¡Waah! Ya ha pasado mucho tiempo, ¿verdad?. Lo siento, realmente. Lo que pasa es que por uno o muchas razones ahorita no tengo internet, bueno, de hecho desde hace dos meses, y la inspiración también me abandonó, pero bueno ahora si ya les traigo el capítulo cuatro, el cual espero que les guste, a mi no me terminó de convencer pero mejor ésto a nada. Ok, nos vemos ya después, gracias a todos por sus reviews y más que nada por su paciencia. ¡Disfruten!
~Cenizas Doradas~
Chapter 4
Estornudó repetidamente al sentir el polvo de la habitación flotando cerca de su nariz, se estremeció cual pequeño felino después de haber estornudado, finalmente abrió sus azulados ojos mirando el desorden en su habitación, –"Después tendré que limpiarlo"- pensó
Comenzó a vestirse con los ropajes que había en su maleta, un pantalón negro con una blusa blanca y su melena dorada suelta; miró su reflejo con detenimiento, su figura y facciones eran más maduras que años atrás, no era por ser egocéntrica pero sin duda era una mujer sumamente hermosa, constantemente los halagos y silbidos de los hombres le llegaban a los oídos
–Pero los suyos no… por lo menos aún no– murmuró
O-o-o-o-o-o-o-o-o-O
–¿Sora, estás segura de esto?– inquirió Mia no convencida al 100% con la impulsiva idea de su compañera –La señorita Layla se puede enojar–
–Mia tiene razón, Sora– apoyó Anna cruzada de brazos a un lado de la pelinaranja –Recuerda lo que pasó el año pasado, Layla estaba muy enojada–
–Sí, pero eso ya pasó, ¡estoy segura que estaba vez se alegrará muchísimo!– exclamó emocionada, las dos mujeres detrás de ella suspiraron resignadas para después mirar con confusión como la pelirosa se levantaba del suelo donde hacia sus ejercicios matutinos y alzaba el dedo índice –¡Tengo otra idea!–
–¿Y ahora qué es?– cuestionó la comediante, Sora sonrió ampliamente mientras se acercaba a ambas para formar un pequeño círculo donde nadie más las escuchara
–Pidámosle ayuda al joven Yuri– susurró con una sonrisa traviesa
–¿A Yuri? ¿Para qué?–
–Cómo que para qué, se nota que hay una química entre el joven Yuri y la señorita Layla– explicó Mia con ojos soñadores –Sino por qué crees que ellos eran tan buena pareja de actuación–
–B-Bueno…–
–Lo que dice Mía es verdad– apoyó la japonesa juntando sus manos con las de la escritora
–¡¿Pero qué tanto cuchichean?– gritó May asustando al pequeño trío, rápidamente el ángel del escenario le tapó la boca para después integrarla al grupo y explicarle la situación –Ya veo… ¿pero cómo piensas hacer todo eso sin que se dé cuenta?–
–Pues muy fácil, tontita– rió –Le pediremos ayuda al joven Yuri– respondió, la china entrecerró los ojos mirándola fijamente y con suma seriedad, la ojicafé dio un paso hacia atrás asustada por la repentina reacción de su compañera y rival amistosa
–Realmente… él me da celos– confesó cual niña pequeña haciendo un puchero inusual, las tres acróbatas se miraron entre sí para después comenzar a reír nerviosamente
O-o-o-o-o-o-o-o-o-O
Ingresó en los largos pasillos que conducían a las aulas de los novatos, dobló una esquina para después entrar con firmeza y a paso seguro en uno de los salones, su larga melena ondeó con elegancia a la par que brillaba con las luces del techo, los pocos hombres admiraron la escultural figura de la rubia mientras que las mujeres sonreían y susurraban lo hermosa que era
–Guarden silencio– pidió seriamente, todos los novatos asintieron para después acomodarse en sus asientos; pronto la clase que Yuri le había asignado: Técnicas especiales, comenzó. Dicha clase había sido implementada por Kalos a manera de que los acróbatas y el escenario Kaleido constaran de diversas técnicas, ahí cada novato conocía los límites de su cuerpo y las acrobacias que éste podía realizar sin causarle fatiga. La rubia por su parte no se hallaba acostumbrada a tratar con las personas más allá de su status como estrella principal, o que éstos fueran sus ayudantes personales, pero de alguna forma eso compensaba el vacio que sentía en su interior
Suspiró con cansancio alzando la vista hacia lo alto, admiró por momentos uno de los trapecios que no se estaban usando, era idéntica al que Jean le había construido para que realizara el "Fénix Dorado", sin pensárselo por mucho tiempo subió sin ser detectada por sus alumnos, tomó con firmeza la barra para después arrojarse y comenzar a mecerse, no había perdido la práctica después de todo ese tiempo inactiva, llegaba alto como el ave inmortal que era, finalmente después de varios segundos en los que ella se cuestionaba el pasar a la otra barra, su hombro emitió un crujido obligándola a cerrar los ojos por la punzada y dejarse caer hacia la red
–¡Señorita Layla!– exclamó una de las novatas acercándose con su grupo de amigas para ver el estado de la rubia, ésta sin embargo no mostró emoción alguna, sostuvo su hombro con fuerza mientras se bajaba de la red de seguridad –¿Se encuentra bien?–
–Estoy bien, no es nada importante– respondió fríamente –Ustedes sigan practicando, yo estaré fuera– comunicó al resto para después salir rápidamente; los alumnos se miraron entre sí para después formar sus acostumbrados grupos y comenzar hablar por lo bajo ante la salida de la mujer
–Se dice que sufrió una lesión en su hombro…– murmuraron
O-o-o-o-o-o-o-o-o-O
–¡Maldita lesión!– gruñó golpeando con fuerza uno de los pilares del centro de prácticas, su blanca y fina mano adquirió un color rojizo mientras comenzaba a hincharse después de tronar –Maldita seas…–
–¿Layla?– inquirió el ruso al escuchar su voz maldiciendo
–¿Qué haces aquí, Yuri? Se supone que ayudes a Kalos– interrogó mirándolo fríamente y con seriedad
–Si estoy aquí es porque ya terminamos– respondió ignorando la mirada que mantenía su Julieta –Entonces, ¿qué haces aquí?– cuestionó
–Hmp, tan solo quise salir de esa aula, ¿algún problema?–
–Para nada– sonrió altaneramente –Kalos dijo que puedes hacer lo que quieras, siempre y cuando esos novatos aprendan algo de ti, querida–
–Veo que no has cambiado en nada, Yuri– comentó sonriéndole con confianza
–Te equivocas, Layla. Seguro como tú, yo también he cambiado– corrigió
–Quisiera verlo con mis propios ojos–
–Tranquila, lo verás cuando llegué el momento– informó acariciándole con la yema de los dedos las hebras doradas de su larga cabellera, sin que ella se diera cuenta bajó la mirada hacia su mano, la cual para esos momentos ya se encontraba completamente hinchada –Aunque veo que tú sigues manteniendo la misma fuerza de siempre–
–¿Eh?– musitó confundida
–Ven conmigo, no puedes andar con esa mano lastimada– ordenó tomándola sutilmente por la muñeca y jalándola sin oportunidad a negarse –Si alguien más te viera así, sin duda alguna comenzarían a regañarme– mencionó
–¿Por qué?–
–¿No está más que claro?– inquirió divertido –Yo soy tu príncipe, ¿no, Cenicienta?–
–Jah, tu horrible y bizarro humor de siempre…– rió divertida, inmediatamente después calló mirando fijamente su muñeca, la sostenía con cuidado pero con fuerza a la vez, como si su mano fuera una pieza de porcelana única en su tipo, sonrió conmovida, sin duda eso era lo que más amaba de él –"Debes estar loca, Layla…"–
–No estoy bromeando, yo soy tu único príncipe–
–¿Debo tomar eso como una declaración?– cuestionó
–No, aún no. Solo tómalo como… un preludio– contestó, alzó la mirada observando cómo frente a ellos se vislumbraba la puerta de la Unidad Médica –Bien, hasta aquí te dejo–
–Supongo que… te lo agradezco– agradeció torpemente con un leve carmín sobre sus mejillas, el rubio sonrió galantemente al notar ese gesto casi imperceptible por parte de su ojiazul
–Nos vemos después–
Respiró profundamente antes de tomar la perilla de la puerta y girarla con lentitud, ésta comenzó a abrirse lentamente mientras iba revelando un pequeño y humilde consultorio médico, hasta sus pulmones llegó un sutil perfume femenino el cual a pesar de haberlo olido pocas veces no había olvidado; entró imponentemente mientras confirmaba sus sospechas
–Así que eres tú, Kate– sonrió mirando a la joven mujer sentada en el escritorio revisando varios documentos
–¡Ah, Layla!– saludó sonriente –Así que los rumores de tu retorno eran ciertos– comentó
–Así es. Pero dime tú, ¿qué sucedió con tu consultorio en la ciudad?–
–No te preocupes por eso, aún lo sigo atendiendo– rió dejando los documentos perfectamente acomodados en uno de los bordes del mueble mientras la rubia se sentaba en la silla giratoria del otro lado –Tan solo presto mis servicios aquí cuando es necesario, no sabes cuánto me rogó Sora porque aceptara ésta propuesta–
–Me lo imagino, con lo terca que es– apoyó riendo divertida
–Entonces, ¿qué es lo que tienes?– inquirió, ésta inmediatamente subió su mano dejando que Kate la examinara y que al mismo tiempo Layla pudiera ver la sencilla pero bonita sortija de compromiso –¿Cómo te hiciste esto?–
–Golpeé uno de los pilares del living– explicó sin titubear, la pelirroja alzó la vista mirando extrañada a la ex-estrella del escenario, finalmente al cabo de unos segundos suspiró mientras sonreía –Eres igual de impulsiva que Sora– rió
–Seguro por eso trabajamos bien como compañeras– comentó apoyándola
