Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a KryPexel , yo solo la adapte.


Holaaa!

Aquí estoy de nuevo.

Gracias por sus Reviews, alertas y favoritos.

Ayer intente subir el capi, pero el FF no me dejo iniciar sección en mi cuenta. =/

Pero bueno aquí lo traigo. Las dejo para que lean.


- Tomaré tu sangre y tú podrás obtener lo que desees. Es un buen trato ¿o no?

Bienvenido al Pacto de Sangre

Capítulo 4: La maldición de desear

Los padres de Rose la fueron a retirar temprano a pedido de ella. Iría al hospital para acompañar a su novio en su convalecencia. El corazón se me desquebrajó en mil pedazos. Jamás la había visto con su semblante tan dolido, con las lágrimas cayendo torrentosas por su bella carita. Y egoístamente dentro de mí, me hubiera gustado verla así por mí.

La preocupación me mantuvo ido por el resto del día. No presté atención a las clases en ningún momento porque mi mente estaba con Rose y el destino de Emmett. Apoyé mi codo en la mesa y afirmé mi rostro en la mano. Las palabrerías del profesor parecían cada vez más lejanas, no eran descifrables… palabras sin sentido, sin coherencia. Sus labios se movían como si estuviera masticando un chicle invisible. Movimiento, no sonido. Al cabo de un rato no pude vislumbrar bien su cara, se desvanecía en la imagen total del salón. Ya no veía nada… Me extrañó y traté de sacudir mi cabeza para hacer más nítida mi visión. Cuando por fin pude ver con claridad, noté que a mi alrededor todos parecían como "congelados". Me puse de pie y sentí una presencia a mis espaldas.

- Es hora de mi desayuno…

Su repentino aparecimiento me tomó por sorpresa y retrocedí tropezando con todas las mesas, moviéndolas de su sitio y arrojando al suelo unos cuantos útiles escolares. Ahí estaba Bella, con ropa de escolar, mirándome hambrienta y con deseos de hacerme sangrar una vez más. Pero de mi pecho resurgió un golpe de valentía, y me propuse no dejarme lastimar de nuevo. Con todas mis fuerzas traté de llegar hasta las puertas. Las abrí de par en par y escapé. Corrí por el pasillo y bajé las escaleras. Observé a las personas que aparecían en la ruta de mi loca carrera y observé que todos estaban quietos. De pronto frente a mí, justo delante de mi nariz, una figura se materializó. Levantó su mano haciendo un gesto extraño y mi cuerpo cayó pesado, de espalda al suelo. Sentí como si la gravedad hubiera aumentado considerablemente su fuerza.

-Es inútil que escapes. Estamos conectados por la sangre. A donde tú vayas, yo voy. – Se aceró Bella lentamente y se acuclilló para ver mi rostro que se contraía en una mueca de estupor – Además es muy desconsiderado de tu parte huir cuando te hecho aquel favor…
- ¿Favor… De qué me hablas?
- El favor que te he hecho al limpiarte el camino con la señorita Rose…
- ¿Qué? –
hice un esfuerzo por tratar de incorporarme pero fue inútil. Ni la energía nacida de mi rabia podía luchar contra lo que fuera que estaba haciéndole a mi cuerpo. – - Tú hiciste que lo atropellaran…
- Es lo que querías ¿No? La querías para ti…
- ¡No de esta forma!

Soltó una risa cruel, carente de humanidad. Acercó su mano a mis cabellos frontales, los revolvió con un dedo. A continuación sacó de su bolsillo de la blusa una perla celeste. Adentro de ésta había un pequeño resplandor que se movía en su interior, nunca antes había visto nada igual.

-Aún hay tiempo, la vida de este individuo aún no se ha extinto. Puedo salvarle…
- ¡Hazlo!
- Un momento. Recuerda que tenemos un pacto… A cambio de cumplir tus deseos, tú deberás alimentarme…

Mi respiración de por sí dificultosa, se detuvo y no dejó ni entrar ni salir el aire de mis pulmones, estaba en un punto blanco… Volvería a repetirse lo del baño. Aquel dolor tan intenso retomaría el control de mi cuerpo, mi sangre sería bebida por este… Ser… En el momento exacto que estuve a punto de dar una rotunda negativa surgió una imagen en mi mente que nítidamente se hacía fuerte, se hacía presente… Rose con sus ojos claros llenos de lágrimas, gritando, detestando esta vida por llevarse al chico que más amaba en el mundo… Suicidándose por amor… Su angelical rostro sumido en la pena parecía pesar más que cualquier umbral del dolor que Bella quisiera romper conmigo.

- Has lo que quieras… - Mascullé en un murmuro cargado de ira. Casi inaudible, pero no lo suficiente para ella. De inmediato se sentó a horcajadas sobre mí, me desabrochó con macabra lentitud la camisa, deleitándose con mis temblores. La dejó a un lado y con la vista recorrió todo mi torso que indefenso se le ofrecía en bandeja de plata.

- ¿Quieres darte prisa? – Levanté la voz exaltado. Bella saboreando mi pavor, sonrió.

-Sólo estoy buscando alguna Vena grande… - Me confesó divertida. Seguido a esto, tomó mi brazo derecho y trazó un camino desde el hombro hasta la mano con su pulgar. Al terminar su dibujo, sentí un punzante dolor en la muñeca, la sangre comenzó a fluir nuevamente a creando un ancho río color escarlata que contrastaba brillante contra mi piel blanca. Ella comenzó a succionar el líquido rojo con ansias, como si se le hubiera privado de alimento por todo un mes.

- Pro… Prométeme que Emmett se va a salvar… Agh… -Traté de hablar, pero el dolor, a pesar de ser mucho más inferior que el de ayer, me interrumpía con gruñidos involuntarios.
- Si es que no muere antes de que terminemos… Jajaja

Apreté los puños enterrando mis uñas en la palmas, envuelto en furia. Pero eso hizo que brotara aún más sangre que antes de mis venas, lo cual le cayó bastante en gracia.

- Rose… -Pronuncié esperando que su sólo nombre fuera capaz de menguar mi padecer. Poco después de eso, asomó en mis ojos la primera lágrima del día.
- ¡Hey, No las saques hasta que haya acabado!

Si había algo que no soportaba era que me despertaban mientras dormía. No lo soportaba de mi celular, no lo soportaba de mis amigos. El inspector que desde siempre me había caído mal, se llevaba puntos extras de odio.

-¡Muchacho qué haces en el suelo! ¡Levántate ahora mismo y abrocha tu camisa! – Sin hacer mucho caso a su mandato, aún tratando de recuperar el aliento y la cordura, estaba yo… tendido… adolorido… y con la camisa abierta. Puesta, pero abierta. Sí, debo admitir que fue considerado de su parte vestirme luego de haberme robado mis fluidos vitales. Deseo estar muerto… Fue lo único que pude decir mientras bloqueaba el sol con el brazo. El inspector siguió sermoneándome de lo insensato que era al dormirme en medio del patio, y de que dejara de consumir estupefacientes que me hicieran decir oraciones sin sentido.

Al terminar las clases fui al hospital donde se supone que Emmett estaba internado. Deseé con todas mis fuerzas que mi sacrificio no haya sido en vano, que ese monstruo vil no me haya tendido una jodida trampa y yo no haya sido lo suficientemente estúpido como para caer en ella. Corrí por los pasillos ganándome el odio de todas las enfermeras. Subí por unas escaleras interminables y me dirigí hacia donde la recepcionista me había indicado. – Suba hasta el quinto piso, es la quinta sala a la izquierda. – Casi terminando el recorrido, dejé de correr para cínicamente mantener una actitud de respeto dentro del hospital. Me interné en la sala de espera de los cuidados intensivos. Ahí estaba Rose, aferrada a una señora delgada quien también presentaba índices de haber estado llorado. Se consolaban mutuamente, pero ninguna estaba en condiciones en realidad de servirle de apoyo a la otra.

- Rose… - Hablé para anunciar mi llegada. La chica de cabello largo y rubio me escuchó y volteó a verme con la mirada hecha pedazos. No alcancé a razonarlo y se lanzó a mis brazos, tal como lo había hecho esa mañana. Hundió su rostro en mi ropa y sus tibias lágrimas empaparon mi pecho.

- Emmett… Está… ¡Emmett puede quedar inválido!

Tratando de controlar mi furia la continué abrazando. La mujer que acompañaba a Rose se acercó con caminar lento, como si cada movimiento de pierna le costara hacer un gran esfuerzo. Sus pies se arrastraban en el suelo, como hechos de plomo.

- Disculpa… ¿Eres amigo de mi hijo?- Mis ojos se encontraron con una mirada cansada, el sufrimiento de una madre era el peor castigo que una mujer podía recibir, me solía decir la mía. Al ver que tenía delante de mí la congoja hecha carne, pude comprobar que era cierto. Esa mujer estaba hecha trizas.

No señora, soy amigo de Rose. Pero también vengo a visitarlo. – Rose me soltó y fue en busca de pañuelos desechables. La madre de Emmett aprovechó la instancia para avanzar en mi dirección y darme un fuerte abrazo. La prensa que afirmó en mi cuerpo, me hizo pensar que en realidad me abrazaba pensando en su hijo, soñando que el joven que se alzaba altivo y sano frente a ella fuera su adorado Emmett y no un mero extraño. – Gracias, querido. Los amigos como tú son los que valen oro. – Dicho esto alzó la vista y me regaló una sonrisa de agradecimiento. Alzó sus manos hacia mi rostro y se entretuvo acariciando mis mejillas. Entonces una pesada nube de culpa me aplastó como una cucaracha bajo un zapato, regando mis entrañas en el suelo. Me sentía la peor escoria, la peor basura de este mundo. Yo había dejado inválido a su amado hijo.

Un médico alto, canoso y de buen porte llegó de repente interrumpiendo la escena y nos señaló que podíamos ir a ver al herido. La madre de Emmett me soltó inmediatamente y rauda se internó en la sala. Rose me tomó del brazo, para mi sorpresa pues no sabía que había vuelto, y apoyó su cabeza en mi pecho.

- Tengo miedo… No quiero verlo así… No sería capaz – Conmovido por su terror, le mimé su blanquecina frente y descendí hasta llegar a su mejilla llena de pequeñas pecas. La miré directo a los ojos deseando que mi voz, que aparentaba ser firme y compuesta, le diera un soplo de valor.

Tienes que ir, deja que sienta que estás a su lado. Nada le haría mejor que estés con él. Tienes que ser fuerte. – Rose cerró sus hermosas esmeraldas entre sus largas pestañas y volvió a apoyar su rostro en mí.

- Entonces ven conmigo

Sé que no era el momento, pero lamentablemente en los impulsos del corazón uno no es gobernante. Me embargó un profundo sentimiento de felicidad ante la petición. Rose dependía de mi fuerza, se aferraba a mí como a un estoico pilar y no debía, no quería, decepcionarla. Ingresamos a donde estaban las camillas, había algunas vacías y en la más cercana a la ventana se podía divisar un joven tendido. Estaba lleno de vendajes, suero y rasguños. Nunca antes había presenciado a una persona accidentada de gravedad, y para mí fue un verdadero shock ver que un rostro tan agraciado como el de Emmett se viera en un estado tan… deplorable. Su madre estaba a su lado llorando con su mano tomada a la suya. Automáticamente Rose se despegó de mi cuerpo y se acercó al de su amado novio. Entonces la felicidad que hace tan sólo algunos minutos me había hinchado el pecho, se hizo nada. Caí en la cruda realidad. Ella jamás me pertenecería. Solo soy su mejor amigo. Nada más que eso.

Di unos pasos hacia Emmett y sentí que todo lo que le había pasado había sido obra mía. Sentí más culpa, más rabia y unas ganas interminables de gritar, de querer arrancarle la cabeza a Bella, a pesar de que eso era un deseo bastante iluso de mi parte. Pasó un tiempo y el monitor cardiaco de Emmett no hizo su característico "Pip" Aterrado levanté la vista buscando alguna explicación y vi que la pantalla estaba congelada. Ni Rose ni la madre de Emmett, se movían, permanecían quietas en medio de alguna acción. El escalofrío que siempre llegaba antes que ella, no tardó en azotar mi cuerpo.

- Es hora de almuerzo. ¿Estás listo?


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