtuve ninguna respuesta que me satisficiera.
—Fui a recoger hierba y cuando escuché ruidos, me oculté entre los arbusto y vi como una mujer se alejaba dejándote ahí… después un hombre llegó y te hizo esto.
— ¿Un hombre? —Ella asintió mientras ponía más hierbas en mi herida— ¿Tú me trajiste aquí?
—Bueno, yo no podía simplemente dejarte. Fue difícil, pero con algo de esfuerzo pude traerte.
— ¿Y tus padres?
—No tengo.
— ¿Vives sola…? ¿Qué edad tienes?
—Yo… 14.
Me quedé ahí hasta que tuve las fuerzas suficientes para levantarme, y cuando estaba por irme… le pregunté si quería venir conmigo, y lo hizo.
Viajé con ella y cuando pregunté su nombre, por respuesta obtuve un triste…
—No tengo.
Lo único que sabía, era que era terca, no le temía a nada, que sabía mucho sobre plantas y que por alguna razón… me aterraba enojarla. Supuse que sus padres debían ser curanderos y ella aprendió de ellos.
…Fin del Flashback…
Recordando el pasado, la cara de la mocosa me llenó la cabeza y recordé que debía buscarla. Recorrí el mismo camino que recorrimos para llegar a este lugar, y en cuanto llegué a la orilla del lago la vi.
Estaba tirada en la orilla por lo que extrañado corrí más rápido hacia ella.
—Hey… ¿Qué te pasó?
Cuando llegué a ella la giré para verla, estaba inconsciente y bastante pálida. Toqué su frente y la sentí caliente por lo que maldije una y otra vez… llevaba tiempo actuando de modo extraño. Se pegaba mucho a mí y siempre buscaba mi mano para poder caminar a mi lado.
—Hey mocosa, despierta.
Le quité la capa y dejé mi arma. Utilicé mi capa doblada como almohada. Mojé un trapo con el agua del lago y lo puse sobre su frente. Pensé en regresar al reino que había dejado hace unas horas, pero de hacerlo, corría el riesgo de que esta vez no me dejaran salir.
La única opción que tenía era atravesar el lago como teníamos pensado. Pero tal vez sería mejor buscar una cueva en el bosque, un lugar donde pudiera cuidar de ella durante la noche.
—Atravesarlo así no sería lo mejor, ella podría empeorar y no sabría qué hacer.
Con la decisión tomada, guardé mi espada y busqué en su bolsa algunas hierbas, tal vez si las veía podía lograr recordar las que me dio hacia un tiempo cuando enfermé yo.
—Esta… es esta. Ahora sólo tengo que encender algo de fuego para calentar agua.
Cuando estuvo caliente, coloqué las hierbas en la olla con las esperanza de hacerlo bien. Después de tanto tiempo, era bueno el haberla observado. Cuando estuvo lista le di de tomar poco a poco, hasta que la noche cayó y me quedé con ella dormida en brazos.
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Cuando desperté estaba dormida en sus brazos, sobre su pecho y terminé sonrojándome. Cuando recordé la razón por la que había huído de él. Pero en vez de alejarme de Zafiro, me apreté más. Odiaba la sensación que llevaba tiempo formándose en mi pecho, esa inquietud que él no hacía nada por calmar y que al ver como siempre era tratada como una niña, crecía.
Odiaba verlo siendo perseguido por tontas mujeres, en cada lugar que llegábamos. Pero lo que realmente me dolía, era el ver como Zafiro disfrutaba de ello e incluso aprovechaba para revolcarse con cuantas pudiera.
Me dolía su indiferencia. A mí me trataba como a una mascota y jamás me hablaba igual que a ellas, o miraba como a ellas. Intenté de todo para evitar que se acercaran a él, pero siempre lo encontraba en la cama de una de esas mujeres. Golpearlo no era suficiente y no calmaba para nada mi dolor, solo me lastimaba más.
Lo miré dormir y me levanté por completo extrañando inmediatamente su calor, sentí el sabor extraño en mi boca y al mirar alrededor entendí que él había preparado un té para mí. De seguro él creería al verme levantada que el té había funcionado pero no era así, mi cuerpo era diferente después de todo.
Lo que me había causado daño fue el haberme alejado tanto de él, después de todo… para salvar su vida aquella vez, había usado un método desesperado y arriesgado. Un método que me aprendí por textos antiguos y que era prohibido.
Nuestras almas estaban unidas y nuestra energía vital también. Si algunos de mis maestros estuvieran aún con vida, estaba completamente segura de que me golpearían por la torpeza que había cometido. Me reprendí mentalmente ante ese pensamiento, ¿qué me importaba lo que ellos me dijeran? Era por ellos que yo me encontraba en esta situación. Vagando de un lado a otro, sin un hogar… sin nada. Ellos me habían causado tanto dolor y odio. Todo lo que un día conocí, no era nada en comparación a lo que había visto desde que salí de lo que alguna vez llamé hogar… peleando por sobrevivir fue que me encontré con un joven moribundo.
El miedo a la soledad y lo desconocido me había hecho sentir empatía con él y me arrepentí una y otra vez, al menos al principio. Pero con el tiempo, sin que pudiera imaginarlo… me había encariñado demasiado. Zafiro había unido las piezas de mi roto corazón.
— ¿Cómo estás pequeña? —le miro dándome cuenta que estaba despierto.
Sin contestar recogí mi bolso guardando todo lo que estaba regado, y sin más comencé a alejarme.
—Qué demonios… ¿Hey a dónde vas?
Su voz me hizo recordar que lo necesitaba y no sólo para sobrevivir. Él podía ayudarme a lograr lo que yo no podía hacer ahora. Al principio no me molestó el utilizarlo… pero ahora que nuevos sentimientos habían nacido en mí, me resultaba imposible el no odiarme a mí misma por haber hecho de él lo que ahora era.
—Por todos los cielos, aun estas enojada. —me tomó de la mano y le miré con los ojos llenos de lágrimas.
El quererle era algo completamente imposible, y me hacía odiarme a mí misma por lo que era y por lo que le había hecho. No me arrepentía de haberlo salvado, pero yo misma lo había sentenciado a una muerte segura.
—No llores, prometo que no volveré a hacerlo. Ven… Vamos, dime, ¿qué tienes? Sé que estas lágrimas no son por eso, ¿Todavía te sientes mal? Ayer tenías mucha fiebre y estabas muy pálida. No despertabas y me asustaste.
Me dejé abrazar por él mientras lloraba de tristeza. Llorar por mi sol… por mí… por Zafiro… No importaba cuanto tiempo pasara, el dolor en mi corazón se sentía igual. Recordarle era como presionar una daga en mi pecho. Y pensar en que lo que hice a Zafiro, no era otra cosa que cambiar el tiempo de su muerte… pero ahora no podía más que empujar esos pensamientos en lo más profundo de mi corazón.
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Gracias por leer, espero les gustara o por lo menos causara algo de intriga. Quedo a la espera de sus rw, besos.
Chat'de'Lune te mando muchos besos, mucho misterio jajaja espero que no sea demasiado.
