Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mi y vuestro disfrute personal.
Pareja principal:
-Gaara/Hinata
Pareja secundaria:
-Kiba/ Hanabi
Gracias por adelantado por los reviews.
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El sol picaba con fuerza como nunca antes había sentido en su cuerpo, por suerte, el parasol que casualmente había traído con ella era de gran ayuda para que su pálida piel siguiera blanca y libre de quemaduras.
Se secó el sudor de la frente con el pañuelo que portaba en su bolsillo y se echaba el pelo a un lado para que la brisa pasajera refrescara su cuello y hombros.
Lo malo sería cuando llegara la hora de tener que ir a la cocina del barco y empezar a hacer la comida. El calor del fuego le haría parecer que estaba en el infierno.
Pero no había de otra, cuando a la mañana siguiente de despertarse tras su rapto, vio la masa extraña de comida que el pelirrojo le trajo en un plato. Al principio creyó que era una broma, que esa cosa que seguramente en cualquier momento se movería con voluntad propia no podía ser comida.
Pero no, era la comida, no veía el arroz y las verduras que le dijo que era el plato. Era una masa quemada de horrible color marrón.
Sé negó a comer, vaya que se negó, lanzó esa bazofia por la ventana cuando el salió un momento del camarote para traerle una fruta.
Le pidió, entre tartamudeos poder encargarse de las comidas, y a pesar de que él el miró con el rostro fruncido unos largos y terroríficos minutos, aceptó.
No le extrañaba que todo el mundo estuviera tan delgado. Ni tampoco que todos se abalanzaran como cerdos al simple estofado que había preparado esa segunda noche a bordo.
Eso consiguió que los hombres la vieran de diferente manera, era la cocinera maravillosa, no la mujer que el capitán había secuestrado de la cuidad. Aunque eso no quitaba que siguiera sintiéndose mal.
Sus ojos miraron a su lado, al mar inmenso que rodeaba el galeón y que hacía ya tres días que veía con nostalgia. Escuchó decir una vez que el mar traía calma al alma, ¿por qué entonces ella se sentía tan pesada? ¿Por qué conforme los minutos pasaban sentía que su interior se marchitaba?
No tenía que pensar demasiado para saber la respuesta. El hombre que daba ordenes en ese momento en la cubierta era el responsable.
Me desharé de ti.
Sus palabras la perseguían día y noche sin descanso. Le robaban el sueño, le quitaban el apetito, la dejaban vacía. Irónicamente era igual que una muñeca, en apariencia delicada e interior hueco.
La idea de lanzarse por la borda y ahogarse era incluso atractiva, todas las noches antes de que él cerrara la puerta de su camarote, dejándola presa, veía el oscuro mar como una salvación.
Antes que morir a manos del pelirrojo, prefería suicidarse ella misma.
-Aquí tiene Lady Hinata-. Se asustó al escuchar una voz justo a su lado y viró la cabeza de su improvisada mesa de trabajo encontrando el afable y alegre rostro del segundo al mando tras el capitán.
-Señor Kankuro-. Asintió tímidamente a su saludo y vio como le dejó en la mesa una jarra de agua y un pequeño plato con trozos de fruta-. Gracias por el detalle.
-Nada mujer, ya que mi hermano no te trata con la delicadeza que se debe a una mujer, me comprometo a ser amable yo.
Había llegado a formar, si se podía decir de alguna manera, una pequeña amistad con el castaño. Tras su primera noche en el barco, y sabiendo bien el carácter de su hermano, se había auto impuesto la tarea de darle comodidad en aquel barco.
Era un hombre amable a pesar de ser pirata, realmente al pesar de parecer duro y tener un cuerpo musculoso y grande, era un trozo de pan.
Todo lo contrario a su hermano.
-¿Cómo lo llevas? –Se inclinó para ver sus avances.
-Bi-bien supongo, s-si tuviera mis libros con apuntes podría ir más deprisa, hay signos que me son algo complejos de descifrar y tengo que hacer mucha memoria para poder darle un significado.
-Tú puedes, eres la inteligente en este barco lleno de analfabetos.
Sonrió levemente con las mejillas ruborizadas y tomo un pequeño sorbo al agua que le había traído. Fue una delicia sentir el agua fresca bajar por su garganta y traer algo de frío al cuerpo.
Aunque la sensación de calma duró menos de lo esperado cuando vio al pelirrojo subir las escaleras y acercándose a ellos.
Su mirada enseguida perdió el pequeño brillo que obtuvo al hablar con Kankuro y volvió a esa mirada muerta que portaba desde aquella noche. Cosa que por supuesto, no pasó desapercibida por ambos hermanos.
-No la molestes Kankuro, está trabajando.
-No la molesto, solo le doy algo de conversación y delicadeza para que se sienta mejor, cosa que tú deberías hacer también.
Guardó silencio mientras se colocaba a su lado y la notó tensarse en cuestión de míseros segundos cuando se inclinó sobre su hombro para inspeccionar sus avances.
-¿Solo eso has traducido?- Asintió con el rostro girado al lado contrario a él-. Pensé que irías más rápido.
-L-lo haría si tuviera mi cuaderno de notas.
Jugueteó nerviosa con el asa de la jarra viendo que no se alejaba de ella y percibiendo la penetrante mirada cían clavada en ella.
Chilló sorprendida cuando su mano tomó con algo de fuerza su mentón y lo viró para quedar a escasos centímetros de su rostro. En lugar de sonrojarse como haría siempre por la proximidad, perdió color.
-Mírame a la cara cuando te hablo y te dirijas a mí-. Fue una orden demandante.
-Y-yo no quiero mirarte-. Sus labios rosados temblaron-. Llo-lloraré si lo hago.
Esa simple declaración llena de miedo y pena le produjo una amarga sensación en la boca y un potente dolor en el pecho. Fue casi tan doloroso como una herida de bala, directo al corazón.
Apretó la mandíbula sin saber ciertamente el por qué le dolía saber que ella sentía asco por él.
Cerró los ojos en un inútil intento por calmarse y soltó su pequeña quijada para colocarse bien el sombrero.
-Sigue traduciendo-. Su voz sonó monótona, vacía y carente de cualquier emoción.
Se dio media vuelta y se encerró en su camarote con contundentes pisadas dejando a los otros dos en un tenso silencio.
Lanzó el sombrero por alguna parte de la cama y se dejó caer sentado pesadamente en la silla de su mesa de trabajo mientras cerraba los ojos cansadamente y bajaba la cabeza para encerrar los puños en su roja cabellera despeinada.
¿Por qué esa furia interna recorría su cuerpo de tal manera? ¿Por qué las ganas enfermas de abrirle a su hermano un agujero en el pecho con su trabuco*? Todas esas malditas preguntas tenían la respuesta en ella. Esa maldita mujer de la realeza que le miraba como si fuera un maldito monstruo.
Le carcomía las entrañas ver como a él le dirigía una mirada muerta y cansada y como su hermano en cambio conseguía hacerla reír de esa manera, libre, tierna. Hermosa.
No podía siquiera descansar su cuerpo por las noches porque su maldito olor impregnaba las cobijas de la cama. Porque el calor de su cuerpo le invitaba a darse la vuelta y rodearla con sus brazos en busca de comodidad.
En cuatro putos días había cambiado tantas cosas en él en solamente unas pocas horas la misma noche que la raptó. Era incomprensible.
Tomó la botella de ron sobre la mesa y dio un largo trago sintiendo la aspereza bajar por su garganta.
Esa mujer era una bruja, una sirena del mar que le había echado un asqueroso embrujo.
La puerta abrirse sin siquiera llamar antes lo enfadaron sin más.
-Largo de aquí, no quiero ver a nadie.
-No, me da igual que seas el capitán, antes de eso eres y serás mi hermano. Y como tu hermano mayor que soy vas a abrir las orejas y me vas a escuchar tanto si te gusta como si no.
Le gruñó molesto y dio otro trago de la botella. De nuevo venía un discurso de hermano mayor que tanto detestaba.
¿Tan difícil de comprender era que quería estar solo?
-Suelta lo que hayas venido a decir y márchate.
-¿Qué mierda te pasa?
¿Qué le pasaba, para eso había venido a hablarle? Una fuerte palpitación en su frente hizo aparición mientras cerraba con fuerza la mano entorno a la botella de vidrio.
No estaba de humor para qua viniera a hacerle perder su tiempo preguntando el motivo de su reciente malestar en los últimos días.
-Nada, ahora vete.
-No-. Vio como el pelirrojo le lanzaba una mirada mortal y peligrosa ante su negativa-. Mira Gaara, no sé que demonios te pasa, primero nos mandas a ir a una cuidad que está fuertemente ligada con la marina y poniéndonos a todos en peligro, luego resulta que solo querías secuestrar a una mujer. Y demonios, ahora te enfadas con cualquier cosa referente a ella, ¿se puede saber qué cojones te pasa?
-No te incumbe.
-Eres tan terco como nuestro padre.
Eso fue un gran error de su parte. Nunca se debería de decir eso si uno apreciaba su vida.
-¡No te atrevas a compararme con él!-Se levantó furioso de la silla y se acercó en dos grandes zancadas-. Vuelve a compararme con ese mal nacido y olvidaré que eres mi hermano para poder atravesarte el pecho con mi sable.
-Pues si no eres como él, habla, abre tus temores y déjame ayudarte.
Lo vio pasarse la mano tensamente por la cabeza, echándose el pelo para atrás en una rígida postura.
¿Debería decírselo? Era su hermano después de todo, pero era cierto también que odiaba abrirse a si mismo porque se sentía vulnerable y desprotegido. Un blanco fácil al que dañar mentalmente.
Pero deseaba sacarse ese asqueroso regomello de su mente a cualquier costo.
Dejó escapar el aire que retenía y miró el oscuro liquido de la botella mecerse en su mano con una expresión perturbadora.
-Esa mujer tiene la culpa.
-¿Hinata, qué te ha hecho ella?
La pobre mujer no había hecho nada, al contrario. Según él, toda la mala suerte había ido a ella desde el mismo momento que la muchacha de perro-lobo abrió la boca al hablar de su hermana delante de Gaara.
-Nada, no me ha hecho nada. Su frialdad hacía mi me confunde, me enfurece que contigo ría tan cómodamente y cuando yo me acerco se vuelva gélida y distante.
Kankuro levantó una ceja con incredulidad haciéndole gruñir y virar el rostro hacía una de las redondas ventanas.
-¿Y eso es lo qué te pone así? Lo que me extraña es que aún te siga dirigiendo la palabra después de todo lo que le has hecho.
-No le he hecho nada.
Miró con el ceño fruncido a su hermano cuando este comenzó a reír como si le hubieran contado un chiste.
¡Sus miedos y problemas no eran para tomarlos a broma!
-¿Perdona? Raptarla de su casa, obligarla a estar aquí bajo su voluntad y tratarla como si fuera un perro, ¿eso no es nada para ti? – Ante su silencio bufó cansado-. Si conmigo se ríe y es más abierta es porque no la trato como tú, una mujer se merece delicadeza, y no que te comportes como si fueras un capullo.
-Cuida esa boca-. De nuevo la amenaza surgía en su voz, más poco le importó esta vez.
-Cuida tu de tus modales, si quieres que ella sea contigo igual como lo es conmigo, empieza a tratarla como se debe.
-Yo no… no sé como.
¿De verdad Gaara era el capitán? Era bueno luchando y mandando órdenes, el mejor asesino sobre el mar que nunca habría conocido, ¡pero un verdadero inútil si el tema se refería a mujeres, sentimientos o humanidad!
Peor que un niño pequeño, sin duda de ningún tipo. Tendrían que ir paso a paso.
-Empieza por darle un descanso, la pobre tiene los ojos rojos por tanto leer y el calor la está sofocando-. Le palmeó fraternalmente la espalda y se dirigió a la puerta dispuesto a darse un chapuzón al mar para refrescarse ya que estaban cerca de una pequeña isla.
No podía creerlo, su hermano, el capitán del barco, sonaba como un hombre enamorado. Anhelante por la atención de la pequeña y refinada dama que mantenía cautiva en sus dominios.
Si no supiera que Gaara le habría pegado un tiro por osadía, le hubiera llamado inocentón y se habría reído. Pero como lo conocía a la perfección y sabía lo terco que era guardó silencio.
Además de que quería seguir con vida.
Pasó junto a Hinata sonriéndole amigablemente y se quitó la camiseta para subirse a la baranda y darse un refrescante chapuzón aprovechando que estaban parados. Otros hombres siguieron su ejemplo y se zambulleron en el mar para refrescar sus cuerpos y darse un baño.
Miraba con envidia como nadaban libremente en aquellas claras aguas tropicales.
Si tan solo tuviera su ropa de baño, podría nadar un poco, pero no, tenía ese vaporoso vestido. Además de que temía que el pelirrojo se tomara su zambullida como una acción de huida de su barco.
No quería más problemas.
Lo mejor sería volver al libro maltrado y los pergaminos antes de que Gaara saliera y viera que no estaba haciendo su trabajo impuesto en el barco.
Viró la cabeza al frente y chilló asuntada cuando se encontró los ojos aguamarina del capitán mirándola fijamente, ¿cómo había llegado ahí tan silenciosamente y tan rápido? ¡No lo había escuchado!
El miedo la invadió de nuevo cuando esas palabras incansables inundaron de nuevo su cabeza. Cosa que el pelirrojo por supuesto vio y le hizo gruñir al ver como su delicado rostro se volvía más pálido y decaído.
Cerró los ojos y empezó a contar mentalmente para calmarse y no hacer algo con lo que luego arrepentirse.
Tomó el parasol amarrado a un listón de madera para darle sombra a ella y lo llevó consigo al mismo tiempo que la agarraba del brazo y la hacía levantarse de la silla. Tirando de ella hacía el camarote.
Cerró la puerta y la soltó para cerrar el parasol viendo como ella ponía espacio entre ellos asustada.
-E-estoy haciendo lo que puedo con las traducciones, po-por favor, no me hagas daño.
Se quedó estático, quieto como una estatua mirando su cuerpo tembloroso, ¡Por Neptuno! ¿Así es como lo veía realmente? ¿La encarnación de la maldad y el dolor?
La sensación amarga y dolorosa volvió con más intensidad, y lo enojaron.
-No voy a golpearte si es lo que piensas-. Dejó la blanca sombrilla junto a la puerta y la miró sintiendo irritación al verla temblar.
-Lo- lo siento…
Odiaba verla así, ¿Dónde estaba esa chica que se atrevió a plantarle cara el primer día? ¿Dónde quedó su maldita y encantadora timidez y sonrojos? Incluso ahora desearía que ella le diera un tortazo si con ello conseguía que su miedo a él se desvaneciera.
Mierda, contemplarla así solo hacía que su humor se agriara y su malestar aumentara a una pequeña cólera.
-¿Por qué te comportas así?
Hinata lo miró con ojos turbados, como si sus palabras fueran una pesada broma.
-Tu-tus palabras.
-¿Qué palabras? –Se acercó pausadamente a la peliazul quitándose el negro pañuelo que portaba bajo el sombrero y se revolvió el pelo.
-M-me dijiste que te desharías de mi cuando ya no te sirviera.
-Y eso haré-. Aunque la idea ahora no la veía con los mismos ojos.
Ella parpadeó varias veces seguidas pareciendo una lechuza al ver su nula expresión facial y admitiendo la acción futura que pensaba hacer cuando ya no le fuera necesaria en el galeón con tanta serenidad.
Su labio tembló de nuevo y sus puños se apretaron con fuerza sobre su busto.
Nuevamente no se esperó recibir un potente y picante tortazo en la misma mejilla que la otra vez.
Esta vez si llevó su mano a su zona adolorida y la miró sorprendido.
-¡M-me parece horrible que lo admitas! ¡Eres despreciable y cruel!
Su respiración, al igual que la de ella, se volvió acelerada. Ahí estaba, al fin, la chica que él había raptado, esa chica tímida que se olvidaba de la vergüenza cuando el enfado se hacía cargo de su razón. La chica con las mejillas arreboladas y ojos llenos de brillo.
Hizo fuerzas a si mismo para no sacar a la superficie la sonrisa de satisfacción que quería salir al verla actuar así. Se sentía excitado.
-¡¿Cómo no tenerte miedo si piensas matarme?!
-¿Qué? – Eso lo dejó completamente perdido-. Yo no voy a matarte.
-Di-dijiste que te desharías de mí-. Odiaba tener que decir ella misma esa maldita frase que tan devastada le hacía sentir.
-Lo sé, te dejaré en el puerto que más cerca nos pille cuando hayas traducido todo.
Esa frase la dejó anonada y muda en mitad del camarote. Sus ojos miraban incrédulos su rostro, viendo su mano señalada en su pálida mejilla y sus ojos inexpresivos clavados en ella como si nada.
Frunció el ceño hacía el con verdadero malestar y le dio la espalda, golpeando su rostro con su cabello al girarse.
No se podía creer que él le hubiera dicho semejantes palabras sin dejarle las cosas claras, ¿No sabía lo que habían provocado en ella? Era un hombre detestable y ruin, todo lo que se decía de él era completamente cierto.
Por lo pronto, su ronca y pequeña risa le hizo mirar atrás con recelo.
-¿Pensabas que iba a matarte? Lees demasiadas novelas, princesa-. Se cruzó de brazos mirándola con cierto aire divertido-. Esto es la vida real, no un libro de romance absurdo y sin sentido. Que ígneo de tu parte.
-¿Ingenua? Todo mi malestar ha sido culpa tuya, no he podido dormir, no he podido comer, no he podido estar un solo segundo en este barco sin sentir que en cualquier momento me ibas a matar-. Vio como sus perlados ojos empezaban a humedecerse y su nariz enrojecía por el pronto llanto-. No tienes corazón, aquí no soy una persona para ti, soy una esclava-. Las lágrimas habían salido sin poder detenerlas-. Cuando deseé un cambio en mi vida jamás imaginé que se volvería aún peor-. Encaró de nuevo su mirada sin importarle que él viera su muestra de debilidad. El dolor en sus ojos, la tristeza y desesperación, la aceptación a lo inevitable-. Te odio.
Esas dos palabras lo dejaron inmóvil, completamente helado frente a ella.
No era la primara vez que se lo decían, a lo largo de los años había recibido esas palabras exactas que ya no recordaba el número de personas que se lo habían gritado o siseado. Muchas de ellas antes de morir.
Pero nunca le importó, no lo tomaba en cuenta porque él mismo también odiaba a esa gentuza, pero ella, la princesa Hyûga, era diferente, sintió un dolor semejante en el pecho que equivaldría a una munición entera de balas atravesándole.
Ella no podía odiarle, estaba en todo su derecho de hacerlo, pero no quería que así fuera. De ser así no tendría sus sonrisas tímidas como le otorgaba a su hermano, no más sonrojos al ponerla nerviosa, ni arrebatos de valor cuando se enojaba. Solo tartamudeos sabiendo que era por miedo.
No, no quería eso, no quería sentir que ella estaba tan lejos de él a pesar de estar a su lado como cuando llegaba la hora de dormir cada noche.
-No.
Ella levantó su rostro y vio para miedo y consternación como se había acercado peligrosamente a ella. Invadiendo su zona de confort e impidiéndole retroceder al tomar sus brazos en un firme agarre.
Esa mirada intensa y obcecada la tenía completamente atrapada.
Su gritó quedó silenciado cuando la empujó hacía delante bruscamente, acercándola a él, y atrapando inesperadamente sus labios en un beso robado.
Su cuerpo se tensó cuando sintió sus labios moverse sobre los suyos. Fuerte e insistente, furioso. No supo que hacer cuando sus manos tomaron su rostro, enredando sus dedos entre sus largos mechones de cabello e invadió su boca en una húmeda intromisión.
La adrenalina la recorría al ver como la apretaba contra su cuerpo cuando la obligó a andar para atrás y toparse con la pared de madera.
No supo cuantos segundos pasaron, o si fueron minutos, cuando Gaara se separó despacio de ella sintiendo su acelerada respiración y sus labios mojados. Sus ojos entrecerrados admiraron el intenso rubor de sus mejillas y sus carnosos labios hinchados.
Una imagen en más de un sentido pecaminosa y tremendamente hermosa, hasta que la realidad le golpeó y vio lo que acababa de hacer.
Se separó velozmente de Hinata y puso distancia entre ellos de manera mecánica, observando como la peliazul se llevaba los dedos a la boca y pedía con los ojos una explicación de la que ni él mismo sabía que decir.
-Yo… puedes descansar hasta que llegue la hora del almuerzo-. Nunca en su vida había estado tan nervioso y perdido, y más con una mujer-. Estaré en el puesto de mandos por si necesitas algo.
No pudo más que asustarse cuando ella aumentó alarmantemente de color y sus ojos se fueron para atrás al mismo tiempo que su cuerpo se inclinaba hacía un lado. La atrapó antes de que su cabeza pudiera golpearse con el suelo por el desmayo.
La dejó suavemente en la cama y se dio media vuelta rápidamente tras contemplarla un par de minutos tendida tiernamente en su lecho.
Tropezó con el baúl que había a los pies de la cama cuando fue a por su sombrero y salió disparado del camarote sin mirar una sola vez atrás.
Era un idiota, su hermano no podía tener más razón cuando se lo dijo un momento antes, era un completo imbécil.
La había besado, la había acorralado en la pared y la había besado como si no hubiera un mañana. Demonios, ahora las cosas estarían tan tensas, no solo habían discutido, si no que también había tenido la osadía de robarle un beso.
-Mierda… -Maldijo en voz baja dando una patada al mástil y apretando los dientes-. No hago más que estropear las cosas.
Los deseos podían hacer actuar de manera precipitada. Sobre todo cuando el deseo provenía de emociones directas del corazón.
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trabuco*: Arma de fuego que se llevaba en la época donde esta basada esta historia.
Bueno, ya estamos a mitad del fic si mis cálculos con los capítulos y su distribución no son equivocados.
Y como podéis leer, ya se caldea la cosa, el romance ya está en el aire, y pronto los problemas también por supuesto. No hay salsa si no hay aventura ni líos de por medio ;)
Especial gracias por reviews a:
Aisha Uchiha
RukiaNeechan
Clouder
Karla- eli-chan
y
Guest
Hasta el próximo capi. Cuídense.
Publicado el 07 de Septiembre del 2014.
