Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

LA CONVENIENCIA DEL AMOR

CAPÍTULO 4

—Os lo teníais bien escondido, ¿eh? —dijo Renée saludando al prometido de su hija en cuanto éste entró a la casa a la mañana siguiente.

—Lo siento, Renée —se disculpó besando la mejilla de la mujer —No queríamos ocultarlo pero contarlo tampoco nos parecía lo más prudente en este momento, ya sabes…

—Sí, lo entiendo, cariño. Ven, entra, Bella no tardará en bajar.

Renée le hizo pasar al salón para esperar a Bella, mientras hablaban del éxito de la fiesta del día anterior.

Bella se sintió ridícula al reconocer lo nerviosa que estaba por salir a desayunar con Edward. No era la primera vez que ellos salían juntos y solos a comer, desayunar o cenar, pero era la primera vez en que lo hacían como prometidos, y sin dudas era la primera vez que debería besarlo delante de sus padres.

Escuchaba la voz de Edward hablando con Renée en el salón. Inspiró profundamente y entró.

Edward estaba sentado en el sofá junto a su madre y se le veía completamente relajado.

Con unos vaqueros oscuros y una camisa blanca, con las mangas remangadas mostrando sus antebrazos bronceados y con el suave brillo que le daban los vellos rubios que los cubrían, Bella no pudo dejar de reconocer lo guapo que era su flamante novio. Siendo además de ello, simpático, amable, divertido e inteligente, nadie dudaría que se hubiera podido enamorar de él.

—Hola —saludó llamando la atención de ambos.

Edward se puso en pie de inmediato y le dedicó una sonrisa tan cariñosa, que por un momento Bella pensó que podría amarla de verdad. Con lo natural que actuaba Edward y lo encantado que se mostraba, nadie dudaría de la veracidad de su relación.

—Hola, nena —saludó acercándose a ella e inclinándose para besar sus labios suavemente. —Estás preciosa —susurró aunque Renée lo escuchó y sonrió encantada.

Edward era completamente sincero y no tenía que fingir ninguno de los sentimientos que mostraba por Bella y, por fin poder hacerlo, le tenía extasiado.

Con una falda de gasa estampada que llegaba a sus rodillas, y una camiseta de tirantes azul, la piel de Bella se veía cremosa y exquisita.

Edward se sintió afortunado una vez más, y una vez más, como venía haciendo en las últimas diez horas, se felicitó por la decisión tomada.

—Gracias.

—¿Descansaste?

—Sí —mintió Bella después de la agitada noche que había pasado —¿Y tú?

—Mucho, ahora que por fin blanqueamos lo nuestro —sonrió —Y que al fin me has dado el sí.

—Lo imagino —dijo ella sonrojándose ante la risa de su madre.

Salieron de la casa y Edward condujo hasta una nueva cafetería que había abierto frente al puerto. Se ubicaron en la terraza, de cara al lago e hicieron su pedido.

Cuando el camarero se retiró, Edward cerró la carta para dejarla a un lado mientras fijaba su mirada en el rostro de Bella.

Las gafas de sol espejadas de Bella le impedían ver sus ojos e intentar adivinar sus pensamientos, lo que le frustraba.

—¿Qué? —sonrió la chica dándole a entender que le miraba a él y no al puerto como él había pensado.

—Con esas gafas no sé qué estás mirando.

—A ti —explicó ella y levantó las gafas para dejarlas sobre su cabeza retirando con ellas el cabello de su rostro.

—¿Y te gusta lo que ves? —preguntó divertido.

—No tengo quejas —rió ella —Y lo sabes.

—¿Lo sé?

—Venga ya. Sabes que eres guapo, siempre lo has sido —aseguró. —¿No creo recordar que hiciste algún trabajo de modelo? —agregó abochornando a Edward con lo que él creía era su secreto más vergonzoso.

A los dieciséis años, y para ganar algún dinero extra, había modelado ropa interior para una revista local.

Con el dinero que había obtenido había podido comprar un Cammaro de segunda mano, que tenía unas cuatro o cinco generaciones de vida, y no le había durado más de un año, pero en ese momento él se había sentido orgulloso.

No había continuado con una carrera de modelo y se avergonzaba bastante de su incursión en el mundo de la moda, por lo que no acostumbraba hablar de ello, pero Bella, conociendo a los Cullen de toda la vida, a veces lo recordaba.

—No, no lo recuerdas —sentenció ruborizándose y haciéndola reír cuando el camarero se acercó a ellos y dejó sobre la mesa su orden.

Edward sirvió el zumo de naranjas en las copas que había sobre la mesa, mientras Bella ponía crema y azúcar en su café.

—¿Te sientes más cómoda con nuestra decisión? —preguntó Edward curioso y deseando y temiendo los sentimientos de Bella al respecto de su compromiso.

Bella levantó la vista de su taza y pensó largo rato antes de responder.

—No quiero que nos arrepintamos de esta decisión —confesó por fin.

—¿Por qué lo haríamos?

—No lo sé. Te aprecio demasiado, Edward. A ti y nuestra amistad, y no me gustaría que pudiéramos perderla si esto se nos fuese de las manos.

—Te prometo que no lo haremos, Bella. Yo también te aprecio demasiado como para ello —aseguró cogiendo su mano por encima de la mesa y dándole un suave apretón.

—Pienso que podrías enamorarte de alguien más y arrepentirte de estar casado conmigo.

—Eso no sucederá —dijo convencido —Pero podrías ser tú quien se enamorase de alguien más.

—Supongo que sí, aunque dudo que vuelva a enamorarme alguna vez.

—¿Por qué? ¿Por Sam?

—Organicé toda mi vida en función de mi relación con él. Habíamos incluso hecho los planos de cómo modificaríamos su casa para adecuarla a nuestra vida juntos. Habíamos planeado cuántos hijos tendríamos e incluso el perro —explicó con una sonrisa triste.

—¿Por qué no te fuiste con él, Bella? Si realmente estabas segura de que era un futuro junto a él lo que deseabas, no entiendo que no te fueras con él, o al menos que decidieras esperarle.

—¿Honestamente? —inquirió ella sintiéndose avergonzada de tener que confesar sus sentimientos.

—Sí.

—Me tiré un farol —dijo llevándose un bocado de su tortita con sirope a la boca.

—¿Te tiraste un farol? ¿Qué significa eso?

—No quería dejar la empresa. He vivido toda mi vida sabiendo que heredaría mi parte de la empresa, y he trabajado para ello. Estudié arquitectura para trabajar en Cullen-Swan y amo lo que hago, no querría dejarlo por nada. Sin embargo, Sam quería ser cardiólogo y lo era aquí en Seattle, podía continuar siéndolo aunque no se marchara a Nigeria. Pensé que él lo reconocería y si yo le decía que no me iría con él ni le esperaría, lo repensaría y decidiría quedarse.

—¿Le dijiste que no le esperarías para que él cambiara de opinión?

—Sí —reconoció bajando la vista vergonzosa —Supongo que fui un poco arrogante creyendo que yo podría importarle lo suficiente. —dijo con los ojos húmedos por las lágrimas.

—No, Bella —le contradijo él enredando sus dedos con los de ella —Él fue un idiota. Si realmente te amaba debería haberse quedado.

—Ya —suspiró ella —¿Pero no vale lo mismo para mí? ¿No crees que yo si realmente lo hubiese amado le hubiese seguido?

—No sé, Bella. Tal vez, sí, pero fue él quien cambió vuestros planes sin consultarte.

—Sí, lo sé. Pero ¿sabes lo que más me afecta de todo esto? Pensar que durante ocho años de mi vida, creí amar y me creí amada por alguien, cuando en realidad ni lo uno ni lo otro era tan fuerte.

—No lo sabes, Bella. Tal vez simplemente vuestros intereses cambiaron, pero eso no significa que dejarais de amaros o que nunca lo hubieseis hecho.

—No, supongo que no. Pero ¿es que acaso nuestro amor era tan efímero?

—¿Estás enamorada de él aún, Bella? —preguntó Edward sintiendo que su corazón se rompía.

—¿Qué importa, ya?

—¿Lo estás? —insistió.

—¿Por qué quieres saberlo?

—Porque si estás enamorada de él, creo que deberías luchar por ello.

Bella abrió sus ojos sorprendida.

—Edward, tú y yo acabamos de comprometernos.

—Pero bastará que me digas que amas a Sam y quieres vivir tu vida con él, para que yo viaje a Nigeria y lo traiga de vuelta, aunque sea a golpes.

Bella se carcajeó divertida y enternecida por la actitud de su amigo.

Llevó su mano a la de él y entrelazó los dedos, acariciando la mano de él con ternura.

—El deseo de Sam de viajar por el mundo y trabajar en Nigeria era superior a su deseo de formar una familia conmigo —explicó —No quiero eso para mí. No quiero eso para mi matrimonio. Quiero la sinceridad de lo que tú y yo nos estamos ofreciendo.

—Entonces ¿estás segura de estar dando este paso conmigo?

—Más que de cualquier otra cosa. —sonrió con afecto.

Edward atrajo la mano de Bella a sus labios y la besó sin dejar de fijar la vista en el rostro de la chica.

—Te prometo que no te arrepentirás.

—Lo sé. —reconoció ella confiada.


Gracias a todos por los reviews, alertas y favoritos y gracias por leer.

Bienvenidos a los nuevos lectores.

Este fue un capi cortito. Por eso, os dejo un adelanto del próximo capi.

—Ambos pensamos que el amor pasional llegará con el tiempo.

—¿Y si no lo hace, Bella? Si realmente nunca llegas a sentir eso por mi hermano, ¿qué vas a hacer?

—Tenemos más que muchas parejas, más que muchas parejas casadas y que llevan años juntas —discutió —Nos tenemos cariño, nos respetamos, nos admiramos.

—¿Y el amor? ¿Y la pasión? ¿La química? ¿La atracción física?

—Oh, por favor, Alice. ¿Has visto a tu hermano últimamente? —inquirió con sarcasmo —Edward es un bombón. Es un chico guapísimo y tiene un sex appeal capaz de hacer caer a la mismísima virgen María. ¿Crees que me costará sentir atracción física por él?

Bueno ya sabéis que en Facebook podéis acceder al grupo Las Sex Tensas de Kiki, en el cual encontraréis material de todos mis fics y de éste en particular, hay algunos pequeños adelantos y material sobre los protagonistas.

Y recordad que en mi perfil dejo el link del trailer que hizo Maia Alcyone para esta historia.

Besitos y nos leemos!

Sé que fue un capi corto así que hoy actualización doble. Qué tal?