Los personajes no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación de la novela Amor en público de Penny Jordan.
Amor en público
Penny Jordan
Capítulo 2
El inconfundible sonido del motor del Ferrari de Sai, arrancado por manos inexpertas, alertó a Sasuke.
Salió corriendo hacia la calle, y acertó a ver las dos cabezas de las ladronas que se estaban llevando el coche. Estaba claro que no sabían conducirlo.
Pero lo que más tensión le causaba no era el coche en absoluto, sino la posibilidad de que se produjera un accidente. Había sufrido la experiencia de tener que identificar los cuerpos de su primo y de su esposa después de la tragedia, y no tenía ganas de repetir la historia.
Estaba a punto de llamar a la policía para denunciar el robo cuando vio el choque que había estado temiendo.
Aliviado, se dio cuenta en seguida de que había sido un golpe sin ninguna importancia. El conductor del otro coche había salido del vehículo y se dirigía hacia el Ferrari.
Sasuke colgó el teléfono y corrió hacia ellos.
Por encima de los gritos histéricos de Karin, Sakura oyó voces de italianos. Le dolía la cabeza porque se había dado un golpe contra el parabrisas, y mientras abría y cerraba los ojos se dio cuenta de que Karin ya estaba de pie en la calzada, al lado del coche. Intentó concentrar sus pensamientos para conseguir salir del estado de shock.
Alguien, seguramente un hombre, estaba consolando a Karin, que lloraba en medio de la histeria. Pero nadie se molestaba en ayudarla a ella. Sin embargo, consiguió salir del coche, justo en el momento en que la multitud que las rodeaba se abrió para dejar paso a un hombre alto y bronceado, que le dio su tarjeta al otro conductor.
Después, la miró y ella lo reconoció al instante. Sakura pensó que iba a desmayarse. Habría reconocido aquellos ojos en cualquier parte, y se dio cuenta, al ver la forma en que él la miraba, de que también la recordaba perfectamente.
Era el hombre que había visto aquella mañana... La cabeza empezó a darle vueltas y se apretó la sien con una mano. Estaba muy mareada y no sabía cómo desviar su mirada de la de aquel hombre furioso y hostil. La impresión por lo que había ocurrido le había desprovisto de todo control y madurez para enfrentarse a la situación. Se sentía indefensa y necesitaba que alguien fuera amable con ella.
Aquel hombre de mirada dura y facciones marca das continuaba mirándola tan fijamente, que se sentía como un espécimen bajo el microscopio.
Sakura oyó que Karin decía entre sollozos:
-No ha sido culpa mía. Yo no he hecho nada. Era ella la que conducía, no yo...
Aquellas palabras no le causaron mucho impacto, porque estaba concentrada en las palabras de aquel hombre, que con un perfecto inglés le estaba preguntando:
-Si usted es la culpable de esta... atrocidad, déjeme decirle que me voy a ocupar de que pague por ello. ¿Tiene alguna idea de lo que ha hecho? ¿Del peligro de que alguien muriera? -la voz se tornó más aguda y amarga-. ¿Alguna vez ha visto la víctima de un accidente grave?
Sakura sintió náuseas. Él no le estaba diciendo nada que no supiera, pero Karin, que también lo estaba escuchando, se había quedado silenciosa y avergonzada. Sakura sintió que su deber era protegerla. En aquel momento pudo por fin fijarse en los dos coches y se dio cuenta de que él había reaccionado desproporcionadamente. La puerta del conductor del Ferrari estaba abollada y se había roto un cristal, y el otro coche también tenía una abolladura, pero el conductor no estaba herido y estaba consolando a Karin, que temblaba y le decía a todo el mundo que era Sakura la que conducía el coche.
Sakura abrió la boca para corregirla y defenderse, pero volvió a cerrarla.
Karin tenía diecisiete años, y acababa de sacarse el carnet de conducir. La noche anterior había estado bebiendo y probablemente todavía tenía alcohol en la sangre, y además estaba a su cargo. Y ella le había prometido a su hermana que la cuidaría...
Sin saber muy bien lo que hacía, levantó la vista hacia el propietario del coche y le dirigió una mirada de indefensión.
Sasuke se quedó rígido al ver cómo lo estaba mirando. Parecía más una niña que una mujer; estaba muy pálida, tenía un golpe en un ojo y le temblaba la boca. Su cuerpo era muy esbelto y delicado. Pero él conocía la sensualidad que irradiaban sus pechos, aunque en aquel momento estuviese disimulada por la blusa y no fuera tan evidente como cuando llevaba la camiseta y el helado caía a gotas...
Su cuerpo respondió con una fuerza desconcertante e inesperada al recuerdo y a ella. Inmediatamente, intentó sofocar el deseo, y se preparó para escuchar lo que estaba seguro que iba a decirle, la petición que iba a hacerle para ella y para su acompañante.
Había visto muchas veces a mujeres bellas usar sus armas para conseguir lo que querían. Y por supuesto, aquella mujer iba a decirle algo que él ya sabía: que no era ella la que conducía el coche. Con cinismo, esperó a que implicara a su amiga para librarse de la culpa. Con echar un simple vistazo, cualquiera se habría dado cuenta de que era verdad. Mientras esperaba a que denunciara a la joven asustada que tenía al lado, recordó con fiereza todos los motivos por los cuales se había opuesto a que su primo se casara con una modelo inglesa.
Consideraba que los matrimonios entre personas de distinta nacionalidad eran más propicios a fracasar que aquellos en los que las dos personas compartían la misma cultura y educación. Había que ser muy maduro para superar todas las dificultades.
Pero él nunca se había dejado llevar por los impulsos físicos. Era demasiado orgulloso y tenía demasiado control sobre sí mismo como para permitir que el deseo lo controlara a él. Así que se puso de peor humor al darse cuenta de que aquella mujer lo atraía.
-¿Es usted la que ha robado mi coche? -preguntó secamente, deseoso de que todo acabara lo más rápidamente posible y de que la policía se las llevara a comisaría.
Pero para su sorpresa, en vez de negar su culpabilidad y entregar a su amiga sin pensárselo. Sasuke escuchó cómo contestaba, con una voz suave y temblorosa:
-Sí... Sí, me temo que he sido yo.
Al oír su propia voz confesando algo que no había hecho, se sintió aún más mareada y asustada. Tuvo pánico al pensar en el lío en el que se estaba metiendo, y no porque, se dijo, el rostro del hombre que tenía delante fuera una máscara impenetrable que la traspasaba con la mirada.
Era el hombre más atractivo que había visto en su vida. Tan atractivo que la estaba haciendo sentirse...
-¿Sí? -Sakura percibió la furia que había en su voz al repetir sus palabras-. ¿Ha sido usted? -casi parecía que quería que lo negara, pensó ella muy mareada. ¿Por qué? Seguramente, para tener el placer de acusarla de mentirosa, además de ladrona. Así que respondió con firmeza:
-Sí, he sido yo.
Por detrás se oían los lloriqueos de Karin, y Sakura se volvió instintivamente a mirarla. Tenía regueros de lágrimas y el maquillaje corrido por la cara. Parecía muy vulnerable, y cuando vio el miedo reflejado en sus ojos, Sakura sintió compasión por ella, y la hostilidad desapareció.
-Le pido perdón por lo que ha ocurrido, y por supuesto, pagaré todos los daños que haya sufrido su coche pero... mi amiga está muy asustada. Nuestro vuelo para Inglaterra sale esta tarde y todavía tenemos que pasar por el hotel para recoger nuestro equipaje, así que si hay alguna forma de hacer las cosas rápidamente... Le daré todos mis datos. Me llamo Sakura Haruno y... -se detuvo al ver cómo él fruncía el ceño y se le oscurecía la expresión de la cara aún más
-¿Cómo dice que se llama?
-Sakura... Sakura Haruno -repitió ella con voz temblorosa.
Sasuke no podía creer lo que estaba oyendo. ¡Así que aquella era la mujer con quien tenía que haberse entrevistado! ¡Aquella esbelta y preciosa mujer, tan provocativa que revolucionaba sus hormonas! No podía ser cierto lo que le estaba ocurriendo. Le proporcionaba tanto placer admirar su cuerpo, que casi no podía apartar la mirada de ella.
Sin embargo, había sido cómplice del robo de su coche, sin importarle si estaba poniendo en peligro vidas humanas. Y además, había mentido para proteger a la verdadera ladrona, la cual, fijándose bien, era mucho más joven de lo que parecía en un principio. Recordó ciertos incidentes en los que él mismo se había visto envuelto por proteger a su primo Sai.
Después de todo, pensó de mala gana, había sido testigo de lo azorada que ella se había sentido al oír el piropo subido de tono que le había echado el vendedor de helados. Y parecía que había sufrido una fortísima impresión a causa del accidente. Y todo ello, por no mencionar el efecto que producía en él.
Lo que más le había llamado la atención sobre Sakura al leer su solicitud y las cartas de recomendación había sido su capacidad de involucrarse emocionalmente con los niños a los que cuidaba. Era la clase de atención que quería para Imaku. Esperaba que tuviera un profundo instinto protector, pero lo que no había previsto era que además fuera tan sensual. Además, ella no parecía darse cuenta, lo cual la hacía todavía más peligrosa, reconoció Sasuke.
Se volvió hacia Karin con la expresión muy seria.
-¿Y usted, quién es?
-Karin está a mi cargo -respondió Sakura por ella, adoptando una actitud de autoridad y seguridad en sí misma que no sentía en absoluto-. Es muy joven y, como puede ver, está muy asustada. Sus padres esperan que vuelva a casa en el avión de esta tarde, y es mi responsabilidad que lo haga.
-Su responsabilidad -repitió Sasuke—. Esa es una admirable virtud, aunque no me parece compatible con el hecho de que robara mi coche y arriesgara no solamente su vida, sino también la de otras personas. ¿Se da cuenta de que podría haber provocado una tragedia? -le preguntó con voz ronca mientras rememoraba la pesadilla por la que había pasado hacía tan poco tiempo.
Sin saber lo que él estaba pensando, Sakura notó que le ardía la cara.
-No he podido evitarlo... -empezó a inventarse con ansiedad-. Siempre me han encantado los... -sin saber qué decir, miró el coche en busca de inspiración, intentando recordar de qué marca era.
A su pesar, Sasuke se sintió intrigado y casi divertido al ver su confusión mientras hacía verdaderos esfuerzos por encontrar una explicación racional a su comportamiento y el de la otra chica. Alguien al que le gustaran tanto los coches no necesitaría buscar desesperadamente el nombre del que había estado conduciendo.
-Maseratis -le dijo secamente, y su voz tapó el susurro nervioso de Karin:
-¡Ferraris!
-Sí, eso es, los Maseratis -asintió Sasuke, repitiendo agradecida el nombre que él le había dicho-. Siempre me han encantado, y al ver el suyo, no pude resistirme. Era toda una tentación, y usted se había dejado las llaves puestas -le dijo en tono vagamente reprobatorio.
-Así que, finalmente, es culpa mía que usted haya robado el coche -sugirió. Mientras la miraba, pensó que tenía los ojos más bonitos que él hubiera visto nunca. Eran de un verde, casi jade.
-¿Sabe usted lo que significa para un italiano su coche? -le preguntó, hablando en su propio idioma rápidamente.
Sin pausa alguna, Sakura le respondió en la misma lengua, diciéndole simplemente:
-No debería haberlo hecho. Lo sé.
Sasuke se dio cuenta de que, evidentemente, no había mentido sobre sus conocimientos de italiano. A pesar de todas las razones que tenía para llamar a la policía y buscar otra niñera para Imaku, supo que no iba a hacer tal cosa. Una mujer que, fuera por el motivo que fuera, tenía tal instinto protector podría darle seguridad y amor a un bebé, y eso era precisa mente lo que quería para su niña. Aunque viniera envuelto en un paquete tan fascinante y con la palabra «peligro» escrita en él.
-Debería llamar a la policía y denunciarlas a las dos -le dijo a Sakura con severidad. Ella se quedó pálida y emitió un débil sonido de protesta-. Sin embargo, ha dicho que tienen que tomar esta tarde un vuelo para Inglaterra, aunque usted -le dijo suavemente-, o eso creo, tenía que haber hecho una entrevista para un puesto aquí en Italia...
Sakura lo miró con los ojos como platos.
-¿Cómo lo sabe? -preguntó; pero se quedó sin palabras al comprender la increíble verdad-. No... no puede ser usted -susurró, desesperada.
-¿No puedo ser quién? -dijo él en un tono desafiante.
Sakura se pasó la lengua por los labios, que se le habían quedado secos por el nerviosismo. Sasuke observó aquel gesto y su cuerpo acusó el estímulo de una forma que le hizo agradecer tener tanto control sobre sí mismo. Se alegró de ser tan fuerte como para reprimir el deseo de cubrirle los labios con un beso.
Con irritación, desechó aquellos pensamientos. No tenía tiempo para intentar analizarlos, y era mejor no ahondar en ciertas cosas... Su piel era delicadamente pálida, y seguro que sus pechos estaban coronados por dos pezones rosas, y cuando los acariciara con sus labios ella...
Al oír la maldición que él soltó entre dientes, Sakura se estremeció. Estaba confundida y el sol estaba empezando a hacerle daño. Necesitaba tumbarse a descansar en algún sitio fresco, donde no estuviera presente aquel hombre tan inquietante y tan sexy.
-Yo... Se suponía que tenía que ver a...
-A mí -le dijo Sasuke con suavidad, aunque mirándola fríamente-. Pero usted no apareció, lo cual denota lo poco fiable que es, y aun así, de acuerdo con su agencia...
-Siento haber llegado tarde -Sakura empezó a tartamudear, consternada. Había robado su coche, después de todo, y además tenía que disculparse por haber llegado tarde.
-Llegar tarde va contra la buena educación, y es algo que uno mismo tiene que evitar. Pero el robo es un delito y puede ser castigado con la cárcel.
Sakura se sintió atemorizada. ¡La cárcel! Supo que su expresión trasluciría el miedo que sentía y, si no protestó, fue únicamente por orgullo.
Por el rabillo del ojo vio a Karin, que se había quedado totalmente callada y estaba muy pálida. Parecía una niña.
Mientras pensaba algo que decir, un móvil empezó a sonar. Como si estuviera viendo la escena desde fuera, se dio cuenta de que, claramente, aquel era el hombre que debería haber sido su jefe, el conde Uchiha; observó cómo sacaba el móvil del bolsillo y respondía al teléfono.
Sakura entendió perfectamente el urgente motivo de la llamada: el bebé se había puesto enfermo de repente. Sasuke dio instrucciones para que avisaran a un médico y colgó.
La niñera que había contratado la madre de Imaku no era, en opinión de Sasuke, la persona más adecuada para cuidarla. No tenía experiencia, se aburría y era descuidada. Además, estaba claro que no sentía ningún cariño por la pequeña. Sin embargo, era la persona más familiar para ella, así que Sasuke había decidido no reemplazarla hasta encontrar a otra persona.
Era el ama de llaves la que había llamado para avisar de que Imaku estaba enferma. El palacio estaba en la campiña toscana, a una hora de camino, así que Sasuke no tenía tiempo que perder. Había leído en el curriculum vitae de Sakura que tenía experiencia como enfermera, parque había trabajado en el hospital de su ciudad durante un tiempo. Sasuke sabía, a pesar de los prejuicios que tenía contra las mujeres inglesas, que la dedicación de Sakura por los demás lo habría convencido de contratarla aunque hubiera gente mejor cualificada.
Sin embargo, había una variable nueva en la ecuación. Él no había contado con que Sakura lo atrajera tanto. Ese detalle lo había tomado por sorpresa. Creía que estaba vacunado contra el tipo de mujeres que había conocido durante sus tiempos de estudiante en Inglaterra.
De repente, pensó en Imaku y la preocupación lo invadió. ¿Es que no había forma de controlar su libido? Rápidamente, tomó una decisión. En circunstancias normales, no lo habría hecho con tanto apresuramiento, pero no quería analizar más la situación. Podría controlar su atracción por Sakura, pero no podría controlar la enfermedad de la niña.
-¿A qué hora dijo que salía su vuelo? -preguntó.
Sakura lo miró fijamente con una mezcla de incredulidad y desprecio. ¿Qué clase de hombre se ocupa ría antes de un accidente sin importancia que de su propia hija? Si ella estuviera en su lugar, la última cosa que haría sería quedarse allí, en vez de correr al lado del bebé. Aquello no tenía nada que ver con el mito de que los hombres italianos eran unos padres maravillosos que adoraban a sus hijos.
A pesar de que su dolor de cabeza iba en aumento, lo acusó con fiereza:
-¡Pobre niña! ¿Cómo puede estar más preocupado por su coche que por ella? -se le llenaron los ojos de lágrimas pero no intentó disimularlo, porque no se avergonzaba de tener sentimientos, aunque significara que él la mirara con desprecio— Se supone que a los hombres italianos les encantan los niños, pero en esta ocasión parece que su coche lo es todo para usted -terminó, sin poderse contener.
La expresión de él le dio a entender a Sakura que, de alguna manera, su explosión de ira lo había complacido. Pero Sasuke se apresuró a disimular su reacción cuando vio que ella lo observaba atentamente. Se dio la vuelta, se alejó un poco e hizo una llamada con el móvil, para dar unas cuantas instrucciones. Una vez que hubo terminado, se volvió a acercar a ellas y les dijo con frialdad:
-Usted va a venir conmigo al palacio. Ya me he encargado de que alguien lleve a su amiga al hotel y después al aeropuerto para que tome el vuelo de vuelta a casa.
Sakura lo miró sin dar crédito. Iba a hacer que se quedara en Italia, en su casa. ¿Para qué? Sintió pánico y algo que no se atrevió a definir, pero que se acercaba bastante a la excitación. ¿Se le habría subido la sangre a la cabeza por efecto del sol italiano? Aquel hombre no tenía ni una sola de las cualidades que ella buscaba en un hombre.
-Usted no puede obligarme a permanecer en Italia -comenzó a decirle a modo de advertencia.
Se había convencido a sí misma de que había sido una suerte que no la entrevistara, porque no habría podido trabajar para él. La enfurecía su arrogancia y le hacía sentir cosas que nunca había experimentado antes. No le gustaba. Y después de ver cómo se había comportado cuando había recibido la noticia de que el bebé estaba enfermo, sentía mucha pena por la criatura.
En realidad, lo único que sabía acerca del trabajo era que tenía que cuidar a una niña de seis meses cuya madre acababa de morir, y había pensado que necesitaría una presencia femenina que le proporcionase cariño. Todo aquel asunto no hacía más que confirmar su idea.
-¿No? -le preguntó él, muy serio-. Tiene usted dos opciones, Sakura Haruno. O viene conmigo, o las dos tendrán que enfrentarse a las consecuencias legales de lo que han hecho.
Antes de que Sakura pudiera decir nada, Karin soltó un sollozo de miedo.
-Por favor, Sakura -le rogó-. Por favor. Haz lo que te está pidiendo. No podría soportar ir a la cárcel.
Sakura sabía que no tenía elección. No merecía la pena seguir negándose.
De repente, apareció un coche que aparcó justo detrás del Ferrari. El conductor salió rápidamente del coche y se acercó a ellos. Por la conversación, Sakura se dio cuenta de que trabajaba para el conde y que este le estaba dando instrucciones para que llevase a Karin en el deportivo mientras que él mismo conduciría a Sakura a la casa.
-Se van a encargar de llevar su equipaje desde el hotel al palacio -le dijo, sin preocuparse de preguntarle cuál era su decisión.
Sakura y Karin no tenían tiempo más que para darse un abrazo de despedida. La muchacha le dijo al oído, con la voz triste y llena de culpabilidad:
-Lo siento muchísimo. Yo no quería que...
-Shhh, no te preocupes -le susurró Sakura-. Y creo que no sería buena idea contarle nada de esto a Tayuya.
La última cosa que quería era que su hermana se preocupara, sobre todo cuando le había contado que su marido y ella querían tener un bebé.
Se abrazaron una vez más y se despidieron. Sakura se dirigió al coche acompañada por su nuevo jefe. Cualquiera que los viese pensaría que la había tomado del codo para guiarla, pero Sakura sentía que era su guardián y ella su prisionera. Pensaba que no dudaría en ejercer todo su poder para que obedeciera. Tenía todo lo que ella odiaba en un hombre. Y además, era demasiado atractivo, pensó mientras lo miraba de soslayo sin poder resistirse. Él se dio cuenta y le devolvió la mirada, y ella enrojeció mientras se le aceleraba el corazón y se negaba a sí misma lo que estaba sintiendo.
Se concentró en la realidad, más que en los sentimientos: no podía escapar de él.
Era mucho más alto que ella, arrogante y autocrítico, y tenía los rasgos perfectos y la expresión dura. A su lado, ella parecía aún más pequeña y pálida. Parecían un centurión romano y su cautiva.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Lo prometido es deuda y como dije, lo subo en lunes y espero varios comentarios, por cierto ya me falta dos semanas de clases -esta es la última regular y una de finales- así que estoy viendo si subirlo cada tercer día ¿qué opinan? por cierto quiero leer más comentarios.
Elaine Haruno de Uchiha
