Digimon no me pertenece. Es propiedad de sus creadores: Takeichi Hongo y Akiyoshi Maita.
Escribo por Hobbie~
CAPÍTULO 4
.Cuando las páginas del libro se las lleva el viento y hay necesidad de ponerle nuevas.
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La muerte siempre causa dolor, porque muere algo físico a lo que podemos acudir cada que estemos solos sentimentalmente, si viviéramos en la idea que lo más importante es el espíritu no sufriríamos, sabríamos o pensaríamos que siempre estarían ahí. Pero somos materialistas, y queremos todo físicamente. El hambre no se calma con sólo pensar en el estómago lleno.
Kouji Minamoto había sido testigo de una pérdida muy grande, la pérdida de su YO interior a causa del fallecimiento de su hermano; pero no había marcha atrás y su vida debía continuar, aún cuando tantas veces se repetía a sí mismo que ya no se sentía vivo.
Querer morir para no sufrir es un pensamiento idiota y egoísta, y Kouji había sido testigo de ello, su hermano había cometido un grave error.
"Si tan sólo se pudiera regresar el tiempo, hacerle ver que no estaba solo" pensaba Minamoto girando entre las sábanas de su cama. Aún a casi cinco años de lo sucedido seguía con el sentimiento a flor de piel.
Necesitaba girar la página y cerrar el libro que se había escrito con dolor, sangre y lágrimas. Ahora debía abrir uno nuevo, completamente en blanco, y utilizar tintas más alegres para rescribir una historia diferente.
Suspiró y abrió sus ojos para mirar la hora. Eran las tres de la mañana, necesitaba descansar pero el insomnio se lo impedía. Cuidadosamente de no hacer ruido al caminar se dirigió a la cocina para comer algo, galletas fue lo único que encontró, después se dirigió al baño. Miró su reflejo adormecido y sus ojos tristes antes de arrojar agua a su cara.
— ¿Pasó algo hijo?
Se giró para ver a su madre apoyada sobre el marco de la puerta del baño.
— Insomnio. — susurró con un sonrisa. — No te preocupes, estoy bien. ¿Y tú? ¿Qué haces despierta tan temprano?
La mujer le sonrió también.
— Escuché ruido desde la cocina.
— Tienes un oído muy agudo. Lamento haberte despertado, tenía hambre.
— ¿Quieres que te prepare algo para desayunar?
— No mamá, gracias.
La mujer besó su mejilla antes de regresar a su habitación.
Cumpleaños, bautizos, despedidas de solteros, bodas, nacimientos, fallecimientos. El mundo está lleno de acontecimientos que uno no puede manipular a su antojo, los sucesos ocurren porque así está destinado a ser.
¿Destino? ¿Es aceptable creer en él? ¿Es de perdedores echarle la culpa de lo malo que sucede a algo que no es posible siquiera tocar? Uno es dueño de su propia existencia.
Kouji ése día se daría cuenta que muy a pesar de haber pasado los años, de las decaídas que había tenido, del sufrimiento que había soportado en su etapa de duelo, del dolor que le causaba vestirse, mirarse al espejo, cosas tan cotidianas que le hacían recordar a su hermano, ése día se daría cuenta que aunque no existiese el destino, se sabe que uno va en busca de una meta, e inexplicablemente se dirige a ella sin necesidad de hacer muchas cosas. Porque nosotros dirigimos nuestra mente a lo que siempre nos conviene más.
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— ¡Ey, Izumi! —gritaron desde abajo del balcón donde la muchacha se encontraba reflexionando.
— ¡Hola, Kouji! —saludó sonriente— Ahora bajo...
Por fin había amanecido y después de una ducha regeneradora se encontraba en casa de su mejor amiga. Desde meses atrás habían comenzado a ir a comer juntos con Takuya, siempre a la misma hora, y eso le estaba agradando.
La joven se apresuró hacia su tocador y tomó su bolso, para luego bajar corriendo por las escaleras.
— ¿Hija? —una mujer de delantal se asomó fuera de la cocina.
— ¡No tardo! ¡No me esperen para comer! —anunció la chica antes de abandonar su casa.
Minamoto la esperaba de espaldas a la pared contigua de la puerta principal.
— Hola. —el aludido se giró para verla y sonrió.
— Hola, ¿nos vamos?
— Claro
Ahora visitarían un restaunrant que había sido inaugurado un día anterior, un lugar bien ambientado con exquisitos platillos de buffet.
Izumi a su lado sonreía abiertamente.
— ¿Y por qué tan contenta?
— ¿Ah? —Izumi comprendía que Kouji, a pesar de ser un chico inteligente jamás se enteraría cuando una chica estuviese enamorada de él— Hace un bonito día —dijo sin más.
— Pero está nublado.
— Pues, así me gusta. —sonrió. Kouji se encogió de hombros.
— ¡Ey chicos!
Los dos muchachos se giraron a la vez al escuchar el grito de Takuya.
— Oh, ¿De dónde vienes eh? Porque por ahí no está tu casa - le preguntó Izumi divertida al ver que venía agitado.
— Ah, eso... —sonrió sonrojándose levemente— Venía de casa de Jumpei.
— ¿Va a venir también? —inquirió Kouji.
— No, ahora se va a mudar de casa y está ayudando a sus padres a mover todo.
— Uh, que mal —dijo Izumi— ni qué hacer, ¿y Tomoki?
— Tampoco vendrá, tiene mucha tarea.
— Ah, jeje... hablando de tarea yo también tengo mucha. —se avergonzó la muchacha.
— Te hubieras quedado en tu casa, Izumi, ya sabes que no sólo duramos una hora.
— Lo sé, Kouji. Pero quería venir.
Takuya sonrió.
— ¿Nos vamos?
— Claro.
Discutieron sobre tomar o no un taxi, al final decidieron seguir caminando, así lograron incrementar su apetito.
— ¿Está un poco lleno, no creen? —les preguntó Izumi dando una ojeada al lugar repleto de gente.
— Era más que obvio que estaría así, se acaba de abrir ayer. —Observó Kouji.
— Miren, ahí hay una mesa vacía —Takuya se adelantó y se apresuró a ocuparla.
Izumi lo siguió, pero Kouji se entretuvo mirando a una chica extraña, bonita, de cabello rubio pálido, de tez blanca y de ojos azul claro, vestía ropas extravagantes. La muchacha terminó de pagar y salió muy a prisa, pero en su loca carrera tropezó con una señora gorda que iba entrando.
— Oh, lo siento... —se disculpaba la rubia ayudando a la señora con las cosas que había dejado caer al piso accidentalmente.
— Muchacha idiota, a la otra fíjate por donde caminas —refunfuñaba la mujer molesta.
— Sí, lo lamento.
El pelinegro se ofreció para ayudar a recoger los objetos personales de la vieja esparcidos por el suelo. Cuando terminaron la mujer salió muy molesta del lugar objetando que en ningún otro lugar la habían tratado tan mal.
—Gracias. —le dijo la chica a Kouji.
"Lo conozco... sí, lo he visto. ¿Dónde lo he visto?..." pensaba la muchacha mientras seguía viendo detenidamente a Kouji.
— ¿Te sucede algo?
— Ah, lo lamento. Creo que recuerdo haberte visto antes, pero no lo sé.
— Pues yo nunca te he visto —Se apresuró a agregar, comenzó a desear terminar con ésa conversación. La gente los empezaba a ver extraño.
— Entonces, creo que sólo fue mi imaginación. Gracias por todo. Adiós.
Y de la misma manera, la chica abandonó el lugar muy a prisa. Kouji se dio la vuelta y se fue a ocupar la mesa junto a sus amigos, una mesa cerca a la ventana.
— ¿Quién era? —le preguntó Takuya.
— No lo sé, no la conozco.
La extraña seguía afuera del establecimiento, entonces se giró y posó su vista hacia el moreno.
— Yo... sé que te conozco, pero... —su mente daba miles de vueltas— ¡Lo sé! ¡Lo tengo! ¡Ya te recordé! —exclamó sonriendo para luego irse del lugar.
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"Ahora lo entiendo, aunque no pueda evitarlo. Soy especial, pero nadie me cree. Ahora lo sé, ya sé quién es ése chico en el restaurant, es el mismo que veo en mis extraños sueños."
— ¡Alice, hija! ¿Estás ahí? —preguntaron.
— Oh, claro mamá —sonrió la muchacha. — Pasa.
Una mujer no mayor de 40 años apareció en la habitación de la jovencita. Llevaba un viejo libro en sus manos. Era una extraña mujer que se decía así misma "psíquica", "bruja" la llamaban otros, "gitana".
— Tenemos que investigar —repuso con desdén la señora.
— Mamá, es sólo un sueño. Nada más.
— No, no, no. Los sueños son reflejos de nuestros pensamientos —recitó— tú debes saberlo mejor que nadie.
— ¿Pero cómo voy a saber lo que pienso mientras sueño, mamá?
La mujer abrió el libro con delicadeza y comenzó a hojearlo.
— Mamá, es un sueño. Un común y corriente sueño.
— ¡Pero cómo puedes decir eso, jovencita! —Exclamó— No puedes haber conocido a una persona "mediante un sueño" si nunca la habías visto.
"Ok, tengo que aceptarlo. Mi madre es un tanto extraña y siempre ha pensado que tiene poderes sobrenaturales… Pero no tengo de otra, debo escucharla… es mi madre después de todo…"
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Kouji iba abriendo los ojos; intentó ver con claridad parpadeando varias veces, logrando distinguir la silueta de una mujer delante de él.
— No puedo creer que te hayas quedado dormido, si eres uno de mis mejores alumnos.
El pelinegro sintió cómo todas las miradas de su grupo se concentraban en él. "Por qué la universidad puede ser tan aburrida e interesante a la vez" pensó el muchacho. Las disculpas no fueron necesarias para tal falta de respeto, la docente salió indignada del salón de clases bramando a los cuatro vientos que los alumnos no la respetaban y que ya no sería maestra y bla bla bla~
Volteó a ver a sus compañeros de clase, el grupo al que asistía ahora, no era nada comparado con el grupo donde estudiaba con Takuya e Izumi; pero él había decidido hacer el cambio. Necesitaba alejarse un poco más para que la separación no fuera tan dura cuando se fuera. Ya que graduándose se iría a estudiar al extranjero, tal como alguna vez se lo prometió a Kouichi, su hermano.
Sonrió con nostalgia al recordarlo.
"No sé cómo puedo lograr sentirme bien; porque aunque lo diga y lo repita cientos de miles de veces en mi cabeza, sé que algo no anda bien… siento como si Kouichi no hubiera muerto en realidad"
— Yo no lo vi morir. Quizá esté vivo —sonrió más abiertamente ante tal estupidez hecha pensamiento y cerró sus ojos.
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"Un alma enjaulada en la culpa, en la desesperación, con la necesidad de ser perdonado y sumida en la oscuridad, nunca dejará este mundo. Según me dijo mi madre, un alma jamás podrá abandonar nuestro mundo hasta que haya terminado con la misión que alguien Grande nos concedió."
— ¿Alice?
— No lo sé, mamá. Todo esto es tan extraño.
La señora se puso de pie y se encaminó hacia la salida de la habitación. Su hija poco creía en lo que hacía, pensaba lo mismo que la gente que la rodeaba, la creía una charlatana, pero eran familia y respetaba un poco lo que hacía.
— ¿Mamá…?
— ¿Sí?
— Ah… ¿los vivos pueden hablar con los muertos…?
— No todos tienen esa facultad de comprender los sentimientos de alguien que ya no vive.
— Pero… y si sí pueden llegar a comprenderlos, ¿es sencillo comunicarte?
— No lo sé, Alice. No debe ser difícil si puedes comprenderlo a la perfección, ¿no crees? —depositó un beso sobre la frente de su hija y se marchó.
La puerta se cerró una vez que la señora salió. Alice cerró sus ojos, y cuando sus párpados nublaron su vista, su mente descansó al instante. El sueño había ganado otra vez…
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Kouji Minamoto seguía con sus clases después de pasar un mal rato con una de sus profesoras. Había aprendido que dormir en clase no era nada sano si no deseabas que te sermonearan hasta más no poder. Las demás clases eran un poco más animadas y más interesantes.
— HOLA —escuchó de pronto al lado de él. — ¿Qué haces, eh?
— Agh… ¿quisieras intentar no dejarme sordo, Takuya? —se quejó.
Por fin, la última clase había llegado, y ésta vez le tocaba en el mismo grupo que Takuya. Así que por lo menos no se aburriría. Pero le fastidiaba que siempre llegara con ése "ánimo".
— Jajaja, no sé de qué tanto te quejas, eh… Oye te invito a una fiesta que organizan los de mi grup…
— No gracias —interrumpió tomando asiento en uno de los pupitres. — Estoy muy ocupado.
— Pero si no he terminado… ¿qué acaso estás ocupado todos los días…?
— Ajá…
— Sí, claro… —tomó el asiento de atrás.
— Di lo que quieras, Takuya. No iré.
— Ok, ok… no te insisto más.
— Gracias, me haces un gran favor.
La clase de literatura no era en sí la más animada para los alumnos, pero para Kouji y Takuya si lo era. Podían platicar sin ser interrumpidos, y era la única clase del día que recibían juntos.
Aunque se la pasaran peleando, ambos se sentían fraternalmente unidos por un lazo de amistad.
A la salida, Kouji había decidido esperarse un poco más en la cafetería. Necesitaba despejar varias cosas de su mente y aclarar otras más.
— Hola. —saludó la voz de una chica.
Kouji suspiró y levantó la vista.
— Ho…hola… —dijo al recordarla.
— ¿Puedo sentarme…?
— Sí… claro…
— Creo que antes no pudimos platicar en paz. —Mencionó colocando su mochila al lado de ella sobre una silla— No sabía que estudiabas aquí.
— Ah, sí. Ya llevo tiempo aquí.
— Oh… Bueno, me presento: Soy Alice - sonrió.
— Kouji, un gusto. - le tendió la mano.
— El gusto es mío, Kouji - la estrechó.
"¿Kouji?... Pero… creí que su nombre era Kouichi… Ja… ya veo que mis sueños realmente son una estupidez…"
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Tres largos años que no le continuaba, pero en un momento de nostalgia le continué, a como recuerdo que iba la historia. Un saludo para aquellos que alguna vez leyeron este fic y para quienes lo estan leyendo ahora.
Rach.~
