Hola :)
Cuarto capítulo ya... ¡sólo queda uno!
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
MORT
Capítulo IV
La mañana siguiente los encontró reunidos en casa de Hermione mientras desayunaban con lo que Harry había traído de una cafetería cercana.
—Lo he estado pensando y he llegado a la conclusión de que quizá el significado del uróboro no lo tendríamos que tomar de manera tan literal —dijo Draco.
—¿Y cómo, si no? —preguntó Theo.
—Pienso que no tiene nada que ver con el significado real, sino es más bien un símbolo que podría llevarnos hasta el asesino. Como si en vez de un uróboro hubiera escrito una media luna porque es lo que sale en su escudo de armas.
—Podría ser —concedió Hermione—, pero a lo mejor podría indicar que hay dos asesinos, por aquello de que hay dos serpientes.
—¿Dos asesinos? Ah no, por ahí sí que no paso. ¡No puede haber dos asesinos! ¡Mira cómo estamos sólo con uno! —Harry parecía un niño pequeño con una pataleta.
—No se trata de lo que tú quieras, Potter, sino de lo que hay —Draco lo miró como invitándolo a que le llevara la contraria.
—Además, si hay dos asesinos, habrá que cogerlos a ambos. No podemos coger a uno sí y al otro no —añadió Blaise con cinismo.
—O puede haber sido un suicidio —Hermione había ignorado por completo su conversación y parecía inmersa en sus pensamientos.
—¿Un suicidio? ¿De quién, si han muerto cuatro personas? ¿De todos? ¿El club de los suicidios? —preguntaron todos a la vez.
—No, idiotas. Me refiero a que a lo mejor Reagan los mató a todos y luego se suicidó exactamente en las mismas condiciones que los demás para que parezca que hay un asesino en serie.
—¿Y por qué Reagan? —preguntó Theo, confuso.
—Porque ha sido la última en morir. Pero podría haber sido cualquiera, ¡maldita sea! —Hermione tiró su plato (vacío) al suelo, lo arregló con la varita y empezó a gritar como una loca—. ¡Nada de esto tiene sentido! ¡Lo único que sabemos seguro es que hay cuatro muertos, que podrían o no estar relacionados entre ellos, con un uróboro y una letra tatuadas! ¡No hay nada más que sepamos seguro! ¡Ni siquiera si la viuda se cambió o no el nombre antes de casarse!
—A ver. Hermione, tranquila. Investigaremos esto y daremos con el culpable, como siempre. Lo único que hay que hacer es organizarnos —Harry se había acercado a ella y le hablaba como si fuera a ponerse a gritar en cualquier momento.
—Es cierto —Ella inspiró hondo y añadió—. Fuera todo el mundo, que estoy harta de que me invadáis la casa y así no puedo pensar. Yo voy a ordenar la biblioteca y necesito silencio y soledad. Si se me ocurre algo, ya os avisaré —Hizo un gesto con la mano, y todos se fueron.
Era una costumbre que tenía desde hace tiempo. Cuando necesitaba pensar en Hogwarts, se iba a la biblioteca. Ahora, ordenaba la suya propia.
Por autores, por títulos, por colecciones. Incluso por colores. En estos momentos, la estaba ordenando por fechas de publicación.
Llevaba ya media biblioteca ordenada, y estaba mucho más relajada y con las ideas más claras.
—Por lo menos, sirve para algo —comentó para sí misma.
—Granger, las personas no suelen hablar solas. Es una mala señal —comentó una voz de hombre a sus espaldas.
Ella pegó un bote de medio metro y dejó caer los libros que tenía en la mano cuando lo escuchó hablar. Estaba tan concentrada que ni siquiera había oído la Red Flu ponerse en marcha.
—¡Malfoy! ¿Qué haces aquí? Dije que ya avisaría si se me ocurre algo.
—Pero me cansaba de esperar. Pensar contigo es más divertido que pensar solo.
—Será más divertido para ti, porque pienso yo sola.
—Tonterías. Sigue ordenando, no tengo ningún inconveniente. Yo sólo me sentaré ahí, e iré hablando contigo.
—De eso nada. Ya que has venido, me vas a ayudar. Por fechas de publicación —ordenó ella, y le puso una pila de libros en los brazos. Él puso mala cara, pero obedeció de todas maneras.
—Entonces, vamos a ver lo que tenemos —comentó Hermione.
—Cuatro cadáveres.
—Vaya, hombre, no me había dado cuenta. Como sólo llevamos dos semanas con este caso...
—Granger, pasas demasiado tiempo conmigo. Se te está empezando a pegar mi sarcasmo y para una gatita dulce como tú, eso no pega para nada —Draco le guiñó un ojo y ella lo fulminó con la mirada.
—Y ni siquiera tenemos sospechoso.
—La viuda. Creí que estaba clarísimo.
—¿Clarísimo? ¿Estás loco? ¿Pero cómo va a matar ella a su marido y a su amante?
—Pues al amante no lo sé, pero al marido lo quería más bien poco.
—Pero llevaba casada quince años. Algo de amor habría, ¿no?
—No —Draco fue tajante—. Los sentimientos de él no los conozco, pero si tenía una amante, no la debía de querer mucho. Eso parecía más bien un matrimonio de conveniencia.
—Pero, ¿un mínimo de respeto? No sé, matar a tu marido por muy poco que lo quieras...
—Igual descubrió que tenía una amante —sugirió Draco—-. Aunque ella también...
—Pero eso lo estamos dando por hecho, basándonos en algo que nos dijo la que podría ser la asesina, según tú.
—La secretaria nos dio a entender que era su amante.
—¿Os dio a entender? ¿Qué dijo exactamente?
—Dijo que Megan pasaba varias veces por semana a verlo, y que salían juntos a comer y a cenar. Que parecía mentira que él estuviera casado.
—Pues visto así...
—Él tenía una amante, y ella, por lo visto, también tenía otro.
—Y entonces eso relacionaría a tres de los cuatro muertos con la viuda. Ben y Madeleine casados, Ben y Megan amantes y Madeleine y Daniel amantes —Mientas hablaba, Hermione había cogido un papel y lo apuntaba todo—. Pero eso ya lo teníamos. No hemos avanzado nada.
—¿Y lo qué encontró Potter? ¿Lo de la animaga ilegal? —Draco no había terminado de decir esto, cuando entró una lechuza por la ventana abierta, depositó una carta y se fue.
Extrañada, la bruja se acercó a la carta, pero no tenía remitente. La abrió, impaciente y cuando leyó su contenido todo cambió.
Yo lo sé todo.
Esta noche, Callejón Diagon, once y media.
Quema esta carta y actúa normal.
Al final de la carta, a modo de firma, había un uróboro.
Draco observó, extrañado, como la carta se tornaba de un color grisáceo y brillaba; y Hermione, como atontada, se dirigía hacia la chimenea y la encendía con la varita.
—¿Granger? ¿Qué haces? ¿Qué pone en la carta? ¿De quién era? —Draco estaba empezando a sospechar lo peor. Ella no hizo ni caso y volvió al escritorio a coger la carta, pero él fue más rapido y se la arrebató.
—Dámela —exigió ella con tono monótono y silencioso.
—Tendrás que cogerla primero —rebatió él con chulería, aunque mentalmente estaba maldiciendo en todos los idiomas que conocía. ¿Qué coño estaba pasando?
Hermione empezó a estirarse, pero Draco le sacaba más de una cabeza, con lo que al final tuvo que recurrir saltar, con tan mala suerte que se topó con la alfombra y tropezó, aunque Draco estaba ahí para cogerla.
Ella, como poseída, empezó a darle golpes en el pecho y él tiró la carta al suelo, le cogió la cara con las dos manos y le estampó un beso en los labios. Ella al principio intentó morderle, pero Draco insistió hasta que ella cedió y le besó de vuelta.
El mundo pareció detenerse unos instantes, y cuando se separaron, jadeantes y sorprendidos, Hermione volvía a parecer normal.
—¿Qué ha pasado? —preguntó ella.
—¿No te acuerdas? —preguntó él a su vez.
—Sólo recuerdo que he abierto la carta y luego, no sé cómo, nos estábamos besando.
—Has leído la carta, te has vuelto loca y la querías quemar, no te he dejado y has empezado a pegarme.
—Así que me has besado.
—Así que te he besado. Y has parado.
—Hay que avisar a los demás.
—¿Tantas ganas tenías de que nos volviéramos a besar como en Año Nuevo que tienes que comunicárselo a todo el mundo? —Se burló él.
—No, ¡idiota! Lo que pasa es que la carta parece magia negra, si me ha obligado a hacer cosas raras.
Y mandó tres Patronus.
Diez minutos después, estaban todos reunidos de nuevo.
—A ver, a ver, a ver... Necesito que me lo expliquéis de nuevo —Harry parecía al borde de una crisis nerviosa—. ¿Me estáis diciendo que Hermione ha abierto una carta que la ha hipnotizado de alguna manera, posiblemente magia negra?
—Eso te ha dicho, Potter.
—¡Pero por qué has dejado que la abriera! —Le increpó a Draco.
—Porque ya es mayorcita, así que he supuesto que sabría que cartas abrir y cuáles no.
—¡Pues está claro que...! —Harry no pudo continuar su bronca, porque Hermione le lanzó un Silencius y ya que estaba, le pegó una colleja.
—Harry, él tiene razón. Ya soy mayorcita. Sigo viva. Punto. Vamos a centranos mejor en quién ha podido mandar la carta y qué clase de hechizo ha puesto.
La carta volvió a pasar de mano en mano. Como Hermione la había abierto la primera, sólo le había afectado a ella. Ahora ya era una carta absolutamente normal y lo único extraño era el contenido.
—La carta la ha debido mandar el asesino, por el uróboro —observó Theo.
—Es cierto. El hechizo no lo sé, pero pienso que hizo lo mismo con el resto de asesinados. Los chantajeaba, los hechizaba y los mataba —añadió Blaise.
—Y por eso todos coinciden en que salían sobre esa hora.
—Y aparecían muertos en el mismo sitio —siguió Theo.
—Con el mismo símbolo, que debe de ser la firma del asesino —terminó Harry, ya más centrado.
—¡Pero eso era OBVIO! —exclamó Draco, mirándolos como si fueran idiotas.
—Hemos pasado mucho tiempo con Gryffindors. Necesitamos aclimatarnos —Se defendió Blaise.
—¡No nos eches la culpa a los de Gryffindor! —rebatió Harry.
—¿Pero qué tenéis? ¿Doce años? ¡Callaos ya! —Los interrumpió Hermione con tono molesto.
Todos obedecieron a regañadientes, pero siguieron echándose miradas envenenadas. La bruja estaba repasando las fotos, los pergaminos con las entrevistas y sus propios pergaminos con anotaciones con concentración, buscando algo.
Mientras esperaban a que dijera algo, Theo se giró hacia Draco:
—Por cierto, Draco, ¿y tus padres? ¿No iban a venir esta semana?
—Han dicho que hasta que no se resuelvan los asesinatos no vendrán.
—Vaya, lo siento.
—No pasa nada. Así me quedo más tranquilo yo también.
Todos volvieron a quedarse en silencio unos instantes, hasta que Hermione habló de nuevo.
—Estaba pensando que, al igual que las letras, el apellido de la viuda podría ser un anagrama. ¿Moseinn?
—Tiene que empezar por I —dijo Harry—. ¿Isomnen?
—¿Imonsen? —propuso Blaise.
—¿Imenson? —añadió Theo.
Draco estaba apuntando los nombres en un pergamino.
—¿Iemsonn?
—¿Isonenm?
—I...
—Bueno, ya está bien. Voy a mandarle el pergamino con los nombres a mi madre, a ver si le suena alguno —Dicho y hecho, Draco mandó una lechuza.
—Sigamos. ¿Qué pensáis sobre la nota? —preguntó Hermione.
—Pues que Daniel le mandó una nota a la viuda para verse —contestó Draco como si fuera obvio.
—¿Y dónde se reunieron? Aquí pone LTE... ¿Las Tres Escobas?
—Probablemente. Podemos preguntarle a Rosmerta a ver si se acuerda —dijo Harry, y cogió pluma y pergamino él también para mandar una lechuza.
—Pero no sabes la fecha.
—No importa. Con preguntarle si se reunió Daniel con una mujer ya valdrá —Harry salió por la Red Flu –presumiblemente a por una lechuza– y volvió a entrar cinco minutos después—. Bueno, ya está mandada. ¿Qué estabais diciendo?
—Nada, Potter, tranquilo. No te has perdido nada —Fue Draco el que contestó.
Harry abrió la boca para responder, pero justo en ese momento llegó la lechuza con la respuesta de Rosmerta. El chico iba a abrirla, pero Hermione, en un movimiento propio de un jugador de Quidditch, le quitó la carta de la mano y la abrió, quedándose boquiabierta con su contenido.
—Con Reagan —acertó a decir.
—¿Con Reagan? ¿Con Reagan qué? —Le preguntó Blaise confuso, mientras intentaba quitarle la carta, pero Hermione no se dejó.
—¡Que se reunió con Reagan! ¡Daniel y Reagan eran amantes, o amigos, o estaban tramando algo!
Aún estaban terminando de asimilar esto, todos boquiabiertos, porque aunque habían barajado la posibilidad, nunca se les ocurrió que podría pasar; cuando entró por la ventana la lechuza con la respuesta de Nacissa Malfoy. Draco leyó la carta atentamente y alzó las cejas con sorpresa.
—¿Qué? ¿Qué pone? —preguntó Hermione ansiosa.
—Mi madre dice que el apellido posiblemente es Imenson, porque la única hija del matrimonio fue rechazada y desheredada por la familia, pero nunca dijeron el por qué.
—Y entonces lo más normal sería cambiarse el apellido —razonó Harry.
Draco lo ignoró, porque se había dirigido hacia la chimenea y salió por la Red Flu. Todos se miraron extrañados, y cuando iban a decir algo, Draco volvió a aparecer de nuevo con un pesado tomo entre sus manos. Se acercó a depositarlo en la mesa, agitó la varita y sonrió con triunfo.
—Aquí tenéis. El símbolo de la familia Imenson es un uróboro.
¿Y qué opináis? Ya sabemos quién es la asesina, ahora sólo queda pillarla...
Sólo queda un capítulo, y está a medio escribir, con lo que es ahora cuando podéis sugerirme cosas o ideas que queráis que incluya. Ya tengo una idea clara de lo que va a pasar, pero los detalles están por pulir, ¡así que adelante! Decidme qué opináis.
LadyChocolateLover
EDITADO EL 24/04/2016.
