Serena.

Tardé un poco en acostumbrarme a la luz. Sentía demasiado calor y cuando traté de incorporarme me di cuenta de que Seiya se encontraba a mi lado y de hecho su brazo estaba alrededor mío. Me asusté y me incorporé rápidamente lo que provocó que Seiya se despertara. Seiya abrió los ojos y se los talló algo confundido sin saber qué sucedía.

-¿Me puedes decir qué hacías dormido conmigo?-pregunté mientras me alisaba el cabello.

Seiya me miró con ironía y se incorporó.

-Tenías fiebre.-respondió recogiendo las cobijas.- Solo trataba de compensarte la temperatura.

Como no dijo nada más decidí ayudarle a recoger. Revisé la mochila y solo había algo de pan y un poco de jamón. Me preocupé ya que según Seiya aún nos quedaban algunos días de camino hasta Morioka y ya no teníamos agua tampoco. Sentí la presencia de Seiya justo detrás de mí y me giré para mirarlo.

-Podemos beber agua del río.-dijo adivinando mis pensamientos.-Es agua dulce y no hay ningún problema.

Comenzó a caminar en dirección al río y lo seguí en silencio. Tomó las botellas de agua vacías y fue llenando de una por una. Me senté cerca de él y saqué lo poco que nos quedaba de comer. Cuando terminó de llenar las botellas se sentó junto a mí y aceptó lo que le ofrecía. Comimos en silencio, ambos preocupados por lo que haríamos los días siguientes. Seiya me miró.

-No te preocupes, Serena, sé pescar y podremos sacar algo del río.

Retomamos el camino y antes de irnos lanzamos las mochilas al río. Era mucho más cómodo caminar sin cargar nada más que las cobijas que teníamos y esas las llevaba Seiya. Algo me decía que lo difícil apenas estaba por comenzar y la cabeza me daba vueltas cada vez que pensaba en Darien. ¿De verdad era todo lo que Seiya me había dicho? ¿Era un asesino? ¿Era un hombre cruel y despiadado? Si todas esas acusaciones eran verdad, yo no podía imaginarme a su lado, no podía siquiera pensar en casarme con él y mucho menos en quererlo. Era cierto que jamás lo conocí muy bien. Sabía muy pocas cosas de él porque Darien odiaba hablar de su vida privada. A mí lo único que me importó fue cómo se comportaba conmigo y como siempre fue un buen hombre yo no le di importancia. Pero siempre existen muchas máscaras y tampoco podía dudar de las palabras de Seiya. Seiya jamás se atrevería a mentirme y además había tanto rencor en sus palabras que era casi imposible dudar de ellas.

Kakyuu.

Los días pasaban lentamente para mí. Las horas aún más. La única vista hacia el exterior que tenía era por la ventana de la sala y los edificios se interponían en la belleza de la ciudad. Darien Chiba se la pasaba todo el día fuera. Se iba desde que el sol salía y no regresaba hasta que ya estaba muy oscuro. Había días en que ni siquiera regresaba a dormir. Yo había aprendido a acostumbrarme a todo aquello. Él me odiaba, de eso estaba segura. Lo veía en su mirada llena de desprecio, en sus palabras, en sus golpes… si yo decía algo que no le gustaba, si hacía algo que no le gustaba entonces él me daba una cachetada. Qué podía hacer yo contra él. Era un hombre imponente y muy fuerte, y yo… una simple mujer débil y sin ganas de nada. Había días en que ni siquiera me miraba, ni siquiera se daba cuenta de mi presencia y había otros días en los que me sometía a su antojo y me hacía el amor como le daba la gana. Yo ya no sabía qué sentir, qué pensar. Ni siquiera me había atrevido a escaparme, pues sabía perfectamente que el departamento estaba rodeado por soldados y que si me atrevía a abrir la puerta probablemente moriría de inmediato.

Cocinaba, dormía, veía la televisión solo para encontrar malas noticias, duraba horas mirando por la ventana, a veces tomaba un libro de los que estaban en la repisa. Siempre llevaba puesta la camisa que había tomado del closet, no tenía nada más que la ropa que el mismo Darien me había destrozado. También lloraba, por supuesto, lloraba mucho y cuando me cansaba no podía dejar de hacerlo. Me sentía sucia, tonta, me sentía infiel. Sabía muy bien que tal vez Seiya ni siquiera me recordaba, ni siquiera estaba pensando en mí, pero yo ahora era una mujer maldita, una mujer sucia e impura. Mis padres siempre habían sido conservadores, siempre fueron religiosos y ellos me enseñaron hasta el día de su muerte a seguir los mismos valores. Siempre creí que me entregaría al hombre que amaba, al hombre que sería mi esposo y cuando conocí a Seiya creí que podía ser ese hombre. Y ahora Darien Chiba me ultrajaba cada vez que le daba la gana, me tocaba, me besaba, a veces me golpeaba y me había convertido en una mujer sucia. Mi madre estaría decepcionada de mí, Seiya probablemente ni siquiera desearía estar conmigo ahora. Por otro lado me odiaba a mí misma, odiaba mi destino, mi debilidad, me odiaba por sentir las caricias de Darien, por desearlas y por esperarlas. No lo comprendía, no comprendía cómo es que me gustaban las caricias de un hombre que me odiaba, de un hombre que me maltrataba y que probablemente acabaría conmigo en cualquier momento.

Estaba anocheciendo y tenía hambre, por lo que me dirigí hacia la cocina y revisé qué podía hacer para cenar. Decidí preparar fideos y verduras. Mientras me dedicaba a preparar los alimentos pensé en Darien. Nunca lo veía comer, nunca lo veía cerca de la cocina. Decidí preparar más para que él también pudiera comer. Mientras dejé los fideos en la olla cocinándose, encontré los ingredientes suficientes para preparar una tarta de manzana. Pasé el resto de la tarde cocinando tarta y fideos. Cené mientras veía la televisión y decidí ver una película muy vieja que pasaban en esos momentos. A eso de las diez de la noche ya tenía demasiado sueño. Llevé los platos a la cocina y decidí servir un plato caliente para Darien junto con un trozo de tarta. Lo eché todo en una bandeja y lo llevé hasta su habitación. Dejé la bandeja en la mesita de noche y supuse que si venía a dormir ya no tardaría en llegar, por lo que regresé a la sala y me quedé dormida de inmediato.

Darien.

Eran casi las 10:30 cuando entre al departamento. Todo estaba oscuro y silencioso por lo que encendí la luz del pasillo y caminé hasta la sala en donde vi a Kakyuu dormida en el sillón, como todas las noches. La ignoré y me dirigí hasta mi habitación para poder despojarme de mi ropa. Al entrar percibí un ligero olor a cilantro y salsa de soya, por lo que paseé la mirada por el lugar hasta encontrar una bandeja en la mesita de noche. Me quité el saco y lo lancé al suelo. En la bandeja había un plato grande con fideos y verduras y un plato pequeño con tarta de manzana. Aún estaba caliente y de pronto me di cuenta de que tenía demasiada hambre, pero luego me vino a la cabeza que esa comida la había hecho Kakyuu. ¿Qué tal si la había envenenado? No podía permitirme ese error. Tomé el plato y caminé con él hasta la entrada. Salí y le llamé a uno de mis hombres.

-Prueba esto.-ordené ofreciéndole el plato.

El hombre dudó unos segundos y luego lo tomó. Agarró los palillos y se llevó un poco a la boca. Esperé durante varios minutos y cuando me di cuenta de que no sucedía nada le pedí que se retirara. "Está rico" alcancé a escuchar. Regresé a la habitación y comí tranquilamente. Era verdad, los fideos estaban ricos y las verduras perfectamente cocidas. Lo devoré sin pensarlo y me comí la tarta de una sola mordida. Me quité la ropa y después de lavarme los dientes me metí a la cama.

Al abrir los ojos me sentía diferente. Hacía días que no me sentía totalmente descansado y ahora parecía haber dormido muy bien. Me incorporé lentamente y entonces me di cuenta al ver el reloj que era muy tarde. Eran casi las diez de la mañana y yo nunca me quedaba a esa hora en la casa. Me molesté, ¿cómo era posible que me hubiera quedado dormido? ¡Kakyuu! Ella sabía que yo me iba temprano y no se molestó en despertarme. Salí de la habitación muy molesto pero no la encontré ni en la sala ni en la cocina. Creí que estaría en el baño pero luego escuché ruidos en el cuarto de lavandería. Entré con cuidado y entonces la vi de pie lavando mi traje especial con sus propias manos. Me quedé allí observándola un largo rato mientras ella tallaba fuertemente la tela, tenía el cabello recogido en una coleta y parecía estar sudando a causa del esfuerzo. Traía puesta la camisa que me había tomado del closet y que siempre llevaba puesta y las piernas descubiertas, como solía hacerlo. De pronto me di cuenta de que me miraba y se ponía roja.

-¿Qué crees que estás haciendo?-pregunté desde la puerta.-Nadie te ha dicho que hagas eso.-elevé la voz.

-No, pero creí que…

Entonces me acerqué a ella y le arrebaté el saco.

-Esto es algo muy delicado, mujer, y no se puede lavar así como así.-dije gritando.

Ella se quedó paralizada mientras clavaba sus enormes ojos en los míos. Noté que temblaba un poco y entreabría los labios.

-Yo solo… es por eso que decidí lavarlo a mano.-dijo después de un rato.-Porque una lavadora podría arruinarlo.

Nos quedamos en silencio durante unos instantes más y entonces le devolví la ropa. Ella la tomó mientras agachaba la mirada y salí del cuarto sin decir nada más. Me metí al baño para poder darme una ducha y al salir me enredé la toalla en la cintura. Al salir del baño Kakyuu caminaba por el pasillo y choqué contra ella. La tomé por los hombros para que no cayera y cuando me miró se apresuró en decir "lo siento" y se fue caminando en la dirección contraria. Hoy era día de supervisar por lo que elegí un traje en vez de un uniforme y después de cepillarme el cabello y echarme loción salí de la habitación. Cuando estaba a punto de salir de la casa escuché su voz de nuevo.

-Señor Chiba.

Me volví hacia ella y la vi en la cocina.

-Creí que le gustaría desayunar algo antes de… irse.

La miré extrañado. No comprendía por qué me había hecho de cenar y ahora tenía el desayuno listo. Me acerqué a la cocina dudoso y me senté frente a un plato con huevos fritos y tocino. Ella me dio la espalda y se dedicó a lavar unos trastes. Comí lentamente mientras la observaba. Era una mujer demasiado sumisa, demasiado tranquila. Dejaba que los demás pasaran por encima de ella y no se inmutaba si alguien la maltrataba.

-¿Por qué preparaste la cena anoche? ¿Por qué preparas el desayuno ahora?

-Solo creí que…

-Cuando hables conmigo quiero que me mires a la cara.-ordené.

Kakyuu dejó los platos en el fregadero y se giró con lentitud.

-Creí que sería de su agrado comer algo caliente, señor, no lo he visto comer bien.

Me llevé a la boca el último trozo de tocino y bebí el jugo de naranja sin dejar de mirarla. Me puse de pie después de limpiarme con la servilleta.

-Te advierto que si tratas de envenenarme o algo parecido…-ya estaba justo frente a ella y la tomé fuertemente del cuello.

Pero no pude terminar la frase. Sus ojos marrones estaban clavados en los míos, eran cristalinos y noté un par de lágrimas acumuladas en ellos. Su mirada cargada de miedo me hizo estremecer. Sin siquiera darme cuenta, mi otra mano se deslizaba por su cuello y tenía su rostro en las manos. Sus labios temblaban y podía sentir su respiración entrecortada en mi rostro. Deslicé mis labios con lentitud por los suyos y noté cómo dejaban de temblar. Me apreté más contra ella al tiempo que la besaba con cuidado y lentitud, como si estuviera estudiando cada uno de sus movimientos. Sentí cómo su cuerpo se arqueaba y cómo abría más la boca para dejarme besarla. Un deseo creciente dentro de mí me impedía soltarla y entonces tuve que hacer un esfuerzo sobrenatural para soltarla, pues tenía muchas cosas que hacer. Me separé de ella con brusquedad y tenía los ojos cerrados mientras respiraba entrecortadamente.

-Tengo que irme.-dije tratando de recobrar el aliento.

Le di la espalda y salí del departamento.

Seiya.

No tenía la menor idea de cuánto tiempo faltaba para llegar a Morioka. El río era bastante largo y ya habían pasados varios días. Serena se encontraba muy mal. Apenas tenía fuerzas para caminar y la veía débil y cansada. No habíamos tenido mucho éxito con la comida. Solo había logrado conseguir dos o tres truchas durante aquellos días y no era suficiente para el hambre que teníamos, pero era difícil encontrar más peces en aquel río ya que la corriente estaba tan rápida que era casi imposible pescar uno.

Serena se encontraba unos metros detrás de mí. La miré y me di cuenta de que estaba pálida y caminaba muy lento y tenía que detenerse de los árboles para continuar. Cuando me acerqué a ella la vi desvanecerse sobre el suelo y me apresuré. La tomé entre mis brazos y traté de hacerla reaccionar.

-Serena, contéstame por favor, ¡Serena!-grité.

Ella abrió los ojos y trató de incorporarse.

-Serena, ¿qué te sucede?

-No puedo.-logró decir rato después.-Necesito… comer, estoy muy… cansada

La vi entrecerrar los ojos nuevamente y le sostuve la cabeza.

-Serena, por favor, no cierres los ojos, te traeré… te traeré comida… por favor…

Dejé a Serena sobre el suelo. La cubrí con una de las cobijas y corrí hacia el bosque. Busqué desesperadamente algo que pudiera comer. Encontré algunas nueces, algunas cerezas, pero no era suficiente para darle las fuerzas necesarias a Serena. Regresé a donde la había dejado y dejé los frutos junto a ella y me dirigí al río. Me metí sin pensarlo dos veces. Tenía que encontrar una trucha o de lo contrario Serena corría peligro. Muchos se me escaparon y conforme los veía irse la desesperación aumentaba dentro de mí. No lograba capturar ninguno e incluso varias veces estuve a punto de irme con la corriente al fin logré atrapar una trucha y me salí del río como pude. Estaba completamente mojado y el frío se hacía presente en el bosque. Ahora necesitaba hacer una fogata para poder cocinarlo. No dejaba de temblar, mojado y con el frío que hacía solo empeoraba. Tardé mucho tiempo en lograr encender el fuego y enterré la trucha en un palo para poder echarla sobre las brasas. Mientras la trucha se quedaba en el fuego corrí hasta Serena y la incliné un poco. Ella dormitaba y traté de despertarla, pero parecía no reaccionar. Le metí a la boca unas cuantas cerezas y de alguna manera traté de hacer que se las tragara. Fui por un poco de agua y le di de beber. Al poco tiempo parpadeó un par de veces y trató de acostumbrarse. Me miró algo confundida. La dejé recargada en el tronco del árbol y fui a revisar el pescado. Aun necesitaba más tiempo y le di vueltas para que se cocinara bien de ambos lados.

Miré a Serena. No podía creer que todo esto estuviera sucediendo por mi culpa. Por días enteros no habíamos logrado comer nada más que unas cuantas nueces. Serena lucía demasiado pálida y débil y yo no lograba adivinar cuánto tiempo faltaba para Morioka. Saqué el pescado de la lumbre y dejé que se enfriara un poco. Me acerqué de nuevo a Serena y volví a ayudarle para que comiera. Le di trozos pequeños y la ayudé a que pudiera tragárselos. Poco a poco ella misma recobró fuerzas para masticar y dejó que le diera de comer en la boca. Le di cada trozo, cada pedazo de carne que esa trucha tenía. Al menos le daría fuerzas para un tiempo. Serena logró comerse todo el pescado y pareció recuperar un poco el color en su rostro. Le di algo de agua y pareció recuperarse un poco.

-Seiya… tú no comiste…

-Serena, no te preocupes por eso ahora, lo importante es que te sientas mejor. Vamos a descansar aquí porque no creo que puedas seguir caminando, ¿entiendes?, te pondrás bien…

-Perdóname, Seiya…

La tomé por los hombros y la abracé.

-Tranquila, Serena, descansa ya.-dije mientras la arrullaba para que pudiera descansar.

Darien.

-Lo siento, señor, no logramos atraparlos pero ya sabemos en qué dirección van. Encontramos unas mochilas con restos de comidas en el río Sensai. Ese río se dirige a la ciudad de Morioka, no hay otra salida, tienen que llegar allí.

-Quiero que los esperen en la ciudad, que estén todos bien alertas porque ya no se pueden escapar.-dije mientras caminaba por la acera.

Comenzó a explicarme algunas cosas cuando íbamos caminando cerca de algunas boutiques. Me detuve inconscientemente frente al aparador de una de las boutiques y me quedé observando un vestido azulado sobre el maniquí. Me le quedé mirando y pensé en Kakyuu. Solo escuchaba que el joven Ariuki decía algo pero no presté atención a sus palabras.

-Cómpralo.-ordené.-Mientras yo entro al sindicato, cómpralo.

El joven Ariuki me miró extrañado pero lo vi obedecer y se metió a la boutique. Entré al sindicato con mi séquito de hombres y me encontré con Kino y sus hombres. Estaban ultimando los detalles de lo que harían con los Krawls capturados.

-Qué bueno que llegaste, Chiba.-dijo Kino estrechándome la mano.-Solo te necesitaba a ti para ultimar detalles.

Me senté frente a él.

-Tenemos al 85% de los Krawls en nuestras manos. Mi secretario me dice que sería mejor que solo diéramos muerte a los activistas y traidores, mientras que a los que solo sufren de la desafortunada suerte de ser Krawl, los dejemos en prisión por el resto de sus vidas. ¿Tú qué opinas? Yo deseaba que todos tuvieran el mismo destino, sé que me comprenderás.

Me quedé mirándolo y por primera vez no supe qué responder.

-La mitad ha votado por el consejo del secretario y la otra mitad ha votado por mi propia recomendación. ¿Tú qué opinas?

-La verdad, señor, no me he dedicado a pensar en eso. Estaré muy agradecido de formar parte de esta decisión pero en estos momentos hay otras cosas en mi cabeza.

-¿Todavía no han atrapado a tu prometida y al estúpido de Seiya Kou?

Negué.

-Será mejor que resuelvas ese problema pronto.-dijo Kino poniéndose de pie.-Porque nuestro país se está reestructurando y te necesito a mi lado en cada decisión, así no podrás trabajar conmigo. Espero que pronto los encuentren y podamos darles a esos dos el castigo que se merecen.

-Yo más que nadie deseo encontrarlos, señor, yo mismo acabaré con ellos si es necesario.

-Muy bien.-dijo relajándose un poco.-Nos vemos mañana en los cuarteles.

La mayoría de los hombres se salió junto con Kino y yo me incorporé para reunirme con mis hombres. Entonces uno de los miembros del comité se me acercó.

-Chiba.-dijo el señor Fukushima.-Tengo entendido que tiene a todos sus hombres tras los traidores.

-Así es, señor Fukushima, mi propósito es encontrarlos, vivos o muertos.

-También tengo entendido que esa mujer, la que está relacionada con Seiya Kou, también está en su poder, ¿no es así?

De pronto me quedé sin palabras.

-Así es.-dije tras un largo rato de silencio.-¿Qué hay con eso?

-Nada, Chiba, tan solo que me gustaría saber por qué no la has enviado con los otros Krawls, a donde pertenece. No te ha servido de mucho, ¿o sí?

-Eso a usted no le incumbe, señor Fukushima, con todo respeto. Esa Krawl conoce muy bien a Seiya Kou y la necesito.-mentí.-Hasta que no lo encuentre no puedo hacer nada con ella.

-De acuerdo, señor Chiba, estaremos esperando los resultados.

El señor Fukushima me dio la espalda y regresé con mis hombres. A mí nadie me daba órdenes ni se metía en mis asuntos. Lo que yo hiciera con Kakyuu Fireball era mi problema y nadie de aquellos hombres tenía por qué importarle.

Kakyuu.

Todo el día me había dedicado a limpiar el lugar y acomodar todo lo que estaba desordenado. Había elegido un libro de la repisa y me encontraba leyendo sentada en el alféizar de la ventana sintiendo el aire fresco sobre mi cuerpo. Pasaba las páginas con tranquilidad, capturando cada palabra y cada oración. Escuché que la puerta se abría y vi al señor Chiba entrar con una bolsa en la mano y su saco sobre el brazo. Los lanzó sobre el sofá y se acercó a mí sin decir palabra alguna. Me miró un rato y luego me arrebató el libro de las manos y lo lanzó al suelo para poder tomarme entre sus brazos y llevarme cargando hasta su habitación.

Me lanzó sobre la cama y se echó sobre mí al tiempo que se quitaba la camisa. Pude ver las líneas que dibujaban sus músculos y sentí uno de sus dedos introducirse en mí. Entreabrí los labios sin darme cuenta y encontré sus ojos clavados en los míos mientras metía un segundo dedo con delicadeza. Sentí su cuerpo apretarse contra el mío y no podía dejar de mirarlo. Cada vez me sentía más aprisionada, sentía que el placer crecía dentro de mí deseando más y más. Se detuvo por unos instantes y comenzó a desabrocharme la camisa. Yo no me moví, no hice nada y solo dejé que sus manos se deslizaran por mis senos y mi vientre. Me quitó la ropa interior y de pronto sentí su lengua en mi entrepierna. Por un momento me asusté, no sabía lo que eso significaba y de pronto sentí que todo mi cuerpo se estremecía. La lengua de Darien se movía de arriba hacia abajo con lentitud mientras mi cuerpo temblaba de pies a cabeza. Jamás había sentido nada parecido y de vez en cuando sentía la mirada de Darien sobre mí al tiempo que me retorcía. Darien se separó de mí unos segundos para poder quitarse los pantalones y entonces vi cómo su miembro ya duro se escapaba de la ropa. Me le quedé mirando y entonces Darien me tomó por la cintura y me acercó a él. Se acomodó entre mis piernas y se introdujo en mí poco a poco. Sentí sus manos enredarse con más fuerza en mi cuerpo y luego comenzó a aumentar la velocidad. Él no dejaba de mirarme y yo me había puesto roja del placer. Conforme la punzada en mi vientre aumentaba Darien se movía más rápido y entonces se detuvo. Se recostó junto a mí y me obligó a sentarme encima de él. Él mismo me acomodó sobre su pene y sentí una punzada de dolor mientras entraba.

-Quiero que te muevas.-dijo de pronto.-Muévete.

Yo no tenía idea de cómo hacerle ni de cómo quería que lo hiciera. Sus manos estaban firmemente agarradas de mis caderas y comencé a moverme inconscientemente de atrás hacia delante. Él me observaba detenidamente, estudiando cada uno de mis movimientos. Me movía lentamente tratando de encontrar la mejor manera de hacerlo, pero cuando comencé a sentir el mismo deseo que antes comencé a moverme con más rapidez sin darme cuenta. Darien me miraba en cada movimiento y luego de un rato se incorporó un poco para tener su rostro frente al mío. De nuevo tomó el control y comenzó a moverse al mismo tiempo que yo. Sentía cómo el deseo en mi vientre incrementaba con cada embestida y de pronto… de pronto caí en sus brazos rendida y temblando de pies a cabeza.

No me di cuenta de cuánto tiempo pasó pero ambos nos quedamos en silencio y yo estaba tumbada a su lado boca abajo y desnuda. Darien trataba de recuperar el ritmo de su respiración y no podía dejar de mirarlo. Tenía muchas cosas que preguntarle y no sabía cómo, pero algo dentro de mí ansiaba saber quién era la mujer de la fotografía.

-¿Quién es ella, señor Chiba?-me atreví a preguntar. Por algunos minutos no hubo respuesta y luego giró su rostro para mirarme.

-Eso no te interesa.-respondió desviando la mirada de nuevo.

No supe qué responder y dejé que el silencio invadiera la atmósfera de nuevo para luego abrir la boca nuevamente.

-Se equivoca usted.-dije.-Sí me interesa.

Darien volvió a mirarme con los ojos encendidos.

-No. No te interesa y deja de hacer preguntas.

Minutos después Darien se separó de mí y salió de la habitación aún desnudo. Regresó al cabo de unos segundos con la misma bolsa con la que había entrado al departamento y me la entregó.

-¿Qué es?-pregunté algo confundida.

-Solo tómalo y sal de aquí, quiero dormir.

Me levanté de la cama y cuando estuve a punto de tomar la camisa que siempre llevaba puesta sentí cómo Darien me tomaba del brazo con fuerza.

-No la vas a necesitar más.-dijo mirándome.

-¿No quiere comer algo, señor?

-Solo sal de aquí.

Salí de allí en cuanto me liberó y cerró la puerta tras de mí. Caminé hasta la sala completamente desnuda. Me senté en el sillón y abrí la bolsa. Lo primero que saqué fue varias piezas de ropa interior y también había un vestido. Abrí los ojos como platos cuando lo saqué y lo extendí frente a mí. Era un vestido blanco de tela de manta muy fina con un poco de seda. Se ceñía hasta la cintura en donde tenía un hermoso moño y luego era suelto y con algo de volumen. Brillaba mucho y era demasiado bonito. Me quedé mirándolo por mucho tiempo. Jamás había tenido un vestido tan bonito y mucho menos tan caro como ese. Nunca en toda mi vida hubiera podido aspirar a comprarme algo así y él me lo había regalado… no comprendía por qué lo había hecho pero lo tomé entre mis brazos y comencé a dar vueltas por toda la sala. Quería ponérmelo de inmediato pero ya era muy noche y no tendría caso. Lo extendí sobre la mesa y me acomodé en el sillón. Tendría que dormirme desnuda pues tampoco tenía pijama y decidí que al siguiente día le robaría a Darien una playera.

A la mañana siguiente me había despertado muy temprano. Me metí a la regadera y al salir me puse algo de ropa interior nueva y me coloqué el vestido con entusiasmo. Amarré mi cabello en una coleta y me miré en el espejo que había en el baño. No podía creer que ese vestido estuviera tan bonito y mucho menos que me quedara tan bien. No podía dejar de mirarme. No quería quitármelo jamás. Decidí que para agradecerle a Darien prepararía el desayuno de nuevo y me dediqué a preparar unos panqueques con tocino y salchichas. Preparé algo de café y mientras servía escuché los pasos de Darien por el pasillo. No pude evitar dibujar una sonrisa cuando lo vi aparecer en la cocina y sentí cómo su mirada recorría mi cuerpo.

Darien.

Kakyuu me sonreía abiertamente al tiempo que dejaba una taza de café sobre la mesa. No pude evitar recorrer su cuerpo con la mirada y sentí satisfacción al darme cuenta de que el vestido le quedaba muy bien. De pronto sentí sus brazos rodeando mi cuello y pegándose contra mí.

-Muchas gracias.-dijo cerca de mi oído.

No comprendía por qué había hecho eso pero no supe qué hacer mientras ella me abrazaba, así que la separé de mí lo más rápido que pude y ella no dejaba de sonreír.

-Le hice panqueques…

La miré sin decir nada y me senté a comer. Ella comía con rapidez como si tuviera demasiado hambre y terminó primero que yo. Al terminar me levanté y dejé los platos a un lado. Kakyuu se encontraba en la sala leyendo y decidí irme sin decirle nada.

Durante toda el día me la pasé de arriba abajo con los soldados. Aún no había noticias ni de Seiya ni de Serena y me volvía cada vez más loco. Me la pasé viajando del sindicato al tribunal y al comité. Tuve que llamarle a mis hombres que cuidaban el departamento para que buscaran unos papeles que necesitaba dentro de unas cuantas horas e iría por ellos en cuanto los tuvieran listos.

Kakyuu.

Me encontraba leyendo en el sillón cuando escuché que la puerta se abría. Pensé que sería Darien pero me alarmé cuando vi a dos de los soldados que cuidaban el departamento entrar. Ambos me vieron extrañados y luego se miraron entre ellos y comenzaron a reírse. Me puse de pie inmediatamente con el libro en la mano.

-¿Qué hacen aquí?-dije sin pensar.

-No tenemos por qué darle explicaciones a una maldita Krawl.-dijo uno de ellos.-Más bien, nosotros tendríamos que preguntar por qué tú sigues aquí y no en la cárcel con los demás malditos.

-Eso no les importa a ustedes.

Ambos rieron.

-Ahora resulta.-dijo el otro.-Que los pájaros le tiran a las escopetas.

-Creo que podremos divertirnos un poco antes de buscar los papeles que quiere Darien.

Ambos se miraron mientras sonreían maliciosamente. Noté que se acercaban a mí y caminé hacia atrás inconscientemente. Ambos se me acercaban y comencé a sentir que el miedo se apoderaba de mí. De pronto uno de ellos me tomó bruscamente del brazo y del otro brazo el segundo hombre.

-Déjenme en paz.-logré decir a pesar de que había comenzado a temblar de pies a cabeza.-Suéltenme.

No dejaban de reírse de mí e intentaban desnudarme. Comencé a sentir mucha desesperación y grité instintivamente.

-¡Suéltenme! ¡Déjenme ya!

Los dos me jalaban bruscamente mientras intentaban besarme y tocarme con sus sucias manos. No podía permitir que esos dos me tocaran y mucho menos que lograran su objetivo. Comencé a llorar porque eran demasiado fuertes para mí. Por más que intentaba zafarme no lo lograba y ellos ganaban cada vez más.

-Por favor…-dije tratando de gritar.-¡Suéltenme!

Uno de ellos trató de jalar mi vestido y sentí que la sangre se me iba del cuerpo.

-¡No, mi vestido no, déjenme!-grité con todas mis fuerzas.

Darien.

Como estaba muy cerca del departamento había decidido pasar por los papeles antes de la hora acordada. Subí rápidamente por las escaleras y me di cuenta de que ninguno de los dos hombres estaban en sus puestos y de pronto escuché los gritos de Kakyuu. Me apresuré a entrar al departamento y pude ser testigo de cómo entre los dos trataban de desnudarla y cómo la jalaban bruscamente mientras ella gritaba y pataleaba.

-¡No, mi vestido no, déjenme!-gritaba Kakyuu tratando de liberarse de mis hombres.

Apreté los puños inconscientemente. No sabía qué me estaba pasando pero sentía cómo el coraje y la furia subían rápidamente por mi cuerpo. Me sentía sumamente enfadado y no soporté ver cómo esos dos trataban de tocarla. Sin darme cuenta de lo que estaba haciendo me acerqué a ellos y tomé a uno de ellos por los hombros y lo empujé bruscamente hacia un lado para después darle una fuerte patada en el abdomen. El segundo aún tenía a Kakyuu en sus brazos y me miró confundido. Lo tomé de la camisa y lo golpeé fuertemente en el rostro para después darle un rodillazo en la entrepierna. Lo tomé del brazo y lo jalé lejos de Kakyuu, vi cómo ella lloraba y trataba de alisarse el vestido y se acorralaba contra la pared. El otro hombre ya se había puesto de pie y también lo tomé del brazo, obligando a ambos a caminar hasta la entrada.

-Que les quede bien claro.-grité.-Que a ella solo la toco yo, ¡solo yo!-grité más fuerte.-Lárguense, lárguense en este momento que mañana sufrirán las consecuencias.

Ambos se perdieron de mi vista y cerré la puerta de un solo golpe. No podía controlarme. Me sentía demasiado furioso y demasiado estresado. Kakyuu me miraba con los ojos llenos de lágrimas y la vi caminar hasta mí con lentitud. Me miró nuevamente y luego me abrazó sin decir nada. Por varios segundos me quedé inmóvil sintiendo cómo ella lloraba en mi pecho. No me moví, no hice nada, luego de que ella me apretara más decidí abrazarla también.

-Gra…cias…-me dijo entre sollozos.

Nos quedamos varios minutos ahí, de pie y abrazados. Cuando noté que Kakyuu se calmaba me separé de ella lentamente y pareció no protestar.

-No lograron dañar mi vestido.-dijo de pronto.-No lo lograron.

No pude responderle y lo único que hice fue tomarla del brazo con delicadeza y llevarla hasta mi cuarto.

-Puedes dormir aquí.

Ella me miró confundida pero no dijo nada.

-No tengo pijama.-dijo al cabo de un rato.

Me di cuenta de que insinuaba que debía prestarle algo de ropa y tuve que decirle que sí. La vi caminar hasta mis cajones y buscar en ellos una playera que pudiera ponerse. Me di cuenta de que Kakyuu era como una niña pequeña y frágil que no conocía muchas cosas y que parecía descubrir un mundo nuevo cada día. Se quitó el vestido con extremo cuidado y lo extendió sobre una silla para luego ponerse la playera que había elegido. Yo en cambio me quité la ropa y me puse la pantalonera con la que siempre dormía. Nunca me ponía playera para dormir y me acosté en la cama. Kakyuu me miraba como esperando a que le diera órdenes y solo extendí la mano para hacerle entender que podía acostarse.

-Puedo dormir en la sala.-respondió.-No hay problema.

-Duerme aquí.-ordené entonces, porque al parecer solo obedecía así.

Guardó silencio y se recostó bajo las cobijas a mi lado. Nos quedamos en silencio. Había apagado las luces y a pesar de que pasaba el tiempo no lograba dormir. Sabía perfectamente que al día siguiente tendría problemas por haber faltado a los pendientes que aún tenía, pero de pronto se me habían quitado las ganas de ir a trabajar. Había hecho unas llamadas para excusarme. Me di cuenta de que Kakyuu tampoco dormía porque no dejaba de mover las manos y no podía dormir normalmente. Me sentía demasiado extraño. Desde que ella había descubierto la fotografía de Rei no podía dejar de pensar en eso y necesitaba sacarlo. Ella me había dicho que le interesaba saber, y no recordaba a nadie que me hubiera dicho eso. Noté su cabello rojizo extendido sobre la almohada y entonces le toqué el hombro delicadamente cuando intenté apartar un mechón de cabello de su rostro. Ella se giró lentamente al tacto y me miró con algo de rubor en el rostro.

-Ella era mi prometida.-dije de pronto sin pensar.

Kakyuu entonces se volvió a acomodar para poder mirarme.

-Hace muchos años.-continué.-Diez, para ser exactos. Yo era un chiquillo de 20 años, ella también. Nos conocíamos de toda la vida, nuestros padres eran amigos y crecimos juntos. Fue la primera mujer de la que me enamoré. No conocía yo a ninguna otra, para mí no existía ninguna otra porque no tenía ojos para nadie más. Como ella siempre estuvo presente en mi vida nunca creí que pudiera haber otra mujer para mí. Queríamos casarnos, formar una familia… queríamos hacer muchas cosas, pero…

Ella me miraba sin decir nada. Sus ojos atentos en mí.

-La guerra estaba en su pleno apogeo, yo estaba en entrenamiento y no podía estar todo el tiempo con ella. El barrio en el que ella vivía… era uno de esos barrios mixtos que antes había, de los pocos que había y entonces… ella era una mujer muy buena, ella no tenía nada contra los Krawls, la mayoría de sus amigos lo eran…

Kakyuu se había incorporado y me miraba directamente a los ojos.

-Los Krawls comenzaron a defenderse, todo era una balacera, muertes por todos lados, gente peleando, gente huyendo… ella trataba de ayudar a unas personas a huir, pero un Krawl que estaba muy enojado, un Krawl confundido que creyó que ella… creyó que ella estaba ayudando a los Lirios a capturarlos y él… él la mató.-dije por fin.

Kakyuu abrió los ojos como platos. Guardé silencio y sentí que ella tomaba una de mis manos con cuidado.

-Señor Chiba…-dijo entonces.-Es por eso que usted… que usted nos odia tanto.

La miré y había sinceridad en su mirada.

-Lo siento mucho.

Separé mi mano de la de ella.

-Jamás le había contado esto a nadie, y si te lo conté fue porque… olvídalo.-dije.-Solo te pido que no le menciones esto a nadie, a nadie, ¿entendiste? Ni siquiera sé por qué te lo dije.

-No tiene por qué preocuparse por nada, señor, jamás le hablaría de esto a nadie… y aunque quisiera hacerlo, creo que jamás tendré esa oportunidad, ¿cierto?-respondió agachando la mirada.

-¿A qué te refieres?

-A que cuando usted termine conmigo me enviará a una de esas cárceles, y en esa cárcel me encerrarán en una celda especial por lo que pasó con Seiya y su prometida.

No respondí.

-Usted… ¿usted pudo olvidar a la mujer de la fotografía con la señorita Tsukino?-preguntó de pronto.

-Quiero que te quede claro que lo que yo sentía por Rei… eso es algo muy diferente a lo que sentiré por otras mujeres. Ella ya no está aquí, y jamás podré querer a nadie de la manera en la que la quise a ella, pero sí puedo volver a amar.

-¿No amaba a Serena Tsukino?

-Por supuesto que sí. La amaba, pero de diferente manera. Creí encontrar a ella a una compañera incondicional, pero siempre… siempre había una enorme distancia entre nosotros que nos permitía… que nos permitía ser realmente sinceros y confiados. Jamás logré atravesar ese espacio, siempre creí que podría llegar a sentir lo mismo que sentí con Rei, pero no fue así.-confesé.-Pero ya deja de hacer preguntas.-volví a mirarla.-Después de todo no te incumbe y tú no podrías entenderme. ¿Cuántos años tienes?

Kakyuu agachó la mirada.

-22, señor.-respondió.

Me sorprendí. Ella me miró avergonzada.

-Eres tan solo una niña.-dije comprendiendo su forma de ser.

Kakyuu no respondió y noté cómo unas cuantas lágrimas resbalaban por sus mejillas.

-¿Qué sucede?-pregunté confundido.

-Señor… es solo que… si usted no me odiara… si usted no odiara a los Krawls…

-¿Qué?

-Usted podría ser un buen hombre.

Me quedé en silencio.

-¿Por qué eres tan pacífica? ¿Por qué no estás en la otra habitación llorando por estar aquí? ¿Por qué no intentas escaparte? ¿Por qué siempre aceptas todo lo que te digo y hago sin enojarte…?

-¿De qué serviría?-me interrumpió.-De cualquier manera usted siempre va a ganarme, siempre va a hacer lo que desee y yo jamás podría más que usted. Yo no soy nadie, no sirvo para nada, no soy nada… cada día me despierto y me doy cuenta de que cada vez existen menos posibilidades para mí. Sé que mis últimos días los viviré encerrada. Aquí o en una celda, pero ya no habrá más para mí, señor, eso lo he sabido desde que era una niña. ¿De qué me serviría retarlo o contradecirlo?

La tomé instintivamente por los hombros.

-¡Te quité tu virginidad!-dije casi gritando.-¡Insúltame! Seguramente esa no era la forma en la que tú…

-No, señor, esa no era la forma, ni el tiempo.-dijo entonces.-Ya no puedo hacer nada al respecto, señor Chiba, pero ahora… ahora no puedo imaginarme a otro hombre haciendo lo mismo que usted me hace, no puedo y ni siquiera soporto la idea…

-¿Qué estás diciendo?-dije zarandeándola un poco.-¿Estás diciendo que ya no desearías que otro hombre te…?

Ella negó rápidamente antes de que terminara la frase.

-Ni lo diga. No… no podría soportarlo.

-¿Y qué hay de Seiya Kou?-pregunté de pronto.

-Bueno… es evidente que él nunca me quiso, señor, tengo que aprender a aceptarlo y respecto a su pregunta, ni siquiera Seiya Kou, señor.

-No puedo creer en lo que dices.

-¿Por qué no, señor? ¿Usted cree que yo me siento bien con todo esto? Lucho día y noche contra lo que siento, usted me odia, y yo debería de odiarlo a usted, debería detestar sus caricias pero cuando me toca yo…

-Cállate.

Ella dibujó una débil sonrisa en su rostro.

-Lo siento.-se excusó.-Será mejor que duerma en la sala, señor.

Kakyuu intentó incorporarse y la detuve antes de que pudiera moverse.

-No. Vas a dormir aquí.

-Sí.-respondió.

-Acuéstate.

Kakyuu obedeció y se acomodó bajo las sábanas para luego darme la espalda. Regresé a mi lugar y me recosté sin lograr conciliar el sueño. Pasó bastante tiempo pero aun podía escuchar la respiración de Kakyuu. La miré y noté que parpadeaba unas cuantas veces. Entonces me acerqué a ella y la obligué a mirarme. Sus ojos brillaban en la oscuridad y me miraba sin perder la concentración. La vi entreabrir los labios y entonces la besé bruscamente en los labios. Sentí sus labios aceptar los míos sin ninguna resistencia. Me separé de ella con la misma intensidad y ella seguía sin inmutarse. Volví a mi lugar y poco a poco el sueño se apoderó de mi cuerpo.