DISCLAIMER: Soul Eater ni sus personajes me pertenece, son del grandísimo Atsushi Ohkubo. Al igual que Bajo el Cielo Purpura de Roma o mejor conocido como Mirame y Dispara de Alessandra Neymar.

Esta fue una idea que rondaba mi cabeza al terminar de leer la trilogía de Alessandra Neymar, puede que tal vez se encuentren con algunos personajes que tienen un poco de Ooc. Btw… lo quise adaptar porque es una historia con una grandísima trama que te atrapa por completo.

Hola de nuevo!

por los que preguntaban cuando apareceria Soul... pues aqui lo tienen, que miren que me ha costado jajaja :v

ya saben cualquier duda que tengan respecto al capitulo no duden en mandar un review y contestare con mucho gusto!

-Disfruten la lectura-

:)


SOUL

Descubrí las finas y morenas piernas de Mía apoyadas en una de las columnas que flanquean la entrada de mi edificio, cuando mi primo y yo salimos del garaje. Kid me lanzó una mirada burlona de lo más significativa. Minutos antes habíamos discutido sobre las posibilidades que tenía de encontrarme con Mía. Kid barajaba dos opciones; la primera era que podía ser que apareciera por casualidad o, al menos, eso me haría creer; la segunda, que se presentara en casa de improvisto con un modelito de infarto y dispuesta a cualquier cosa. Yo no esperaba ninguna de las dos y Kid se decantaba por la segunda opción. Llevaba razón.

Ahí estaba Mía, dejando que sus caderas se dibujaran provocativas bajo una corta falda azul y observándome, expectante a mi reacción que no fue otra que mirarla de arriba abajo.

Tenia que admitir que estaba increíble, y que aquellas piernas no eran aptas para cardiacos, pero sabia que todas esas sensaciones un tanto libidinosas se desvanecerían en el momento en que Mía abriese la boca. Le había dicho millones de veces que no la quería, que nuestra relación solo era sexual, y ella parecía aceptarlo gustosa. Me había dicho que era lo único que quería de mí y yo era lo máximo que podía ofrecerle.

Balancee las llaves de mi moto entre mis dedos, observando de soslayo la reacción de mi primo, quien se acercó a su Honda CBR roja, arrancó y dio un pequeño salto al sentarse. Su sonrisa burlona me molestó bastante.

-Te espero en la Piazza de la Marina…

Aceleró directo a mí, esperando que me asustara. Pero yo ni siquiera me moví, aunque aproveché, eso si, para regalarle una sonrisa impertinente. Nos conocíamos muy bien, y sabíamos descifrar cualquier mensaje que enviara nuestro rostro. Era mi primo, pero lo consideraba mi hermano.

-Se bueno, Soul.- se burlo antes de salir del garaje. – Y tú, no seas demasiado dura, Mía.

Desapareció entre la gente que se agolpaba delante de la fontana di Trevi, en esos momentos una bella estampa barroca resaltada por la luz anaranjada que desprendían las luces de la plaza.

Mía me abordó rodeando mi cuello y empujándome contra la pared. Sabía bien como moverse para retenerme y capear mis intentos por apartarla.

-¿Por qué no has contestado mis llamadas?- preguntó besándome el cuello.

-No sabia que tuviera que hacerlo – dije bruscamente mientras ella metía las manos bajo mi jersey para acariciar mi vientre- . –Mía tengo que irme. Me están esperando.

-Ahora estas conmigo- susurró rozando mi oreja con su lengua.

Se aferró con más fuerza a mi cuello y no pude evitar apretarla entre mis brazos, ansioso. Mía sabia que me descontrolaba con facilidad y supo provocar esa situación para no dejarme escapar.

Recorrimos enganchados cada rincón del garaje hasta que llegamos al vestíbulo del edificio Evans. Ella conocía bien el lugar y sabia por donde guiarme; afortunadamente tuve tiempo de ver que sus intenciones eran subir a mi habitación y pude impedirlo entrando en la sala del primer piso.

La senté sobre la mesa y me quité el jersey sin dejar de besarla. Acaricie sus muslos mientras su respiración desbocada recorría mi cuello. Mía clavaba suavemente sus uñas en mi espalda atrayéndome, aun más, hasta ella. Mis besos se alejaron de sus labios, los deslice por su cuello, por su clavícula… y por su vientre antes de volver a subir; sabia que aquello la volvería loca. Efectivamente, soltó un ligero gemido, y yo sonreí levemente escondiéndome tras su ondulado cabello rojo.

-¿Por qué me haces esto? – preguntó buscando mi boca.

-¿Acaso no es lo que deseas?

Aquel suave e intrigante susurro termino de excitarla. Tiró de su camisa y tomó mis manos para llevárselas a su pecho. Volví a versarla una vez más mientras me deshacía de su falda.

Ni la amaba ni quería nada serio con ella – en realidad, no quería nada serio con nadie- , pero eso no me impedía disfrutar de aquel momento.

De repente, la melodía de mi móvil (amazing, de Kanye West) comenzó a sonar en el bolsillo de mi pantalón. Me detuve e intente alejarme de Mía para coger el teléfono, pero ella tiro de mí con furia.

-No es el mejor momento, Soul – masculló, intentando retenerme con las piernas.

Mire la pantalla del móvil con el rabillo del ojo cuando ya dejaba de sonar. Era mi primo.

-Así está mejor. – Aquel beso se entremezclo con una nueva llamada.

Kid insistía, lo que significaba que había problemas. Mi primo no era la típica persona a la que le gustara interrumpir un momento… especial, por llamarlo de alguna manera. Si volvía a llamar significaba complicaciones.

-¡Joder! – clamó Mía empujándome.

En otras circunstancias le habría dicho lo imbécil que era, pero ya me importaba una mierda lo que ella pensara o sintiera. Me preocupaba más lo que me aguardaba tras aquella llamada.

-¿Qué pasa? – pregunté directamente nada mas descolgar.

-Franco tiene ganas de pelea.

Sobraban las palabras. Si ese capullo amiguito de Giriko Bianchi y su grupito de niñatos querían pelea habían topado con las personas idóneas para ello.

Me vestí rápidamente y cogí las llaves de mi moto haciendo caso omiso a los insultos que profería la aguda y cabrada voz de Mía detrás de mí. No me importaba que estuviera enfadada; segundos antes, parecía todo lo contrario.

Llegue al garaje y me monté en la moto casi al mismo tiempo que la arrancaba. Mía me dio un ridículo puñetazo en el hombro al ver que no la escuchaba.

-A ver si te enteras, Mía. No eres nadie para controlarme. No te pertenezco y tampoco quiero pertenecerte. No quiero nada contigo. Solo es sexo, ya lo habíamos hablado. No hay sentimientos que me aten a ti, no hay nada entre tu y yo. Así que deja de joderme, ¿quieres? –Encorvé los hombros y le indique la puerta con un suave gesto de la barbilla.

Me miró encolerizada.

-Eres un cabrón –masculló saliendo de allí

-Lo se –murmure como si me lo dijera a mi mismo. Pero Mía lo debió de interpretar como si se tratara de una tentativa de arrepentimiento, porque se dio la vuelta y me miró casi sonriente. Una vez más, se confundía -. Pero no me preocupa que alguien como tú me lo diga.

En cuanto Salí a la Via del Tritone y pude acelerar, el frio impacto, punzante, en mi rostro. Era molesto y me costaba ver el asfalto, pero no disminuí la velocidad. Al contrario, apreté lo diente y aceleré aun más. Si tenía algún problema con los Carabinieri, mas tarde lo solucionarían mi padre o Stein. Ellos eran los dueños de la policía de Roma y nadie cuestionaría la decisión de Silvano Evans, el director general.

Las luces de las farolas formaban una línea recta y brillante que yo iba siguiendo a toda velocidad, aunque con el control suficiente para ver como las miradas de los transeúntes que paseaban por las aceras se quedaban reflejadas en el retrovisor. No dejaba indiferente a nadie, y si no hubiese tenido tanta prisa, me habría recreado en regalarles algún comentario o gesto obsceno.

De repente, las luces comenzaron a distorsionarse formando pequeños destellos. Alcanzando una pequeña caravana de coches que circulaban tranquilos por la avenida y tuve que ralentizar mi marcha para poder esquivarlos. Adelanté a varios vehículos rozando los retrovisores, pero cuando los conductores asomaban sus cabezas por la ventanilla para increparme, sus voces se cortaban en seco al reconocerme.

El semáforo cambio del verde al ámbar y, enseguida, al rojo. La avenida que tenia en frente ya se había llenado de coches que pasaban a toda velocidad, pero no me importó. Aceleré y crucé la calle dejando atrás un alboroto de pitos e insultos.

MAKA

Suspire y retoque el maquillaje de mis ojos con un dedo mientras Stein detenía el coche en doble fila. Me miró sonriente.

-Deja de retocarte, ya sabes que esta estupenda. Estarlo más sería delito, créeme.

Le mire resoplando. Aquellos cumplidos no me los podía hacer una persona con las características de Stein. Terminaría enamorándome de él.

-¿por qué no dejas a mi hermana y te vienes conmigo? –le supliqué

Soltó una carcajada echando la cabeza hacia atrás.

-Lo he pensado, en serio. Aunque la diferencia de edad…

-Solo tienes veintisiete años, Stein. –le interrumpí sonriente.

-Bien, entonces escapémonos. Ahora mismo. –se inclinó hacia adelante y me beso en la mejilla. –que lo pases bien y se buena con los muchachos.

-No lo creo. –salí del vehículo al tiempo que descubría a un grupo de tres chicos mirándome fijamente.

Eran de mi edad y parecían el típico grupo de hippies que se pasa la tarde fumando maría y bebiendo té con algún aditivo extra.

Decidí divertirme un poco. Cerré la puerta del coche y apoye los codos en ella mientras insinuaba mis piernas. Stein sacudió la cabeza.

-No seas mala. –sonrió

Solté una carcajada mientras agitaba el pelo. La imagen quedó más imponente gracias a una débil ráfaga de viento.

-Será mejor que me marche.

-Si. Si necesitas algo, llámame –me dijo Stein.

-De acuerdo, te quiero.

-Yo también.

Stein se marcho cuando mi móvil comenzó a sonar. Abrí mi bolso aprisa y encontré el número de Kim parpadeando en el centro de la pantalla. Descolgué acelerada.

-Si te dijera que eres la tía más guapa de todo Roma y que me muero de envidia por ese cuerpazo que tienes, ¿me creerías? –su voz sonó jovial, como siempre.

-Sabes que si –repuse utilizando un tono bastante narcisista.

Los chicos seguían observándome.

-¡Bien! ¡sigues siendo la misma creída de siempre! –la escuche detrás de mí.

No me dio tiempo ni a reaccionar cuando ya la tenía presionando mi cuerpo con fuerza. Comenzó a gritar mi nombre y a dar saltos. Varias personas nos miraban sorprendidas, pero no era de extrañar, parecíamos dos histéricas sin pudor alguno.

-¡Maka! –volvió a gritar aferrándose a mi cuello.

-¡Kim! –la abracé, y volví a oler aquel aroma fresco a limón y a jazmín

-Joder, la espera se me ha hecho eterna. ¿Tú sabes lo que me has hecho pasar?

-No hace falta que me lo jures. No veía la hora de verte.

Percibí un extraño cambio de apariencia en ella. Tenia el cabello igual de largo, pero desmontando y con unas suaves mechas pastel sobre su color rosáceo. El flequillo también estaba retocado; se lo había cortado a la altura de las cejas, lo que hacia que sus dulces facciones y sus ojos verdes fueran mas intensos.

-¿Qué te has hecho en el pelo? –pregunte después de examinarla.

Ella se echó a reír inclinando la cabeza hacia atrás.

-¿no te gusta?

-Te queda genial

-Quería cambiar de imagen, y Hero y Tsubaki me aconsejaron.

-Estás preciosa. Por cierto, ¿Hero y Tsubaki?

-Si, nos están esperando en el Giordana's. Tengo muchas ganas de que los conozcas.

No me di cuenta de que habíamos comenzado a caminar y ya estábamos atravesando la Piazza Navona. Me explico un montón de cosas en los pocos minutos que tardamos en llegar a la cafetería. No dejaba de parlotear sobre todos los amigos que había hecho, sobre los chicos que había conquistado, sobre los problemas con su padre y su nueva novia… Aunque este tema quiso tocarlo bien poco.

-Bien, este es el Giordana's. está genial, seguro que te gusta. –me aseguró Kim en la puerta del local.

El ambiente era de los 80. Suelo de cuadros negros y blancos; barra blanca iluminada, con los bordes redondos y dispensadores de helado de la época; paredes rojas, y sillas forradas de cuero. Daba la impresión de estar en la película Volver al futuro. Me fascinó. Del hilo musical surgía Edge of seventeen de Stevie Nicks y no pude evitar cantarla por lo bajo.

Kim me miró y sonrió sorprendida.

-Me gusta esta canción –casi sonó a excusa, pero sonreí

-¿por qué no le metes algo de swing mientras caminas?

-Sabes que lo haré.

Aunque en el local había gente, no me corte a la hora de caminar al ritmo de la melodía. De la mesa del final se levanto un muchacho delgado que vino a mi encuentro, bailando. Kim soltó una carcajada y supe que se trataba de Hero. Iba bien peripuesto. Llevaba el flequillo hacia un lado y el resto de su rubio cabello engominado hacia atrás. Dos pequeños aros adornaban sus orejas y sus labios brillaban de una forma especial, seguramente por el brillo labial.

-¡Maka! –clamó aquel chico, con una voz estridente. -¡Wow, una chica! ¡eres mas guapa que en las fotos! Y créeme, eso es muy difícil, encanto –añadió tocando cada curva de mi cara como si fuese un ciego reconociendo a una persona. –Muy difícil, ¿has pensado en trabajar como modelo?

-Gracias, pero no me va ese rollo.

-Ella es más de números –añadió Kim, sonriente. –concretamente, de ciencias. Quiere estudiar química clínica.

-Vaya, nena, con la cantidad de carreras que hay en medicina, escoges la mas sencilla- dijo, irónicamente, una muchacha. Ella debía de ser Tsubaki.

-¡dios, que lastima! Podría hacer una gran campaña contigo –continuo Hero. Vi enseguida que aquel muchacho no dejaría de hablar -¡Y que ojos! ¿son lentillas?

-No… -sonreí mientras observaba como Hero escudriñaba mis ojos.

-Jamás he visto un verde tan deslumbrante… ¡es increíble!

-Poca gente tiene ese color… -añadió Kim.

La escena no podía ser mas peculiar: la chica que parecía ser Tsubaki y yo observábamos como Hero y Kim conversaban sobre mis ojos.

-Muy poca –prosiguió Hero

-Aunque se de alguien…

-¿Quién?

-Soul –contestó Kim

-¿Qué Soul?

-Nuestro Soul. Soul Evans. Aunque el los tiene rojos, como si fueran rubíes.

-Aquello fue una sorpresa para mí. No esperaba que el hijo pequeño de Silvano Evans entrara en nuestra conversación; mejor dicho, en su conversación.

- ¡Oh si! Soul Evans. Está tan… -Hero levanto los ojos al techo, soñando con quien sabe que fantasías.

- Bueno, ya basta… -interrumpió Tsubaki, pestañeando. –Yo soy Tsubaki y si te estas preguntando si Hero es así siempre, la verdad es que si, es así –me dijo mientras me daba un beso. –encantada de conocerte al fin.

- Ten cuidado, Maka. Tsubaki proviene de los Rottweiler –dijo Hero, bromeando con ella.

- ¡Cállate! –le propino un empujón.

Tsubaki llevaba el cabello, de color negro azabache, cortado justo sobre los hombros. Su largo flequillo dejaba entrever unos ojos aguamarina que me deslumbraron. Me encantaba su estilo. Vestía de una forma más urbana, aunque resultaba sensual y femenino. Se le notaba una personalidad fuerte y resolutiva, con seguridad en si misma…, sin duda una anomalía entre los adolescentes. Su tono de voz, tan cálido, me tranquilizaba.

-Bueno, Maka, ¿has probado los helados del Giordana's? –pregunto Tsubaki aferrándose a su bufanda de lana malva.

-Esperaba hacerlo ahora mismo.

SOUL

Vi la Piazza de la Marina en cuanto di la última curva. La pelea ya había comenzado… con más gente de la que esperaba. El grupito de Franco y sus muñequitas había venido acompañado de más acólitos. Nos doblaban en número.

Unas ancianas que pasaban por allí salieron escopeteadas al ver aquel espectáculo de patadas y puñetazos. Me dio tiempo a ver que una de ellas se disponía a telefonear; pronto tendríamos la visita de los Carabinieri.

Detuve mi Yamaha YZF R1 negra hincando la rueda delantera en el asfalto de una forma un tanto agresiva. Soltó un chirrido que vino acompañado de una débil humareda blanca, que no me impidió ver como uno de los gemelos Carusso, Stefano, sujetaba los brazos de Kid mientras franco le daba un golpe en el estomago. Mi amigo Black Star tenía la cabeza de Claudio bien aferrada entre su brazo y las costillas y no dejaba de darle puñetazos. Otro muchacho salto sobre el, pero Black se zafó rápidamente sacudiendo los hombros. Nadie quería pelearse con Black Star. Era un tipo de metro noventa, grande y muy fuerte. Costaba adivinar que tuviera dieciocho años.

Francesco, el otro gemelo, y otros dos niñatos más intentaban retener a Killik. Este sonreía mientras los esquivaba. Killik era pequeño y muy escurridizo, así que en una pelea lo único que podías hacer era correr tras el.

Sin embargo, lo que más me molestó, fue ver que un muchacho, rezagado del meollo, grababa la pelea desde su móvil.

Apreté los labios mientras me bajaba de la moto tirándola a un lado. Solo llevaba unas semanas con ella, pero no era la primera vez que rompía algo. Que mas daba, podría comprarme otra cuando quisiera.

Me lancé sobre el muchacho, que no me había visto llegar. Le arranque el móvil y, con el, le di un puñetazo en la cara. El aparato se hizo trizas entre mis dedos. Cayó al suelo fulminado; uno menos.

Ahora Franco era mi objetivo y fui a por el con decisión. Levante la pierna y la lance contra su pecho con tal fuerza que lo tire al suelo. Al caer, pude oír un pequeño gemido. No deje que se levantara, salte sobre el y le di un puñetazo que impacto en la mandíbula. Su cabeza reboto contra el suelo, y el labio y la nariz comenzaron a sangrarle. Aun así, saco fuerzas de donde no las tenía para revolverse y empujarme. Caí y se coloco sobre mi. Kid desvió el golpe que iba a darme con una patada. Aquel simple gesto hizo que yo volviera a darle otro puñetazo. Lo que no esperaba era que Claudio se zafara de los brazos de Black y me diera una patada en la ceja.

Noté como la sangre se deslizaba por mi cara, pero eso no impidió que me lanzara sobre él, le di un puñetazo en el estomago y comencé a pegarle en la cara mientras gritaba.

De repente, se oyeron las sirenas de la policía acercándose. La jodida llamada de las viejas había sido muy efectiva. Era el momento de salir cagando leches, pero no podría hacerlo en la moto porque venían por esa dirección.

Kid tiró de mí con fuerza y me puso en pie.

-¡Vamos, tenemos que irnos, Soul! –gritó Black Star comenzando a correr

Killik le siguió y, tras ellos, los gemelos y el muchacho del mocil, que iba sangrando.

-¡Soul! –chillo Kid.

Franco, ya de lejos, me observaba con una sonrisa fanfarrona y mirada interrogante. Sabia que ahí no terminaba la cosa. Se había atrevido a tocar a mi primo y a mis amigos, y eso no lo podía consentir. Me encargaría de el en cuanto se volviera a cruzar en mi camino.

-¡Estas muerto, hijo de puta! – clame antes de sentir como Kid me obligaba a correr.

Un coche de los Carabinieri apareció cortándonos el paso justo cuando íbamos a cruzar la calle. Rebote contra el y me impulse hacia delante saltando sobre el capó. Retome velocidad y deje al policía saliendo del coche. Kid retrocedió y se perdió entre los arboles. Por suerte, la atención no estaba puesta en él… sino en mí.


¿Review? :)