El fin de semana pasó rápido. Muy rápido. Demasiado rápido. Y para colmo se me había olvidado estudiar para el examen de naturales.
Era un lunes, un odioso lunes al que nadie quiere (*Forever alone*).
Salí de mi cuarto y, cuando mi hermano me vio, se le quedó una expresión rara en la cara. Me preguntaba si tendría algo y, efectivamente, cuando me miré al espejo que había colgado en la pared, vi que tenía letras pintadas en la mejilla. Oia como mi hermano se reía desde la cocina. No era mi culpa quedarme dormida haciendo los deberes, ¿o sí?
Antes de desayunar pasé por el baño a lavarme la cara y quitarme aquellas manchas, para que mi hermano me dejase desayunar tranquilamente. Definitivamente, más que biologo, Álvaro debería dedicarse a cocinero.
Me encerré en mi habitación y abrí las dos grandes puertas de mi armario, buscando algo que ponerme, pero como era por la mañana (y ni había subido la persiana) cogí lo primero que pillé e hice lo mismo con las converse, que es lo que más abunda en mis calzados.
Cuando sali de allí para ir a la puerta de enfrente y peinarme vi como mi hermano cerraba la puerta de su habitación. Iría a vestirse, yo qué se.
Encendí la luz del baño y al fin pude ver la ropa que, aleatoriamente, llevaba aquel día.
Pues dejad que os diga, que no iba tan mal. Unos vaqueros y una camiseta de manga corta púrpura pega, digo yo. Lo único que allí desencajaba eran las converse, que llevaba puestas las azules. Pero como la pereza se apodera de mí los lunes por la mañana, y los martes, y los miércoles, y los juev...que me voy del tema. Pues éso, que no me iba a cambiar las converse ahora que me quedaban diez minutos para que la aguja más pequeña descansase junto al número ocho.
Me cepillé los dientes y me peiné el cabello y, como todos los días, gasté medio bote de laca para que el flequillo quedase en su sitio. Mi hermano tocaba a la puerta con fuerza, al parecer tenía prisa. Recogí todo aquello y salí al salón. Sobre el sofá estaba mi mochila, la cual me alcé a la espalda y salimos de allí.
-¡Espera! ¡Mi móvil! -le dije, me lo había dejado en casa.
-Está en tu cartera -dijo mi hermano, seguro de sus palabras.
-¡Pero si lo había dejado cargando y no lo he vuelto a... !-en efecto, el móvil estaba en uno de los bolsillos- ...tocar...
-Vámonos, que llegaremos tarde.
Subimos al coche y, como hacía cada mañana, me apoderaba de la radio y ponía uno de los muchos CD's que teníamos en el coche. Como ni a mí ni a mi hermano nos gusta el reggaetón, puse la más famosa de todas las canciones de Guns & Roses. Íbamos cantando la letra de la canción, haciéndole los coros a Axel Rose hasta que veíamos agrandarse la estructura del instituto. Álvaro me dejó frente a la entrada, por la cual iban a entrar María y Roberto. Esperaron a que llegase hasta ellos y cruzamos el patio.
En el interior todo iba como de costumbre: corritos por todas partes, peleas, reggaetoneros con su música inundando los pasillos, que me daban pena. Aceleramos la marcha cuando vimos que alguien entraba por la puerta.
-¡Vámonos! ¡Qué no nos vea!
Intentamos camuflarnos con la gente, pero fue en balde.
-¡Charlie! ¡Ven, nena!
-No soy tu "nena", Alejandro -le recordé, desganada.
-¡Oh, vamos! ¡En el fondo te encanta que te llame así! -dijo mientras posaba su repulsiva mano sobre mi cadera. Me hice a un lado de inmediato y agarré a María y a Roberto para llevármelos de allí.
Por suerte, no estábamos en la misma clase, y la llegada del profesor de Matemáticas me refortaleció mucho. Pero luego tocaba Naturales, y yo sin estudiar. Estaba muerta, a tres metros bajo tierra.
La hora pasó rápida, como si alguien quisiera que mi suspenso fuese de una vez por todas, pero nuestra profesora entró únicamente con el libro en la mano y su bolso colgado. Todos nos preguntábamos dónde estarían los examenes, y la profesora se dignó a hablar.
- Chicos, lo siento, la fotocopiadora se ha estropeado y no he podido hacer copias del examen... -aplaudiamos, silbábamos e incluso saltábamos ante aquella motivadora noticia- ¡pero!, no penséis que no vais a hacer nada en esta hora. Sacad los libros.
-Pero, profe, nos dijeron que cuando había un exámen, que no trajésemos el libro de dicha materia -habló Cristian, nuestro delegado de clase.
-En ese caso, haced lo que os de la gana, no tengo trabajo que poneros.
Las conversaciones hacían sus apariciones en el ambiente. La profesora se sentó en la mesa y se puso a corregir los exámenes de otros cursos. Y yo, que me sentaba en medio de Rober y María, por las filas de detrás, hablaba con ellos hasta que me llegó un WhatsApp. Saqué el móvil, ¿quién me mandaría un whatsapp cuando estoy en el insti? ¡Oh! ¡Ya se quién es!, pensé. Ya me había advertido que en las clases más aburidas, con la ventaja de estar en la última fila, charlaba con sus amigos por whatsapp.
-Cameron -susurré, noté que me estaba ruborizando, y para dar el canto, en mi piel se veía mucho. Una pequeña sonrisa apareció en mis labios.
-¿Has dicho algo? -preguntó Roberto, se había dado cuenta de que estaba algo roja.
-No, nada -le dije, no quería que se enterasen de lo que me pasaba, era muy pronto para afirmar algo. Talvez me estuviese confundiendo y sólo podíamos ser amigos, o no, quién sabe.
Miré el mensaje. Era el primer mensaje que me mandaba.
"Perdona por no haberte mandado ésto antes,
pero se me había roto el móvil y no he podido.
¿Te apetece quedar el miércoles para salir por la tarde?
Espero que este mensaje no te pille en mal momento.
Chau.^^ "
Sin darme cuenta, tenía los ojos de María fijos en el mensaje que acababa de leer. Me miró y me lanzó una pícara mirada.
-¡Ey! ¡No pienses nada raro! -le dije, había algo de mosqueo en mis palabras.
-¿Qué pasa? -nos preguntó Roberto, que andaba despistado, como siempre.
-Ésta ha quedado con Cameron para salir el miércoles -le soltó María. A veces me entran ganas de coserle la boca.
-Ya que estamos, le enseño el mensaje -dije con ironía.
-¡Vale! -en un visto y no visto, el movil había desaparecido de mis manos. Y Roberto me lo devolvió tras leer el mensaje de Cameron.
-Tengo que responderle.
"No te preocupes,
yo tampoco he podido usar mucho el móvil estos días.
¿A qué hora quedamos entonces?
¿y dónde?
Tranquilo, estábamos vagueando, literalmente.
^^ "
Mensaje enviado, decía cuando le di a "enter". Y ponía que lo había visto. En efecto, me estaba respondiendo en aquel instante.
"¿A las cinco te parece bien?
Me paso a buscarte, dime donde te recojo.
¿Estábais vagueando?, pues como nosotros, nuestro profe no ha venido
¿qué os ha pasado a vosotros?"
...
"Sí, a las cinco en la calle Cardenal Belluga, el nº 25, 3ºB
Qué suerte tenéis, nosotros teníamos un exámen
pero la fotocopiadora no va, y no hemos traido los libros
pura suerte"
Estuvimos toda la hora mensaje para aquí, mensaje para allá. Tuvimos que despedirnos cuando llegó el cambio de hora para ambos y la clase se sumió en el silencio con la entrada de un nuevo profesor, un enigmático nuevo profesor de literatura.
