Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling


No sientas miedo
Jamás olvides por qué estás aquí
Que perdure la llama que vive dentro de ti
No hay más tinieblas
La oscuridad comienza a morir
El alba despierta, la noche vuelve a dormir
Porque quiero estar a tu lado al andar
Sentir en mi alma el valor
Que nunca mueran esperanza ni amor
Que no se apague el latir de tu corazón
Porque quiero verte de nuevo brillar

Tierra Santa / Una luz en la oscuridad

Sin nombre

Era una mañana fría y en el periódico mágico había una noticia que hizo temblar a toda la comunidad mágica, una fuga masiva de Azkaban. El Ministerio era un completo caos, los aurores corrían de un lado a otro y más de una docena se había trasladado a la prisión mágica para asegurar a los prisioneros que aún estaban allí. James tenía papeles y más papeles, nombres y registros que revisar, la puerta del Departamento de Seguridad Mágica se abrió y una muy molesta Amelia Bones, entró acompañada de otros dos aurores más jóvenes.

—¡James! Deja que estos dos se encarguen de ese papeleo, necesito que tú y un grupo se prepare para recibir a un mortífago —ordenó la jefa de los aurores.

—¿Quién es?

—Bellatrix Black.

—¿Los mortífagos no se llevaron a Bellatrix? —preguntó un poco sorprendido pues era sabido que la mujer era uno de los más fieles seguidores de Voldemort.

—No, al parecer la consideran una traidora —respondió la mujer.

James se quedó pensativo pero rápidamente se apresuró a reunir a un grupo y preparar las celdas en las mazmorras del Ministerio.

En la oficina de los aurores uno de los jóvenes que ahora estaba haciéndose cargo del papeleo se detuvo en un expediente en particular, una fotografía mostraba a una mujer de cabello negro y ojos llenos de locura.

—¿Por qué la abandonaron? —preguntó a nadie en especial pero su compañero se acercó y le dio una mirada al expediente.

—No lo sé, pero hubo muchos rumores cuando fue capturada, algunos decían que ella había traicionado a quien-tú-sabes aunque no lo creo, pero en la academia de aurores oí algo muy raro, cuando ella fue capturada estaba en Bosnia, el como fue capturada era lo más extraño pues tan sólo se necesitaron dos aurores para atraparla aunque es sabido que Bellatrix era una experta duelista, después de su captura fue trasladada a Azkaban donde ha permanecido hasta el día de hoy. Pero pocos meses después de su captura un sanador fue solicitado en la prisión, nadie sabe porque, en la academia de aurores se corría el rumor de que cuando la atraparon estaba embarazada y por ese motivo no pudo luchar en condiciones.

—Eso suena muy irreal, porque si fuese verdad Barty Crouch habría cometido un terrible crimen al no informarlo, además ¿qué ocurrió con el supuesto hijo?

—Pues es sólo un rumor, pero piénsalo, muchas cosas no cuadran; primero ¿qué hacia ella en Bosnia?, ¿cómo fue capturada con tanta facilidad?, y ¿por qué solicitaron un sanador algunos meses después de su captura?, todos saben que Crouch no era conocido por su misericordia, si sabía que Bellatrix era una mortífaga eso seguramente fue más que suficiente para que le importase muy poco su estado, pero la pregunta sería ¿que fue del hijo o hija de Bellatrix Black si es que realmente existió?, porque algo es seguro, nunca fue entregado ningún niño a la familia Black, ni siquiera después de que Sirius Black se convirtiera en "Lord Black".

La puerta se abrió y un hombre algo mayor entró mientras los jóvenes aún discutían las teorías sobre el supuesto hijo de Bellatrix, el hombre empalideció y antes de que los novatos continuaran los interrumpió.

—Hitchens, Johnson ¿ya terminaron con ese papeleo? —preguntó el hombre, ambos jóvenes cerraron el expediente y siguieron con lo que hacían. El recién llegado caminó hacia uno de los escritorios, cogió algunos documentos y volvió a salir.

Sus pasos apresurados lo llevaron hasta el ascensor, tenía que llevar aquellos documentos a Potter pero su mente era un caos, siempre creyó que hacía lo correcto y cuando su antiguo jefe el señor Crouch los apoyó, él y su compañero se sintieron muy bien, pero ahora, después de tantos años la conciencia no lo dejaba tranquilo y en su mente siempre rondaba la pregunta ¿que había sido de esa niña a la cual ni siquiera le dieron un nombre? Crouch dijo que no merecía un nombre por ser hija de aquella mujer y él se convenció de que eso era cierto pero aun así la pregunta persistía ¿había hecho lo correcto al ocultar la existencia de la hija de Bellatrix Black? Ahora ya no podía arrepentirse pero cada que veía una niña el cabello negro sentía que estaba viendo a la niña sin nombre que abandonó en aquel sucio orfanato muggle.


En las afueras de Londres un gran edificio se alzaba, su gran estructura destacaba por la oscura aura que lo rodeaba, la gran verja de metal dejaba apenas ver el interior y las ventanas altas e impersonales le daban un toque algo siniestro. Era un lugar escalofriante para los que pasaban por allí y muchos preferían simplemente fingir que aquel lugar no existía, otros pensaban que más que un orfanato parecía una prisión.

Dentro el lugar era igual o más oscuro y frío que el exterior, con grandes paredes pintadas de blanco que ya estaban grises y amarillentas a causa del paso del tiempo, todo en aquel viejo edificio era desagradable; por eso aquella mañana, cuando los vecinos vieron a una hermosa y agraciada joven entrar se sintieron muy intrigados. La directora del orfanato se halló muy sorprendida cuando esa mañana una elegante joven de no más de veinticinco años llamo a su puerta; la mujer observó detalladamente a la joven, era rubia, de piel muy clara y unos hermosos ojos azules que tenían un brillo extraño, no era muy alta y poseía un cuerpo esbelto y hermoso, podría fácilmente pasar como una modelo, pero lo que más intrigo a la mujer mayor fue lo que la rubia le dijo, aún creía que era una broma.

—¿Me lo podría repetir por favor?

—Claro, cómo le decía, una de sus niñas ha sido becada por la Academia Avalon High, esta niña irá a estudiar a la Academia y nuestra institución correrá con todos los gastos, el nombre de la pequeña es… —la rubia frunció el ceño, al principio creyó que era un broma pero ahora ya no estaba segura—Namelees Wool—dijo algo insegura todavía.

—Ah, ella —la mujer mayor parecía un poco decepcionada pero lo disimuló muy bien.

—¿Podría hablar con ella? —pidió la joven, la directora la miro unos segundos antes de asentir e indicarle que la siguiera.

Caminaron por un pasillo largo, el lugar cada vez se tornaba más frío e impersonal, la rubia vio a varias niñas que la observan con recelo pero siguió caminando.

—¿Porque la llaman Nameless?

—Verá señorita, a este orfanato casi nunca llegan bebes, y cuando lo hacen casi siempre tienen alguna carta donde está escrito su nombre, la noche en que ella llegó en la delgada manta que traía estaba escrito ese nombre y como no poseía apellido le pusimos el del orfanato. La verdad es que es una niña un poco rara, no es sociable, siempre se esconde y huye de todos, me sorprende que haya aprobado un examen para su academia, ya que nunca ha dado muestras de gran inteligencia —explicó la mujer.

—Los exámenes que nosotros tomamos a nuestros estudiantes son diferentes ya que no sólo califican la inteligencia, también calificamos otras cualidades.

—Bien, aquí estamos —la joven vio la puerta de madera que la separaba de la habitación, de pronto un sollozo se oyó y las risa de las demás niñas, la directora abrió la puerta abruptamente y la rubia pudo ver a tres adolescentes de entre doce y trece años que giraron para ver quien las interrumpía—. Emilly, Jessica, Victoria ¿qué hacen aquí? —preguntó la mujer mayor molesta.

—Sólo venimos a saludar a "sin nombre" —respondió la que parecía la mayor del grupo.

—Salgan —ordenó la mujer y las tres giraron refunfuñando antes de marcharse.

—Yo me haré cargo si no le importa —pidió la joven rubia adelantándose a la mujer.

Después de que la directora diera su aprobación salió cerrando la puerta. Una vez solas la rubia caminó hasta la esquina donde una niña delgada de cabello negro algo ondulado se mantenía oculta.

—Hola —la llamó suavemente, unos curiosos ojos azules con tintes morados la vieron sorprendidos, al alzar la cabeza la joven notó los mechones rojizos del cabello de la niña y no pudo evitar una sonrisa, el poder de aquella niña era grande, tanto que se había empezado ya a manifestar en su cabello, pero para que aquel poder no se perdiera primero debía sacarla de aquel horrible lugar; la niña la miraba sin decir palabra así qué ella continuo—. Me llamo Minako Aino y soy una profesora de la Academia Mágica Avalon.

— Magia —la voz de la niña era delgada y apenas audible.

—Así es, Cassiopea.

—Yo no me llamo Cassiopea —en su voz se notaba la decepción.

—Oh cierto, aquí te llaman Nameless, pero tu figuras en nuestra lista como Cassiopea G. B. —los ojos de la niña la miraba interrogantes— Verás, nuestra academia de magia tiene un método especial para encontrar a los niños que tiene el potencial para ser hechiceros y a pesar de que les cambien el nombre o los oculten nosotros los encontramos, no sé mucho del porqué estas en este lugar, pero dime ¿te gustaría asistir a la academia de magia?

—¿Es real? ¿La magia es real? —preguntó la niña poniéndose de pie, Mina había esperado esa pregunta con ansia, por respuesta extendió la mano y una colonia de mariposas doradas llenó la habitación, los ojos de la niña se maravillaron.

—¿Qué me dices Cassy?¿Deseas convertirte en aprendiz de la Academia Avalon?

—¿Podré hacer algo así algún día? —una sonrisa que Mina había visto antes en otro rostro se extendió por el rostro de la niña.

—Creo que tu elemento es el fuego, así que supongo que las tuyas serán naranjas —comentó la rubia.

—Quiero ir —decidió viéndola a los ojos.

—Eso es lo que quería oír.


Bellatrix era llevada por tres aurores hacia las mazmorras del Ministerio, la bruja fulminaba con la mirada a todos los que se le cruzaban en el camino, detestaba a aquellos estúpidos magos, los odiaba a todos, pero su odio era especialmente dirigido hacia aquellos hombres que se llevaron a su hija, le dijeron que estaba muerta pero ella sabía que era mentira, podía sentirlo, además sabía que nunca se la entregaron a su familia y que probablemente la habían abandonado en algún lugar. «Si tan solo pudiera salir» pensó mientras bajaba en aquel ascensor hacia las entrañas del sucio Ministerio de Magia. Cuando las puertas se abrieron Bellatrix vio el cabello negro y los ojos azules de Sirius, no era alguien al que quisiera ver en ese momento pero una idea cruzó por su mente y antes de que las puertas se volvieran a cerrar la bruja saltó del ascensor y corrió hacia su primo dejando a los anonadados aurores muy sorprendidos, Sirius sintió el cuerpo delgado chocar contra el suyo y vio los locos ojos de su prima, pero había algo más en aquello ojos, ¡desesperación!

—¡Encuéntrala! —gritó Bella sujetándose a su chaqueta.

—¿Qué? —preguntó sin entender, la bruja lo vio a los ojos, no tenía tiempo de entrar en detalles pues los aurores ya iban hacia ella con las varitas en alto y si no le habían lanzado alguna maldición era sólo porque nadie se quería enfrentar con Sirius Black.

—¡Encuentra a mi hija, tu sobrina! —cogió la mano del desconcertado pelinegro dejando que su núcleo mágico se conectara por unos segundos con él y un sinfín de recuerdos fluyeron a hacia la mente del animago: una mujer encerrada, los gritos que resonaban en las paredes de la prisión de magos, tres hombres que hablaban mientras creían que la mujer estaba inconsciente, Sirius reconocía las voces de dos de ellos, el llanto de un bebé, la cara de un sanador y finalmente la cara del padre de aquel bebé. El pelinegro estaba shock, repentinamente sintió que alguien cortaba los recuerdos y pronto vio a Bellatrix aturdida y siendo llevada bruscamente por los aurores, la ira creció en él, sabía que su prima no mentía, era imposible mentir de aquella manera en una concesión magia. Caminó hacia los aurores, la ira pintaba sus ojos azules y los aurores sintieron de pronto que debían huir, su instinto de supervivencia les gritaba que huyeran, Sirius no esperó a que aquellos novatos hicieran caso a su instinto y sin mucho esfuerzo los apartó de Bella y la sostuvo por los hombros.

—¡Bella despierta! —le grito a la bruja medio inconsciente dándole una ligera sacudida— ¿Dónde está, donde está la niña? —pregunto algo desesperado.

—No lo sé —dijo ella en un susurro apenas audible.

—¿Sirius que estás haciendo? —James se adelantó, llevaba la varita en la mano y detrás de él otros ocho aurores tenían las varitas en alto. El pelinegro no les prestaba atención, solo veía los ojos desesperados de su prima que no quería revelar nada allí así que solo atinó a abrazarla, varios en el vestíbulo los vieron sorprendidos ya que no era común ver a los Black dar esas muestras de afecto y menos aún era ver al mejor amigo de un auror abrazar a un mortífago por muy familia que fuese.

—Yo la encontrare y cuidaré de ella —prometió el pelinegro en un susurro antes de separarse.

—¿Qué pasa Potter? Parece que acabas de ver la cosa más inaudita —se burló Bellatrix ya completamente consciente cuando se separó de Sirius y encaro a auror.


Sirius se hallaba sentado en aquel viejo sillón de su madre con los ojos fijos en la pared, había analizado cuidadosamente las memorias que Bellatrix le había transmitido y si al principio hubo dudas todas habían desaparecido, era cierto, su loca prima tenía una hija que el estúpido y egocéntrico de Crouch había ordenado abandonar en un orfanato muggle. Sirius había recorrido en esos tres días todos los orfanatos que pudo pero nada, nadie daba razón de la niña, debía localizarla, era su prioridad pero también estaba el hecho de que Harry se marchaba a Avalon y Elizabeth se iría con él; al principio él tenía planeado viajar dos días después pero ahora debía encontrar a su sobrina.

—Sirius es hora de irnos —llamó su elegante pareja.

—Claro —ahora que se lo pensaba bien ni siquiera sabía que le diría a James cuando preguntase por Harry, porque estaba seguro que tarde o temprano el hombre preguntaría por el niño.

La mano de Elizabeth en torno a su brazo lo calmo un poco mientras Harry bajaba corriendo por las escaleras, en la espalda lleva una mochila un poco grande pero los ojos verdes del niño brillaban ansiosos.

—¿Listo Harry? —preguntó Sirius.

—¡Claro!

—Vámonos entonces —Elizabeth sonrió y le tendió su otra mano a Harry, una vez firmes los tres desaparecieron en una niebla que rápidamente salió de la casa y desaparecido.

Para Harry fue un viaje muy extraño e interesante, sólo les había tomado unos minutos llegar hasta su destino, una bahía algo alejada del puerto. La rubia y los dos pelinegros caminaron hasta una cueva, Harry sabía que en el mundo de la magia las cosas no siempre era lo que parecían y aquel fue el caso pues la cueva estaba llena de luminiscencia natural pero las rocas se abrieron por la mitad dándoles la bienvenida.

Al otro lado en una tranquila bahía había un barco de tamaño regular, tenía una cabeza tallada de dragón en la proa. En sí todo el barco tenía la forma de un dragón con las alas plegadas, Harry vio a varios chicos ya mayores, otros niños acompañados de sus familias y otros solos.

—¿Qué hace ella aquí? —dijo de pronto Elizabeth viendo hacia el frente, Harry y Sirius siguieron con la mirada a la persona que Elizabeth observaba, era una mujer de cabello rubio que llegaba un poco más bajo de sus muslos, vestía una camisa blanca simple y una falda marrón, sobre el cabello llevaba un listón rojo y a su lado una niña pequeña de cabello negro con toques rojos observaba maravillada el gran barco, Sirius sintió una punzada en el pecho, esa niña se parecía a Bellatrix cuando era niña.

—¡Mina! —llamó Elizabeth y la rubia giró, una sonrisa se extendió por sus labios y acompañada de la niña se acercó al grupo.

—Condesa, Lord Black —los saludó, entonces se fijó en el niño pelinegro con esos inusuales ojos verdes.

—Harry, ella es Minako, una maestra de Avalon; Mina, él es Harry Potter —Elizabeth hizo las presentaciones.

—Un gusto Harry —dijo la rubia sujetando las dos manos del pelinegro.

—¿Quién te acompaña? —preguntó Elizabeth observando a la niña pelinegra que acompañaba a la rubia.

—Oh, ella es Cassiopea, inicia este año también —sonrió la rubia jalando suavemente a la niña que sonrió tímidamente—. Pero deberían abordar ya —añadió viendo su reloj de pulsera.

Sirius casi no notó que ocurría a su alrededor, tenía los ojos puestos en la niña pelinegra y sólo reaccionó cuando Elizabeth le dio un leve tirón.

—Nos vemos después Harry —se despidió la condesa.

—Claro.

—Diviértete Harry —se despidió Sirius.

—Adiós —el niño se marchó rumbo al barco cuando todos empezaban a abordar y en pocos minutos el barco elevó el ancla y se alejó de la bahía. Sirius aún tenía la vista fija en el pequeño punto que ahora se perdía en el horizonte preguntándose ¿porque Cassiopea se le hacía tan familiar?

—Sirius —lo llamó Elizabeth.

—Lizy ¿me podrías llevar al Ministerio de Magia? —preguntó el pelinegro.

—¿Qué harás?

—Tengo algunas preguntas para un viejoauror—el pelinegro sonrió de forma siniestra y Elizabeth dejo escapar una carcajada.

El barco se alejó más de la costa y Harry apoyado en el barandal contemplaba como se perdía de vista la playa. Suspiró, era un paso a su nueva vida. Iba a dar la vuelta y entrar a los camarotes cuando vio a Cassiopea viendo hacia el horizonte, su mirada denotaba melancolía y Harry sin saber exactamente porque se acercó a la niña y le habló.

—Cassiopea —la niña dio un ligero respingo y vio al pelinegro, parpadeó confundida.

—¿Qué pasa?

—Vamos dentro —dijo Harry sonriendo, la pelinegra lo miró sorprendida pero después asintió y por primera vez creyó que las cosas cambiarían, ya no era más Nameless, ahora era Cassiopea.

Continuara….