¡Hola! Muchas gracias a tods los que están leyendo el fin n_n
¿Qué les está pareciendo? La verdad es que se pone interesante, ne?
Disculpen la tardanza.
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Capítulo IV
En Renta
Por Lena
Parte 4
Pasaron dos semanas sin ningún progreso en la investigación.
Todos los esfuerzos de Katze por identificar al hombre del tatuaje fueron inútiles. Trató de todas las formas que pudo pensar. Él era el pilar de bastantes datos de personas trabajando en el mercado negro y empezó su investigación buscando en ellos. Cuando eso no funcionó, se dirigió a algunos otros jefes del mercado -- aquellos pocos en los que confiaba. No podía sólo preguntarle a cualquiera si no quería que el rumor se esparciera y el tipo se escabullera. Mantener su investigación como su máxima prioridad le garantizaba la mayor eficacia posible con la menor cantidad posible de gente que lo supiera. Los jefes le dieron más datos, aunque en vano. Aparentemente, el chico no era nadie conocido por las personas que él conocía, posiblemente no era alguien que trabajara en el mercado negro. Luego, irrumpió en el registro de ciudadanos de Midas, pero había miles de chicos que respondían a la descripción de Hunk. Y al diablo si podía encontrar información más específica ahí -- como tatuajes que tuvieran o no. Finalmente revisó las ofertas de unos cuantos estudios de tatuajes de Midas, intentando descubrir qué podría ser el dibujo en la mano del tipo. La mitad de los diseños eran oblongos y una larga porción de ellos consistía en algún patrón regular. Pero ya sabía que no tenía sentido. Aún si encontraba la muestra correcta, ¿luego qué? ¿Andaría por los estudios, preguntando si por casualidad un chico de cabello verde había requerido sus servicios? Ni siquiera tenía idea de qué tan viejo era el maldito tatuaje.
Era como buscar una aguja en un pajar. Si no fuera por los rastros que había encontrado en la terminal de Hunk, habría dudado que estuvieran en el camino correcto.
Raoul no tenía más suerte. La investigación que había corrido entre su gente también se mostró infructuosa. Por supuesto que no podía examinar a todos en el Centro, había demasiados empleados, pero todos sus subordinados más cercanos y personas que podrían saber sobre el proyecto fueron revisados minuciosamente. Eso sumaba a una docena de hombres.
Ninguno de aquellos hombres tenía antecedentes o conexiones sospechosas, ninguno de ellos tenía alguna mancha en su pasado -- alguna que pudiera ser relevante en este asunto.
Además, parecía extraño que alguien de adentro usara a un hacker externo para acceder a los datos internos. Era ilógico. Así, quizá después de todo no era un topo, quizá sólo fue alguien que dejó que se le saliera el secreto por accidente.
Parecía lo más posible, considerando las circunstancias. Y era lo peor, porque si ese era el caso, Raoul no veía nada que pudiera hacer.
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Se sentó, hundiéndose en la brillantemente coloreada espuma. Echó la cabeza para atrás, recargándola contra el reposacabezas de la tina y estiró su cuerpo cómodamente. Katze vació el perfumado aceite en el agua. Mmm… almendra. Raoul sonrió. Tomó algo de tiempo sólo para acostarse y relajarse de esta forma. Sintió la presencia del impuro junto a él, esperando.
"Frota mis hombros, Katze," dijo después de unos minutos, sin abrir los ojos.
Unos ligeros pasos se aproximaron a él por detrás.
"Tienes que inclinarte hacia delante," dijo el comerciante tranquilamente pero había una sutil nota de orden en su voz. A Raoul le gustaba. Jaló su cuerpo hacia arriba y se inclinó ligeramente, descansando sus codos sobre las rodillas. Sintió que su cabello era recogido y puesto en un moño sobre su cabeza.
"Estaba en el camino," explicó Katze.
Unas fuertes manos se posaron sobre sus hombros y comenzaron a sobar los músculos de allí. Raoul mantuvo los ojos cerrados, inmerso en placenteros pensamientos. La presencia del antiguo mueble en este momento en su baño, detrás de su espalda, y sirviéndole tan hábilmente era extremadamente excitante.
Esta noche Raoul tenía un capricho. Quería que Katze actuara de mueble para él, que lo atendiera mientras se bañaba. Y aquí estaba Katze. Había preparado este exquisito y caliente baño y ahora le estaba dando este encantador masaje de hombros. Raoul cambió la escena a cada ángulo en su mente, tratando de imaginarla, dibujándola hasta el más pequeño detalle. Katze vestía su ropa informal -- jeans y una delgada blusa sin mangas. Así, el blondie continuó sus meditaciones, podía ver los musculosos brazos de Katze, el brazalete en su muñeca derecha, los mechones rojos cayendo sobre aquellos finos rasgos, y a él mismo como estaba en ese momento -- aún más hermoso.
Los dedos de Katze trabajaron a lo largo de sus hombros por un rato, luego subieron por su cuello y ligeramente sobre su cabello. Se sentían absolutamente maravillosos. Raoul inclinó la cabeza para darles mejor acceso y mostrar que le gustaba. Se permitió un tranquilo gemido. Decidió que tenía que meter más seguido a Katze en esta clase de trabajo, quizá hacerlo su rutina. Debió haber pensado antes en esto. Había perdido cerca de dos semanas de deleite puro.
Los dedos dejaron su cuello y se movieron hacia su espalda. Corrieron a lo largo de su espina, ligeramente, casi juguetonamente. ¿Era sólo la imaginación de Raoul o había algo más en este roce que tan sólo un masaje? Estaba seguro que Reo nunca lo había hecho así, nunca se atreviéndose a ir tan lejos, arriba y abajo, a casi acariciar su espalda y cuello. Nunca había tenido aquellas sensaciones cuando era el chico quien se encargaba de él. Por otro lado, Katze era más audaz por naturaleza, más experimentado y bueno, Raoul nunca había dormido en la misma cama con Reo.
De repente, con cierta inquietud, el blondie se dio cuenta que estaba teniendo una erección. ¿De veras, el simplemente pensar en Katze atendiéndolo lo ponía duro? Afortunadamente había suficiente espuma en el agua y el comerciante no podía verlo. Raoul se concentró, intentando alejar la inoportuna excitación y después de un rato tuvo éxito.
Durante aquellas últimas dos semanas de tener cerca de Katze había desarrollado más erecciones de las que había tenido en toda su vida… bueno, quizá no tantas, pero sí demasiadas. Especialmente sucedía en las noches cuando el comerciante estaba acostado junto a él. Intentar esconder un pene erecto de alguien a quien querías embestir de una sola vez era particularmente inconveniente. Tomó mucho de su autocontrol de blondie el mantener su cuerpo en forma.
"Suficiente, gracias," murmuró. "Ahora lava mi cabello."
Sólo escuchó un tranquilo, ligeramente exasperado suspiro detrás de él, pero luego Katze procedió a hacer lo que le ordenó. Raoul se deleitaba con cada acción -- en el agua goteando de su cabeza, en los dedos masajeando su cuero cabelludo, calentando el frío tacto del shampoo…
"Inclínate hacia atrás," ordenó Katze cuando había lavado el cabello, enjuagado, y puesto acondicionador. Raoul hizo lo que le dijo, recargándose otra vez. El mestizo mantuvo arriba el velo de su cabello y lo puso en la orilla de la tina detrás de él. Un momento después el blondie sintió unas cepilladas en su cabello, peinándolo lentamente, cuidadosamente.
"Mmm…espléndido," murmuró, pero no hubo respuesta.
Tomó otros pocos, deliciosos minutos. Finalmente Katze alejó el cepillo. Pero Raoul no tenía ganas de terminar el baño, no aún.
"Siéntate conmigo un rato," dijo.
El pelirrojo lo sorprendió cuando se echó sobre sus rodillas al lado de la tina en la pose típica de los muebles. Raoul se le quedó viendo.
"No tienes que arrodillarte en el suelo. Toma la silla."
"Está bien," dijo Katze, manteniendo abajo sus ojos. "Supongo que lo prefieres así."
Casi le provocó otra erección a Raoul, pero luchó contra ella con los últimos fragmentos de su voluntad.
Se quedaron así sentados por un rato, en silencio. Raoul se sentía demasiado relajado como para preocuparse por pequeñas charlas, se suponía que los muebles no tenían permitido hablar si no se les pedía. Fueron diez, quizá quince minutos más tarde cuando decidió que había tenido suficiente y le ordenó a Katze que le ayudara cuando saliera de la tina.
Obedientemente, el comerciante abrió el desagüe y prendió el calentador para que el cuerpo de Raoul no sufriera el cambio de temperatura. El blondie mantuvo los ojos cerrados. Escuchó al eunuco alcanzar la ducha y sintió la cálida corriente de agua caer sobre su piel, enjuagando los restos de espuma y jabón. Perfecto, Katze sabía cómo atender sus necesidades sin necesidad de recibir instrucciones. No todos los muebles tenían aquellas habilidades. El pasado tan evidente del comerciante llenó a Raoul de alegría.
Se sentó completamente desnudo, exponiendo su cuerpo a la caricia de la ducha y a la cálida brisa de la ventilación. No se sentía avergonzado. Él, desnudo, frente al completamente vestido mueble. Era una situación normal, ¿quién iba a servir a la elite durante el baño sino un mueble? Los muebles no eran algo para avergonzarse -- sólo eran piezas decorativas. Y con Katze era todavía mejor. Raoul no sólo no sentía vergüenza. Estaba este placer tan particular de ser capaz de mostrar su propio cuerpo, de alardear de él. Sabía que su físico era perfecto. Sabía que Katze lo admiraría.
Y vaya que Katze lo admiraba -- igual que durante su primera noche juntos, cuando vio a Raoul desvestido por primera vez. El imperioso hombre acostado frente a él no era nada menos que pasmoso. Katze ya había aceptado el tener cerca a Raoul más seguido que a Iason. Ya no sentía esta nerviosa decepción de mirar ojos verdes en vez de azules, ver el profundo dorado del cabello, en vez de rubio platinado. Ahora que conocía mejor la cara de Raoul, podía hacer una mejor comparación. La línea de la mandíbula de Raoul era más angulosa, la nariz más pequeña y las cejas más delgadas y algo rectas, sin el arco de Iason. Ahora podía ver todo esto, al ver los casi angelicales rasgos de Raoul completamente expuestos, sin el velo de cabello cubriendo parte de ellos y tuvo que reprimir un repentino afán por tocar esa cara. Tenía que ser agradable -- tocar algo tan hermoso, sentir aquellas exquisitas líneas bajo sus dedos. Algunas veces se preguntaba si Raoul no era más hermoso que Iason. Por supuesto, todo esto era estrictamente estético, no era que sus sentimientos fueran a cambiar.
Y el resto del cuerpo… Katze tenía que admitir que completamente desnudo Raoul lucía aún mejor que vistiendo sólo su pantalón. Ahora podía apreciar plenamente lo perfectas que eran las proporciones de la figura del blondie. La línea de la cintura se ensanchaba un poco mientras seguía hacia abajo por la cadera, y después, más abajo, estaban aquellas largas, delgadas, casi lampiñas piernas. Solamente había una parte de la anatomía de Raoul que de alguna forma no le gustaba a Katze. En realidad no sentía ganas de ver lo que el blondie tenía entre las piernas. Antes pudo mantener alejada la vista -- usó la excusa de andar buscando algo por el baño y estuvo de espalda la mayor parte del tiempo mientras Raoul se desvestía, antes de que su cuerpo se hundiera en el agua. Ahora simplemente no había forma de no verlo, y la vista hizo que Katze se estremeciera. Había escuchado que todos los elite estaban bien equipados. Bien, Raoul no era la excepción.
Unos minutos más tarde se cerró el agua y la ducha fue puesta en su sitio. Raoul abrió los ojos perezosamente. Katze ya lo estaba esperando con una enorme toalla en sus manos. El blondie se levantó y salió de la bañera. Dejó que las habilidosas manos secaran su cuerpo y pusieran una cálida y larga bata sobre sus hombros.
"Eras un buen mueble, ¿verdad?" ofreció.
"Iason nunca se quejó."
"Iason siempre te alababa," sonrió Raoul. Con paso seguro se movió hacia la puerta. Katze lo siguió en silencio.
"Prepárame un trago," ordenó en la habitación. Tomó un libro que esperaba por él en el escritorio y se dirigió a la cama. "Dejo los ingredientes a tu invención," añadió, estirándose cómodamente en el colchón.
Un momento después la bebida fue puesta en la mesita y Katze permaneció de pie al lado, viendo hacia abajo con anticipación. Raoul levantó sus ojos hacia él.
"¿Ahora puedo regresar a mi trabajo?" preguntó el pelirrojo.
"Por supuesto. Sólo regresa a la media noche, ¿lo harás?"
"Seguro," resopló Katze y se fue.
Raoul echó una mirada al reloj. Una hora y media. Cerró los ojos y la imagen de Katze -- y lo que estaría haciendo ahora -- vino a su mente por su propia voluntad. Vio al comerciante sentado frente a la pantalla, escuchó el castañeo del encendedor. Vio a Katze reanudar su actividad favorita con su cigarro favorito en la mano. Se permitió contemplar aquellos pequeños placeres de la vida por un momento y luego procedió a desfogarse en sus propios pequeños placeres con deleite.
Raoul estaba extremadamente complacido con la noche. Envuelto en la cálida bata, con un buen libro en mano, una deliciosa bebida junto a él y un seguro mestizo pelirrojo sólo a una o dos paredes lejos, se consideraba un hombre muy afortunado.
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Y cuando unos minutos después de pasada la media noche Katze estuvo de regreso, vistiendo sus pijamas como siempre, Raoul ya no pensó en contenerse más. El pensamiento lo había estado atormentando desde hace ya un buen rato y finalmente había tomado una decisión.
"Desvístete. Hoy dormiremos desnudos."
Katze se tensó, mirándolo con los ojos bien abiertos. "¿Qué…?"
"Me escuchaste."
El comerciante retrocedió un paso, pero se detuvo ahí. Sus labios temblaron. "Preferiría que no."
"Lo siento, no voy a discutirlo." Repentinamente Raoul estuvo irritado por la reacción de Katze. "Escucha, no intento hacerte nada. Sólo no veo una razón para vestir aquello," apuntó al mestizo con su barbilla, "desde que ya nos vimos. No traigo puesta mi pijama y tampoco no me dan ganas de ponérmela."
¿Después de todo, qué tenía de malo? Sólo quería usar la ocasión para probar algo que estaba molestando a su curiosa mente. Algunas veces dormía desnudo cuando estaba solo. ¿Por qué no debería dormir desnudo con Katze?
Apartó el libro, se levantó rápidamente y deslizó la bata por sus hombros, dejándola resbalarse en una arrugada pila sobre la alfombra. Se sumió bajo los cobertores, sintiendo la suavidad contra su piel desnuda y le dirigió a Katze una mirada retadora. Ahora eso le mostraría al impuro que su decisión era definitiva.
Katze lo veía fijamente, congelado en su sitio.
"Desvístete y entra a la cama," repitió Raoul.
El pelirrojo suspiró. De mala gana, bajó el cierre de su blusa y la dejó caer al piso. El pantalón la siguió rápidamente y Katze se deslizó bajo las sábanas con una casi aterradora prisa. Raoul lo estudió, recargado en su codo.
"¿Estás tan avergonzado de tu cuerpo que lo escondes incluso frente a una persona que ya lo ha visto?"
"Definitivamente no hay nada en él para sentirse orgulloso," murmuró Katze tristemente, su miraba escapaba de la de Raoul.
"Tonterías, no creo que de verdad pienses lo que estás diciendo."
Sin embargo, él sabía que esa actitud era muy común entre los muebles. Como biólogo había leído unos pocos estudios de la psicología de los muebles y estaba familiarizado con el problema. Su situación no era fácil. Tenían que acostumbrarse a su mutilación, a vivir sin sexo, siendo tratados como aparatos asexuales en un mundo donde el sexo era uno de los aspectos más importantes de la vida. Negar su propio cuerpo era una manera simple de lidiar con eso. Aún así, las palabras de Katze irritaron. Eran tan ridículas…
Se acercó más al comerciante y puso sus brazos alrededor de él. La sensación casi lo mandó a volar. Oh si, era diferente, completamente diferente. Katze se estremeció y se tensó cuando sus cuerpos entraron en contacto, y Raoul también se estremeció.
"Oh, Júpiter," gimió. En ese momento, se sentía demasiado mareado para preocuparse de sus palabras.
Otra vez estaba erecto, claro que lo estaba, pero ya no le importaba. Ya no podía retroceder. Ahora no había nada que quisiera más que jalar a Katze mucho más cerca, apretarlo más fuerte. El mestizo debió sentir su erección -- estaba presionada desvergonzadamente contra su espalda, pero no dijo nada. Sólo estuvo acostado y tieso en el anillo de los brazos de Raoul, y el blondie dudó si debería comentarlo.
"Perdón por eso," y sin embargo se encontró diciendo. "No…es nada. Pasará."
"Sí," murmuró Katze débilmente, sin mucho sentido.
Raoul se resignó ante la maravillosa sensación del cuerpo desnudo contra el suyo. Aflojó los brazos y abrazó a Katze con uno solo y puso la otra mano en el costado del comerciante. El músculo bajo la piel tembló ligeramente.
"Shhh, tranquilo, te dije que no haría nada. Sólo quiero sentir…por un momento."
Llevó su mano hacia abajo, saboreando la sensación de piel bajo su palma. Se deslizó en el cuenco formado por la cadera. Sus dedos rozaron la delicada piel en lo sinuoso de la pelvis de Katze y fueron aún más abajo, a lo largo de los músculos del muslo.
"Se siente bien, ¿verdad?" Raoul lo dijo más para él que para Katze, pero eso fue todo. Raoul quitó su mano del costado del impuro y cerró los brazos otra vez. Su sexo estaba ufanamente erecto pero lo ignoró. La verdad no había nada que pudiera hacer esta vez.
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El comunicador zumbó unos minutos antes del mediodía. Raoul contestó automáticamente, interrumpiendo su trabajo, y sólo después de presionar el botón revisó quién estaba llamando. Shisei Kano. La pantalla centelleó, mostrando una hermosa cara del elite plateado.
"Raoul, hola," habló el plateado.
Raoul sonrió y en parte era sólo una sonrisa de negocios. Inclinó la cabeza, saludando a su asociado. "¿A qué debo el placer, Shisei?"
Kano sonrió con desdén. "Qué, sólo quería ver tu rostro."
"Claro," Raoul se inclinó galantemente. "Y la verdadera razón."
El otro hombre se puso más serio, pero un rastro de su sonrisa permanecía en sus labios.
"La oferta que te envié. Quería saber qué pensabas de ella."
La oferta de Kano, claro, Raoul recordó. "Todavía no hemos tomado una decisión sobre las ofertas, pero te diré algo. La tuya de verdad atrapó mi atención. Me gustó. Ya estoy listo para aceptar. Aunque tendría que discutir unos pequeños detalles contigo."
La cara de Shisei se iluminó. "Genial. Eso es exactamente lo que tenía en mente. ¿Qué tal una reunión? ¿El martes?"
Era viernes, la reunión sería en cinco días. Raoul no tenía ningún plan para esa fecha.
"El martes sería perfecto."
"Haré una reservación en el Vultain. ¿A las 17:00? Yo pago. Me gustaría llevar a un amigo, ¿así que qué tal una mesa para cuatro? ¿Para que tú también puedas llevar a alguien? Nos reuniremos, hablaremos, juntos pasaremos un rato agradable, negociando."
Raoul sonrió. "Por mí está bien."
Habiendo arreglado eso, se despidieron y desconectaron. Raoul se recargó en su sillón y se permitió meditar más sobre ello. De hecho estaba ansioso por la reunión. Le agradaba Shisei Kano. El chico era un valioso colega, y una amable persona con la que hablar. Y ahora, desde que el problema con el hacker parecía haber llegado a un callejón sin salida, ya no había razón para poner sus demás negocios de lado. Era tiempo de regresar las cosas a su curso normal. Y el problema…quizá, después de todo, era una falsa alarma. Nadie había intentado contactarlo respecto al asunto, y en conjunto nada terrible había pasado desde que irrumpieron -- desde hace casi ya tres semanas. Y algo debía haber pasado, ¿verdad? Tal vez el asunto moriría de muerte natural. Raoul de verdad esperaba eso.
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Las siguientes noches fueron el cielo y el infierno.
Desde la primera noche que durmieron desnudos, nunca volvieron a usar la pijama en la cama. Raoul fue sincero con sus palabras y no intentó forzar a Katze a nada. Todo era exactamente como antes, con la pequeña excepción de la ropa. Desde el paso que ya había dado, Raoul no veía ningún sentido en dar marcha atrás. Ni tampoco quería hacerlo.
Técnicamente era la mejor combinación. Estaba aprovechando la situación tanto como podía sin romper las reglas. Estaba durmiendo con otro hombre en la misma cama, desnudo y abrazándolo. Estaba a tan sólo un diminuto paso de la línea, pero no la cruzaba. Aún podía considerase un observante de la ley, no se deshonraba a si mismo. Era provechoso. Bueno, debía serlo.
Katze no tenía más opción que morder el plomo. Después de una débil protesta la primera noche, nunca había intentado quejarse. Aceptó su destino en silencio y mientras pasaba noche tras noche tranquilamente, lentamente volvió a relajare.
Lo que Katze no sabía, era que esa paz era sólo aparente. En su mente Raoul no estaba para nada tranquilo. Sus pensamientos eran extensos, tomando casi el mismo camino cada noche.
Cada vez que se acostada detrás del comerciante y sus caderas estaban tan cerca, tenía la misma devastadora idea. Era suficiente para hacer un movimiento, para cerrar esas pocas pulgadas y ser capaz de hundirse en las dulces profundidades del cuerpo de Katze. Para descubrir qué se sentía, descubrir el secreto que lo atormentaba. Y ahora, cuando ni siquiera la delgada tela de la pijama los separaba, este pensamiento se hizo más fuerte. Tenía todo al alcance de sus brazos. Podía intentarlo a toda costa. Nada lo detendría.
Nada excepto su propio sentido de moralidad y estaba trabajando a toda marcha cada noche, tratando de preservar la decencia de Raoul. El sexo era deshonroso, se repetía a si mismo, recordando las frases que le habían enseñado cuando niño. Bajo, primitivo, de animales, carnal. Era una actividad para los seres inferiores. Él, un blondie, debería ser superior.
Pero también había otra parte de él, diciéndole que romper las reglas una vez no sería una gran tragedia. No lo haría más indecente de lo que ya era. La decencia no sólo era sobre las acciones de uno, era más sobre la mente. Y su mente ya estaba corrompida. Encontrar una respuesta lo tranquilizaría. Cruzar la línea, enredarse en esa obscenidad -- sólo una vez -- podía ayudar a su moralidad. Traería alivio, aclararía su mente de estos notables pensamientos.
Y además, Iason se deleitaba con esta obscenidad cada noche. ¿Y qué? En realidad nada pasaba. No afectaba su cabeza fría en el trabajo, no destruía su astuto, encantador trato con la gente. No le salieron cuernos de repente ni parecía para nada deshonrado. Si su posición social sufría era sólo porque el mundo exterior no podía aceptar los rumores de su conducta, no porque Iason hubiera cambiado. Y Raoul sólo lo haría una vez. Después de eso se detendría, y definitivamente no dejaría que nadie lo supiera.
Por supuesto, sabía que había otra solución a su tormento. Podía desprenderse de todo esto, hacer que Katze volviera a usar su ropa de noche otra vez, o aún mejor -- enviarlo de regreso a su habitación, a su casa, y nunca más dejar que se acercara. Sería seguro, sería razonable y los pensamientos se irían después de un tiempo. Pero no podía hacerlo. ¿Entonces?
Unas pocas veces después de tal conclusión estaba casi listo. Incluso había preparado sus caderas para penetrar, para hacer ese pequeño movimiento que no le costaría nada. Pero no, eventualmente siempre permanecía quieto. Estaba agarrando a su atormentada moralidad tan fuerte como podía.
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Katze no entendía porqué Raoul había decidido llevarlo a la reunión.
"Es decir, deberías llevar a alguien que sepa del caso, alguien del Centro," dijo cuando el blondie le avisó que iban a salir y para qué.
"No necesito a alguien para negociar. Necesito compañía. Parece que Kano quiere una agradable noche juntos, y tú serás mucho más interesante que cualquiera de mis asistentes."
El cumplido hizo que Katze sonriera con desdén.
"No soy un elite. Llamaré la atención."
"Oh, deja de quejarte, Katze." Ahí estaba otra vez el alegre Raoul que algunas veces veía Katze. "Quiero presumirte un poco en un lugar público. Quiero que todos vean al hombre tan encantador que tengo a mi lado. ¿Por qué no debería?"
¿Presumirte? ¿Como si quisieras presumir a tu nuevo amante? Otra vez Katze estaba desconcertado por la actitud de Raoul, pero no dijo nada. De todas maneras eventualmente pasaría. La gente descubriría, de una forma u otra, que había cierto pelirrojo cerca de Raoul. Quizá alguien lo reconocería como el no-elite que antes había estado cerca de Iason. Probablemente nadie sospecharía nada impropio al principio. Lo harían, sin embargo, si Raoul decidía presumirlo más seguido.
Y no es que a Katze le molestara comer en el Vultain, oh no. Era uno de los más costosos, más exclusivos restaurantes en Tanagura. Aunque él podía brindarse el lujo de cenar en tal lugar, dicho, una vez a la quincena, con su pobre ID de mueble ni siquiera pasaría de la puerta. No sin su amo. Aunque este particular hecho no era inusual. La mayoría de las tiendas de Tanagura y Midas no servirían a alguien sin una tarjeta de identificación de ciudadano. Incluso en aquellos pocos en Eos que abrían sus puertas a los muebles, altas cimas serían levantadas para un hombre de veintiséis años siendo él uno de ellos.
Era gracioso, algunas veces pensaba Katze. La mayoría de los muebles de Eos, después de su tiempo de servicio, recibían su ciudadanía -- con notificación de su anterior ocupación claro, pero la recibían. Era una recompensa que todos esperaban. Salir del ghetto, ser capaz de empezar una vida normal en Midas. Iason había sido muy astuto en la forma que había arreglado el destino de Katze después de descubrir su ofensa. Lo había hecho su mano derecha en el mercado negro, pero nunca le concedió permiso para convertirse en ciudadano. Por mucho que fuera una manera de demostrar su aprecio por los talentos de Katze, también era otra parte del castigo. Katze tenía más dinero y más poder que la mayoría de los ciudadanos de Midas, pero estaba encadenado a los mercados clandestinos. Y a Iason.
Vultain pareció aún mejor de lo que había esperado, inmerso en una atmósfera de agradable intimidad. Los lugares parecían acogedores, las mesas estaban separadas entre sí por altas plantas y divisiones. Incluso había más mesas en las galerías repartidas arriba del primer piso.
"El Sr. Kano y su acompañante han llegado," anunció el mueble, habiendo recibido a Raoul con zalamería y reverencias. "Por favor, síganme."
Los guió a través de las mesas. Katze caminaba un paso atrás de Raoul, cargando un maletín con los papeles del blondie, echando furtivas miradas y sintiéndose inmensamente estúpido. No estaba seguro de cómo comportarse. La clientela del restaurante era la elite más exclusiva. Sólo notó a dos personas que lucían como ciudadanos -- aunque extremadamente ricos -- comunes. Algunos de los clientes habían llevado a sus mascotas. Vestidos ridículamente escasos, a los pies de sus amos. Katze también intentó mantener la cabeza agachada, aunque no tenía idea de si eso era lo que se esperaba de él.
Pasaron por el enorme salón y entraron a un pequeño corredor con unas pocas puertas de cada lado. Entonces al menos iban a cenar en una de esas habitaciones privadas. Era considerado un símbolo de un alto estatus aun entre la elite. Vaya logro para un impuro como él.
Su guía los dejó en la puerta más cercana a la derecha, hizo una reverencia y se fue en silencio. Entraron. La habitación era pequeña, elegante, iluminada por una suave y tenue luz. Había dos sillones en lados opuestos de la mesa ovalada, sobre uno de ellos -- de frente a la entrada -- estaban sentados dos hombres. Se levantaron cuando Raoul y Katze entraron. Uno de los hombres era un elite plateado, el otro… Katze no estaba seguro de si lo era o no.
"Raoul, es un placer verte," el plateado inclinó la cabeza, sonriendo. "Un poco más de dos meses desde la última vez que nos vimos y ya había empezado a extrañarte."
El blondie rió ligeramente. "También es un placer verte, Shisei."
"Él es Lucius Raimi," Kano movió la cabeza hacia su compañero. "Mi compañero de negocios y querido amigo."
"¿Lucius Raimi?" Raoul saludó con la cabeza. "No había escuchado ese nombre antes. No eres de Tanagura, ¿verdad?"
"Así es, Sr. Am. Vengo de Daars. Es donde nos reunimos con Shisei hace unos meses."
"En mi profesión tienes que viajar mucho," Kano le dirigió a Raoul una desarmadora sonrisa. "Pero vamos," su sonrisa se ensanchaba mientras movía la vista a Katze, "preséntanos a tu acompañante."
"Él es…" de repente, Raoul dudó, "mi asistente. Katze."
Sí, Katze, y nada más. Como mestizo y un no-ciudadano Katze ni siquiera tenía apellido. Debió parecerles extraño a los otros dos que Raoul no mencionara el nombre completo de su asistente, pero cuales fueran los pensamientos que tuvieran, los dejaron discretamente sin decir. Bueno, después de todo un asistente no era nadie importante. Mucho menos su nombre. Podía pasar por alto.
Intercambiaron la esperada reverencia con Katze y finalmente tomaron asiento.
"Genial," dijo Kano alegremente. "Ya que pasamos las formalidades, comamos algo."
Lo hicieron. Kano y Raoul se metieron en su discusión de negocios. De vez en cuando Lucius se unía a la conversación, aparentemente estaba envuelto en lo que los otros dos estaban hablando. Katze estaba limitado a hurgar en el maletín en algunas ocasiones cuando Raoul le pedía algunos documentos y le daba el indicado o leyendo el fragmento que le pidiera. Pero la verdad que difícilmente entendía y tampoco intentó hacerlo.
Dispersando la deliciosamente preparada comida por el plato y escuchando la biblia de plática, se sentía completamente fuera de lugar. Pero como tampoco había mucho para que hiciera, tomó buen tiempo para tener una buena vista de sus acompañantes.
Los dos eran hermosos, pero eso difícilmente era sorprendente. Eran más o menos de la edad de Raoul, no más de treinta.
Kano tenía la sonrisa más brillante y la compartía generosamente. Su cabello era blanco nacarado y todavía más ondulado que el de Raoul. Vestía en la moda típica -- ataviado con una vistosa horquilla plateada que mantenía los mechones en orden detrás de sus orejas. El otro hombre… ahora Katze entendió porqué al principio no pudo decir si Lucius era un elite. Daars era una de las pocas colonias espaciales de Amoi, la más grande. Pero cuando ignorabas el hecho de que para llegar ahí era necesario tomar un día de viaje en nave espacial, en realidad no era tan diferente a cualquier otra ciudad del planeta.
Todas las ciudades de Amoi, incluyendo a las colonias, formaban una Federación con Tanagura como su capital. Compartían la forma de gobierno, la moneda, el idioma, y también el sistema de clases sociales -- cada ciudad tenía su elite que ejercía poder y habitantes normales que eran súbditos de ese poder. Pero -- como era natural -- el aislamiento causaba que cada ciudad desarrollara sus propias costumbres. La división entre elite y el resto de la humanidad no era tan fuerte como en Tanagura. El hábito de tener mascotas humanas, nacido en Tanagura, fue abiertamente condenado al principio. Sólo después los elites estuvieron tentados a adoptarlo, pero nunca se volvió tan popular como aquí.
La moda también era diferente. El cabello de Lucius era azul cielo y corto -- esto último hacía posible que le confundieran por un ciudadano de clase media. También su ropa parecía más común, comparada con los trajes que vestían los de clase más alta de Tanagura. Pero era un elite, Katze no necesitaba más que un segundo vistazo para decirlo. Era alto, con un cuerpo finamente proporcionado y la clase de perfección en sus rasgos que sólo puede ser vistas en los rostros de los elite.
¿Qué tan feo debía verse Katze sentado aquí entre ellos? Con esta cara pálida y demasiado angulosa y la cicatriz en su mejilla. Estaba consciente de que su mirada no era la única que hacía curiosas indagaciones. Sentía los curiosos vistazos de Lucius lamiendo su cuerpo una y otra vez, cuando no estaba participando en la conversación. Se devanó los sesos por lo que el chico estaba pensando. Había adivinado que Katze no era un simple no-elite -- lo que era obvio, ¿pero algo aún más bajo?
Pronto recibió su respuesta de la forma más indeseable, cuando los ojos de Raimi se detuvieron repentinamente sobre su muñeca y las cejas azules se surcaron. El brazalete -- debió haberse visto por debajo de la manga, pensó Katze. Maldijo para si y pretendió no notar nada. Pero tan pronto como la mirada del hombre lo dejó, cambió de posición, sacando la mano de la vista, intentando parecer absorto en la conversación. Escuchó la tranquila risa de Lucius.
"¿Y el párrafo sobre mí dando mi recomendación sobre tu nueva empresa? ¿De qué se trata?" preguntó Raoul.
"Bueno, es una parte del proyecto. Tengo unos pocos planes a los que quiero darles vida. Quiero expandir las influencias de la Empresa a nuevos campos. Si mi compañía se hace más próspera, también te beneficiarás de ello. Y tu nombre definitivamente me ayudaría. Después de todo eres llamado el segundo hombre de Tanagura. Y en el campo de la ciencia biológica -- el primero."
Raoul sonrió ante el halago. "Cada ciencia tiene su primer hombre, y ninguno de esos hombres es menos importante que yo. Lo que me coloca sobre ellos es, en realidad, mi amistad con Iason y nada más. Y tu compañía es próspera, Shisei."
Eso era cierto. Katze recordó lo que Raoul le había dicho sobre Shisei Kano. El hombre era el propietario de una gran compañía de suministros que proveía a centros científicos y médicos con equipo de primera clase. Su influencia iba más allá de Tanagura, tenía clientes y camaradas en muchas ciudades de Amoi. Kano era considerado un hombre muy habilidoso y muy inteligente hombre de negocios. También muy trabajador. Tal vez no era tan poderoso como Iason o Raoul, pero tampoco tenía razón para quejarse. Después de todo, los elite plateados estaban sólo un escalón debajo de los rubios.
"Además, tu nombre hace maravillas, Raoul," dijo Kano y la comisura de sus labios se elevó amablemente. "Y no sólo aquí en Tanagura, sino en cualquier lugar del planeta."
"Tus elogios son excesivos," Raoul movió su mano desechando lo dicho, pero era claro que el cumplido estrujó el ego del blondie. "Pero por supuesto, creo que es una buena idea. Con gusto daré fe de tu nueva empresa."
Kano le obsequió a Raoul su más simpática sonrisa. "Eso será maravilloso. Gracias. Naturalmente, serás notificado por adelantado de todas mis nuevas tareas, así que si no te gusta ninguna de ellas, siempre podrás rehusarte a afianzarlas. Y claro que te pagaré por darme crédito."
"Oh, eso no sería necesario. Confío en tu buen nombre. Eso es suficiente para mi."
Continuaron así por uno pocos minutos más, hasta que decidieron que todo estaba arreglado. Ambos estaban claramente satisfechos con el acuerdo y estrecharon las manos, sonriendo. Acordaron otra reunión, esta vez en la oficina de Raoul, para firmar el contrato. Luego la conversación se volvió hacia temas más generales. Al fin les pusieron más atención a Katze y Lucius. Aun así, el comerciante intentó quedarse en silencio. Sería muy irrespetuoso si hablara libremente ante tal compañía.
"Cuando viajas alrededor de las ciudades," decía Kano, "obtienes un punto de vista diferente sobre las cosas. Como aquellas reglas establecidas por Júpiter. En ningún lugar son tan estrictamente respetadas como en Tanagura. Y cuando las ves desde una perspectiva diferente, la verdad es que empiezas a encontrarlas extrañas, por decir lo menos."
"¿Si? ¿Cómo qué?" La voz de Raoul sólo era ligeramente retadora, más que nada era curiosa.
"El ejemplo más sencillo. Mascotas. No es que tenga algo en contra de tener mascotas, las amo. Pero trata de considerarlo con la mente despejada. ¿No lo encuentras un poco perverso? ¿Tener mascotas humanas? Te diré lo que pienso de ello. Es sustitución, nada más. No tenemos permitido tener sexo, es por eso que disfrutamos tanto ver a otros humanos haciéndolo."
"Por lo que dices, parecería que en otras ciudades los miembros de la elite tienen sexo."
Kano se recargó sobre la mesa y bajó su voz conspiradoramente. "Todavía es un tipo de tabú, pero entre nosotros cuatro -- sí. No es tan raro que en otras ciudades, Daars por ejemplo, la elite hasta tenga pairing partners." Movió la vista hacia su acompañante y su expresión se suavizó afectuosamente. Katze no pudo evitar sentir que lo hizo apropósito. "¿No es así, Lucius?"
Lucius sonrió por primera vez en la noche, directo a Kano. "Así es exactamente, Shisei."
Raoul lucía como si le hubieran dado un fuerte golpe en la cabeza. Se recargó en su asiento y veía a los otros dos con los ojos desorbitados.
"No puedes hablar en serio."
"Me temo que sí, Raoul." Katze no supo porqué dijo eso. ¿No se suponía que debía estar callado? Pero algo en la sorprendida expresión de la cara del blondie hizo irresistible que se uniera.
Kano y Lucius al fin apartaron la mirada y la movieron hacia él. Raoul también le echó un vistazo.
"¿Y cómo lo sabes?" preguntó, un poco indignado.
"Conozco unas pocas personas en Daars. También en otras ciudades." Katze se permitió un vistazo en dirección a Raoul, pero mantuvo la voz baja. Al menos podía evitar ser acusado de falta de respeto. "He escuchado los rumores."
"Veo que tu amigo es un hombre de mundo," dijo Kano aprobatoriamente. "¿Has viajado mucho, Katze?"
"No, no realmente, señor," el comerciante le dirigió una educada sonrisa. Estaba sorprendido de que el elite tomara interés en lo que dijo en vez de sólo ignorarlo. "De hecho, difícilmente dejo la ciudad. Principalmente mantengo contacto con esas personas a través de Internet."
"Katze no sólo es mi asistente," añadió Raoul. Katze volteó a verlo, escuchando un extraño tono de orgullo en su voz. "También es un independiente hombre de negocios. Bastante influyente diría yo. Aunque principalmente trabaja con la computadora. Es extremadamente inteligente con las terminales y la programación."
"Entonces creo que encontraría un área común con Lucius," Kano rió. "Mi amigo es el mejor experto de computadoras que conozco."
Lucius sonrió. Los hermosos ojos azul cielo iban perfectamente con su cabello, fijos en Katze. "Pero dinos, Katze, no eres un elite, ¿verdad? Vi un brazalete en tu muñeca. ¿No es…perdóname si te ofendo de alguna manera…el brazalete que usa un mueble?"
La tensión que repentinamente cayó sobre la mesa era agobiante. Otra vez todas las miradas estaban puestas en Katze. Kano estaba perplejo, Lucius satisfecho de sí mismo, y Raoul…perdido, saltando de él al elite azul, y viceversa. El comerciante maldijo para sus adentros. Maldito blondie, esto era su culpa. Había sido capricho suyo ponerle la pulsera a Katze, fue él quien quiso traer a un impuro a tal lugar.
Agachó la cabeza. ¿Qué más podía hacer sino admitir la verdad?
"No me ofende, señor, así es como es."
Se estremeció con el sonido de su voz. Mierda, era tan inútil, tan…mueble.
La ceja de Kano se levantó. "¿Hiciste a un mueble tu asistente, Raoul? Y… ¿no es un poco grande para ser uno?"
Raoul negó con la cabeza fervorosamente. "No es tan simple, Shisei, Katze es un hombre realmente listo y talentoso. Cuando ves a alguien así, no importa cuáles son sus orígenes. Sería un desperdicio no usar esos talentos."
Por un largo momento Shisei Kano estudió a Raoul seriamente. Luego, inesperadamente, rió.
"Oh, Raoul, no intento cuestionar tus motivos o, por Júpiter, criticarte. Todos aquí somos gente moderna. No tenemos prejuicios contra alguien sólo por sus orígenes. Y si encuentras talentoso a tu amigo pelirrojo, yo confío con certeza en tu juicio. Especialmente," Kano guiñó con complicidad al blondie, "cuando es tan guapo."
Raoul se movió incómodamente en su sitio y Katze sintió un cálido sonrojo en sus mejillas. Kano rió otra vez, y de repente el comerciante tuvo la sensación de que el hombre frente a él no era otro que Iason.
Después la conversación fue dirigida a los temas seguros. Esta vez Katze estaba decidido a mantener la boca cerrada. Aparentemente, hablar no le traía nada bueno. Pero Kano no parecía estar de acuerdo con esta decisión. Se dirigía a Katze, haciéndole preguntas. Era claro que intentaba involucrar al comerciante en la conversación. Y aunque su mirada era de alguna forma altanera y su voz ligeramente burlona, Katze no le tenía rencor. Después de todo, ¿de qué otra forma le hablaría un elite a un mestizo? Ya era un honor que le hablara.
Afectuosas miradas y pequeñas sonrisas iban y venían entre Kano y Lucius. Sus manos se tocaban aparentemente por accidente una y otra vez. Era bastante obvio que estos dos eran íntimos. Y la verdad no trataban de esconderlo. Muy al contrario, eran bastante demostrativos. Observándolos, Katze repentinamente recordó las palabras que Raoul dijo más temprano esa noche. Quiero presumirte un poco.
Raoul también parecía haberlo notado. Al principio lucía nervioso, observando a los dos hombres con el ceño fruncido. Pero conforme pasó el tiempo, se tranquilizó. Y como ninguno de sus dos acompañantes parecían tener problemas por tener a un mestizo en la mesa, se relajó aún más y de hecho parecía complacido con la situación. Katze se encontró con sus ojos unas pocas veces y el blondie le sonrió. Bastante extraño -- aquellas sonrisas no eran otra cosa sino condescendientes.
Dos horas más tarde se levantaron de la mesa entre pequeñas conversaciones y risas.
"Planeo hacer una fiesta para celebrar nuestro nuevo trato," dijo Kano. "En unas tres semanas, cuando todo esté hecho. Voy a invitar a la crema y nata de la ciudad. Serán bienvenidos de llevar a sus mascotas, así que tal vez organicemos un pequeño show. Y tú, supongo, querrías llevar a tu encantador asistente contigo."
La indirecta era bastante clara. Katze se estremeció con incomodidad, pero Raoul sólo sonrió.
"Me encantaría llevarlo, gracias."
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En el auto Raoul cerró los ojos y exhaló, recargando la cabeza en el respaldo. Katze estaba tras el volante. Tenía que haber algo sobre la forma en que el pelirrojo conducía un auto, ya que a los dos -- él e Iason -- les gustaba usarlo como chofer aunque sus limosinas estuvieran equipadas con pilotos automáticos.
No quería sentarse atrás, así que se acomodó al lado del comerciante. Escuchando el tranquilo zumbido del motor, dejó que su mente repitiera las escenas de la reunión. Maldita sea, estaba confundido. Quizá no era muy acertado para leer el lenguaje corporal y era completamente inexperto en el campo de las relaciones humanas, pero no estaba ciego ni era estúpido. Y lo que había visto y escuchado esta noche tambaleó por completo su punto de vista sobre las cosas. Estaba sorprendido de que a pesar de eso lo disfrutó. ¿O tal vez…era gracias a eso?
"Dime, Katze," habló en un impulso. "No estaba equivocado con lo que vi. Ellos son pareja, ¿verdad?"
"Eso creo," respondió el impuro. "Y bastante demostrativa."
"Eso creí."
Entonces, Shisei Kano tenía un amante. Entonces, una gran parte de la elite de otras ciudades tenía parejas. Extrañamente, esto último no lo sorprendió tanto como lo primero. Lo que pasaba en otras ciudades no importaba. Estaban muy lejos, separados de Tanagura por miles de desiertos. Eran minoría. Dio por sentado su código de conducta, así que aun romper esa restricción por algunos de la elite no era tan sorprendente. Y de todas maneras -- ¿por qué le importaba? Ni siquiera conocía a esas personas.
Pero conocía a Kano. Kano era de Tanagura. Y repentinamente el pensamiento de él teniendo un pairing partner le trajo una inesperada reflexión. ¿Quién más? Antes, estaba convencido de que Iason era el único anormal en la ciudad. Ahora de repente dudó que su amigo…y Kano… fuera tan excepcionales. Tenía que haber algunos más. Si había una regla para romperse, alguien lo haría. Parecía casi imposible que sólo una persona estuviera tentada. Quizás Raoul era absurdo apegándose tanto a su decencia. Y si ese era el caso…le dirigió una mirada de soslayo a Katze… bueno, ya no sería absurdo por más tiempo.
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Katze había empezado a quedarse adormilado, cuando de repente sintió un movimiento detrás de él. El blondie se acercó más, aflojando la fuerza de sus brazos, y luego… Katze se tensó. Había algo inquietante en este movimiento, era como si Raoul se estuviera preparando para… No, no podía ser eso.
Pero eso era exactamente lo que era.
La mano sujetó firme su cadera y la gruesa erección forzó su camino entre sus nalgas, presionando en ese particular punto… ¡oh, no!
Se soltó abruptamente, liberándose de la fuerza del blondie y saltó de la cama por puro reflejo, antes de que Raoul tuviera tiempo de detenerlo.
"¡No!" exhaló. "¡No puedes!"
Raoul se veía un poco confundido, probablemente sorprendido de que Katze se le hubiera escapado. Parpadeó, pero después sus rasgos se endurecieron.
"¿No puedo qué?"
¡No puedes hacerme eso! -- gritó Katze en su mente. Se supone que no estabas interesado en eso. ¡Lo prometiste! Pero por supuesto que sabía que el blondie nunca había hecho ninguna promesa. Y aunque lo hubiera hecho, nada lo obligaba a mantener su palabra con el mestizo. Porque, aparentemente Raoul no había visto la necesidad de informarle lo que iba a hacer, sólo empezó a hacerlo. Katze cerró los ojos, recordando todas aquellas ocasiones en las que había intentado convencer al blondie de no hacer algo. Suspiró, resignado.
"No puedes hacerlo así," resolló. "Con tu tamaño todo lo que harás será partirme. Al menos…" tragó saliva, "deja que me prepare."
"¿Prepararte?" Raoul levantó las cejas. "¿A qué te refieres con prepararte?"
"Prepararme, ya sabes… lubricación, esas cosas."
"Ah," el blondie asintió con la cabeza. "Cierto."
Era gracioso, de repente Raoul se dio cuenta que la idea de prepararse nunca antes se le había ocurrido. Todos sus pensamientos sobre el sexo -- durante las últimas noches, e incluso ahora, cuando ya había tomado la decisión final -- estaban completamente desprovistos de tal viabilidad. Por supuesto, estaba consciente de que tales cosas requerían preparativos. Sabía que las mascotas eran cuidadas a fondo antes de los espectáculos. Pero aquellos prosaicos preparativos eran siempre hechos fuera de la vista de los espectadores, entre bastidores. Nunca había tenido que pensar en ellos mientras observaba la actuación. Y ahora la mundana realidad parecía un poco inquietante.
"¿Cuánto te tomará?" preguntó.
"No mucho. Unos pocos minutos."
"Entonces ve. Y regresa rápido."
Katze lo observó unos pocos segundos, dudando, como si quisiera decir algo. Pero no dijo nada. Sólo colgó la cabeza y se fue al baño.
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Quería gritar, quería correr, incluso era lo bastante estúpido como para caminar a la ventana y ver hacia fuera. Claro…sólo para ver lo que ya había visto docenas de veces. El centésimo piso y un suelo muy fuerte a unos doscientos mil pies abajo. Y aunque afuera había un delgado alféizar a lo largo de la ventana no había forma de salir de ahí. No, sólo podía salir por la puerta, directo a las manos de Raoul. Así que Katze sólo se sentó en la esquina de la bañera y sintió como si una poderosa mano estuviera apretada alrededor de su garganta, mientras alcanzaba una botella de un aceite perfumado.
Con sus propias manos, por su propia voluntad, empezó a preparar su cuerpo para ser violado.
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Raoul le ordenó acostarse justo como lo había estado antes. Y cuando lo hizo, los brazos del blondie lo rodearon inmediatamente.
"Dime que hacer."
Por un momento Katze no pudo creer lo que estaba escuchando. Bufó molesto.
"Tú eres el biólogo aquí, has observado a las mascotas follarse muchísimas veces, ¿y me dices que no sabes qué hacer?"
El agarre de Raoul se apretó abruptamente. Las manos presionaron dolorosamente en el vientre de Katze.
"No te burles de mí, Katze," silbó el blondie. "Lo que sé es que es fácil herir a alguien durante el sexo. No estoy seguro de cómo hacerlo sin herirte. Así que guíame por tu propio bien."
Katze apretó los dientes. Raoul no quería lastimarlo. Cabrón hipócrita. ¿No sabía que ya lo estaba hiriendo?
"Ve lento," dijo. Era tan difícil forzar aquellas palabras por su garganta cuando en realidad no quería más que gritar '¡Sólo aléjate de mí!' Pero su voz era llana. Y continuó. "Sólo tanto como puedas con una sola embestida. Espera hasta que te diga que estoy listo para más."
¡Maldición, esto era ridículo! Él era el violado aquí. ¿Y se suponía debía dar instrucciones a su violador? ¡Mierda! ¡Mierda!
"Muy bien." Raoul lo ajustó fácilmente en sus brazos y se reacomodó. Katze hizo una mueca, sintiendo la gruesa punta otra vez en su entrada. El blondie no se detuvo, empujó, forzándose a entrar en Katze y éste siseó. Diablos, dolía. Dolía más de lo que había esperado. Habían sido años desde que había estado con alguien. Nadie lo había tocado desde que se convirtió en un mueble… no más de once años.
"¿Estás bien?" escuchó la voz de Raoul desde atrás.
"Sí." ¡No! No estaba bien. Cómo iba a estar bien cuando algo tan enorme estaba empujando dentro de él… y no era Iason. Pero no sintió ganas de discutir con Raoul. No se sentía con ánimos para eso.
"Muy bien, te estoy esperando."
Se quedaron inmóviles por largos minutos, luego el dolor empezó a menguar. Katze se controló, luchando contra la ola de náusea.
"Bien. Intenta otra vez."
Otra embestida. Otra ola de dolor. Otros escasos segundos en silencio. Extrañamente, Raoul de verdad estaba haciendo lo que Katze le decía y no parecía impaciente.
Procedieron lentamente de esta manera. Seguía doliendo, Katze no pensó que dejaría de doler tan fácilmente después de todos aquellos años, pero después de los primeros minutos el dolor era mucho menos. Podía soportarlo. Finalmente Raoul empujó una última vez y se deslizó dentro de Katze directo a la cima. Suspiró profundamente.
"Oooh. Se siente increíble."
Para ti, tal vez.
"¿Podemos seguir? No creo que pueda esperar más."
"Claro, adelante. Acabemos con esto."
Raoul ignoró lo grosero. Empezó a embestir rítmicamente. Justo como había visto en los espectáculos de mascotas, justo como recordaba de su propia poca experiencia. Tener otra persona cerca de él lo hacía un poco cohibido -- en realidad no quería que a Katze le doliera. Pero a la vez era tan excitante. Alguien de verdad podía sentir lo que él estaba haciendo. Estaba haciéndoselo a alguien. Podía abrazar a este alguien, sentir a este alguien. Y la mera sensación física era realmente diferente. No había ninguna exageración en las palabras de Iason. Era una sensación completamente nueva, era… exquisita.
Enterró su cara en la curva del cuello de Katze. El mestizo parecía tan rígido en sus brazos, pero de momento no le importó. Inhaló la esencia de Katze, saboreando el cabello rojo que cosquilleaba en su mejilla. Movió su mano sobre el pecho de Katze… Júpiter, de verdad lo estaba haciendo. ¡Estaba teniendo sexo! El pensamiento lo llevó hasta el borde. Empujó una última vez y se tensó, atrapado por el embeleso orgásmico. Junto a él, Katze dio un corto y tranquilo sorbo.
Raoul cerró los ojos, relajándose lentamente. Permaneció dentro de Katze, todavía no quería retirarse. El comerciante respiró profundamente en su abrazo y disfrutó la sensación de aquel pequeño movimiento dentro de él. Esperó por la familiar ola de remordimiento, pero extrañamente, no vino.
"¿Dolió mucho?" preguntó dentro de la acalorada piel de Katze.
"Algo. No mucho."
"¿Estás enojado conmigo?"
Esta vez el silencio fue más largo.
"Dijiste que no lo harías."
"Lo sé."
Finalmente salió de él, dándose cuenta en el acto de la pegajosa humedad de su piel ahí abajo. Sólo ahora este pensamiento le causó repulsión. Bueno, lo había tomado en cuenta antes de que empezara con todo esto. Ahora tenía que lidiar con ello.
Katze se retorció en sus brazos.
"Si no quieres que manche tus preciosas sábanas de seda, será mejor que me dejes ir. Tengo que limpiarme." Esta vez la ira era clara en la voz del comerciante.
Las amargas, duras palabras de repente golpearon a Raoul. Esto tampoco era permitido al ojo público durante los espectáculos de mascotas. Y no, no quería que se mancharan sus preciosas sábanas de seda. Dejó de apretar la mano, y el impuro se liberó inmediatamente, casi saltando de la cama. Con que enojado conmigo, ¿huh? Raoul sintió que sus dientes se apretaron con una involuntaria punzada de dolor.
"Sólo regresa en un minuto," ordenó.
La inexorable mirada del pelirrojo se encontró con la suya. "¿Y a dónde demonios podría ir?"
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Cuando Katze dejó el baño, Raoul ya había calmado su respiración. Estaba acostado sobre su espalda, viendo el dosel de la cama con ojos firmes y ligeramente aturdidos.
Sintiendo un extraño estupor, Katze se acostó junto a él. Estuvo callado por un rato, luego decidió que si no decía algo, más tarde se lamentaría.
"Así que el gran blondie descendió al nivel de un humano de clase baja."
Sólo se encogió, sintiendo un abrupto movimiento detrás de él, de todas formas no pensó que escaparía. La mano del blondie sujetó su barbilla, obligándolo a que girara la cabeza, y que la levantara. Raoul se inclinó sobre él con una implacable expresión en su rostro.
"No veo razón para justificarme ante ti," dijo en su casual, fría voz.
La barbilla de Katze se contrajo. "Seguro, sólo soy un impuro. Un juguete, ¿verdad?"
Por un segundo le pareció que algo en la cara del blondie se crispó.
"Sabes muy bien que no es así como te trato. Si te viera como alguien tan bajo, nunca me habría tomado tantas molestias contigo, en primer lugar. Además, soy el amo aquí. No lo olvides, Katze."
Molesto, Katze se zafó del agarre y extrañamente Raoul no trató de sujetarlo otra vez.
"Voltéate de lado," fue la tranquila, pero firme orden.
Hizo lo que le dijo sin otra palabra. El blondie se movió más cerca como si no hubiera pasado nada. Envolvió sus manos alrededor de Katze como cada noche anterior.
"Ahora me perteneces," susurró más suavemente. "Te tomé esta noche y te tomaré otra vez cuando me den ganas."
Katze apretó los ojos. ¿Por qué demonios se sentía como un traidor? Iason, Iason, Iason. ¿Por qué no eres tú? Por qué… seguro, empieza a quejarte. Que tú traicionaste a alguien que te vendió sin pensarlo dos veces.
Katze tragó saliva, odiando el abrazo de Raoul más que nunca. Iason, Iason, Iason…
Fin del capítulo IV
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