¡Hola!

Cuarto capitulo, y seguimos con Jason. Muchísimas gracias por sus reviews, me hiso mucha ilusión. Y como lo prometido es deuda, acá el nuevo capitulo.

2310emma57: Ya seguí :) La verdad no sabía si actualizar tan rápido, pero me alegra que te parezca genial =D Gracias por tu review.

La Escritora de Sentimientos: Ya expliqué porque Piper es hombre; la verdad me gustó mucho la idea, me pareció divertido y original. Además amo el yaoi =D

anubis172001: Ya actualicé ;) Me alegra que te encante, gracias por tu review.

Nashii Dragneel: Yo también espero poder sobrellevarlo, no quiero abandonar esta historia, ni ninguna otra, pues odio la gente que empieza un proyecto y no lo termina, si bien entiendo que quizá estén ocupados y no puedan seguirlo. Si, te aseguro que Jason y Nico van a hablar del tema XD, después de todo, por el momento, Jason es el único que sabe su secreto (hasta yo quiero ver la reacción de los demás cuando sepan que Nico es gay y estaba enamorado de Percy ;)). ¡Gracias por tu review!

Ahora, sin más distracciones, disfruten la lectura.


-Capitulo III, Jason -leyó Ares.

EN CIERTA FORMA LA CONOCÍA.

-Pues claro que sí, es tu madre -dijo Leo.

Jason negó con la cabeza. -Me dejó en la Casa del Lobo cuando tenía dos años -explicó.

Reconoció su vestido; uno con estampado de flores verdes y rojas, como la falda de un Árbol de navidad. Reconoció los coloridos brazaletes de plástico en sus muñecas que se enterraron en su espalda cuando le dio el abrazo de despedida en la Casa del Lobo. Reconoció su cabello, una sobre cargada corona de rizos teñidos de rubio y su olor de limones y aerosol.

Sus ojos eran azules como los de Jason, pero brillaban con una luz quebrada, como si acabase de salir de un bunker después de una guerra nuclear. Buscando ávidamente por detalles familiares en un mundo que cambio.

Querido. —Ella abrió los brazos.

La visión de Jason tembló. Los fantasmas y guls no importaban ya.

Su disfraz de Niebla se quemó. Su postura se enderezó. Sus articulaciones dejaron de doler. Su bastón se convirtió en una gladius de oro Imperial.

-Si a alguien le quedaba alguna duda, ya se disipó -murmuro Hermes.

La sensación de quemadura no desapareció. Se sentía como si capas de su vida se marchitaran: sus meses en el Campamento Mestizo, sus años en el Campamento Júpiter, su entrenamiento con Lupa la diosa lobo. Era un niño de dos años otra vez, asustado y vulnerable. Incluso su cicatriz en el labio, la que se hizo cuando intentó comerse una engrapadora cuando era niño, dolía como herida reciente.

-¿Trataste de comerte una engrapadora? -preguntó Apolo tratando de contener la risa.

-¡Era un niño! -se defendió Jason.

¿Mamá? —logró decir.

Sí, querido. —Su imagen parpadeó—.Ven, abrázame.

Tú… tú no eres real.

Por supuesto que lo es. —La voz de Michael Varus sonaba muy lejos—. ¿Crees que Gea dejaría que un espíritu tan importante languideciera en el Inframundo? Es tu madre, Beryl Grace, estrella de televisión, amor del rey del Olimpo, quien la rechazó no solo una vez, sino dos, en sus dos formas dividas, griega y romana. Ella merece justicia como cualquiera de nosotros.

-No te compadezcas de ella, Jason -dijo Thalía-. Era una horrible madre, nos hizo sufrir a los dos, se merece lo que le pasó.

El corazón de Jason temblaba. Los pretendientes se aglomeraron alrededor de él, mirando.

Soy su entretenimiento, se dio cuenta Jason. Los fantasmas probablemente lo encontraban más divertido que dos mendigos luchando a muerte.

La voz de Paris se oyó a través del zumbido en su cabeza.

Jason, mírame.

Él estaba a seis metros de distancia, sosteniendo su ánfora. Su sonrisa había desaparecido. Su mirada era feroz y dominante, tan imposible de ignorar como la pluma azul de harpía en su cabello.

Eso no es tu madre—. Su voz está haciendo alguna clase de magia, como el encanto, pero más peligroso—. ¿No lo puedes sentir?

Él está en lo correcto. —Annabeth se subió a la mesa más cercana. Pateó a un lado un plato, sorprendiendo a una docena de pretendientes—. Jason, eso es solo un remante de tu madre, como un ara, tal vez, o…

¡Un remanente! —El fantasma de su madre sollozó—. Sí, mira a lo que he quedado reducida. Es culpa de Júpiter. Nos abandonó. ¡Él no me ayudaría! No quise dejarte en Sonoma, cariño, pero Juno y Júpiter no me dejaron otra opción. Ellos no permitirían que estuviéramos juntos. ¿Por qué pelear para ellos? Únete a estos pretendientes. Lidéralos. ¡Podríamos ser una familia de nuevo!

-Esa mujer solo quiere confundirte, Jason, no le hagas caso -advirtió Thalía.

Jason sintió cientos de ojos sobre él.

Esta ha sido la historia de mi vida, pensó amargamente. Todos siempre lo han observado, esperado que los lidere. Desde el momento en que llegó al Campamento Júpiter, los semidioses romanos lo trataron como a un futuro príncipe. A pesar de sus intentos de alterar su destino: el unirse a la peor cohorte, intentar cambiar las tradiciones del campamento, tomar las misiones menos glamurosas y volverse amigo de los chicos menos populares; lo hicieron pretor de todas formas. Como hijo de Júpiter, su futuro ya estaba asegurado.

-Odio eso -se quejó Jason.

-Deberías estar orgulloso de ser mi hijo -exclamó Zeus.

Jason lo miró. -Yo no dije que no lo estuviera, pero no todos somos tan egocéntricos como tú. A mi no me gusta tanta atención.

Probablemente, hace unos meses, jamás habría pensado en hablarle así a su padre o a cualquier otro dios, pero después de todo por lo que había pasado, Júpiter o Zeus ya no lo intimidaba.

Zeus se quedó callado. Sabía que si amenazaba a su hijo tenia todas las de perder, pues casi nadie se pondría de su lado. Ademas, las Moiras les habían prohibido lastimar a alguien.

Recordó lo que Hércules le dijo en las Escaleras de Gibraltar: "No es sencillo ser hijo de Zeus. Demasiada presión. Eventualmente, puede hacer que un hombre se rompa"

Ahora Jason estaba aquí, tan tenso como la cuerda de un arco.

Me abandonaste —le dijo a su madre—. Eso no fue culpa de Júpiter o Juno. Fuiste tú.

Beryl Grace retrocedió un paso. La preocupación se le notó en las líneas de expresión alrededor de los ojos, el dolor pintado en sus labios le recordó a su hermana, Thalía.

Thalía frunció el ceño. -No compares.

Querido, te dije que volvería por ti. Esas fueron mis últimas palabras. ¿No lo recuerdas?

Jason tembló. En las ruinas de la Casa del Lobo su madre lo abrazó una última vez. Le sonrió, pero sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Está todo bien, le prometió. Pero aunque Jason era un niño pequeño sabía que no lo estaba. Espera aquí. Regresaré por ti, cariño. Te veré pronto.

Ella no regresó. En lugar de eso, Jason vagó por las ruinas, llorando y solo, llamando a su madre y a Thalia, hasta que los lobos llegaron por él.

Los dioses bajaron la cabeza con tristeza. A ellos no les gustaba que sus hijos sufrieran.

La promesa rota de su madre estaba en el núcleo de quién era él. Toda su vida la construyó alrededor de la irritación de sus palabras, como un grano de arena en el centro de una perla.

Las personas mienten. Las promesas se rompen.

Esa era la razón de que, por más que lo irritaran, Jason cumplía las órdenes. Mantenía sus promesas. Nunca querría abandonar a alguien en la forma en que lo abandonaron y le mintieron.

Paris abrazó a su novio y se apoyó en su pecho. Sabia que esto era difícil para Jason, y quería que supiera que siempre tendría su apoyo.

Ahora su madre estaba de regreso, borrando la única cosa cierta que Jason sabía de ella: que lo había dejado para siempre.

Del otro lado de la mesa, Antínoo levantó su copa.

Encantado de conoceros, hijo de Júpiter. Escuchad a vuestra madre. Tenéis muchas quejas contra los dioses. ¿Por qué no os unís a nosotros? ¿Supongo que este hombre y esta doncella son vuestros amigos? Los invitaremos. ¿Deseáis que vuestra madre permanezca en el mundo? Podemos hacerlo. Si deseáis ser rey…

No. —La mente de Jason le daba vueltas—. No, no soy de los tuyos.

Michael Varus lo miró con ojos fríos.

¿Estás tan seguro, mi compañero pretor? Incluso si derrotas a los gigantes y a Gea, ¿regresarías a casa como lo hizo Odiseo? ¿Dónde está tu casa ahora? ¿Con los griegos? ¿Con los romanos? Nadie te aceptará.

-Claro que sí -dijo Reyna-. Jason sería aceptado en el campamento Júpiter.

-También en el Mestizo -agregó Percy-. Somos familia -sonrió a Jason.

Y, si regresas, ¿quién puede decir que no encontrarás ruinas como estas?

Jason escaneó el patio del palacio. Sin los balcones ilusorios y columnatas, no había más que un montón de escombros en una colina yerma. Sólo la fuente parecía real, vomitando arena como un recordatorio del poder ilimitado de Gea.

Fuiste un oficial de la legión —le dijo a Varus—. Un líder de Roma.

Tal como tú lo fuiste —dijo Varus—. Las lealtades cambian.

¿Crees que pertenezco a esta gente? —preguntó Jason—. ¿Un grupo de perdedores muertos esperando una limosna de Gea, lloriqueando porque el mundo les debe algo?

-¡Tu díselos, niño! -se interrumpió Ares.

Alrededor del patio, fantasmas y guls se pusieron de pie y sacaron las armas.

¡Cuidado! —Paris le gritó a la multitud—. Cada hombre en este palacio es su enemigo. ¡Todos les apuñalarán por la espalda a la primera oportunidad!

Durante las últimas semanas, el encanto de Paris se había vuelto realmente potente. Él decía la verdad, y la gente le creía. Se miraron de reojo los unos a los otros, con las manos apretando las empuñaduras de sus espadas.

La madre de Jason dio un paso hacia él.

Jason besó a su novio. -Eres el mejor -murmuró.

Querido, se sensato. Renuncia a tu misión. Su Argo II nunca podría hacer el viaje a Atenas. Incluso si lo hiciera, está el asunto de la Atenea Partenos.

Un temblor lo recorrió.

¿Qué quieres decir?

No finjas ignorancia, mi querido. Gea sabe lo de tus amigos. Reyna, Nico hijo de Hades y Hedge el sátiro. Para matarlos, la Madre Tierra ha enviado a su hijo más peligroso; el cazador que nunca descansa. Pero tú no tienes que morir.

Artemisa frunció el ceño. El cazador que nunca descansa. Miró a Atenea, que asintió disimuladamente; ella tenia las mismas sospechas.

Los guls y fantasmas se acercaron, doscientos de ellos enfrentándose a Jason en anticipación, como si fuera a guiarlos en el himno nacional.

El cazador que nunca descansa.

Jason no sabía quién era, pero tenía que advertirles a Reyna y a Nico.

Lo que significaba que tenía que salir de aquí con vida.

-Creo que ya sé quién es -murmuró Artemisa.

Miró a Annabeth y a Paris. Ambos estaban listos a la espera de su señal.

Se obligó a mirar a su madre a los ojos. Lucía como la mismísima mujer que lo había abandonado en el bosque de Sonoma hace catorce años. Pero Jason ya no era un niño. Era un veterano de batalla, un semidiós que se había enfrentado a la muerte innumerables veces.

Y lo que vio frente a sí no era su madre; al menos, no lo que su madre debía ser, cariñosa, amorosa, desinteresadamente protectora.

-Te entiendo -dijo Hefesto mirando a Hera. Ella lo ignoró.

Annabeth lo había llamado un remanente.

Michael Varus le había dicho que lo que sostenía a los espíritus aquí eran sus deseos más fuertes. El espíritu de Beryl Grace literalmente brillaba con necesidad. Sus ojos exigían la atención de Jason. Sus brazos se extendían, desesperados por poseerlo.

¿Qué quieres? —preguntó— ¿Qué te trajo aquí?

¡Quiero vida! —exclamó—. ¡Juventud! ¡Belleza! Tu padre podría haberme hecho inmortal. Podría haberme llevado al Olimpo, pero me abandonó. Tú puedes arreglar las cosas, Jason. ¡Eres el guerrero que me enorgullece!

-Es una avariciosa -murmuró Thalía-. No vale la pena.

Su aroma a limón se volvió acre, como si estuviera empezando a arder.

Jason recordó algo que Thalia le había dicho. Su madre se había vuelto cada vez más inestable, hasta que su desesperación la había vuelto loca. Ella había muerto en un accidente de auto, el resultado de conducir ebria.

El vino aguado en el estómago de Jason se revolvió. Decidió que si vivía más allá de este día nunca volvería a beber alcohol.

-Eso dices ahora, Jacinto -dijo Dionisio con su revista de vinos.

-¿Sr. D. está escuchando? -preguntó Percy.

-Claro que no, Perry.

-Tiene la revista al revés -le dijo Annabeth. Todos rieron mientras Dionisio se sonrojaba y acomodaba su revista.

Eres una manía —decidió Jason, la palabra le provino de sus estudios en el Campamento Júpiter de hace mucho tiempo—. Un espíritu de locura. Eso es lo a lo que has sido reducida.

Soy todo lo que queda —estuvo de acuerdo Beryl Grace. Su imagen parpadeó a través de un espectro de colores—. Abrázame, hijo. Soy todo lo que te queda.

-Eso es una mentira -dijo Paris-. Jason nos tiene a todos nosotros -su novio le sonrió.

-Todo lo que esa mujer dice es una mentira -comentó Thalia.

El recuerdo del Viento del Sur le habló en la mente: "No podéis escoger a vuestros progenitores. Pero podéis elegir vuestro legado"

Jason sintió como si hubiera sido reensamblado, una capa a la vez. Sus latidos se estabilizaron.

El frío dejó sus huesos. Su piel se calentó en el sol de la tarde.

No —dijo con voz ronca. Echó un vistazo a Annabeth y Paris—. Mi lealtad no ha cambiado. Mi familia se acaba de ampliar. Soy un hijo de Grecia y de Roma. —Regresó la mirada hacia su madre por última vez—. No soy tu hijo.

Los semidioses sonrieron. -Bien dicho -dijeron al unisono.

Hizo la antigua señal para alejar el mal, tres dedos curvados en forma de garra sobre el corazón, y el fantasma de Beryl Grace desapareció con un suave siseo, como un suspiro de alivio.

El gul, Antínoo dejó a un lado su copa. Estudió a Jason con una mirada de perezoso disgusto.

Bueno, entonces —dijo—, supongo que tendremos que mataros.

Todos los enemigos alrededor de Jason se le acercaron.

-Fin del capitulo -dijo Ares. Luego hizo un puchero-, no hubo pelea.

-No seas llorón -le dijo Démeter-. Ya, dame el libro -se aclaró la garganta y leyó-. Capitulo IV, Jason...


Y así termina el cuarto capitulo, muchas gracias por leer. Si no es mucho pedir, 5 reviews y continúo.

Sobre el odio de Thalia a su madre, creo que ella todavía está resentida por como los trataba de niños.

Espero sus comentarios. Acepto opiniones, quejas y tomatazos (todo menos insultos, por favor, si no les gusta la historia, ya saben como sacarla). ¡Hasta la próxima!

Se despide,

RavenclawGirl 07.

¡Bye!