Bueno, ya sólo quedan dos capítulos más. Pronto será San Valentín, y conoceréis el desenlace de la historia
Gracias de nuevo a aquellos que me han dejado reviews: azula.snape, Kayla Metallium, y Lupita. Snape. Gracias. Es emocionante ver que la gente disfruta leyendo mi historia y que se anima a dejar un comentario.
Espero que todos disfrutéis con este capítulo; por el título, ya puede saberse más o menos por dónde van a ir las cosas... o tal vez no? ; )
A leer!
"Le Amo" 12-2-98
Harry, se te está enfriando el desayuno - Ron le miraba extrañado - ¿No tienes hambre? - La respuesta era no, Harry tenía un nudo en el estómago, estaba nervioso¿Qué podía querer decirle Severus¿Era algo bueno o malo?
- ¿Qué creéis que querrá el profesor? - Los dos supieron a que se referían, Ron y Hermione se miraron.
- No lo sé, Harry, pero estoy segura de que es algo bueno - Harry le miró, esperando que siguiera con la explicación - Para empezar, no parecía enfadado cuando te lo dijo; además, últimamente te trata muy bien - Harry sabía que era cierto, pero no cómo lo sabía Hermione - Harry, jamás había felicitado a nadie¡Ni siquiera a un Slytherin! - Sí, ella tenía razón, como siempre.
- Pero Hermione… y si…
- Harry, deja ya de preocuparte, estoy segura de que sea lo que sea, será bueno - Harry sonrió, su amiga tenía razón, no sabía por qué se había preocupado tanto, bueno, quizá fuera porque tenía miedo a que Severus se alejara de él. Miró hacia la mesa de profesores, allí estaba él, con su humeante taza de té de menta. Su corazón se aceleró, como ya era costumbre. Severus se giró, "Me ha pillado" Harry sólo acertó a sonrojarse y sonreír, y pensó que podía morirse en ese mismo momento, pues Severus le había devuelto la sonrisa fugazmente.
- Harry estaba impaciente por entrar en el despacho de Severus, pero aún ni siquiera había comido, le quedaban dos clases todavía.
- Harry, me pasas ese pergamino? - Pidió Hermione.
- Oye Hermione¿Cuánto queda para la hora de comer? - Ella puso los ojos en blanco, llevaban así toda la mañana.
- Bien. Podéis iros, mañana seguiremos por la página 150, leeros el tema esta tarde - Todos salieron de clase corriendo, Harry el primero; Ron estaba seguro de que creía que por hacerlo todo más deprisa, pasaría el tiempo más rápido.
- ¡Harry¡Espera! - Ron y Hermione se pusieron a su lado - Hicisteis los deberes de Transformaciones¿Verdad? Si no, la profesora McGonagall se enfadará - Ron y Harry asintieron, pero Harry estaba lejos de allí, estaba en los ojos de Severus, en sus labios, en sus gestos, en su risa… No quería esperar más para volver a hablar con él, no como en clase, o como cuando se saludan por el pasillo, no, él quería verle reír, oírle hacer comentarios sin importancia, quería llamarle Severus, quería escuchar cómo le llamaba Harry. Echaba de menos sus conversaciones, y eso que sólo hacía dos días que había estado con él.
La siguiente hora de clase, pasó lenta, muy lenta, y Harry no era capaz de poner atención, un segundo estaba escuchando, y al siguiente ya estaba pensando en Severus y en qué sería lo que quería decirle. A veces Hermione le pillaba sonriendo tontamente, y Ron creía que estaba teniendo visiones cuando vio a Harry sonrojado en plena clase de Transformaciones. Pero Harry sólo sabía que estaba nervioso, muy nervioso, pero que aun así, se moría de ganas por que llegara el momento de entrar a su despacho de nuevo.
Llegó el final de la clase, y Harry casi corrió hasta el comedor, quería terminar pronto. Ron y Hermione se sentaron a su lado, y ella se preguntó cuándo se le había pegado a Harry la forma de comer de Ron; tenía la boca llena, y masticaba rápido, mientras terminaba con una cosa, cargaba la siguiente en el plato. Ron le miraba satisfecho, al fin había aprendido a comer como un Weasley. Harry no escuchaba su conversación, ni se fijaba tampoco en su falta de modales en la mesa, Severus no estaba en la mesa de profesores, lo que significaba que ya estaba en su despacho. Terminó de comer antes casi de que sus amigos empezaran, se despidió con un rápido "Adiós" y salió corriendo en dirección a las mazmorras. Estaba ansioso, necesitaba saber qué es lo que quería Severus. Estaba seguro de que la comida le iba a sentar mal si corría recién comido, pero no importaba, quería llegar ya. Giró una esquina a la derecha, otra, otra, cogió un atajo por un par de pasadizos, bajó las escaleras que conducían a las mazmorras, y cuando llegó frente a la puerta de su despacho frenó en seco. Mientras recuperaba el aliento, notó como el corazón se le aceleraba, y se ponía cada vez más nervioso, volvieron todas las dudas y los miedos, y ya no supo si entrar o esperar¿Y si era algo malo?
Harry estaba parado frente a la puerta de madera del despacho, su mano se acercaba a la puerta para volver a separarse sin haber llamado, ahora que había llegado, no se atrevía a entrar.
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Severus había comido en su despacho aquel día, necesitaba pensar con claridad, y eso significaba no estar viendo a Harry. Nunca se había planteado hacer algo como lo que iba a hacer, siempre había tenido claro, que eso jamás podría hacerlo, pero ¿Y si estaba equivocado? No quería admitirlo, pero en el fondo, sabía que lo hacía sólo por pasar más tiempo con él. Nunca había podido confiar a nadie sus secretos, pero ahora tenía a Harry, y podía confiar en él; además el chico se estaba esforzando mucho en pociones, y se le daba muy bien después de todo.
Él sabía que había algo más, porque esa no era razón suficiente para estar nervioso, y él lo estaba, llevaba nervioso desde que se acercó a Harry la noche pasada. Miró el reloj, aún era pronto para que Harry llegara, tenía que salir de clase, comer… y seguro que se entretendría por algún sitio antes que… Oyó tres golpes en la puerta, y después de que él dijera "Adelante", la puerta se abrió despacio, y ante él, estaba Harry, tímido y sonrojado
- Hola Severus - Le sonrió.
- Hola Harry - la puerta se cerró a un movimiento de su varita - Llegas muy pronto¿Es que no has comido nada?
- Si te molesto puedo volver más tarde - Harry dijo esto tan rápido, que tuvo que esforzarse para entenderle.
- ¡No¡Para nada! - Se apresuró a añadir. No quería que se fuera - Es sólo que me ha sorprendido que llegaras tan pronto, pero te estaba esperando - Harry sonrió, se acercó y se sentó en la silla frente a su mesa. Severus pudo observar que sus manos temblaban levemente "Está nervioso…" se dio cuenta. - ¿Te encuentras bien Harry? - Él le miró un poco sorprendido.
- Si, no es nada, tranquilo. - Harry sonreía, esperando a que Severus hablara, pero él no sabía por dónde empezar.
- Bueno… quería decirte que has mejorado muchísimo en pociones - Los ojos de Harry brillaron un poco más¡No iba a decirle nada malo, iba a felicitarle! - de hecho, eres muy bueno - Harry no podía creer lo que escuchaba - Por eso… voy a contarte mi secreto - "¿Un secreto?" Severus iba a confiarle su secreto, y Harry supo que eso era muy importante para él, se sentía feliz de que fuera con él con quien iba a compartirlo. Harry le miraba, expectante. Severus suspiró, no podía creer que fuera a hacerlo. Movió su varita y de un armario salió levitando un libro antiguo que se posó sobre la mesa que les separaba. Harry leyó el título del gastado libro: Elaboración de pociones avanzadas. Miró a Severus desconcertado.
- Ese es un ejemplar del libro de pociones del año pasado ¿No? - Severus asintió con solemnidad, Harry supo que ese libro en concreto era diferente de todos los demás, era importante para Severus, eso bastaba.
Despacio y cuidadosamente, Severus abrió el libro por el final y en la última página, una anotación escrita con tinta verde decía:
Este libro es propiedad del Príncipe Mestizo
La caligrafía era perfecta, pequeña y regular, ligeramente inclinada hacia la derecha, como si estuviera escrita en cursiva. Harry la observó atentamente, le resultaba familiar, pero siendo un libro viejo, no podía pertenecer a ninguno de sus compañeros. Miró a Severus.
- ¿Quién es ese Príncipe Mestizo? - Severus le sonrió fugazmente, para volver a una expresión triste.
- Yo - Dijo simplemente. Harry le miró sorprendido, y cuando volvió a mirar el libro, lo vio de forma distinta.
- ¿Por qué te llamas a ti mismo Príncipe Mestizo¿Por qué no pusiste simplemente Severus¿O Snape? - Harry no entendía el por qué del sobrenombre.
- Harry, en este libro escribí cosas, cosas que nadie podía llegar saber que yo había escrito - Una gran curiosidad empezó a invadir a Harry - Me habría metido en líos si alguien lo hubiera descubierto. Afortunadamente, nadie lo encontró nunca. - Harry le miraba con curiosidad, quería saber qué había escrito, pero parecía ser un tema bastante delicado para Severus, él estaba serio. - Tú sabes que mi padre era muggle - Harry asintió - de ahí lo de Mestizo. Ese era mi… alias, no el mote vulgar ni ofensivo por que muchos me llamaban - Harry se sintió mal, sabía que la culpa de esa tristeza en los ojos de Severus, la tenían su padre, Remus y Sirius; y una vez más, odió a los adolescentes que fueron. - Normalmente, el alias, el verdadero nombre de una persona, no el que te ponen tus padres, sino el que tú mismo eliges para ti, sólo lo sabes tú y las personas que son cercanas a tí. En el caso de los Merodeadores, los conocía toda la escuela, no se preocupaban por mantenerlo en secreto; en mi caso, nadie más lo ha sabido, no podía confiar en nadie lo suficiente para contarlo. - Harry se quedó mudo de asombro, estaba emocionado, era la persona en la que Severus más confiaba… Sintió ganas de abrazarle, de darle las gracias por confiar en él, pero no podía hablar. Al final susurró.
- Pero tú… me lo has contado - Severus sonrió, supo que Harry estaba sorprendido, él estaba tremendamente nervioso, no terminaba de creerse que se lo hubiera contado; pero Harry levantó la mirada, y supo que había hecho lo correcto.
- Sé que puedo confiar en ti - Los ojos de Harry brillaban de emoción, y Severus pudo leer un mudo agradecimiento en su mirada.
- Jamás diré nada Severus, te lo prometo, jamás - Era cierto, lo sabía, Harry estaba siendo totalmente sincero con él – Gracias.
- Harry… - Él le miró atento - yo, había pensado que tal vez… querrías que yo… - Severus no podía creer que estuviera tan nervioso, nunca había dudado al pronunciar una frase - te enseñara pociones. - Harry le miró estupefacto, "¿Clases particulares de pociones con Severus?" - Me refiero de verdad, no como en clase, con ese libro incompleto e inexacto… - Severus se dio prisa en terminar de hablar antes de que Harry le interrumpiera - Pero no estás comprometido si no quieres no… - Harry no le dejó seguir.
- ¡Claro que quiero! - Severus se asombró por el entusiasmo y la alegría en su voz - ¡Severus, me encantaría¡Sería genial¡¿Me lo ofreces en serio?! - Severus asintió sonriendo, había tenido miedo que no quisiera, le habría dolido que Harry buscara falsas excusas para evitarlo, y en vez de eso estaba tan feliz con la idea - ¡Gracias, gracias, gracias! - Rió, no podía hacer otra cosa si un joven de diecisiete años casi se ponía a saltar de alegría porque él le iba a dar clases particulares de pociones, y si además ese joven era Harry, la situación era mucho más divertida.
- Me alegro de que te guste la idea - Harry se tranquilizó, y le miró sonriente - ¿Tienes algo que hacer esta tarde? - Harry negó con la cabeza - ¿Y los deberes de pociones? - La sonrisa de Harry se amplió.
- Terminados - Severus se sorprendió.
- ¡Vaya! Si que te has dado prisa. Entonces¿Qué te parece si empezamos ahora con esas clases?
- ¡Genial! - Exclamó Harry. Severus se levantó y se dirigió sonriente a la puerta, Harry le seguía de cerca. Al salir, Harry giró hacia la izquierda en dirección a la clase, pero Severus les llamó desde el lado opuesto, le esperaba frente a la puerta de sus habitaciones privadas. El corazón de Harry se aceleró de nuevo al recordar la noche del domingo. Corrió hasta llegar a su lado, y después de pronunciar la contraseña, los dos entraron al salón - ¿No vamos a dar la clase en… la clase?
- Es mejor aquí, en mi laboratorio está todo en mejores condiciones, y nadie podría molestarlos ni aunque lo intentara - Siguió a Severus hasta una sala cuyas paredes estaban completamente forradas de estanterías con ingredientes y tarros llenos de cosas que Harry casi prefería no conocer. Había una mesa al fondo, y en el centro, dos calderos. "Wow… aquí hay de todo, Severus." Él sonrió por la observación de su alumno, realmente habían ingredientes difíciles de conseguir. - ¿Preparado? - Harry asintió sonriente. Severus se puso delante de la mesa, y dejó sobre ella su libro de sexto - ¿Qué tal si empezamos con un filtro de los muertos? - Harry sonrió.
- Por culpa de esa poción me quitaste puntos mi primer día de clase.
- ¿Y aun lo recuerdas? - Severus no sabía por qué, pero lo gustó que recordara ese pequeño detalle. Un pensamiento surgió en la mente de Harry "¿Cómo iba a olvidarlo? Fue él día que te conocí" Pero después de hacer como que no lo había pensado, dijo sólo la primera parte de la frase. Severus sonrió - ¿Para qué sirve esta poción?
- Hace caer a aquel que la tome en un profundo sueño.
- Empiezas a responder como la Srta Granger, pasas demasiado tiempo con ella - Harry sonrió, eso era un cumplido - ¿Qué poción podría contrarrestar sus efectos? – Severus pensó que quizá esa era demasiado difícil, pero no lo fue para Harry.
- La poción Wiggenweld.
- ¡Muy bien¿Conoces los ingredientes?
- Y también cómo se prepara, aunque la verdad es que el año pasado no me salió bien… del todo - Severus sonrió.
- Con "no me salió bien del todo" te refieres a "fue un auténtico desastre" ¿Verdad? - Harry sonrió, sabía que Severus no lo decía para molestarle, tenía razón, la poción le quedó negra en vez de rosa claro. - Pero ahora te saldrá mucho mejor, no sólo porque has mejorado en pociones, sino porque yo te voy a decir exactamente qué pasos seguir. Olvida el libro, y haz caso sólo a lo que yo diga - Harry asintió.
Severus fue nombrando ingredientes e instrumentos, y Harry los sacaba y los colocaba sobre la mesa. Encendieron los calderos, y comenzaron a hacer la poción. El asfófelo y el ajenjo ya estaban dentro de los calderos, y la poción tenía el tono y el aspecto exacto que Severus había dicho que debía de tener. Siguiendo a Severus hasta la mesa, cogieron las dagas y prepararon las raíces. Harry observaba a Severus y le imitaba, cada movimiento, cada acción; pero sabía que nunca lo haría como él. Con la mano derecha sujetaba con firmeza la empuñadura de la daga de plata con incrustaciones en esmeralda, con la izquierda aguantaba la raíz para que no se moviera, todos sus gestos eran precisos, y cuando empezó a cortar, lo hizo con rapidez y seguridad, una mano se deslizaba a lo largo de la raíz, manteniéndose alejada de la hoja de la daga, y la muñeca derecha se movía rápidamente, aplicando la fuerza exacta para cortar el ingrediente sin despedazarlo por la presión. Harry lo imitó lo mejor que pudo, recibiendo una felicitación por parte de Severus. Lo echaron en el caldero, y volvieron a la mesa. Cada uno cogió la cantidad necesaria de grano de sopóforo.
- Bien, ahora, coge la daga, y aplasta el grano con la hoja - Harry vio cómo lo hacía Severus y lo imitó.
- Severus ¿Por qué es mejor así que cortándolo como dice el libro?
- Verás, las judías soporíferas, tienen la mayor parte de sus propiedades en la piel que las recubre, pero sólo es útil el jugo del grano, si la piel está entera no hace nada, y al cortarlas, lo único que se consigue es el poco jugo que sale de las partes rasgadas por el filo de la daga, triturarlas, no sólo es más fácil, sino que además es muchísimo más útil. - Mientras lo explicaba, Severus hacía la demostración con uno de los granos, y Harry admiró esa pasión por su trabajo, Severus era realmente un genio en pociones.
Se acercaron de nuevo a los calderos. Severus observaba a Harry imitarle y repetir todos sus movimientos, y se dio cuenta de que lo veía como un maestro, no como un profesor del colegio, sino como alguien en quién puedes confiar y aprender, le admiraba y confiaba en él; eso le llenó de júbilo.
El cabello de Harry estaba ligeramente encrespado, y tenía las mejillas encendidas a causa de los vapores de la poción y la cercanía del fuego.
Harry vio que Severus no le indicaba qué hacer a continuación, se giró, y le vio; Se había quitado la capa y la túnica, seguramente tenía tanto calor como él, y ahora vestía unos pantalones ajustados que debía de llevar bajo la túnica, y una camisa blanca arremangada con los dos botones del cuello, desabrochados. Harry perdió toda concentración. Por unos segundos, sólo pudo mirar a Severus, con las mejillas rojas por el calor, sus finas manos dejando la capa plegada sobre un mueble, su cuello, el principio de su pecho, tan blanco como su rostro, parecería de porcelana fina si no fuera por el oscuro vello que se adivinaba bajo la fina tela… volvió a la realidad cuando iba a empezar a admirar sus largas y fuertes piernas. Severus decía cómo tenía que echar las judías al caldero, y siguiendo sus instrucciones paso a paso, pudieron empezar a remover. Harry miraba de reojo a Severus, que sonreía cada vez que le pillaba girándose a mirarle.
Para Severus, aquella situación había sido, hasta hacía apenas unos días, impensable, pero allí estaban, Harry Potter y él, trabajando juntos, sonrientes. Él le estaba desvelando sus secretos. Estaba allí, con un Potter, y nada de lo que sentía podía acercarse al odio o el rencor, muy al contrario, la palabra hermoso o adorable se repetía excesivamente en su cabeza, y era irremediable mirarle, y no sentir ganas de estar más cerca de él. Era como un imán, que le obligaba a girarse a mirarle y que le atraía hacía él.
Por fin, terminaron la poción. Y Harry estaba satisfecho consigo mismo, había mejorado mucho.
- Muy bien Harry, tu poción es casi perfecta - Harry pareció decepcionado por no haberlo hecho a la perfección - Creo que tu problema ha estado a la hora de remover. Harry, tienes demasiada prisa. Para hacer una buena poción, hay que tomarse las cosas con calma - Harry le sonrió y asintió. Había visto como lo hacía Severus, sus largos y finos dedos sujetaban con firmeza la vara para remover, pero el movimiento era constante, regular y lento.
- La tuya sí está perfecta - Si bien Harry había conseguido que su poción tomara un color rosa muy claro, la de Severus era casi blanca, justo como debía de ser, y un poco más líquida.
- Harry, soy mucho mayor que tú. Tengo más práctica.
- Tú no eres mayor - Aseguró Harry, que lo tenía más claro que nunca ahora que había visto la firmeza del cuerpo de Severus bajo esa ropa ajustada. Severus rió ante el cumplido. Estaba simplemente feliz, por primera vez, lo bueno que había en su vida, le había hecho olvidar todos sus errores, todas sus tristezas y problemas del pasado.
Embotellaron las pociones y salieron a sentarse en los sofás. Apenas llegaron frente a la chimenea, dos tazas de humeante té aparecieron sobre una mesita. Harry sonrió, cogió una y se sentó en el mismo sillón del otro día. Severus hizo lo propio, y se relajó en el sofá.
- ¿Saben tus amigos dónde estás? - Harry le miró, no sabía si había entendido bien la pregunta, se refería a si pensaban que estaba en el despacho del profesor Snape pasando un horrible rato¿O a si sabían que estaba en las habitaciones privadas de Severus resistiendo la tentación de quedarse admirándole toda la tarde y pasando un rato estupendo?
- Saben que querías hablar conmigo... - Harry pensó unos segundos antes de seguir - pero si te refieres a si saben que no estoy pasando una horrible tarde con el profesor Snape como el resto de Hogwarts cree… no, no lo saben - Severus pensó en lo que había dicho, y se dio cuenta de lo quería decirle.
- ¿No les has dicho ni siquiera a tus dos mejores amigos que me llamas Severus, que nos llevamos bien, que me rio, y que no soy como parezco en las clases?
- Les he dicho que… - Si Harry no conservara todavía el sonrojo del calor del caldero, se habría sonrojado en ese momento - que no te llamen murciélago grasiento, porque no lo eres; de hecho discutí con ellos y con Neville, Ginny y Luna el otro día por eso… - Severus se sorprendió¿Le defendía delante de sus amigos? - Ninguno de ellos te tiene mucho aprecio… pero Ron te tiene especial manía, solemos discutir por qué le riño cuando se mete contigo… y dice que no es normal que no le apoye a él. - Sabía que Harry no le odiaba, que le caía bien, pero eso era mucho más de lo que esperaba, y sintió cómo su corazón rebosaba de alegría - ¡Pero tú no les insultas a ellos! Se están comportando como críos, y son injustos. - Harry resopló, a veces sus amigos podían ser desesperantes - Y bueno… les he repetido mil veces que eres muy buena persona, y para nada como pareces en clase, que te portas muy bien conmigo y… ya sabes… todo eso... - Severus vio como Harry bajaba el tono de voz, y sus mejillas se coloraban más todavía, otra vez la timidez. - Creo que Hermione sospecha algo de que nos llevamos tan bien - Dijo Harry después de haberse recuperado de la vergüenza por lo que había pensado cuando hablaba de Severus - Pero no le he dicho nada a nadie, tú me lo pediste.
- Gracias Harry. De verdad - Harry se sorprendió, el tono de voz de Severus era cálido, y pensó que defendería a ese hombre las veces que hiciera falta, y delante de quién fuera necesario, ninguno de ellos tenía idea de cómo era Severus, él sí lo sabía.
- Yo sólo dije la verdad Severus, lo que dicen de ti no es cierto, y no mereces que digan esas cosas - Severus jamás había conocido a nadie como Harry. Se había ganado su confianza, su amistad, su respeto, su cariño… Y si no se lanzó a sus brazos fue porque aun le quedaba un mínimo de autocontrol.
Pasaron todo lo que quedaba de tarde entre risas, bromas, alguna confidencia, y muchas miradas furtivas y sonrojos. Las horas se fueron volando, y cuándo llegó el momento de despedirse, ninguno de los dos quería hacerlo. Habían pasado una tarde perfecta, y si pudieran, repetirían aquel día una y otra vez. Se pusieron en pie sin dejar de hablar, y se dirigieron hacia la puerta entreteniéndose por el camino todo lo que pudieron. Severus se disponía ya a abrir la puerta, pero el deseo de mirar a esos ojos por última vez antes de separarse, fue más fuerte que él, y cuando bajo la cabeza y sus miradas se encontraron, ninguno de los dos tuvo ninguna duda al pensar "Le amo"
